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Martes, 18 de junio de 2019

Francisco Zurbarán

De Enciclopedia Católica

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Nació en el suburbio de Fuente de Cantos en Extremadura, en las fronteras de Andalucía en noviembre de 1598; murió probablemente en Madrid alrededor de 1662. Desde muy joven mostró gran aptitud para el dibujo. Sus padres, honestos campesinos, no le pusieron obstáculos a sus gustos artísticos. De niño frecuentaba el estudio de Juan de las Roclas, de quien fue su pupilo favorito. Se ha pretendido que él hizo una peregrinación a Italia, pero no hay evidencia de esto. En 1616, a la edad de dieciocho, pintó una Inmaculada Concepción, la cual es la única pintura de su juventud; pero no ha sido conservada y no encontramos otra obra de él hasta 1625. El marqués de Malagán le encargó decorar el retablo de San Pedro en la Catedral de Sevilla; incluso en este primer trabajo el pintor desplegó brillantemente su estilo poderoso y muy individual. Después del retablo de San Pedro pintó para el recién construido convento de los Mercedarios Descalzos cinco o seis de las doce pinturas que cuentan la vida de San Pedro Nolasco, fundador de la Orden de la Merced. Las otras son de su discípulo Juan Martínez de Gradillas. El Museo del Prado en Madrid contiene dos de las pinturas de Zurbarán; “la visión de San Pedro Nolasco” y “la Aparición del crucificado príncipe de los Apóstoles” a dicho santo. Estos dos lienzos son notables por su serenidad, fuerza y nobleza. El estilo vigoroso de Zurbarán, que apuntaba a la fidelidad de expresión, aparece aquí en relieve notable. El éxito de estas pinturas en el convento de los Mercedarios fue tal que el ayuntamiento de Sevilla le rogó al artista que fijara su residencia en la capital de Andalucía. Se dice que Alonso Cano y los otros pintores protestaron, demandando que Zurbarán se sometiera a un examen preliminar según la costumbre. Éste replicó altivamente pidiendo a la municipalidad que declarara que la aprobación unánime de sus obras era evidencia suficiente de su capacidad; luego de esto le llovieron pedidos de todas partes.

Alrededor de 1625 pintó varios lienzos en honor a San Buenaventura en la iglesia dedicada al santo en Sevilla: San Buenaventura presidiendo el capítulo de los Frailes Menores, el entierro de San Buenaventura (ahora en el Louvre); San Buenaventura visitado por un ángel (Dresden); y San Buenaventura mostrando el crucifijo de Santo Tomás de Aquino (Berlín). Por esa misma época comenzó a pintar la “Apoteosis de Santo Tomás de Aquino” para la capilla del colegio que lleva su nombre. Esta es la más fina de sus más hermosas obras, y ciertamente es una de las producciones más altas y nobles de la escuela española. Fue terminada en 1636 y ahora se encuentra en el museo provincial de Sevilla. En el mismo año Zurbarán produjo obra maestra, Beato Alonso Rodríguez (Academia de San Fernando, Sevilla). Entre 1633 y 138 ejecutó para el monasterio cartujo en Jerés un gran número de pinturas extraídas de los Evangelios y la vida de San Bruno, las cuales formaron un espléndido conjunto; ahora están dispersas (Museo Provincial de Cádiz, tiene a San Bruno en oración, San Hugo, obispo de Grenoble, etc.; el Museo Departamental de Grenoble posee la “Adoración de los Pastores” y la Adoración de los Reyes Magos)

En el centro de una cadena de montañas cubiertas de robles y castaños que separa a Extremadura de Castilla, en un pico menos agudo que sus vecinos, se levanta el monasterio de Guadalupe. Pertenece a la Orden de los Jerónimos y fue por largo tiempo el centro de un peregrinaje continuo, a donde la gente venía a venerar una imagen milagrosa de la Virgen María que San Leandro, arzobispo de Sevilla, había traído de Roma. En la iglesia de este convento casi inaccesible está escondida la que es “quizás la obra más importante de Zurbarán” (Lafond, “Ribera et Zurbaran”, 100). Consiste de trece pinturas, dos de las cuales, que representan a San Ildefonso y San Nicolás de Bari, adornan los lados del altar a la entrada del coro. Las otras relatan la vida de San Jerónimo. Las pinturas de Guadalupe marcan el punto culminante de la carrera de Zurbarán. De ahí en adelante su actividad disminuyó, pero aún produjo obras maestras.

Alrededor de 1650 el Marqués de Campo Alanza le encargó pintar para el convento Capuchino en Castelón una serie de grandes fundadores de órdenes religiosas desde el profeta Elías hasta San Ignacio de Loyola; estas pinturas todavía están en el mismo lugar. Zurbarán también compuso una bella colección de retratos de cuerpo entero de monjes jerónimos, los cuales están ahora dispersos (Academia de San Fernando, Museo de Pau, Casa Stafford, residencia del Duque de Sutherland, Londres). Además de estas pinturas, Zurbarán pintó un gran número de monjes en oración; una de las más impactantes es la del “Monje Arrodillado” en la Galería Nacional. A instancia de Velázquez, quien había sido su camarada en Sevilla, Felipe IV invitó a Zurbarán a Madrid en 1650 y le encargó tomar parte en las decoraciones del salón de la Buena Razón. Su parte consistía en representar las “labores de Hércules” en diez pinturas; su talento religioso minucioso estaba poco adaptado a las concepciones mitológicas, y después que pintó tres o cuatro lienzos meramente esbozó los demás, los cuales fueron completados por sus pupilos (1658). Sin embargo, estas figuras desnudas son notables por su corrección de dibujo y apariencia poderosa. En 1659 pintó a San Francisco de Asís arrodillado (propiedad de don A. de Beruete). El museo en Budapest tiene una Inmaculada Concepción pintada en 1661, un año antes de su muerte. Se deben mencionar muchas otras obras, por ejemplo, “Cristo coronando a San José” (Sevilla). La Porciúncula (Cádiz), la Bendita Virgen y San Juan en el Calvario (Munich), San Francisco de Asís (Dresden), un San Lorenzo (San Petersburgo), la Adoración de los Pastores (Galería Nacional), por mucho tiempo atribuida a Velázquez, pero ahora comúnmente restaurada a Zurbarán.


Bibliografía: VIARDOT, Notices sur les principaux peintres de l'Espagne (Londres, 1844), 75; STURLING, Annals of Artists of Spain (Londres, 1848), 767; WASHBURN, Spanish Masters, 96; BLANC, Hist. de peintres de toutes les ecoles: Ecole Espagnole (París, 1865-76); GESTOSO, Esayo de un Diccionario de las artificies que florecieron en Sevilla desde el siglo XIII al XVIII (Sevilla); DE MADRAZO, Catálogo de los cuadros del Museo del Prado de Madrid (Madrid, 1882); VINIEGRA, Catálogo oficial ilustrado de la exposición de las obras de Francisco Zurbarán (Madrid, 1905); LAFOND, Ribera et Zurbaran (París, 1910, 80-129).

Fuente: Sortais, Gaston. "Francisco Zurbaran." The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/15770a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.