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Lunes, 16 de septiembre de 2019

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(TITO FLAVIO DOMICIANO).
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Emperador romano y perseguidor de la [[Iglesia]], hijo de [[Vespasiano]] y hermano menor y sucesor del Emperador Tito; nació el 24 de octubre de 51 d.C., y reinó desde el 81 al 96. A pesar de sus vicios privados se mostró como reformador de la [[moral]] y la religión.  Fue el primero de los emperadores en deificarse a si mismo mientras vivía asumiendo el título de “Señor y Dios”. Tras la revuelta de Saturnino (93) organizó una serie de sangrientas proscripciones contra las [[familias]] ricas y nobles. Murió asesinado el 18 de septiembre de 96, en una conspiración contra él a la que se unió su esposa.
  
(TITUS FLAVIUS DOMITIANUS).
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Cuando las Actas del reinado de [[Nerón]] fueron revocadas después de su muerte, se hizo una excepción en la [[persecución]] de los cristianos ([[Tertuliano]], Ad Nat., I, 7).  La revuelta judía echó sobre ellos nueva impopularidad y la subsiguiente destrucción de la Ciudad Santa les privó de la última protección que podía venirles por ser confundidos con los judíos (v. [[judaísmo]]).  Así Domiciano en sus ataques al partido aristocrático no encontró dificultad alguna en condenarlos como si fueran cristianos. Observar prácticas judías ya no era legal; rechazar la religión nacional, sin la excusa de ser judío, era [[ateísmo]]. De una u otra manera, ya como judíos o como ateos, los cristianos estaban expuestos al castigo. Entre los más famosos [[mártires]] de esta segunda persecución estaban el primo de Domiciano, el cónsul Flavio Clemente y M. Acilio Glabrio, que también había sido cónsul. [[Flavia Domitila]], esposa de Flavio, fue desterrada a Pandataria. Pero la persecución no se limitó a tales nobles víctimas. Vemos a muchos otros que sufrieron la muerte o la pérdida de sus bienes (Dio Cassius, LXVII, IV).
  
Emperador romano y perseguidor de la iglesia, hijo de Vespasiano y hermano menor y sucesor de Tito, nacido el 24 de octubre del año 51 d.C., y reinando desde el 81 al 96. A pesar de sus vicios privados se mostró como reformador de la religión y las costumbres. Fue el primer emperador en deificarse a si mismo mientras vivía asumiendo el título de “Señor y Dios”. Tras la revuelta de Saturnino (93) organizó una serie de sangrientas  proscripciones contra las familias ricas y nobles. Murió asesinado  el 18 de septiembre del 96, en una conspiración contra él a la que se unió su esposa. Cuando los actos del reino de Nerón fueron revocados después de su muerte, se hizo una excepción en la persecución de los cristianos (Tertulliano Ad Nat., i, 7).  
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El libro del [[Apocalipsis]] fue escrito en medio de esta tormenta, cuando muchos de los cristianos habían ya perecido y muchos más les iban a seguir ([[San Ireneo]], Adv. Hæres., V, XXX). [[Roma]], “la gran Babilonia” “estaba ebria con la sangre de los santos y de los mártires de [[Jesús]] (Apoc. 17,5, 6; 2,10, 13; 6,11; 13,15; 20,4). Al parecer el participar en las fiestas en [[honor]] de la divinidad del tirano era la [[prueba]] para los cristianos orientales. Aquellos que no adoraban la “imagen de la bestia” eran asesinados. El escritor une a su aguda denuncia de los perseguidores sus palabras de ánimo a los [[fieles]] profetizando la caída de la gran ramera “que emborracha a la tierra con el vino de su prostitución” y empapa su túnica en su sangre. La Epístola de [[San Clemente]] a los corintios también fue escrita por estos días; y en ella, aunque se habla de los terribles juicios de los cristianos, no encontramos las mismas denuncias de los perseguidores. La [[Iglesia Romana]] continuó leal al imperio y siguió orando a [[Dios]] para que Él dirigiera a los gobernantes y magistrados en el ejercicio del poder puesto en sus manos (Clem., Ep. ad Cor., c. LXI; cf. Rm. 13,1; 1 Pd. 2,13). Antes del fin de su reinado, Domiciano cesó las persecuciones (v. [[Persecución]]).
  
La revuelta judía echó sobre ellos nueva impopularidad y la destrucción de Jerusalén les privó de la última protección que podía venirles por ser confundidos con los judíos. Así Domiciano en sus ataques al partido aristocrático no encontró dificultad alguna  en condenar a los que eran cristianos: observar prácticas judías ya no era legal; rechazar la religión nacional, sin la excusa de ser judío, era ateismo. De una u otra manera ya como judíos o como ateos, los cristianos eran  fácil presa. Entre los más famosos mártires de esta segunda persecución estaban el primo de Domiciano, el cónsul Flavio Clemente  y M. Acilio Glabrio, que también había sido cónsul. Flavia Domitilla, esposa de Flavio fue desterrada a Pandataria. Pero la persecución no se limitó a las familias nobles, sino a muchos otros, como leemos en Dio Cassius, LXVII, iv, que perdieron sus propiedades.
 
  
El libro del Apocalipsis fue escrito en medio de esta tormenta, cuando muchos de los cristianos habían ya perecido y muchos más les iban a seguir (St. Irenæus, Adv. Hæres., V, xxx). Roma. “La gran Babilonia” “estaba ebria con la sangre de los santos y de los mártires de Jesús (Revelacion 17:5, 6; 2:10, 13; 6:11; 13:15; 20:4). Al parecer el participar en las fiestas en honor de la divinidad del tirano era la prueba para los cristianos orientales. Aquellos que no adoraban la “imagen de la bestia”, eran asesinados. El escritor une su aguda denuncia del perseguidor  sus palabras de ánimo a los fieles profetizando la caída de la gran ramera “que emborracha a la tierra con el vino de su vicio” y empapa su túnica en su sangre. La Epístola de S. Clemente a los corintios también fue escrita por estos días y aunque se habla de los terribles juicios de los cristianos, no encontramos las mismas denuncias de los perseguidores. La iglesia Romana continuó leal al imperio y siguió rezando  para que Dios dirigiera a los gobernantes y magistrados en el ejercicio del poder puesto en sus manos (Clem., Ep. ad Cor., c. lxi; cf. St. Paul, Romans 13:1; 1 Peter 2:13).
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'''Bibliografía''':  EUSEBIO, H. E.., III, xvii sqq. in P.G., XX; IRENEO, Adv. Hæreses, V in P.G., VII; ALLARD, Hist. des Persécutions pendant les deux premiers siècles (Paris, 1892); Diez Conferencias sobre los Mártires (tr. Londres, 1907); Le Christianisme et l'Empire Romain (Paris, 1898).  
Antes del fin de su reinado, Domiciano cesó las persecuciones ( ver PERSECUCIONES ).
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Bibliografía.
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Scannell, Thomas. "Domitian." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <http://www.newadvent.org/cathen/05114b.htm>.
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Transcrito por W G Kofron. 
  
EUSEBIUS, H. E.., III, xvii sqq. in P.G., XX; IRENÆUS, Adv. Hæreses, V in P.G., VII; ALLARD, Hist. des Persécutions pendant les deux premiers siècles (Paris, 1892); Ten Lectures on the Martyrs (tr. London, 1907); Le Christianisme et l'Empire Romain (Paris, 1898).
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Traducido por Pedro Royo. Rev Corr L H M.
 
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T.B. SCANNELL .
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Transcrito por WGKofron . Con agradecimiento a la Iglesia de Sta Maria de  Akron, Ohio.
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Traducido por Pedro Royo
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Revisión de 17:08 2 nov 2008

(TITO FLAVIO DOMICIANO).

Emperador romano y perseguidor de la Iglesia, hijo de Vespasiano y hermano menor y sucesor del Emperador Tito; nació el 24 de octubre de 51 d.C., y reinó desde el 81 al 96. A pesar de sus vicios privados se mostró como reformador de la moral y la religión. Fue el primero de los emperadores en deificarse a si mismo mientras vivía asumiendo el título de “Señor y Dios”. Tras la revuelta de Saturnino (93) organizó una serie de sangrientas proscripciones contra las familias ricas y nobles. Murió asesinado el 18 de septiembre de 96, en una conspiración contra él a la que se unió su esposa.

Cuando las Actas del reinado de Nerón fueron revocadas después de su muerte, se hizo una excepción en la persecución de los cristianos (Tertuliano, Ad Nat., I, 7). La revuelta judía echó sobre ellos nueva impopularidad y la subsiguiente destrucción de la Ciudad Santa les privó de la última protección que podía venirles por ser confundidos con los judíos (v. judaísmo). Así Domiciano en sus ataques al partido aristocrático no encontró dificultad alguna en condenarlos como si fueran cristianos. Observar prácticas judías ya no era legal; rechazar la religión nacional, sin la excusa de ser judío, era ateísmo. De una u otra manera, ya como judíos o como ateos, los cristianos estaban expuestos al castigo. Entre los más famosos mártires de esta segunda persecución estaban el primo de Domiciano, el cónsul Flavio Clemente y M. Acilio Glabrio, que también había sido cónsul. Flavia Domitila, esposa de Flavio, fue desterrada a Pandataria. Pero la persecución no se limitó a tales nobles víctimas. Vemos a muchos otros que sufrieron la muerte o la pérdida de sus bienes (Dio Cassius, LXVII, IV).

El libro del Apocalipsis fue escrito en medio de esta tormenta, cuando muchos de los cristianos habían ya perecido y muchos más les iban a seguir (San Ireneo, Adv. Hæres., V, XXX). Roma, “la gran Babilonia” “estaba ebria con la sangre de los santos y de los mártires de Jesús (Apoc. 17,5, 6; 2,10, 13; 6,11; 13,15; 20,4). Al parecer el participar en las fiestas en honor de la divinidad del tirano era la prueba para los cristianos orientales. Aquellos que no adoraban la “imagen de la bestia” eran asesinados. El escritor une a su aguda denuncia de los perseguidores sus palabras de ánimo a los fieles profetizando la caída de la gran ramera “que emborracha a la tierra con el vino de su prostitución” y empapa su túnica en su sangre. La Epístola de San Clemente a los corintios también fue escrita por estos días; y en ella, aunque se habla de los terribles juicios de los cristianos, no encontramos las mismas denuncias de los perseguidores. La Iglesia Romana continuó leal al imperio y siguió orando a Dios para que Él dirigiera a los gobernantes y magistrados en el ejercicio del poder puesto en sus manos (Clem., Ep. ad Cor., c. LXI; cf. Rm. 13,1; 1 Pd. 2,13). Antes del fin de su reinado, Domiciano cesó las persecuciones (v. Persecución).


Bibliografía: EUSEBIO, H. E.., III, xvii sqq. in P.G., XX; IRENEO, Adv. Hæreses, V in P.G., VII; ALLARD, Hist. des Persécutions pendant les deux premiers siècles (Paris, 1892); Diez Conferencias sobre los Mártires (tr. Londres, 1907); Le Christianisme et l'Empire Romain (Paris, 1898).

Scannell, Thomas. "Domitian." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <http://www.newadvent.org/cathen/05114b.htm>. Transcrito por W G Kofron.

Traducido por Pedro Royo. Rev Corr L H M.