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Martes, 17 de octubre de 2017

Ambón

De Enciclopedia Católica

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Palabra de origen griego que supuestamente significa montaña o elevación; al menos así lo entendió Inocencio III, dado que en su obra sobre la Misa (III, XXXIII) luego de hablar del diácono que subía al ambón a leer el Evangelio, citó el siguiente pasaje de Isaías (40,9): “Súbete a un alto monte, alegre mensajero para Sión; clama con voz poderosa” Y en el mismo contexto también alude a Nuestro Señor predicando sobre una montaña: “Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó… Y tomando la palabra, les enseñaba” (Mt. 5,1-2). Un ambón es un pupitre elevado o púlpito desde el cual en las iglesias antiguas y basílicas se cantaban o leían el Evangelio y la Epístola, y desde el cual se hacían toda clase de comunicaciones a la congregación. A veces el obispo predicaba desde allí, tal como fue el caso de San Juan Crisóstomo, quien, dice Sócrates, solía subir hasta el ambón para hablarle a la gente, para que lo oyesen más claramente (Hist. Ecl., VI, V).

Originalmente en las iglesias había sólo un ambón, colocado en la nave, y provisto con dos tramos de escalones; uno desde el este, el lado hacia el altar; y el otro desde el oeste. Desde los escalones del este, el subdiácono con el rostro hacia el altar, leía las Epístolas; y desde los escalones occidentales, el diácono, de cara a la congregación, leía los Evangelios. Pronto se puso de manifiesto la inconveniencia de tener un solo ambón, y como consecuencia de ello, en muchas iglesias se colocaron dos ambones. Cuando había dos, se colocaban generalmente a cada lado del coro, el que estaba separado de la nave y alas por un muro bajo. Un excelente ejemplo de este arreglo aún se puede ver en la iglesia de San Clemente de Roma. Muy a menudo el ambón del evangelio estaba equipado con un candelero permanente; el adjuntado al ambón en San Clemente es una columna de mármol en espiral, ricamente decorada con mosaicos, y terminada en un capital de cuatro metros del suelo.

Se cree que los ambones tuvieron su origen en la plataforma elevada desde la cual los rabinos judíos le leían las Escrituras al pueblo. Fueron introducidos por primera vez a las iglesias en el siglo IV, ya eran de uso universal en el IX, y alcanzaron su pleno desarrollo y belleza artística en el siglo XII. Luego cayeron gradualmente en desuso hasta el siglo XIV, cuando fueron ampliamente superados por los púlpitos. En el rito ambrosiano (Milán) el Evangelio aún se lee desde el ambón. Usualmente estaban construidos de mármol blanco, enriquecidos con tallas, incrustaciones de mármoles Cosmati de colores y mosaicos de cristal. El ambón más famoso fue el erigido por el emperador Justiniano I en la Iglesia de Santa Sofía en Constantinopla, el cual es completamente descrito por el poeta contemporáneo Paulo Silenciario en su obra peri ktismaton. El cuerpo del ambón estaba hecho de varios metales preciosos, con incrustaciones de marfil, recubierto con láminas de plata repujada, y luego enriquecido con dorados y bronce. La desaparición de este magnífico ejemplo del arte cristiano está envuelta en una gran oscuridad. Probablemente estuvo intacto hasta la época de la toma de Constantinopla por los cruzados en 1203, cuando fue despojado de gran parte de su belleza y riqueza. En San Marcos, en Venecia, existe un ambón muy peculiar, de dos pisos; desde el más bajo se leen las Epístolas, y desde el más alto los Evangelios. Esta forma fue copiada posteriormente en lo que se conoce como el púlpito de dos tarimas. Varios ejemplos interesantes del mismo se pueden observar en las basílicas italianas; en Rávena hay unos que datan del siglo VI, uno del VII en Torcello; pero los más hermosos se encuentran en las iglesias de San Clemente, Santa María en Cosmedin, San Lorenzo y el de Ara Coeli.


Bibliografía: DE FLEURY, La Messe (París, 1883), III; Revue de l'art chrétien (Lilla, 1887, 1894); REUSENS, Larchéologie chrétienne (Lovaina, 1885); Architectural Record (Nueva York); THIERS, Dissertation sur les jubés (París, 1688); KRAUS, Geschichte der christlichen Kunst (Friburgo, 1894), I, 233; LECLERCQ in Dict. darchéologie chrétienne (París, 1904), I, 1330-47.

Fuente: Coleman, Caryl. "Ambo." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. 21 Mar. 2012 <http://www.newadvent.org/cathen/01381e.htm>.

Traducido por Giovanni E. Reyes. rc