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Sábado, 15 de junio de 2019

Altares

De Enciclopedia Católica

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EN LA ESCRITURA

La palabra altar, si se adopta la etimología comúnmente aceptada ---alta ara--- no describe tan bien como sus equivalentes en hebreo y griego, mizbeah (de zabhah, sacrificar) y thysiasterion (de thyo, inmolar), el propósito de la cosa que representa.

En el Antiguo Testamento

Altar del Holocausto

Altar del Incienso

En el Nuevo Testamento

La palabra altar en el Nuevo Testamento se aplica frecuentemente ya sea al altar del holocausto o al altar del incienso. San Pablo, por la parte del sacrificio que los ministros del altar recibían, extrae el argumento para probar que de igual manera los ministros del Evangelio vivan del Evangelio (1 Cor. 9,13-14). En otro lugar, a partir de la participación de la víctima ofrecida en el altar, sostiene que en la misma forma que los que comen del sacrificios son partícipes del altar, así también los que comparten en la carne de las víctimas paganas son partícipes de los demonios a los que se ofrecen; por lo tanto, concluye que participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios sería una blasfemia (1 Cor. 10,21).

En conclusión, unas pocas palabras sobre el altar mencionadas en el Apocalipsis. Su forma se asemejaba a la del altar del incienso; como este último, era un "altar de oro", establecido ante el trono de Dios (8,3), y adornado con cuatro cuernos en los ángulos (9,13). Cerca del fuego que ardía en él había un ángel sosteniendo un incensario de oro, "se le dio mucho incienso", una figura de las oraciones de los santos (8,3). Debajo del altar estaban las "almas de los degollados por la palabra de Dios" (Apoc. 6,9); que evidentemente habían tomado el lugar de la sangre de las víctimas, que, en la antigua Ley, se vertió al pie del altar, y cumplió la misma función de la alabanza y la expiación.


Fuente: Souvay, Charles. "Altars (in Scripture)." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. 28 Jan. 2012<http://www.newadvent.org/cathen/01360a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.