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Sábado, 23 de febrero de 2019

Purgatorio en las liturgias orientales

De Enciclopedia Católica

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Sobre las liturgias orientales citaré sólo algunos párrafos de A. Michel: “Las oraciones por los muertos, lo mismo que su memoria durante los sagrados oficios, es una práctica perpetua y común en todos los cristianos orientales, que la hacen remontar a los Apóstoles”. Así habla Renaudot, “Liturgiarum orientalium Collection”, tomo I, pág. 193.

Las constituciones apostólicas, a las cuales se refieren las liturgias orientales, son, como se sabe, una compilación que, por lo menos en su término a quo, se remonta a principios del siglo V. En su liturgia del Libro VIII, se encuentra la prescripción siguiente: Roguemos para que el descanso de tal o cual, a fin de que el buen Dios, recibiendo su alma, le perdone todas sus faltas voluntarias e involuntarias, y que en su misericordia la coloque en el lugar de las almas santas. Esta es poco más o menos, la fórmula que se encuentra en todas las liturgias orientales, y que se corresponde a nuestro memento de difuntos: después de la lectura de los dípticos que incluían los nombres de los obispos y de los fieles muertos en la paz de Cristo, el celebrante rezaba la oración llamada “Oratio post nomina” por la que sacerdotes y asistentes pedían a Dios para estas almas el descanso eterno.

El “Sacramentario de Serapión”, descubierto en 1898, es una suerte de ritual o pontifical que contiene oraciones, algunas de las cuales son atribuidas nominalmente a Serapión de Thumis (+ después de 362). Encontramos una fórmula de intercesión: “Por todos los difuntos cuya memoria se hace, rogamos así: Santificad estas almas, porque vos las conocéis a todas; santificando a todos aquellos que duermen en el Señor, colocadlos en el orden de todas vuestras santas potencias y concededles sitio y morada en vuestro reino”. El mismo Serapión ha conservado una oración para la inhumación… “Os rogamos por el reposo del alma de vuestro servidor; dad el descanso a su espíritu, en un sitio verde y apacible, y resucitad su cuerpo en el día señalado por vos”.

No está demás agregar los testimonios de la epigrafía oriental. Ésta nos muestra de una manera evidente, la fe de los cristianos en un estado de las almas, después de la muerte, en que pueden ser ayudadas por las oraciones de los vivos.

En Alejandría se encuentra la siguiente inscripción: “Señor Dios de nuestros padres, tened piedad del alma de vuestro siervo, y hacedla descansar en el seno de nuestros santos padres Abraham, Isaac y Jacob, nutrida con el leño de la vida.

En la epigrafía copta tenemos: “Dios que disteis el reposo del alma de nuestros antepasados Abraham, Isaac y Jacob, dad también el descanso al alma, de vuestro siervo Abraham, a fin de que sea nutrido con los verdes pastos, cerca de las aguas del refrigerio, en el paraíso de la gloria, sitio del cual huye la pena y el dolor, en la lumbre de vuestros santos, Amén”.

En Antioquía hallamos una invocación a Cristo: “Tú que das la vida al género humano y la muerte en castigo del pecado, y que por tu benevolencia prometes la resurrección y nos das de ella una prenda, Cristo, dígnate visitar con tu salud a tu servidor Antonino, hijo de Diógenes y de Dometia su mujer, y a los demás que descansan aquí, a fin de que puedan ver el bien de tus elegidos”.

Tomado de Juan Rosanas S.J., El Purgatorio (Tratado Dogmático), Colección Vida Espiritual, Editorial Poblet, Buenos Aires, 1949. Transcrito por José Gálvez Krüger para la Enciclopedia Católica.