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Sábado, 21 de octubre de 2017

Valentino y valentinianos

De Enciclopedia Católica

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Valentín, el mejor conocido y más célebre de los herejes gnósticos, nació según San Epifanio (Haer., XXXI) en la costa de Egipto. Se formó en la ciencia helenística en Alejandría. Como muchos otros maestros heréticos fue a Roma quizá para difundir mejor sus ideas. Llegó allí durante el pontificado del Papa San Higinio y permaneció hasta el pontificado del Papa San Aniceto. Durante una estancia de tal vez quince años, aunque se alió al principio con la comunidad ortodoxa de Roma, se hizo culpable de intentar establecer su sistema herético. Sus errores condujeron a su excomunión, tras lo cual se trasladó a Chipre donde reanudó sus actividades como maestro y donde murió probablemente hacia 160 o 161. Valentín afirmó haber obtenido sus ideas de Theodas o Theudas, un discípulo de San Pablo, pero su sistema es obviamente un intento de unir especulaciones griegas y orientales de la especia más fantástica con ideas cristianas. Era deudor especialmente de Platón. De él sacó el paralelismo entre el mundo ideal (el pleroma) y el mundo inferior de los fenómenos (el kenoma). Valentín se inspiró libremente en algunos libros del Nuevo Testamento, pero utilizó un extraño sistema de interpretación por el cual se hacía responsable a los autores sagrados de sus propias opiniones cosmológicas y panteístas. Al elaborar su sistema estaba completamente dominado por fantasías dualistas.

Suponía, como principio de todas las cosas, el Ser Primario o Bythos, que tras épocas de silencio y contemplación, dio origen a otros seres por un proceso de emanación. La primera serie de seres, los eones, eran en número de treinta, representando quince consortes o parejas sexualmente complementarios. Por la debilidad y el pecado de Sofía, uno de los eones inferiores, vino a la existencia el mundo inferior con su sujeción a la materia. El hombre, el ser supremo del mundo inferior, participa tanto de la naturaleza psíquica e hílica (material), y la obra de la redención consiste en liberar a la superior, la espiritual, de su servidumbre de la inferior. Ésta fue la palabra y misión de Cristo y del Espíritu Santo. La cristología de Valentín es en extremo confusa. Parece haber mantenido la existencia de tres seres redentores, pero Cristo el Hijo de María no tuvo un cuerpo real y no sufrió. El sistema de Valentín era sumamente comprensivo y estaba elaborado para cubrir todas las fases del pensamiento y la acción.

Mientras vivió Valentín hizo muchos discípulos, y su sistema fue el más ampliamente difundido de todas las formas de Gnosticismo. Su escuela se dividió en dos ramas, la oriental y la italiana. La primera se extendió a través de Egipto, Siria y Asia Menor, la segunda por Roma, Italia y la Galia del sur. Entre los más destacados discípulos de Valentín, que, sin embargo, no siguieron servilmente a su maestro en todas sus opiniones, estuvieron Heraclión, Ptolomeo, Marcos y Bardesanes. Muchos de los escritos de estos gnósticos y un gran número de fragmentos de los escritos de Valentín, aún existen. Tertuliano le atribuye el Evangelio apócrifo de Valentín, que según San Ireneo, era el mismo que el “Evangelio de la Verdad”.


Bibliografía: IRENEO, Contra las Herejías, I,1 y s. y III, 4; HIPÓLITO, Philosophumena, VI, 20-37; TERTULIANO, Adv. Valentin.; EPIFANIO, Haer., XXXI; TEODORETO, Haer. Fab., I, 7; HEINRICI, Die Valentin. Gnosis u. die heilige Schrift (Berlín, 1871). Ver la bibliografía de GNOSTICISMO.

Fuente: Healy, Patrick. "Valentinus and Valentinians." The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/15256a.htm>.

Traducido por Francisco Vázquez