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Lunes, 9 de diciembre de 2019

Diferencia entre revisiones de «Absalón»

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(Abhshalom en hebreo; Abessalom, Apsalomos en griego).  
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Absalón:  (Abhshalom en hebreo; Abessalom, Apsalomos en griego).  
 
Se refiere al nombre de varias personas distinguidas mencionadas en el [[Antiguo Testamento]] (Reyes, Par., Mac.), interpretado como "El Padre de Paz."  
 
Se refiere al nombre de varias personas distinguidas mencionadas en el [[Antiguo Testamento]] (Reyes, Par., Mac.), interpretado como "El Padre de Paz."  
Absalón, Hijo de David:    Es el tercero, en el orden mencionado por el cronista ([[2 Sam.  3,2-3]]) de los hijos nacidos en [[Hebrón]] durante los  turbulentos primeros años del reinado de  David sobre Judá, cuando Isboseth, hijo de Saúl, aún reclamaba por  [[derecho]]  de  herencia  gobernar sobre [[Israel]].  Su madre era Maaká, hija de Tholmai, Rey de Gessur. El escritor sagrado que esboza para nosotros la carrera de Absalón  ([[2 Sam. 13-18]])  enfatiza en la belleza impecable de la apariencia del joven, y menciona en particular la lujosa  [[riqueza]] de su cabello  que, cortado, pesaba  más de diez onzas.  La relevancia  de esta última nota es evidente cuando  [[recordamos]]  la parte importante que la cultura del pelo representó  en las devociones de los orientales (observe aun hoy día las [[oraciones]] ceremoniales de los  derviches).  Así como afeitar la cabeza constituía señal de luto, el [[ofrecer]] un agradable crecimiento de cabello al [[sacerdote]] era señal de un sacrificio personal análogo  a la [[ofrenda]] anual de los [[primeros frutos]] en el [[santuario]].  Probablemente el cronista tenía en [[mente]]  que fue este regalo de la [[naturaleza]]  el origen  de la muerte fatal de Absalón.  A su grata apariencia el joven Absalón unía un temperamento que, aunque aficionado a ostentar, era sin embargo reservado, intrépido  y reflexivo. Estas calificaciones se  adaptaban para alimentar el deseo natural de ser un día el representante de ese poder magnífico [[creado]]  por su  [[padre]],  del goce futuro del cual  su minoría de nacimiento solamente parecía  privarle.  A pesar de su  [[ambición]], parecía  haber en el joven ese [[instinto]] generoso de [[honor]] que inspira impulsos nobles, cuando éstos no se oponen a las más seductoras perspectivas del propio interés.  Bajo tales circunstancias no es extraño que Absalón, idolatrado por aquéllos que estaban alrededor de él, mientras que su sentido natural de gratitud y  [[deber]]  filial se apagaron gradualmente, fue movido a  cultivar  una [[especie]] de egoísmo que se vuelve despiadado  a medida que  cuenta con  el afecto ciego de los amigos.  
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Hubo otras causas que distanciaron a Absalón de su  [[padre]].  El hijo mayor de David, Amnón, nacido de madre  yizreelita, y probable heredero  al trono  debido a su mayoría de edad, había concebido una pasión [[violenta]] por Tamar, la hermosa hermana de Absalón.  Incapaz de controlar su afecto, aunque  prevenido de acercársele  dados los convencionalismos de la corte real, que separaba las esposas del Rey y mantenía a Tamar  en la casa de su madre, Amnón, con el consejo de su primo Jonadab,  finge estar enfermo, y al ser visitado por el Rey, su [[padre]], le solicita que fuera Tamar quien lo alimentase.  Fue así que Amnón encontró la oportunidad de privar de la inocencia a su hermanastra. Una vez mancillado el objeto de su pasión, él empieza a  [[odiarla]]  enseguida, y  arroja de su lado a la agraviada doncella, la cual era un  recordatorio constante de su maldad.  Absalón  encuentra a Tamar en la amargura de su dolor y la obliga a revelar el secreto de la [[violencia]] de Amnón hacia ella.  [[David]] es informado pero, aparentemente reacio a permitir que la  deshonra  de su futuro heredero se haga pública,  no castiga el crimen.  Esto le da el pretexto a Absalón para vengar  la ofensa de su hermana,  para la  cual ahora no sólo Amnon, el heredero al trono  sino también su padre David, aparecen como responsables ante él.  Se lleva a Tamar a su casa y callada, pero resueltamente, traza su plan. El escritor sagrado señala que Absalón nunca habló a Amnon, ni buenas ni [[malas]] palabras, pero lo [[odió]] con una  [[aversión]] a muerte.  
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Absalón, Hijo de David:    Es el tercero, en el orden mencionado por el cronista ([[2 Sam.  3,2-3]]) de los hijos nacidos en [[Hebrón]] durante los  turbulentos primeros años del reinado de  [[David]] sobre Judá, cuando Isboseth, hijo de Saúl, aún reclamaba por  [[derecho]]  de  herencia  gobernar sobre [[Israel]].  Su madre era Maaká, hija de Tholmai, Rey de Gessur. El escritor sagrado que esboza para nosotros la carrera de Absalón  (2 Sam. 13-18)  enfatiza en la belleza impecable de la apariencia del joven, y menciona en particular la lujosa  [[riqueza]] de su cabello  que, cortado, pesaba  más de diez onzas.  La relevancia  de esta última nota es evidente cuando  [[recordamos]]  la parte importante que la cultura del pelo representó  en las devociones de los orientales (observe aun hoy día las [[oraciones]] ceremoniales de los  derviches).  Así como afeitar la cabeza constituía señal de luto, el [[ofrecer]] un agradable crecimiento de cabello al [[sacerdote]] era señal de un sacrificio personal análogo  a la [[ofrenda]] anual de los [[primeros frutos]] en el [[santuario]].  Probablemente el cronista tenía en [[mente]]  que fue este regalo de la [[naturaleza]]  el origen  de la muerte fatal de Absalón.  A su grata apariencia el joven Absalón unía un temperamento que, aunque aficionado a ostentar, era sin embargo reservado, intrépido  y reflexivo. Estas calificaciones se  adaptaban para alimentar el deseo natural de ser un día el representante de ese poder magnífico [[creado]]  por su  [[padre]],  del goce futuro del cual  su minoría de nacimiento solamente parecía  privarle.  A pesar de su  [[ambición]], parecía  haber en el joven ese [[instinto]] generoso de [[honor]] que inspira impulsos nobles, cuando éstos no se oponen a las más seductoras perspectivas del propio interés.  Bajo tales circunstancias no es extraño que Absalón, idolatrado por aquéllos que estaban alrededor de él, mientras que su sentido natural de gratitud y  [[deber]]  filial se apagaron gradualmente, fue movido a  cultivar  una [[especie]] de egoísmo que se vuelve despiadado  a medida que  cuenta con  el afecto ciego de los amigos.  
Durante dos años Absalón llevó su resentimiento en  [[silencio]], cuando al fin encontró ocasión para actuar abiertamente. Desde los días de los  [[patriarcas]]  los príncipes de los pastores de  [[Israel]]  acostumbraban celebrar como un festival público de acción de gracias el esquileo anual de la oveja. La primicia del esquileo de los rebaños estaba [[destinada]] a los  [[sacerdotes]] (Deut. 18,4) y la santidad de la  [[fiesta]] hacía difícil que cualquier miembro de la [[familia]] tribal se ausentara.  El escritor sagrado no expresa  que en la [[mente]] de [[David]] hubiese una sospecha secreta de que  Absalón planeaba el mal, pero para uno cuya visión de eventos pasados y futuros estaba tan clara como aquella del vidente real,  fácilmente se le pudo haber ocurrido que en tiempos de su antepasado Jacob, otra Tamar, ([[Gen. 38,6]]) que se hallaba adrede en un esquileo de ovejas, y que halló los medios de vengar un mal similar recibido, aunque de un modo menos sangriento que el contemplado por Absalón en esta ocasión.  Aunque [[David]] se excusa de asistir al gran esquileo de las ovejas, finalmente cede a la  súplica de Absalón de  enviar allí a Amnón para representarlo.  La reunión festiva de la casa real se realiza en  Baalhasor, un valle al este del camino que lleva a [[Siquem]], cerca de Efraím. Cuando el banquete está en su apogeo, y Amnón se ha entregado a los placeres del vino, se imponen sobre él los fieles sirvientes de Absalón y lo asesinan.  El resto de los invitados huyen . El propio Absalón escapa de la [[ira]] inevitable de su [[padre]] buscando refugio en la casa de su abuelo materno en Gessur.  Él [[espera]] quedarse  ahí hasta que, habiéndose extinguido el dolor de su  [[padre]], él pueda ser perdonado y llamado a la corte real. Pero [[David]] no cede tan rápidamente. Después de tres años de destierro, a Absalón, a través de la intervención de Joab,  sobrino de David y el general de confianza, se le permite regresar  a la ciudad, sin embargo, no se le permitirá presentarse ante el Rey.  En esta [[condición]] Absalón vive durante dos años, buscando recuperar  el favor de su [[padre]] con la mediación de  Joab.  El propio Joab está renuente a presionar sobre el asunto, hasta que Absalón prende fuego a las cosechas de su pariente, obligando a  Joab a  venir a él con miras a buscar una compensación por el daño.  Absalón  convierte la  oportunidad de su altercado con Joab a buena cuenta declarando su [[condición]] desdeñada y olvidada: preferiría morir ignominiosamente, argumenta, que tener el rencor del Rey pesando sobre mí  todos los días de mi vida. Como resultado Absalón es recibido por el Rey.  
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Reintegrado a su principesca dignidad anterior y a la aparente confianza de su [[padre]], Absalón emprende el trayecto de  conspiraciones secretas, al cual su [[ambición]] y su  oportunidad parecían impulsarle, y que ha sellado su nombre como sinónimo de sublevación desnaturalizada.  Congraciándose con la buena voluntad de las personas, y al mismo [[tiempo]] fomentando el  descontento con las [[condiciones]] del reinado de su [[padre]], él logra preparar las [[mentes]] de los insatisfechos  para un levantamiento general.  Después de cuatro años (la de los [[Setenta]] indica "cuarenta", lo cual es evidentemente una lectura errónea, como aparece del hebreo (Keri), [[siríacos]], y las versiones árabes] de vigorosa actividad secreta Absalón pide permiso al  Rey para dirigirse a  [[Hebrón]], para poder cumplir un  [[voto]] auto-impuesto, que hizo mientras estaba en  cautiverio en Gessur.  Ya habían concluido los  preparativos  para un levantamiento simultáneo de los partidarios secretos  de Absalón en diferentes partes del país, y los emisarios estaban listos para proclamar al nuevo rey.  Ajitófel, uno de los consejeros más antiguos de David, se había unido a los conspiradores, y por medio de su plan, una corriente fuerte estaba dirigiéndose contra [[David]].  Cuando, en medio del sonido de trompetas y los gritos del ejército, [[David]] se entera de la proclamación del nuevo rey, rápidamente convoca  a sus seguidores de confianza  escapa hacia el [[Monte de los Olivos]], [[esperando]] cruzar el [[Jordán]] a [[tiempo]] para escapar de la [[ambiciosa]] furia de su hijo.  En el camino se encuentra a su fiel funcionario [[Jusay]],  quien le aconseja unirse a Absalón.  
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Hubo otras causas que distanciaron a Absalón de su  padre.  El hijo mayor de David, Amnón, nacido de madre  yizreelita, y probable heredero  al trono  debido a su mayoría de edad, había concebido una pasión violenta por Tamar, la hermosa hermana de Absalón.  Incapaz de controlar su afecto, aunque  prevenido de acercársele  dados los convencionalismos de la corte real, que separaba las esposas del Rey y mantenía a Tamar  en la casa de su madre, Amnón, con el consejo de su primo Jonadab,  finge estar enfermo, y al ser visitado por el Rey, su padre, le solicita que fuera Tamar quien lo alimentase.  Fue así que Amnón encontró la oportunidad de privar de la inocencia a su hermanastra. Una vez mancillado el objeto de su pasión, él empieza a  odiarla (v. [[odio]]) enseguida, y  arroja de su lado a la agraviada doncella, la cual era un  recordatorio constante de su maldad.  Absalón  encuentra a Tamar en la amargura de su dolor y la obliga a revelar el secreto de la [[violencia]] de Amnón hacia ella.  David  es informado pero, aparentemente reacio a permitir que la  deshonra  de su futuro heredero se haga pública,  no castiga el crimen.  Esto le da el pretexto a Absalón para vengar  la ofensa de su hermana,  para la  cual ahora no sólo Amnon, el heredero al trono  sino también su padre David, aparecen como responsables ante él.  Se lleva a Tamar a su casa y callada, pero resueltamente, traza su plan. El escritor sagrado señala que Absalón nunca habló a Amnon, ni buenas ni [[malas]] palabras, pero lo odió con una  [[aversión]] a muerte.  
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Durante dos años Absalón llevó su resentimiento en  [[silencio]], cuando al fin encontró ocasión para actuar abiertamente. Desde los días de los  [[patriarcas]]  los príncipes de los pastores de  [[Israel]]  acostumbraban celebrar como un festival público de acción de gracias el esquileo anual de la oveja. La primicia del esquileo de los rebaños estaba [[destinada]] a los  sacerdotes (Deut. 18,4) y la santidad de la  [[fiesta]] hacía difícil que cualquier miembro de la [[familia]] tribal se ausentara.  El escritor sagrado no expresa  que en la [[mente]] de David hubiese una sospecha secreta de que  Absalón planeaba el mal, pero para uno cuya visión de eventos pasados y futuros estaba tan clara como aquella del vidente real,  fácilmente se le pudo haber ocurrido que en [[tiempos]] de su antepasado Jacob, otra Tamar, (Gen. 38,6) que se hallaba adrede en un esquileo de ovejas, y que halló los medios de vengar un mal similar recibido, aunque de un modo menos sangriento que el contemplado por Absalón en esta ocasión.  Aunque David se excusa de asistir al gran esquileo de las ovejas, finalmente cede a la  súplica de Absalón de  enviar allí a Amnón para representarlo.  La reunión festiva de la casa real se realiza en  Baalhasor, un valle al este del camino que lleva a [[Siquem]], cerca de Efraím. Cuando el banquete está en su apogeo, y Amnón se ha entregado a los placeres del vino, se imponen sobre él los fieles sirvientes de Absalón y lo asesinan.  El resto de los invitados huyen. El propio Absalón escapa de la [[ira]] inevitable de su padre buscando refugio en la casa de su abuelo materno en Gessur.  Él [[espera]] quedarse  ahí hasta que, habiéndose extinguido el dolor de su  padre,   él pueda ser perdonado y llamado a la corte real.   Pero David no cede tan rápidamente. Después de tres años de destierro, a Absalón, a través de la intervención de Joab,  sobrino de David y el general de confianza, se le permite regresar  a la ciudad, sin embargo, no se le permitirá presentarse ante el Rey.  En esta [[condición]] Absalón vive durante dos años, buscando recuperar  el favor de su padre con la mediación de  Joab.  El propio Joab está renuente a presionar sobre el asunto, hasta que Absalón prende fuego a las cosechas de su pariente, obligando a  Joab a  venir a él con miras a buscar una compensación por el daño.  Absalón  convierte la  oportunidad de su altercado con Joab a buena cuenta declarando su condición desdeñada y olvidada: preferiría morir ignominiosamente, argumenta, que tener el rencor del Rey pesando sobre mí  todos los días de mi vida. Como resultado Absalón es recibido por el Rey.  
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Reintegrado a su principesca dignidad anterior y a la aparente confianza de su padre, Absalón emprende el trayecto de  conspiraciones secretas, al cual su [[ambición]] y su  oportunidad parecían impulsarle, y que ha sellado su nombre como sinónimo de sublevación desnaturalizada.  Congraciándose con la buena voluntad de las personas, y al mismo tiempo fomentando el  descontento con las [[condiciones]] del reinado de su padre, él logra preparar las [[mentes]] de los insatisfechos  para un levantamiento general.  Después de cuatro años (la de los [[Setenta]] indica "cuarenta", lo cual es evidentemente una lectura errónea, como aparece del hebreo (Keri), [[siríacos]], y las versiones árabes] de vigorosa actividad secreta Absalón pide permiso al  Rey para dirigirse a  [[Hebrón]], para poder cumplir un  [[voto]] auto-impuesto, que hizo mientras estaba en  cautiverio en Gessur.  Ya habían concluido los  preparativos  para un levantamiento simultáneo de los partidarios secretos  de Absalón en diferentes partes del país, y los emisarios estaban listos para proclamar al nuevo rey.  Ajitófel, uno de los consejeros más antiguos de David, se había unido a los conspiradores, y por medio de su plan, una corriente fuerte estaba dirigiéndose contra David.  Cuando, en medio del sonido de trompetas y los gritos del ejército, David se entera de la proclamación del nuevo rey, rápidamente convoca  a sus seguidores de confianza  escapa hacia el [[Monte de los Olivos]], [[esperando]] cruzar el [[Jordán]] a tiempo para escapar de la [[ambiciosa]] furia de su hijo.  En el camino se encuentra a su fiel funcionario [[Jusay]],  quien le aconseja unirse a Absalón.  
 
"Serás inútil para mí si vas con nosotros. Pero si te unes a Absalón, y le dices: Yo soy tu seguidor, oh, Rey, como una vez lo fui de tu padre, él te recibirá, y tendrás en ti el poder de  frustrar los planes de Ajitófel que me ha traicionado."  
 
"Serás inútil para mí si vas con nosotros. Pero si te unes a Absalón, y le dices: Yo soy tu seguidor, oh, Rey, como una vez lo fui de tu padre, él te recibirá, y tendrás en ti el poder de  frustrar los planes de Ajitófel que me ha traicionado."  
[[Jusay]] actúa de acuerdo al consejo y logra ganar  la confianza de Absalón.  El desempeña tan hábilmente su rol de seguidor del partido rebelde que, mediante su sugerencia, alegando falsamente la inutilidad de perseguir a [[David]], prevalece contra el consejo urgente de Ajitófel que  apremia a Absalón a atacar al Rey, no sea que gane  [[tiempo]] para organizar su guardia personal, últimamente fortalecida por la [[accesión]] de seiscientos soldados en Gat. El evento [[prueba]]  la exactitud de la previsión de Ajitófel.  
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[[David]] es informado secretamente del retraso de Absalón, e inmediatamente envía a sus tres generales, Joab, [[Abisai]], y Ethai, a atacar a las huestes rebeldes desde el lado oriental de la colina.  Escudados por un bosque, los hombres de [[David]] avanzan y encuentran a las indefensas fuerzas de Absalón en el borde de los bosques que bordean  la llanura circular, en un punto en el que (probablemente) hoy día es Mukaah. Allí ocurre una matanza espantosa, y el desorganizado partido rebelde es derrotado rápidamente.  Absalón huye desesperadamente. De pronto se encuentra aturdido por un golpe, mientras su cabeza se ve atrapada en la horqueta de las ramas bajas de un árbol de terebinto. Al mismo tiempo su largo pelo suelto se enreda en el espeso follaje, mientras que el asustado animal debajo de él huye, dejándolo [[suspendido]] sobre la tierra. Antes de que él pueda desenredarse, es espiado por uno de los soldados quien, recordando las palabras del Rey, "Guardadme la vida de Absalom", guía la atención de Joab a la condición difícil del desventurado joven.  El viejo general, menos [[escrupuloso]], y ávido de librar a su amo de tan peligroso enemigo, perfora tres veces el cuerpo de Absalón con su jabalina. Cuando le dan la noticia de la muerte de Absalón, [[David]] se vuelve inconsolable.  "Mi hijo Absalón, Absalón, mi hijo: [[Dios]] me diera haber muerto en tu lugar, Absalón, mi hijo, mi hijo Absalón".  
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Jusay actúa de acuerdo al consejo y logra ganar  la confianza de Absalón.  El desempeña tan hábilmente su rol de seguidor del partido rebelde que, mediante su sugerencia, alegando falsamente la inutilidad de perseguir a David, prevalece contra el consejo urgente de Ajitófel que  apremia a Absalón a atacar al Rey, no sea que gane  tiempo para organizar su guardia personal, últimamente fortalecida por la [[accesión]] de seiscientos soldados en Gat. El evento [[prueba]]  la exactitud de la previsión de Ajitófel.  
La [[Sagrada Escritura]] establece que Absalón fue  [[enterrado]] bajo un gran montón de piedras ([[2 Sam. 18,17]]) cerca de la escena de su desastre.  El viajero hoy puede ver una  [[tumba]]  de estilo greco-[[judío]], al este del Kidrón, que se designa como el sepulcro de Absalón, pero que es evidentemente de construcción mucho más tardía y que probablemente pertenece a uno de los reyes  [[judíos]] del período asmoneo (Josephus, De Bello Jud., V, xii, 2).  
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David es informado secretamente del retraso de Absalón, e inmediatamente envía a sus tres generales, Joab, [[Abisai]], y Ethai, a atacar a las huestes rebeldes desde el lado oriental de la colina.  Escudados por un bosque, los hombres de David avanzan y encuentran a las indefensas fuerzas de Absalón en el borde de los bosques que bordean  la llanura circular, en un punto en el que (probablemente) hoy día es Mukaah. Allí ocurre una matanza espantosa, y el desorganizado partido rebelde es derrotado rápidamente.  Absalón huye desesperadamente. De pronto se encuentra aturdido por un golpe, mientras su cabeza se ve atrapada en la horqueta de las ramas bajas de un árbol de terebinto. Al mismo tiempo su largo pelo suelto se enreda en el espeso follaje, mientras que el asustado animal debajo de él huye, dejándolo suspendido sobre la tierra. Antes de que él pueda desenredarse, es espiado por uno de los soldados quien, recordando las palabras del Rey, "Guardadme la vida de Absalom", guía la atención de Joab a la condición difícil del desventurado joven.  El viejo general, menos escrupuloso, (v. escrúpulo]]y ávido de librar a su amo de tan peligroso enemigo, perfora tres veces el cuerpo de Absalón con su jabalina. Cuando le dan la noticia de la muerte de Absalón, David se vuelve inconsolable.  "Mi hijo Absalón, Absalón, mi hijo: [[Dios]] me diera haber muerto en tu lugar, Absalón, mi hijo, mi hijo Absalón".  
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La [[Sagrada Escritura]] establece que Absalón fue  enterrado (v. [[sepultura cristiana]]) bajo un gran montón de piedras ([[2 Sam. 18,17]]) cerca de la escena de su desastre.  El viajero hoy puede ver una  [[tumba]]  de estilo greco-[[judío]], al este del Kidrón, que se designa como el sepulcro de Absalón, pero que es evidentemente de construcción mucho más tardía y que probablemente pertenece a uno de los reyes  [[judíos]] del período asmoneo (Josephus, De Bello Jud., V, xii, 2).  
 
Absalón tuvo tres hijos que murieron antes que  él. Él dejó una hija, Maaca, (Thamar), la cual  se casó luego con  Roboam, hijo de Solomón (2 Cron. 11,20), aunque hay alguna [[duda]] acerca de la identidad de este nombre mencionada en el Libro de Reyes y en Paralipómenos.
 
Absalón tuvo tres hijos que murieron antes que  él. Él dejó una hija, Maaca, (Thamar), la cual  se casó luego con  Roboam, hijo de Solomón (2 Cron. 11,20), aunque hay alguna [[duda]] acerca de la identidad de este nombre mencionada en el Libro de Reyes y en Paralipómenos.
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Absalón, padre de Matatías, ([[1 Mac, 11,70]]). Quizás idéntico con Absalón, padre de Jonatán ([[1 Mac. 13,11]]).  
 
Absalón, padre de Matatías, ([[1 Mac, 11,70]]). Quizás idéntico con Absalón, padre de Jonatán ([[1 Mac. 13,11]]).  
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Absalón, padre de Jonatán, Uno de los dos embajadores a quienes [[Judas]] [[Macabeo]] envió a [[Lisias]], procurador de Antiocos ([[2 Mac. 11,17]]), idéntico con el anterior.  
 
Absalón, padre de Jonatán, Uno de los dos embajadores a quienes [[Judas]] [[Macabeo]] envió a [[Lisias]], procurador de Antiocos ([[2 Mac. 11,17]]), idéntico con el anterior.  
  
 
Heuser, H. (1907). Absalom. In The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company. Retrieved August 18, 2008  from New Advent
 
Heuser, H. (1907). Absalom. In The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company. Retrieved August 18, 2008  from New Advent
Traducido al castellano por Giovanni E. Reyes  
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Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes.
 
Revisado y corregido por Luz María Hernández Medina
 
Revisado y corregido por Luz María Hernández Medina

Revisión de 17:01 3 sep 2008

Absalón: (Abhshalom en hebreo; Abessalom, Apsalomos en griego). Se refiere al nombre de varias personas distinguidas mencionadas en el Antiguo Testamento (Reyes, Par., Mac.), interpretado como "El Padre de Paz."

Absalón, Hijo de David: Es el tercero, en el orden mencionado por el cronista (2 Sam. 3,2-3) de los hijos nacidos en Hebrón durante los turbulentos primeros años del reinado de David sobre Judá, cuando Isboseth, hijo de Saúl, aún reclamaba por derecho de herencia gobernar sobre Israel. Su madre era Maaká, hija de Tholmai, Rey de Gessur. El escritor sagrado que esboza para nosotros la carrera de Absalón (2 Sam. 13-18) enfatiza en la belleza impecable de la apariencia del joven, y menciona en particular la lujosa riqueza de su cabello que, cortado, pesaba más de diez onzas. La relevancia de esta última nota es evidente cuando recordamos la parte importante que la cultura del pelo representó en las devociones de los orientales (observe aun hoy día las oraciones ceremoniales de los derviches). Así como afeitar la cabeza constituía señal de luto, el ofrecer un agradable crecimiento de cabello al sacerdote era señal de un sacrificio personal análogo a la ofrenda anual de los primeros frutos en el santuario. Probablemente el cronista tenía en mente que fue este regalo de la naturaleza el origen de la muerte fatal de Absalón. A su grata apariencia el joven Absalón unía un temperamento que, aunque aficionado a ostentar, era sin embargo reservado, intrépido y reflexivo. Estas calificaciones se adaptaban para alimentar el deseo natural de ser un día el representante de ese poder magnífico creado por su padre, del goce futuro del cual su minoría de nacimiento solamente parecía privarle. A pesar de su ambición, parecía haber en el joven ese instinto generoso de honor que inspira impulsos nobles, cuando éstos no se oponen a las más seductoras perspectivas del propio interés. Bajo tales circunstancias no es extraño que Absalón, idolatrado por aquéllos que estaban alrededor de él, mientras que su sentido natural de gratitud y deber filial se apagaron gradualmente, fue movido a cultivar una especie de egoísmo que se vuelve despiadado a medida que cuenta con el afecto ciego de los amigos.

Hubo otras causas que distanciaron a Absalón de su padre. El hijo mayor de David, Amnón, nacido de madre yizreelita, y probable heredero al trono debido a su mayoría de edad, había concebido una pasión violenta por Tamar, la hermosa hermana de Absalón. Incapaz de controlar su afecto, aunque prevenido de acercársele dados los convencionalismos de la corte real, que separaba las esposas del Rey y mantenía a Tamar en la casa de su madre, Amnón, con el consejo de su primo Jonadab, finge estar enfermo, y al ser visitado por el Rey, su padre, le solicita que fuera Tamar quien lo alimentase. Fue así que Amnón encontró la oportunidad de privar de la inocencia a su hermanastra. Una vez mancillado el objeto de su pasión, él empieza a odiarla (v. odio) enseguida, y arroja de su lado a la agraviada doncella, la cual era un recordatorio constante de su maldad. Absalón encuentra a Tamar en la amargura de su dolor y la obliga a revelar el secreto de la violencia de Amnón hacia ella. David es informado pero, aparentemente reacio a permitir que la deshonra de su futuro heredero se haga pública, no castiga el crimen. Esto le da el pretexto a Absalón para vengar la ofensa de su hermana, para la cual ahora no sólo Amnon, el heredero al trono sino también su padre David, aparecen como responsables ante él. Se lleva a Tamar a su casa y callada, pero resueltamente, traza su plan. El escritor sagrado señala que Absalón nunca habló a Amnon, ni buenas ni malas palabras, pero lo odió con una aversión a muerte.

Durante dos años Absalón llevó su resentimiento en silencio, cuando al fin encontró ocasión para actuar abiertamente. Desde los días de los patriarcas los príncipes de los pastores de Israel acostumbraban celebrar como un festival público de acción de gracias el esquileo anual de la oveja. La primicia del esquileo de los rebaños estaba destinada a los sacerdotes (Deut. 18,4) y la santidad de la fiesta hacía difícil que cualquier miembro de la familia tribal se ausentara. El escritor sagrado no expresa que en la mente de David hubiese una sospecha secreta de que Absalón planeaba el mal, pero para uno cuya visión de eventos pasados y futuros estaba tan clara como aquella del vidente real, fácilmente se le pudo haber ocurrido que en tiempos de su antepasado Jacob, otra Tamar, (Gen. 38,6) que se hallaba adrede en un esquileo de ovejas, y que halló los medios de vengar un mal similar recibido, aunque de un modo menos sangriento que el contemplado por Absalón en esta ocasión. Aunque David se excusa de asistir al gran esquileo de las ovejas, finalmente cede a la súplica de Absalón de enviar allí a Amnón para representarlo. La reunión festiva de la casa real se realiza en Baalhasor, un valle al este del camino que lleva a Siquem, cerca de Efraím. Cuando el banquete está en su apogeo, y Amnón se ha entregado a los placeres del vino, se imponen sobre él los fieles sirvientes de Absalón y lo asesinan. El resto de los invitados huyen. El propio Absalón escapa de la ira inevitable de su padre buscando refugio en la casa de su abuelo materno en Gessur. Él espera quedarse ahí hasta que, habiéndose extinguido el dolor de su padre, él pueda ser perdonado y llamado a la corte real. Pero David no cede tan rápidamente. Después de tres años de destierro, a Absalón, a través de la intervención de Joab, sobrino de David y el general de confianza, se le permite regresar a la ciudad, sin embargo, no se le permitirá presentarse ante el Rey. En esta condición Absalón vive durante dos años, buscando recuperar el favor de su padre con la mediación de Joab. El propio Joab está renuente a presionar sobre el asunto, hasta que Absalón prende fuego a las cosechas de su pariente, obligando a Joab a venir a él con miras a buscar una compensación por el daño. Absalón convierte la oportunidad de su altercado con Joab a buena cuenta declarando su condición desdeñada y olvidada: preferiría morir ignominiosamente, argumenta, que tener el rencor del Rey pesando sobre mí todos los días de mi vida. Como resultado Absalón es recibido por el Rey.

Reintegrado a su principesca dignidad anterior y a la aparente confianza de su padre, Absalón emprende el trayecto de conspiraciones secretas, al cual su ambición y su oportunidad parecían impulsarle, y que ha sellado su nombre como sinónimo de sublevación desnaturalizada. Congraciándose con la buena voluntad de las personas, y al mismo tiempo fomentando el descontento con las condiciones del reinado de su padre, él logra preparar las mentes de los insatisfechos para un levantamiento general. Después de cuatro años (la de los Setenta indica "cuarenta", lo cual es evidentemente una lectura errónea, como aparece del hebreo (Keri), siríacos, y las versiones árabes] de vigorosa actividad secreta Absalón pide permiso al Rey para dirigirse a Hebrón, para poder cumplir un voto auto-impuesto, que hizo mientras estaba en cautiverio en Gessur. Ya habían concluido los preparativos para un levantamiento simultáneo de los partidarios secretos de Absalón en diferentes partes del país, y los emisarios estaban listos para proclamar al nuevo rey. Ajitófel, uno de los consejeros más antiguos de David, se había unido a los conspiradores, y por medio de su plan, una corriente fuerte estaba dirigiéndose contra David. Cuando, en medio del sonido de trompetas y los gritos del ejército, David se entera de la proclamación del nuevo rey, rápidamente convoca a sus seguidores de confianza escapa hacia el Monte de los Olivos, esperando cruzar el Jordán a tiempo para escapar de la ambiciosa furia de su hijo. En el camino se encuentra a su fiel funcionario Jusay, quien le aconseja unirse a Absalón. "Serás inútil para mí si vas con nosotros. Pero si te unes a Absalón, y le dices: Yo soy tu seguidor, oh, Rey, como una vez lo fui de tu padre, él te recibirá, y tendrás en ti el poder de frustrar los planes de Ajitófel que me ha traicionado."

Jusay actúa de acuerdo al consejo y logra ganar la confianza de Absalón. El desempeña tan hábilmente su rol de seguidor del partido rebelde que, mediante su sugerencia, alegando falsamente la inutilidad de perseguir a David, prevalece contra el consejo urgente de Ajitófel que apremia a Absalón a atacar al Rey, no sea que gane tiempo para organizar su guardia personal, últimamente fortalecida por la accesión de seiscientos soldados en Gat. El evento prueba la exactitud de la previsión de Ajitófel. David es informado secretamente del retraso de Absalón, e inmediatamente envía a sus tres generales, Joab, Abisai, y Ethai, a atacar a las huestes rebeldes desde el lado oriental de la colina. Escudados por un bosque, los hombres de David avanzan y encuentran a las indefensas fuerzas de Absalón en el borde de los bosques que bordean la llanura circular, en un punto en el que (probablemente) hoy día es Mukaah. Allí ocurre una matanza espantosa, y el desorganizado partido rebelde es derrotado rápidamente. Absalón huye desesperadamente. De pronto se encuentra aturdido por un golpe, mientras su cabeza se ve atrapada en la horqueta de las ramas bajas de un árbol de terebinto. Al mismo tiempo su largo pelo suelto se enreda en el espeso follaje, mientras que el asustado animal debajo de él huye, dejándolo suspendido sobre la tierra. Antes de que él pueda desenredarse, es espiado por uno de los soldados quien, recordando las palabras del Rey, "Guardadme la vida de Absalom", guía la atención de Joab a la condición difícil del desventurado joven. El viejo general, menos escrupuloso, (v. escrúpulo]]) y ávido de librar a su amo de tan peligroso enemigo, perfora tres veces el cuerpo de Absalón con su jabalina. Cuando le dan la noticia de la muerte de Absalón, David se vuelve inconsolable. "Mi hijo Absalón, Absalón, mi hijo: Dios me diera haber muerto en tu lugar, Absalón, mi hijo, mi hijo Absalón".

La Sagrada Escritura establece que Absalón fue enterrado (v. sepultura cristiana) bajo un gran montón de piedras (2 Sam. 18,17) cerca de la escena de su desastre. El viajero hoy puede ver una tumba de estilo greco-judío, al este del Kidrón, que se designa como el sepulcro de Absalón, pero que es evidentemente de construcción mucho más tardía y que probablemente pertenece a uno de los reyes judíos del período asmoneo (Josephus, De Bello Jud., V, xii, 2). Absalón tuvo tres hijos que murieron antes que él. Él dejó una hija, Maaca, (Thamar), la cual se casó luego con Roboam, hijo de Solomón (2 Cron. 11,20), aunque hay alguna duda acerca de la identidad de este nombre mencionada en el Libro de Reyes y en Paralipómenos.

Absalón, padre de Matatías, (1 Mac, 11,70). Quizás idéntico con Absalón, padre de Jonatán (1 Mac. 13,11).

Absalón, padre de Jonatán, Uno de los dos embajadores a quienes Judas Macabeo envió a Lisias, procurador de Antiocos (2 Mac. 11,17), idéntico con el anterior.

Heuser, H. (1907). Absalom. In The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company. Retrieved August 18, 2008 from New Advent Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes. Revisado y corregido por Luz María Hernández Medina