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Miércoles, 18 de octubre de 2017

Hagiografía

De Enciclopedia Católica

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El término hagiografía se refiere al nombre dado a esa rama del saber que tiene por objeto los santos y su culto. Los escritos relacionados con el culto a los santos se pueden dividir en dos categorías:

  • (A) los que son producto espontáneo de las circunstancias o han sido llamados a ser por necesidades religiosas de un tipo u otro (y estos pertenecen a lo que puede llamarse la hagiografía práctica);
  • (B) Los escritos que se dedican al estudio científico de la primera categoría (y estos constituyen la hagiografía crítica).

A. HAGIOGRAFÍA PRÁCTICA:

El culto a los santos ha dado lugar en todas partes, tanto en Oriente como en Occidente, a un número muy considerable de documentos, que varían en forma y en tenor con el objeto que el autor tuvo a la vista en cada caso. Tales fueron, en tiempos primitivos, las listas de mártires redactadas en iglesias particulares con miras a la celebración de aniversarios, cuyas listas se convirtieron en el núcleo de los martirologios. Los documentos de este tipo merecen un estudio especial, (Vea MARTIROLOGIO) y sólo tenemos que mencionarlos aquí de pasada (vea "Analecta Bollandiana", XXVI, págs. 78-99). Lado a lado con los martirologios y calendarios también están los relatos de los martirios y las biografías escritas por contemporáneos en memoria de los héroes a los que la Iglesia celebra. Tales son la "Pasión de los Mártires Escilitas", la "Vida de San Agustín” por Posidio, y la" Vida de San Martín ", por Sulpicio Severo. A veces son relatos compuestos por escritores que vivían a cierta distancia de tiempo de los eventos registrados, y cuyo objeto era edificar a los fieles o satisfacer una curiosidad piadosa. Estos hagiógrafos escribían ya sea en prosa, como el autor de las “Actas de Santa Cecilia”, o en verso como Prudencio y muchos otros. Entonces además hay textos compuestos u organizados para uso litúrgicos, a partir de documentos históricos o de composiciones artificiales.

Estas diferentes clases de obras hagiográficas ---memorias históricas, composiciones literarias, textos litúrgicos--- existían en un principio como monografías; pero pronto se sintió la necesidad de reunir en una colección separada piezas de la misma naturaleza. La colección hagiográfica más antigua de la cual se hace mención es la compilación de Eusebio ton archaion martyrion synagoge, que contiene las pasiones de los mártires anteriores a la persecución de Diocleciano. Eusebio mismo escribió, todo en una sola pieza, el libro de los mártires de Palestina de la última persecución, al igual que Teodoreto después compiló sus philoteos Historia a partir de una serie de treinta biografías de las que él mismo era autor. Así pues, tenemos dos tipos de colecciones a una u otra de los cuales podemos atribuir todos aquellos que se mencionan más adelante: el tipo que consiste en una agrupación de piezas desiguales bajo un solo título y el tipo que es una serie de narrativas todas de la misma pluma. Entre las colecciones más famosas de la Edad Media podemos citar las de San Gregorio de Tours, bajo los títulos "In Gloriâ Martyrum" (P.L., LXXI, 705-80) e "In Gloriâ Confessorum" (loc. cit., 827-910), los diálogos de Gregorio el Grande, "De Vitâ et Miraculis Patrum Italicorum" (P.L., LXXVII, 147-429), los tres libros de San Eulogio de Córdoba (murió en 859) titulados "Memorialis Sanctorum" (P.L., CXV, 731-818).

En estas colecciones el orden es el orden histórico de los sujetos particulares que incluyen ---Vidas o Pasiones de santos---; más tarde aparecen colecciones de un carácter más artificial en las que las pasiones y las biografías de los santos se suceden según las fechas del calendario. En Occidente a estas colecciones se les conoce como “Pasionarios” o “Legendarios”. Con el transcurso del tiempo cada región llegó a tener el suyo propio; el Legendario Romano constituye la base común de todos, y las partes especiales se determinan por el cultus local. Los legendarios se componen generalmente de biografías y pasiones de longitud relativamente grande. A partir del siglo XIII comenzaron a aparecer colecciones de un tamaño más conveniente, que contenían el material de los legendarios de forma condensada. De éstos, sin [duda]], la más famosa es la "Legenda Aurea" del dominico Jacopo de Voragine, de la cual se distribuyeron manuscritos en abundancia, hasta el momento en que se comenzaron a multiplicar las copias mediante la impresión. Esta obra, además, fue traducida durante la Edad Media a varios idiomas modernos, y de hecho hay que señalar que un gran número de vidas de santos y colecciones hagiográficas en lenguas vulgares, que son ahora de interés principalmente para los estudiante de filología, se pueden rastrear a los originales latinos. La importancia de este cuerpo de literatura se puede estimar por la lectura atenta de, por ejemplo, para el francés, las memorias de M. Paul Meyer, "Notice sur un légendier français classé selon l'ordre de l'année liturgique" (París, 1898), "Notice sur trois légendiers français attribués à Jean Belet" (París, 1889). y "Légendes hagiographiques en français" [in "Histoire littéraire de la France", XXXIII (1906), págs. 328-459]. Para el alemán podemos mencionar a F. Wilhelm, "Deutsche Legenden und Legendare" (Leipzig, 1907).

Son dignas de mención otras compilaciones hagiográficas que datan de la Edad Media, aunque todas no han gozado de la misma popularidad. Tales son el Santoral de Bernard Guidonis, Obispo de Lodève (murió en 1331), todavía inédita (vea L. Delisle, "Notice sur les manuscrits de Bernard Guy" en" Notices et Extraits", XXVII, 2, 1879); el legendario del dominico Pierre Calo (murió en 1348), también inédito; el "Sanctilogium Angliæ" de Juan de Tynemouth (murió en 1366), que se convirtió en la "Nova legenda Angliæ" de John Capgrave (1464), del cual tenemos ahora una edición crítica por C. Horstmann (Oxford, 1901, 2 vols., 8vo); el "Sanctuarium" de Mombricio, impreso en Milán cerca del año 1480, en dos volúmenes en folio, y especialmente precioso porque reproduce las vidas y pasiones de manuscritos antiguos sin ningún tipo de reforma o manipulación; las grandes compilaciones de Jean Gielemans, un canónigo regular brabantino (murió en 1487) bajo los títulos "Sanctilogium", "Hagiologium Brabantinorum", "Novale Sanctorum" (vea "Analecta Bollandiana", XIV, págs.. 5-88); el suplemento a Jacobo de Voragine por Hilarión de Milán (Legendarium... supplementum illius de Voragine, Milán, 1494).

Después de mediados del siglo XVI, las vidas de los santos, comenzadas por Luis Lipómano, obispo de Verona ("Sanctorum priscorum patrum vitæ", Venecia, 1551-60), continuada y completada por Surio ("De probatis sanctorum historiis", Colonia, 1570-75) que fueron ofrecidas como lectura edificante y al mismo tiempo como un arsenal polémico contra los protestantes, disfrutaron de una considerable reputación y fueron reimpresas varias veces. El “Flos Sanctorum” del Padre Ribadeneira (1ra. Ed. Madrid, 1599) tuvo un gran éxito popular y fue traducido a varios idiomas; fue seguido por un gran número de vidas de santos para cada día del año. Entre los más famosos de estos debe mencionarse "The Lives of the Fathers, Martyrs and Other Principal Saints" de Alban Butler, que apareció por primera vez en 1756 y fue reimpreso y traducido a menudo; y "Les petits Bollandistes" de Mons. Guérin, una colección que no tiene nada en común con el "Acta Sanctorum" o con las publicaciones de los bolandistas. La mayoría de las colecciones de vida de los santos, en particular las de las lenguas modernas, se inspiran en la idea de edificar e interesar al lector, y sin ningún gran cuidado por la verdad histórica. No vamos a hablar aquí de biografías aisladas, cuyo número creció sin cesar durante la Edad Media y en tiempos posteriores, y las cuales servían constantemente para engrosar las colecciones.

Entre los griegos el desarrollo de la hagiografía fue ---al menos en apariencia--- igual que entre los latinos. Las pasiones de los mártires, biografías y panegíricos de los santos se juntaban del mismo modo en colecciones, organizadas en orden cronológico, en los menologios mencionados ya en el siglo IX (vea "Analecta Bollandiana", XVI, págs. 396-494; XVI, págs. 311-29; XVII, págs. 448-52). Los griegos, también, tienen sus menologios más cortos, compuestos de vidas resumidas (bioi en syntomo, vea "Analecta Bollandiana", XVI, p. 325), y sus sinaxarios, cuyo uso es principalmente litúrgico, son principalmente composiciones en las cuales las vidas o pasiones más extensas se reducen a la forma de breves notas (vea H. Delehaye, "Synaxarium ecclesiæ Constantinopolitanæ, Propylæum et Acta Sanctorum Novembris", p. lix). En el griego (moderno) popular tampoco faltan colecciones, mientras que las vidas de santos de Margunios, Agapios Landos y otros, hasta los Megas Synaxaristes de C. Dukakis (14 vols., 8vo, Atenas, 1889-97), son ampliamente leídos en los países de habla griega.

Íntimamente relacionada con la hagiografía griega está la eslava. Para propósitos de orientación, se refiere al lector a Martinov, "Annus græcoslavicus" en "Acta SS." October, vol. XI, y la edición crítica del Menaion de Macario ahora en curso de publicación en San Petersburgo (Moscú) bajo los auspicios de la Comisión Arqueográfica.

Oriente ha sido el escenario de un desarrollo análogo. Las pasiones de los mártires, vidas de santos, colecciones, sinaxarios se encuentran todos en los distintos idiomas orientales; pero, a pesar de los esfuerzos muy loables de los especialistas, todavía estamos insuficientemente informados de los detalles. Aquellos que deseen un resumen de la hagiografía de los diferentes pueblos de esas regiones son referidos, para el armenio, a la "Vitæ et Passiones Sanctorum", publicada por los mequitaristas de Venecia en 1874, the el gran sinaxario armenio de Ter-Israel (Constantinopla, 1834), y el "Acta Sanctorum pleniora" de Aucher (12 vols., Venecia, 1810-35); para los coptos, a H. Hyvernat, "Actes des martyrs de l'Egypte" (Pads, 1886), I. Balestri y H. Hyvernat "Acta martyrum" en "Corpus scriptorum Orientalium; Scriptores Coptici" (París, 1907), el Sinaxario Jacobita Copto, dos ediciones de las cuales están en curso de publicación, una por I. Forget en "Corpus script. christ. Or.: Scriptores Arabici", y la otra por R. Basset en la "Patrologia Orientalis", I; para el etíope, al "Acta martyrum" por Esteves Pereira, y la "Vitæ Sanctorum indigenarum", por C. Conti Rossini y B. Turajev, en "Corpus script. christ. Or.: Scriptores Æthiopici", la "Monumenta Æthiopiæ hagiologica" de Turajev, y el Sinaxario Etíope, por I. Guidi, en la "Patrologia Orientalis", vol. I; para el siríaco, al "Acta martyrum Orientalium" de Evodio Assemani (2 vols, folio, Roma, 1748) y el "Acta martyrum et sanctorum" de Bedjan (7 vols., 8vo, Leipzig, 1890-97); para el georgiano, al "Sakart'hvelos Samot'hkhe" de G. Sabmin (San Petersburgo, 1832). Debemos contentarnos aquí con una ojeada rápida; una bibliografía completa de materiales hagiográficos requeriría varios volúmenes. Para más detalles referimos al lector a las tres obras publicadas por los bolandistas: "Bibliotheca hagiographica latina" (2 vols, 1898-1901); "Bibliotheca hagiographica græca" (2da. ed., 1909); "Bibliotheca hagiographica orientalis" (1910).

B. HAGIOGRAFÍA CRÍTICA:

La hagiografía científica tiene por objeto la crítica de documentos pertenecientes a todas las categorías que hemos enumerado anteriormente. Comprende dos operaciones que son difícilmente separables: el estudio de la tradición escrita con el propósito de establecer los textos; y la investigación de fuentes con el objeto de determinar el valor histórico de estos textos. Los primeros intentos de una crítica hagiográfica metódica datan de comienzos del siglo XVII. Se sabe que Rosweyde (m. 1629) concibió por primera vez el proyecto de formar una colección del "Acta Sanctorum", que desde 1643 se ha puesto en ejecución por Bollando y sus colaboradores (vea BOLANDISTAS), y que tiene como su meta esencial el cernir y publicar todos los textos hagiográficos que han llegado hasta nosotros en relación con los santos quotquot toto orbe coluntur. Desde los primeros volúmenes Bollando y sus colegas han sometido sus documentos a una crítica tan severa como los medios de información y el estado de la ciencia histórica permitieron. Con los avances alcanzados por todas las ramas de la ciencia en el curso del siglo pasado, la importancia de los descubrimientos arqueológicos en ese período, el progreso de la filología y la paleografía, la posibilidad de utilizar los medios de comunicación rápida para obviar la dificultad de material disperso, la hagiografía no pudo sino tomar una nueva orientación. Los bolandistas han sido inducidos a realizar, lado a lado con la compilación del "Acta Sanctorum", un curso de labores que, sin modificar el espíritu de su obra, asegura por ello una base más amplia y más firme y una aplicación más rigurosa de los principios de la crítica histórica. Pero no han estado solos en su devoción a la ciencia de la hagiografía según constituida desde la inauguración de su obra; Mabillon. "Acta SS OSB; Ruinart," Acta Martyrum sincera ", y el "Acta Martyrum Orientalium " de Assemani, han aportado importantes suplementos para la obra.

Especialmente desde mediados del siglo XIX una serie de trabajos sólidos han hecho su aparición para empujar hacia adelante la ciencia hagiográfica a un grado notable. Podemos recordar aquí las buenas ediciones de la vida de santos alemanes en la colección de la "Monumenta Germaniæ historica", los numerosos textos griegos traídos a la luz por M. Papadopoulos-Kerameus y otros eruditos helenistas en diversos países, las publicaciones recientes de escritores orientales mencionados anteriormente, y una masa de trabajos en pequeños detalles que a menudo han abierto nuevos caminos para la ciencia de la crítica. Podemos mencionar de pasada las investigaciones de R. A. Lipsius sobre las Hechos de los Apóstoles apócrifos y los hermosos estudios de M. P.Franchi de' Cavalieri sobre una selección de las Actas de los Mártires. El "Bulletin des publications hagiographiques" de la "Analecta Bollandiana" puede llenar para el lector las brechas dejadas por esta rápida revisión. También se debe decir algo sobre el progreso de la crítica hagiográfica según aplicada a los martirologios; pero el tema es digno de un artículo especial. No sería apropiado, por lo tanto, ignorar en silencio las investigaciones de De Rossi y de L. Duchesne sobre el Martirologio Jeronimiano y la edición crítica a la que han llevado estos investigadores (Acta Sanctorum, noviembre, II, al comienzo del volumen). Las investigaciones críticas sobre martirologios históricos brillantemente inauguradas por Sollerius ("Martyrologium Usuardi" en "Acta Sanctorum", junio, VI, VII) han sido aumentadas y alineadas con la crítica moderna por D. Quentin ("Les martyrologes historiques", París, 1908).

Como se comprenderá fácilmente, la distinción que hemos establecido entre hagiografía práctica y científica no siempre es estrictamente definida. Se ha hecho más de un intento de conciliar la ciencia con la piedad y de suplirle a esta última con el alimento que se ha pasado por el tamiz. La primera colección de vidas de santos concebida en este espíritu es la de A. Baillet, "Les Vies des saints composées sur ce qui nous est resté de plus authentique et de plus assuré dans leurs histoires" (París, 1701), cuyos primeros volúmenes (enero-agosto) han sido puestos en el Índice (cf. Reusch, "Der Index der verbotenen Bucher", II, 552). Además, el plan de una serie de vidas de santos separadas, editado en Francia bajo el título "Les Santos", se inspiró en una idea similar de edificar al lector con biografías que deban ser irreprochables desde el punto de vista histórico. Casi no es necesario añadir que más de una publicación hagiográfica de pretensiones eruditas y críticas no poseen ninguna importancia desde un punto de vista científico. Los ejemplos son tan numerosos como parecen superfluos.


Fuente: Delehaye, Hippolyte. "Hagiography." The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. 29 Aug. 2016 <http://www.newadvent.org/cathen/07106b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina