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Lunes, 16 de octubre de 2017

Inscripción de Abercio

De Enciclopedia Católica

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La Inscripción de Abercio, un texto hagiográfico griego que, sin embargo, ha sufrido alteraciones, y una inscripción griega del siglo II nos han dado a conocer a un cierto Abercio, obispo de Hierópolis, en Frigia que, a mediados del siglo en cuestión, dejo su ciudad episcopal y visitó Roma. En su camino a casa viajó a través de Siria y Mesopotamia, y fue recibido con grandes honores en varios lugares. Él murió poco después de su retorno a Hierópolis, pero no antes de haber compuesto su propio epitafio, llevando la más vívida impresión de todo lo que él había admirado durante su estancia en Roma. Este epitafio bien pudo haber inspirado la Vida de Abercio tal y como ha llegado a nosotros, ya que todos sus detalles se pueden explicar por las alusiones contenidas en la inscripción, o de otro modo, pertenecen a la base común de todas las leyendas de los santos. La Vida, de hecho, incluye una transcripción del epitafio.

Tillemont se sorprendió fuertemente por las ideas allí expresadas, y Pitra se esforzó por probar su autenticidad y su importante repercusión en el simbolismo cristiano. Renan consideró tanto la Vida como la inscripción como composiciones fantasiosas, pero en 1882 un viajero inglés, W. Ramsay, descubrió en Kelendres, cerca de Synnada, en Frigia Salutaris (Asia Menor), una estela cristiana (tabla inscrita) que llevaba la fecha del año 300 de la era frigia (216 d.C.). La inscripción en cuestión recuerda la memoria de un cierto Alejandro, hijo de Antonio. De Rossi y Duchesne enseguida reconocieron en ella frases similares a aquéllas en el epitafio de Abercio. Al compararlas se encontró que la inscripción en memoria de Alejandro correspondía, casi palabra por palabra, con el primero y últimos versos del epitafio del obispo de Hierópolis; faltaba toda la parte del medio.

El señor Ramsay, en una segunda visita al sitio de Hierópolis, en 1883, descubrió dos nuevos fragmentos cubiertos con inscripciones, construidas en la albañilería de los baños públicos. Estos fragmentos que están ahora en el Museo Cristiano Vaticano, completaban la parte del medio de la estela inscrita con el epitafio de Abercio. Se hizo posible ahora, con la ayuda del texto conservado en la Vida, restaurar el texto original del epitafio con certeza práctica. Ciertas lacunae, letras borradas o cortadas por las rupturas en la piedra, han sido motivo de profundas discusiones, produciendo un texto que de aquí en adelante puede parecer seguro, y qué puede ser de gran ayuda darlo aquí. Las letras mayúsculas al principio y al final de la inscripción representan las partes encontradas en la inscripción de Alejandro, el hijo de Antonio, las de la parte media son los fragmentos restantes del epitafio de Abercio, mientras que las letras minúsculas dan la lectura según los manuscritos de la Vida:

"El ciudadano de una ciudad escogida, este [monumento] yo hice [mientras] vivía, con tal de tener a tiempo un lugar de descanso para mi cuerpo, [yo] soy de nombre Abercio, el discípulo de un pastor santo que alimenta rebaños de ovejas [ambos] en las montañas y en llanuras, que tienen grandes ojos que ven por todas partes. Pues este [pastor] me enseñó [que el] el libro [de vida] es digno de creencia. Y me envió a Roma a que contemplara la majestad, y a ver a la reina vestida de oro y con sandalias de oro; allí también vi a personas que llevan una marca brillante. Y vi la tierra de Siria y todas [sus] ciudades, [yo vi] a Nisibis cuando crucé el Éufrates. Pero por todas partes yo tenía hermanos. Tenía a Pablo… La fe me llevó adelante, y por todas partes me proveyó como comida un pez de gran tamaño, y perfecto, que una virgen santa sacó con sus manos de una fuente y esto [fe] siempre le da a comer a sus amigos, al tener vino de gran virtud, y al darlo mezclado con pan. Estas cosas yo, Abercio, habiendo sido testigo [de ellas] digo que está escrito aquí. Verdaderamente yo estaba atravesando mi año número setenta y dos. Él que discierna estas cosas, cada compañero-creyente [a saber], que ore por Abercio. Y que nadie ponga otra sepultura encima de mi tumba; pero si lo hace, entonces él pagará a la tesorería de [los] romanos dos mil piezas de oro y a mi buena ciudad nativa de Hierópolis mil piezas de oro".

La interpretación de esta inscripción ha estimulado esfuerzos ingeniosos y controversias muy animadas. En 1894 G. Ficker, apoyado por O. Hirschfeld, se esforzó por probar que Abercio era un sacerdote de Cibeles. En 1895 À. Harnack ofreció una explicación que era suficientemente obscura, al hacer a Abercio representante de un sincretismo religioso mal definido arbitrariamente combinado de tal manera como para explicar todas las porciones de la inscripción que eran inexplicables. En 1896, Dieterich hizo a Abercio sacerdote de Attis. Estas teorías plausibles han sido refutadas por varios arqueólogos eruditos, especialmente De Rossi, Duchesne y Cumont. Ni tampoco hay más necesidad de entrar en las cuestiones surgidas en una parte u otra; las conclusiones siguientes son indiscutiblemente históricas. El epitafio de Abercio generalmente es considerado, y con buena razón, más viejo que el de Alejandro, el hijo de Antonio, es decir, anterior al año 216 d.C. Su tema puede identificarse con un escritor llamado Abercio Marcelo, autor de una obra contra los montanistas, algunos fragmentos de la cual han sido conservados por Eusebio. Como el tratado en cuestión fue escrito aproximadamente el año 193, el epitafio puede asignarse a los últimos años del siglo II o comienzos del III. El escritor era obispo de un pequeño pueblo, cuyo nombre se da mal en la Vida, ya que pertenece a Hiérópolis en Frigia Salutaris, y no a Hierápolis en Frigia Pacatiense. La prueba de este hecho dada por Duchesne es todo lo que se pudiese desear.

El texto de la inscripción misma es de la mayor importancia posible en relación con el simbolismo de la Iglesia primitiva. El poema de dieciséis versos que forman el epitafio muestra claramente que el idioma usado no es entendido por todos; que el hermano que entienda esto ore por Abercio. Simplemente se menciona el viaje del obispo a Roma, pero en su camino a casa él nos da las fases principales de su itinerario. Pasó a lo largo de la costa de Siria y, posiblemente, llegó a Antioquia, de ahí a Nisibis, después de haber atravesado toda Siria, mientras que su retorno a Hierópolis puede haber sido por vía de Edessa. La alusión a San Pablo el Apóstol, que un hueco en el texto hace indescifrable, puede haber dicho originalmente cómo el viajero siguió en su camino de vuelta las etapas del tercer viaje misionero de San Pablo, es decir: Issus, Tarso, Derbe, Iconio, Antioquia de Pisidia y Apamea Ciboto que lo traería al corazón de Frigia.

La inscripción da testimonio de gran valor para la importancia de la Iglesia de Roma en el siglo II. Una simple mirada al texto nos permite notar: (1) la evidencia del bautismo que marca a las personas cristianas con su sello deslumbrante; (2) la difusión del cristianismo a cuyos miembros Abercio encuentra por doquiera; (3) el recibimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios y de María, en la Eucaristía, (4) bajo las especies de pan y vino.

El culto litúrgico de Abercio no presenta ningún punto de interés especial; su nombre aparece por primera vez en los menologios griegos y sinaxarios del siglo X, pero no se encuentra en el Martirologio de San Jerónimo.


Bibliografía: PITRA, en el Spicilegium Solesmense (Par[is, 1855, III, 533; IV, 483); DUCHESNE, Abercius, évêque d'Hieropolis, in the Revue des questions historiques (1883), XXXIV, 533; LECLERCQ, in Dict. d'archéol. chrét. et de liturgie, I, 66- 87; LIGHTFOOT, Apostolic Fathers (Londres, 1889), II, I, 492-501.

Fuente: Leclercq, Henri. "Inscription of Abercius." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. 29 Aug. 2016 <http://www.newadvent.org/cathen/01040a.htm>.

Traducido por Rubén Israel Torres Reza