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Viernes, 22 de noviembre de 2019

Hosio de Córdoba

De Enciclopedia Católica

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Fue el principal defensor occidental de la ortodoxia en la lucha temprana contra el arrianismo; nació hacia el 256 y murió cerca de 358 en Sirmium o en España. En su juventud fue un confesor de la fe en la persecución de Maximiano (Morse) o de Diocleciano (Hefele); y se conviritió en obispo de Córdoba en el sur de España alrededor de 295. Su nombre se menciona entre los diecinueve obispos presentes en el Concilio Provincial de Elvira (cerca del 300). Leclercq enumera ciertos hechos que muestran que Hosio había tenido una relación personal cercana con el Emperador Constantino en varias ocasiones entre el 313 y 324, y se sabe que fue su principal consejero en el asunto de los donatistas. No existe nada para explicar las relaciones entre ellos. Cuando comenzaron los problemas con los arrianos, Constantino encargó a Hosio que entregara su carta a Arrio y Alejandro de Alejandría en la que les urgía a la reconciliación. Sabemos poco de las acciones de Hosio durante esta misión (323 -324). Cuando el Concilio de Nicea se reunió, Hosio lo presidió, junto con los dos sacerdotes romanos Vito y Vicente. Es materia de discusión en que capacidad lo presidió: Gelasio de Cyzicus es categórico al afirmar que fue en nombre del Papa. (Hist. Nic. Conc., Bk. II, C. V). Hefele es de la misma opinión. Chapman mantiene que fue nombrado por Constantino. Leclercq se inclina por la misma opinión, pero deja la pregunta abierta. Después del concilio, Hosio volvió a España. Constantino murió el 22 de mayo de 337 y San Atanasio fue llamado de su exilio, el 338, sólo para ser expulsado por los arrianos en el 340. Después de permanecer tres años en Roma, Atanasio fue en el 343 a la Galia a consultar con Hosio, y de allí a Sárdica, donde comenzó el concilio en verano o en otoño del 343, a más tardar. Hosio lo presidió, propuso los cánones y fue el primero en firmar las Actas del Concilio.

En la carta del Concilio de Sárdica, dada en Atanasio "Apología contra Arrianos", C. XLIV, se habla de Hosio como “uno que por su edad, su confesión, y los muchos trabajos que ha realizado, es digno de reverencia”. La explicación sugerida del símbolo de Nicea no consiguió la aprobación del concilio. (Karl Joseph von Hefele, p. 758). Después de Sárdica lo perdemos de vista durante diez años hasta que el Papa Liberio le escribe una carta (cerca del 353) tras la caída de Vicente de Capua. El prestigio dado a la causa ortodoxa por el apoyo del venerable Hosio llevó a los arrianos a presionar a Constancio II, que lo llamó a Milán (Gwatkin, p. 292). Se negó a condenar a Atanasio o mantener la comunión con los arrianos. Impresionó de tal manera al emperador que le autorizó a volver a casa. Pero la continua presión de los arrianos llevó al emperador a escribirle una carta preguntándole si solamente él iba a permanecer obstinado. En respuesta, Hosio envió al emperador su valiente carta protestando de que el emperador se metiera en asuntos eclesiásticos, que se ha conservado en Atanasio (Hist. Arianorum, 42-45, cf. Jacques Paul-Migne, P. L., VIII, 1327-1332), lo que hizo que se le ordenara ir a Sirmium (finales del 353).

Los hechos relacionados con los últimos días de su vida están lejos de ser claros. Firmó, bajo presión, la declaración conocida como la segunda fórmula de Sirmiense (la primera era la profesión de fe de 351) que fue publicada como la fórmula de Hosio. El original latino se ha preservado en S. Hilario "De Synodis", c. XI (Migne, P. L., X, 598), el griego en Atanasio "De Syn.", 28. Rehusó la renuncia de Atanasio que habla de él como lapso “por un momento”. Tras haber servido al propósito por el que los arrianos le habían traído a Sirmium probablemente volvió a España donde murió. Un añadido a una carta a Atanasio declara que se retractó en su lecho de muerte. Los defensores de Hosio dicen que la concesión que se le arrancó ha sido enormemente magnificada y mal interpretada. Pero se discute que Atanasio no pudo haber tenido ante él todos los hechos cuando escribió y que la segunda fórmula sirmiense es claramente heterodoxa.

Bibliografía: TILLEMONT, Mémoires, etc. (Venice, 1732), VII, 300-321, 711-716, da las referencias a las fuentes originales; MACEDA, Hosius vere Hosius, Hosios alethos Hosios, h.e., Hosius vere innocens vere sanctus, Dissertationes Duœ (Bologna, 1790); GAMS, Die Kirchengeschichte von Spanien (Ratisbon, 1864), II, 1-309; III (1879), 384-490; MORSE in Dict. Christ. Biog., s. v.; DALE, El Sínodo de Elvira (Londres. 1882), 312 sqq.; GWATKIN, Estudios del Arrianismo (Londres, 1882); SEECK, Untersuchungen zur Geschichte des Nicänischen Konzils in Zeitschrift für Kirchengeschichte, XVII (1897), 1-71, 319-362; DEL CASTILLO, Les Véritables Grands d'Espagne: Osius évéque de Cordove, Etude historique (Namur, 1898); LECLERCQ, L'Espagne Chrétienne (Paris, 1905), 90-121; CHAPMAN, Los Primeros Ocho Concilios y la Infalibilidad Papal (Londres, 1906), 11; HEFELE, Histoire des Conciles, tr. LECLERCQ (Paris, 1907), I; DUCHESNE, Histoire Ancienne de l'Eglise (Paris, 1908), II, 139, 261, 283, 290.

Transcrito por Douglas J. Potter. Traducido por Pedro Royo. Revisado y corregido por Luz María Hernández Medina