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Viernes, 18 de octubre de 2019

Magno Félix Enodio

De Enciclopedia Católica

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Magno Félix Enodio: retórico y obispo; nació probablemente en el sur de la Galia en 474; murió en Pavía, Italia, el 17 de julio de 521. Cuando era aún muy joven se fue a Pavía, donde fue educado, se comprometió y eventualmente se convirtió en sacerdote; su prometida, al mismo tiempo, se convirtió en monja. No hay certeza de que algún día se casara. Poco después de la muerte de su benefactor, Epifanio (496), recibió las órdenes menores en Milán, atraído a ello sin duda por su tío Laurencio, obispo de esa ciudad. Pronto fue ordenado diácono y enseñó en las escuelas.

Por esta época (498) dos Papas fueron elegidos simultáneamente, el diácono Símaco y el arcipreste Laurencio. El rey Teodorico favorecía al primero, y convocó un concilio en Roma en 501, el famoso Synodus Palmaris, para zanjar la cuestión y poner fin a tanto escándalo. En esta ocasión Enodio actuó como secretario de Laurencio de Milán, que fue el primero en firmar los decretos del concilio. Los seguidores del arcipreste Laurencio, quien fue rechazado por el concilio, escribieron en contra de las decisiones de este último. Enodio les respondió y defendió el sínodo en una obra todavía existente titulada "Libellus adversus cos qui contra synodum scribere praesumpserunt". Después de referirse a las objeciones presentadas contra la incompetencia e irregularidad del concilio, atacó a los enemigos de Símaco y proclamó la incapacidad de los jueces humanos para decidir en asuntos inherentes a los Papas. “Sin duda Dios consintió que los asuntos de hombres fuesen resueltos por hombres; Él se reservó para sí mismo el pasar juicio sobre el pontífice de la Sede Suprema” (Libellus, sect. 93). En 513 Enodio estaba todavía en Milán, pero poco después fue consagrado obispo de Pavía. En 515 y 517 dirigió dos embajadas sucesivas que el Papa Hormisdas envió al emperador Anastasio en Constantinopla, ambas de las cuales, sin embargo, fueron infructuosas. La enemistad implacable del emperador puso en peligro las vidas de los enviados en 517. No se conoce nada sobre los años restantes de su episcopado. Su epitafio, hallado por accidente, da la fecha de su muerte.

Las obras de Enodio incluyen poemas para ocasiones especiales y epigramas, particularmente inscripciones para iglesias u otros monumentos religiosos. Su defensa del sínodo de 502, a menudo conocida como “Libellus pro Synodo”, su autobiografía (Eucharisticum), su panegírico sobre el rey Teodorico y las biografías de su predecesor Epifanio de Milán y un monje, Antonio de Lérins, son interesantes desde el punto de vista histórico, especialmente las cuatro primeras. Otro tanto puede decirse de sus numerosas cartas, dirigidas a varios correspondientes. A pesar de su verbosidad, contienen mucha información útil respecto a las direcciones y costumbres de la época.

Enodio es el último representante de las antiguas escuelas de retórica. Su "Paraenesis didascalica" (511) celebra el maravilloso poder de la principal de las artes liberales, por la cual un hombre culpable se hace aparecer como inocente y viceversa. Ilustra su propio método en unos pocos ejercicios declamatorios llamados "Dicciones", los cuales tratan sobre temas que una vez deleitaron a los paganos, por ejemplo, el dolor de Tetis al contemplar el cadáver de Aquiles; Menelao contemplando las ruinas de Troya; el lamento de Dido abandonada por Eneas, etc. Además, con todos los recursos de su retórica denunció a un hombre que colocó una estatua de Minerva en un lugar de mala reputación; a un jugador que perdió en el juego el campo en el que estaban enterrados sus padres; etc. Compartía la falacia popular de sus contemporáneos que veían en el reinado de Teodorico un renacimiento del Imperio Romano bajo el control de los hombres de letras. Enodio se mantuvo fiel hasta el final a las tradiciones académicas de las escuelas romana, cuyo aparato mitológico fue el último en retener; así, en un epitalamio describe la belleza de la Venus desnuda, y hace al amor argumentar contra la virginidad. Sin embargo, en otra parte refuta las fábulas de los poetas y señala que la comprensión de las Escrituras cristianas es el más alto ideal intelectual. En él son visibles dos tendencias cuyo conflicto nunca está ausente de la vida cristiana; exteriormente se mantiene fiel a la tradición clásica. Su dicción es exuberante y florida, pero ocasionalmente manifiesta vigor. Las mejores ediciones de sus escritos son las de Hartel, en el sexto volumen del "Corpus ecclesiasticorum latinorum" (Viena, 1881), y de Vogel en "Monumenta Germaniae Hist.: Auct." (Berlín, 1885), VII.


Fuente: Lejay, Paul. "Magnus Felix Ennodius." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5, pp. 478-479. New York: Robert Appleton Company, 1909. 15 Aug. 2019 <http://www.newadvent.org/cathen/05478a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina