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Jueves, 21 de octubre de 2021

Felicísimo

De Enciclopedia Católica

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Felicísimo fue un diácono en Cartago que, a mediados del siglo III, lideró un cisma de corta duración pero peligroso, al que cierta clase de escritores, Neander, Ritschl, Harnack y otros le han dado una importancia doctrinal indebida, que ven en ella "una reacción presbiterial contra la autocracia episcopal". De la figura principal de la revuelta, Felicísimo, no se puede decir mucho. El movimiento del que luego fue líder se originó en la oposición de cinco presbíteros de la Iglesia de Cartago a la elección de San Cipriano como obispo de esa sede. Uno de estos presbíteros, Novato, seleccionó a Felicísimo como diácono de su iglesia en el distrito llamado Mons, y debido a la importancia del oficio de diácono en la Iglesia africana, Felicísimo se convirtió en el líder de los descontentos.

La oposición de esta facción, sin embargo, no llevó a una ruptura abierta hasta después del estallido de la persecución de Decio en el 250, cuando San Cipriano se vio obligado a huir de la ciudad. Su ausencia creó una situación favorable a sus adversarios, quienes aprovecharon una división ya existente en cuanto a los métodos a seguir para tratar con aquellos que habían apostatado (lapsi) durante la persecución y que luego buscaban ser readmitidos en la comunión cristiana. Dadas las circunstancias, fue fácil despertar mucha hostilidad hacia Cipriano, porque había seguido una política extremadamente rigurosa al tratar con esos lapsi. La crisis se alcanzó cuando San Cipriano envió desde su lugar de escondite una comisión formada por dos obispos y dos sacerdotes para distribuir limosnas a los que habían sido arruinados durante la persecución. Felicísimo consideró que las actividades de estos hombres era una usurpación de las prerrogativas de su cargo, e intentó frustrar su misión. Esto se le informó a San Cipriano, quien lo excomulgó de inmediato.

Felicísimo inmediatamente reunió a su alrededor a todos aquellos que estaban descontentos con el trato del obispo a los lapsi y proclamó una rebelión abierta. La situación se complicó aún más por el hecho de que los treinta años de paz que precedieron a la persecución de Decio habían causado mucha laxitud en la Iglesia, y que en el primer estallido de hostilidades multitudes de cristianos habían apostatado abiertamente o recurrido al expediente de comprar a los funcionarios venales certificados que daban fe de su cumplimiento del edicto del emperador. Además de esto, la costumbre de readmitir a los apóstatas a la comunión cristiana si podían mostrar cartas de confesores o mártires a su favor, había provocado escándalos generalizados.

Mientras San Cipriano estaba en el exilio no logró frenar la revuelta, aunque sabiamente se abstuvo de excomulgar a aquellos que diferían en lo que respecta al tratamiento de los lapsi. Tras su regreso a Cartago (251) convocó un sínodo de obispos, sacerdotes y diáconos, en el que se reafirmó la sentencia de excomunión contra Felicísimo y los jefes de facción, y en el que se establecieron reglas definidas sobre la forma de readmitir a los lapsi. La sentencia contra Felicísimo y sus seguidores no les impidió comparecer ante otro concilio, que se celebró en Cartago al año siguiente, y donde exigieron la reapertura del caso. Su demanda fue rechazada, y trataron de sacar provecho de la división en la Iglesia Romana que había surgido por causas similares, excepto que en este caso la acusación de laxitud iba dirigida contra el partido ortodoxo. Este procedimiento y el hecho de que el Concilio de Cartago hubiese decidido con tanta moderación respecto a los lapsi, modificando la política rigurosa de Cipriano por un juicioso compromiso, pronto separó de Felicísimo a todos sus seguidores y el cisma desapareció.


Fuente: Healy, Patrick. "Felicissimus." The Catholic Encyclopedia. Vol. 6, págs. 27-28. New York: Robert Appleton Company, 1909. 28 sept. 2021 <http://www.newadvent.org/cathen/06027c.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina