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Miércoles, 18 de octubre de 2017

Filosofía del sentido común

De Enciclopedia Católica

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El término sentido común designa (1) una facultad especial, el sensus communis de la filosofía aristotélica y escolástica; (2) la suma de los principios originales que se hallan en todas las mentes normales; (3) la habilidad para juzgar y razonar de acuerdo con esos principios (recta ratio, buen sentido). El segundo de estos significados es el que está implícito en la filosofía del sentido común ---un significado bien expresado por Fénelon cuando identifica el sentido común con “esas ideas o nociones generales que no puedo contradecir ni examinar, pero según las cuales examino y decido sobre todo; de modo que sonrío en lugar de responder cada vez que se me propone algo que obviamente va contra esas ideas inmutables.” (De l’existence de Dieu, p. XXII, c. II). La filosofía del sentido común a veces llamada filosofía escocesa por la nacionalidad de sus exponentes (aunque no todos los filósofos escoceses eran partidarios de la Escuela del Sentido Común), representa una fase de la reacción contra el idealismo de Berkeley y Hume, que en Alemania estaba representado por Kant. La doctrina de las ideas, que Locke había adoptado de Descartes, había sido usada por Berkeley como fundamento de su teoría del idealismo puro, que reducía el mundo exterior en las ideas, sin la realidad externa, sino directamente impresas en la mente por el Poder Divino. Por otro lado, Hume había afirmado que no había motivos para suponer la existencia de cualquier substancia mental como el receptor subjetivo de las impresiones e ideas, y que todo lo que sabemos de la mente es una sucesión de estados producidos por la experiencia. Así, entre los dos, el sujeto y el objeto desaparecían, y la filosofía terminó en mero escepticismo.

Thomas Reid (1710-1796), cuyo disentimiento de la doctrina de las ideas de Locke había sido en cierta medida previsto por Francis Hutcheson (1694-1746), se dispuso a reivindicar el sentido común, o el juicio natural de la humanidad, por el cual la existencia real de sujeto y objeto se considera directamente conocida ( realismo natural). Argumentó que si no se puede probar que existe algún mundo externo real o mente continuamente existente, la verdadera conclusión no es que estas no tienen existencia o son incognoscibles, sino que nuestra conciencia de ellos es un hecho esencial, que no necesita ni es capaz de prueba, sino que ella misma es la base de toda prueba. “Todo conocimiento y toda ciencia deben ser construidos sobre principios que sean evidentes por sí mismos; y todo hombre que tiene sentido común es un juez competente de tales principios” (Works, ed. 1863, p. 422). Dugald Stewart (1753-1828), que siguió el método de Reid sin modificación seria, fue más preciso, y le dio mayor prominencia que Reid a su doctrina de la "sugestión", o la asociación de ideas.

El Dr. Thomas Brook (1778-1820), mientras que aceptó el principio fundamental de Reid, llevó más lejos que Reid o Stewart el análisis de los fenómenos de percepción, reduciendo algunos de sus primeros principios a elementos de la experiencia, sobre todo en el tratamiento de la noción de causalidad. Sir James Mackintosh (1765-1832) adoptó los principios del sentido común, pero aceptó el criterio utilitarista de moralidad, sostenido por la escuela de Hartley, y aplicó el método analítico a la facultad moral que Reid había tomado por "un poder original en el hombre ". Sir William Hamilton (1788-1856) ilustró el principio de sentido común con un aprendizaje más amplio y una mayor agudeza filosófica que cualquiera de sus predecesores. Fue muy influenciado por Kant, e introdujo en su sistema distinciones que la Escuela de Sentido Común no había reconocido. Mientras que se declaraba un realista natural, sostenía una doctrina un tanto extremo de la relatividad del conocimiento. Sus comentarios sobre Reid indican muchas ambigüedades e imprecisiones por parte de ese autor. James Oswald (1727-1793) hizo uso de los principios de Reid en apoyo de la creencia religiosa, y James Beattie (1735-1803) en defensa de la existencia de una facultad moral.

La filosofía del sentido común, adoptando el método baconiano de “interrogación” o análisis, rechaza, como contario a las convicciones universales de la humanidad, la noción de ideas como un tertium quid que interviene entre el objeto percibido y el sujeto percibidor. Todo conocimiento viene a modo de sensación; y la realidad del objeto externo está implícita en la sensación, junto con los principios metafísicos de la existencia de la substancia corporal y mental, de causalidad, y del diseño e inteligencia en causalidad. Es imposible decir qué es sensación en sí misma; es un hecho fundamental, y no se puede describir o definir. Pero las sensaciones no son claramente imágenes o ideas de los objetos que las causan; no hay semejanza entre el dolor de una herida y la punta de una espada. Reid y sus sucesores insisten en la distinción entre cualidades primarias y secundarias. Las primeras (extensión, figura, dureza, etc.), al ser "sugeridas" por las sensaciones como esencialmente pertenecientes al objeto percibido; y las segundas (como color, sabor, olor, etc.) al ser no más que sensaciones en el sujeto que surgen de cualidades del objeto que son sólo [[accidente | accidentales] o contingentes. Sin embargo, Hamilton subdivide las cualidades secundarias en secundarias y secundo-primaria, una distinción que ahora se considera generalmente infundada.

Las facultades mentales se dividen en intelectuales y activas, una distinción que corresponde a la clasificación peripatética de cognitivo y apetitivo. Toda cognición tiene, pues, un elemento intelectual, y tiene lugar por vía de sugestión, o asociación (una teoría en la que Hutcheson se le anticipó a Reid). En la cognición la mente es en parte activa y en parte pasiva; se rechaza la noción de que es un mero receptáculo de las ideas. Reid considera la conciencia como una facultad independiente, algo parecida al sensus communis escolástico; Brown y Hamilton disienten de este punto de vista, pues sostienen que la "conciencia" es meramente una expresión general para la condición fundamental de toda actividad mental. La idea de causalidad, que implica la necesidad universal de la causalidad, no puede ser educida de la experiencia, puesto que la necesidad (a diferencia de la simple invariabilidad) no se puede conocer por la experiencia; es por lo tanto un principio original en la mente. De la misma manera, la voluntad es conocida inmediatamente como libre; su libertad no es susceptible de prueba, sino que se reconoce intuitivamente; y es a partir de la conciencia de la fuerza de voluntad en nosotros mismos que derivamos la noción de causalidad. Sin embargo, Brown, si bien acepta la opinión intuicional de la idea de causalidad, se inclina hacia Hume en su definición de causa como no más que una secuencia invariable; también difiere de Reid en que hace a la voluntad una modificación del deseo o apetito. Reid afirma que la creencia en la uniformidad de la naturaleza, en la que se basa todo descubrimiento científico, es un principio original en la mente. La Escuela de Sentido Común en general considera la conciencia, o el sentido moral, como una facultad original, con la excepción de Mackintosh, que deriva en gran medida la llamada facultad de la influencia de la experiencia social sobre la voluntad.

El análisis psicológico de esta escuela es valioso; pero su principio fundamental ha sido considerablemente debilitado por el contacto con el criticismo de kantiano y la doctrina evolucionista, y con Hamilton perdió gran parte de su eficacia polémica. "La filosofía del sentido común, diseñada por Reid como una salvaguardia contra el escepticismo y el idealismo, fue tan transmutada por Hamilton como para llevar de nuevo a la conclusión de que nada puede ser conocido, y por lo tanto que nada se puede afirmar o negar, más allá del fugaz fenómeno de la conciencia "(Laurie, Scottish Philosophy, p. 291). En Francia, Royer-Collard (1763-1845) introdujo los principios de la escuela escocesa; Jouffroy (1796-1842) tradujo las obras de Reid y Cousin (1792-1867) en su "Philosophie ecossaise” elogió la filosofía de Reid en los mayores términos. Se puede decir con seguridad que la tendencia materialista de la especulación francesas fue controlada por las influencias derivadas de la filosofía del sentido común.


Bibliografía: Hutchenson, Essay on the Passions and Affections (Londres, 1728). Idem, Metaphysical Synopsis (Londres, 1742). Idem, System of Moral Phil. (Glasgow, 1755). Reid, Works, con prefacio, notas y disertación por Hamilton (Edimburgo, 1846); nueva ed. por Mansel (1863). Buffier, Premieres Verites (tr. Londres, 1781), "with a detection of the plagiarism, concealment, and ingratitude of Drs. Reid, Beattie, and Oswald". Jouffroy, Oeuvres completes de Reid (París, 1829). Oswald, Appeal to Common Sense (Edimburgo, 1768). Beattie, Essay on Truth (Aberdeen, 1770). Idem, Elements of Moral Science (1790). Priestly, Examination of Reid, etc. (Londres, 1774). Stewart, Complete Works (Cambridge, Mass., 1829-31); ed. Con adiciones y memoria por Sir W. Hamilton y completada por Veitch (Edimburgo, 1858). Brown, Inquiry into Relation of Cause and Effect (Edimburgo, 1804). Idem, Lectures on the Phil. of the Human Mind (Edimburgo, 1820). Mackintosh, On the Progress of Ethical Philosophy in Encyc. Brit. (1830); ed. Con prefacio por Whewell (Filadelfia, 1832). Idem, dos documentos en Edinburgh Review, XXVII, XXXVI. Hamilton, Lectures, ed. Mansel y Veitch (Londres, Edimburgo, y Boston, 1860). Idem, Essays in Edinburgh Review (1829-30-32). Idem, Metaphysics, ed. Bowen (Cambridge, Mass., 1870); vea Mill, Exam. of Hamilton's Philosophy (Londres, 1865). McCosh, Scottish Philosophy (Londres, 1875). Seth (A. S. Pringle-Pattison), Scottish Philosophy (Edimburgo y Londres, 1885 y 1900). Ferrier, Reid and the Philosophy of Common Sense (1847) en Ferrier's Works (Edimburgo y Londres, 1883), III, 407; vea también Maher, Psychology (Londres, 1903), 33, 49, 102 sqq. James, Pragmatism (Londres y Nueva York, 1907), lect v. Laurie, Scottish Philosophy in its National Development (Londres y Glasgow, 1902).

Fuente: Sharpe, Alfred. "Philosophy of Common Sense." The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert Appleton Company, 1908. <http://www.newadvent.org/cathen/04167a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina. rc