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Miércoles, 22 de febrero de 2017

San José: El culto al corazón de San José (status quaestionis)

De Enciclopedia Católica

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Introducción

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“Corazón de Jesús
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, yo te adoro; Corazón de María, yo te imploro; Corazón de José, puro y justo; en estos tres corazones pongo mi confianza.” Estas son invocaciones piadosas que recuerdo de mi niñez. Aunque no puedo indicar su procedencia, ellas testifican de un cierto impulso espontáneo de parte de los fieles a unir los Corazones de la Sagrada Familia, la “Trinidad terrenal”, de venerar el Corazón de José junto con los Corazones de Jesús y de María. Obviamente, tal impulso ha sido precedido por el largo desarrollo del culto[1] a los Corazones de Jesús y de María.
It is the Heart of Jesus who gives us the hearts of Joseph and Mary Turgis.jpg
Incluso tomando en consideración la lenta y algo compleja evolución de la devoción al Corazón de Jesús, el difunto Papa Juan Pablo II estableció categóricamente en su carta del 5 de octubre de 1986 al Padre Peter-Hans Kolvenback, S.J., Superior General de los Jesuitas, que:
”De hecho, si el Señor en su providencia deseó que en el siglo XVII saliera de Paray-le-Monial un poderoso impulso a favor de la devoción al Corazón de Cristo, bajo las formas indicadas en las revelaciones recibidas por Santa Margarita María, en el umbral de los tiempos modernos, “los elementos esenciales de esta devoción pertenecen de modo permanente a la espiritualidad de la iglesia a través de su historia; pues desde el comienzo, la Iglesia ha mirado al Corazón de Cristo traspasado en la Cruz, del cual brotó sangre y agua como símbolos de los Sacramentos que constituyen la Iglesia; y, en el Corazón del Verbo Encarnado, los Padres del Oriente y Occidente cristiano vieron el comienzo de toda la obra de nuestra salvación, fruto del amor del divino Redentor. Este Corazón traspasado es un símbolo particularmente expresivo de ese amor.” [2]

Deseo subrayar dos puntos de esta declaración: (1) que los elementos esenciales de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús “pertenecen de modo permanente a la espiritualidad de la Iglesia a través de su historia”, y (2) que el Corazón físico de Jesús ahora en gloria celestial es un símbolo particularmente expresivo del amor divino-humano del Hombre-Dios.[3] Se debe notar además que lo que hemos resumido aquí en unas pocas y breves declaraciones respecto al culto al Sacratísimo Corazón de Jesús representa una evolución de la teología y devoción al Corazón de Jesús en el curso de los siglos [4] y un largo proceso por parte del Magisterio que fue marcado inicialmente por juicios negativos que eventualmente tuvieron que ser revertidos.[5]

Si bien históricamente la evolución del culto a los Corazones de Jesús y María está a menudo simultánea y profundamente interconectado, como en San Juan Eudes (1601-1680), así también la clarificación del objeto del culto al Corazón de María vino sólo en tiempos relativamente recientes.[6] En un discurso muy significativo sobre los Corazones de Jesús y María dado el 22 de septiembre de 1986, el Papa Juan Pablo II estableció:

“Es digno de notar que el Decreto con el cual el Papa Pío XII instituyó para la Iglesia universal la celebración en honor del Inmaculado Corazón de María declara: ‘Con esta devoción la Iglesia le rinde el honor debido al Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María, puesto que bajo el símbolo de este corazón ella venera con reverencia la eminente y singular santidad de la Madre de Dios y especialmente su muy ardiente amor por Dios y su Hijo Jesús, y además su compasión maternal por todos los redimidos por su divina Sangre’ (S.R.C., 4 de mayo de 1944; AAS 37, 1945, pág. 50). Por lo tanto se puede decir que nuestra devoción al Inmaculado Corazón de María expresa nuestra reverencia por su maternal compasión tanto por Jesús como por todos nosotros, sus hijos espirituales, puesto que ella se paró al pie de la Cruz… En el corazón de María vemos simbolizado su amor maternal, su singular santidad y su rol central en la misión redentora de su Hijo. Es respecto a su rol especial en la misión de su Hijo que la devoción al Corazón de María tiene primordial importancia, pues a través del amor de su Hijo y de toda la humanidad ella ejerce una acción única para llevarnos a Él.”[7]

Una vez más quiero subrayar que el Corazón físico de María, ahora en gloria, es señalado como el símbolo de su persona y explícitamente de “su amor maternal, su singular santidad y su rol central en la misión redentora de su Hijo”.

La pregunta, entonces, que tenemos ante nosotros es ésta: ¿hay terreno para un culto legítimo al Corazón de José? ¿Se puede decir que los elementos fundamentales de la devoción al Corazón de José pertenecen de algún modo a la espiritualidad perenne de la Iglesia? ¿Puede el Corazón de José ser reconocido como el símbolo de su persona, de su amor paternal por el Hijo de Dios y de su rol único en la misión redentora de su Hijo? Esto, por supuesto, necesariamente implicaría una debida proporcionalidad.[8] Finalmente, ¿ha sancionado la Iglesia tal culto?

Primeras iniciativas

Dado que el culto a San José en Occidente sólo surge en el segundo milenio[9] y viene a ser solemnemente afirmado por la Iglesia sólo en la segunda mitad del siglo XIX[10], es algo sorprendente que la devoción a los Corazones de Jesús, María y José haga su primera aparición pública, hasta donde podemos decir, tan temprano como 1733 en Portugal y Brasil, y que la ferviente devoción al Corazón de José floreció posteriormente en México en los siglos XVIII y XIX.[11] Hay una indicación que cierto carmelita descalzo, el Padre Elías de los Tres Corazones, hizo un voto de diseminar la devoción al “justo y muy humilde” Corazón de San José en una peregrinación a través de Italia y Francia durante un período de cinco años, comenzando en 1843, y que esta empresa fue aprobada por el Papa Gregorio XVI el 28 de abril de 1843, aunque no se sabe nada sobre los resultados de su actividad.[12] Aun más detallada y fácilmente accesible es la información sobre la Unión Piadosa del Purísimo Corazón de San José (Pia Unione del Cuore purissimo di San Giuseppe) fundada en 1846 por el oblato de la Virgen María, el Padre Michele Bocca, quien siempre consideró la devoción al Corazón de José como inseparable de la devoción a los Corazones de Jesús y María.[13] El Padre Stramare señala que en la segunda mitad del siglo XIX había una buena cantidad de literatura dedicada al Corazón de San José, y que el culto fue fomentado por un número de eclesiásticos notables.[14] Ciertamente, se requiere mucha más investigación para completar esta breve reseña histórica.

La Prohibición

Teniendo en cuenta el tortuoso itinerario del culto al Sacratísimo Corazón de Jesús y la reserva inicial al respecto de parte del magisterio, no es sorprendente que la promoción del culto al Corazón de San José deba enfrentar una oposición similar. Esto salió a la luz en una audiencia concedida por el Papa Beato Pío IX del Purísimo Corazón de San José. Aquí está su testimonio sobre esa audiencia:

“Hablando sobre los Sacratísimos Corazones de Jesús y María, recordé que algunos añaden “y de San José”. Hoy---18 de diciembre de 1873---el Papa me dijo que esto es un abuso; uno no debe representar el corazón de San José; la devoción al Corazón de San José no está aprobada por la Iglesia. El Papa mismo me dijo esto hoy.[15]

El Padre Stramare, en cuya valiosa obra me estoy basando en este punto, pregunta: “¿Cuál es la posición de la Santa Sede respecto a este asunto?” Como durante más de cien años no se ha dado una respuesta oficial a esta pregunta, parecería oportuno formularla de nuevo a la luz de los desarrollos subsiguientes.

Comencemos por rastrear la historia de la prohibición a la luz de la documentación disponible al momento. Sobre este asunto es necesario recurrir a la Pontificia Josephina, el excelente catálogo y resumen de los documentos magisteriales y romanos suministrados por el padre Blaine Burkey, O.F.M. Cap. En las páginas de Cahiers de Joséphologie (Montreal) desde 1962 hasta 1994.[16]

La primera intervención negativa de parte de la Santa Sede, la cual está disponible ahora, es la respuesta de la Sagrada Congregación de Ritos al obispo de Nantes, quien había preguntado si la invocación Cor Sancti Joseph purissimum, ora pro nobis podía usarse en funciones no litúrgicas. El 14 de junio de 1873 la Sagrada Congregación le ordenó a su Secretario escribirle al obispo de Nantes alertándole que el culto al Corazón de San José no está aprobado por la Santa Sede [Monendum esse per epistolam Rmum. Dominum Episcopum cultum Cordis S. Iosephi non esse ab Apostolica Sede approbatum].[17]

La Sagrada Congregación de Ritos emitió una segunda respuesta el 19 de febrero de 1879 advirtiéndole al arzobispo de Chambéry que el Papa Gregorio XVI ha desaprobado el culto al Corazón de San José, y que por lo tanto se prohíben las medallas que muestran el Corazón de San José junto con los Corazones de Jesús y María. Los autores de Le Messager de S. Joseph también deben ser advertidos sobre esto [Cultus cordis S. Joseph, jam a s.m. Gregorio XVI reprobatus fuit et idcirco prohibita numismata quæ, una com SS. Cordibus Jesu et Mariæ, illud S. Joseph exhibent. Hinc admonendus orator et forte etiam auctores ephemeridis Le Messager de S. Joseph, hanc devotionem non licere].[18]

La tercera intervención provino de la Vicaría de Roma en respuesta a dubia (dudas) sometidas por el editor de Analecta Ecclesiastica respecto a la Pía Asociación de la Sagrada Familia con referencia específica a las medallas de la Sagrada Familia que muestran los Corazones de Jesús, María y José en sus respectivos pechos. La respuesta fue que no es conveniente usar medallas que muestren los Corazones del Niño Jesús y María y, en el caso de San José, no es lícito [Non expedire quoad Corda D. Infantis et B. Matris. Quoad S. Josephum, non licere].[19]

Justo como encontramos que hay lagunas obvias en la historia de este culto, así también hallamos que hay notables lagunas respecto a su prohibición. Hasta donde yo he podido determinar, la prohibición del culto por el Papa Gregorio XVI, referido para impresión el 19 de febrero de 1879 durante el pontificado del Papa León XIII, nunca ha sido hallado.[20] Desafortunadamente, la publicada Josephina Pontificia del Padre Blaine Burkey sólo comienza con el pontificado de Pío IX y así no arroja luz sobre el asunto.

Así, toda una serie de preguntas viene espontáneamente a la mente.[21] ¿Aprobó realmente Gregorio XVI la predicación y difusión de la devoción al Corazón de San José por el Padre Elías de Tres Corazones? ¿Por qué prohibió la devoción luego? ¿Cuándo hizo eso y sobre qué bases? ¿Por qué fue necesario esperar hasta 1879 para la notificación oficial de que la devoción ya había sido prohibida en el pontificado de Gregorio XVI? ¿Por qué nunca se publicó nada sobre esta prohibición durante el largo reinado del Papa Beato Pío IX? ¿Por qué la Sagrada Congregación de Ritos y la Vicaría de Roma no aclararon en sus respuestas los fundamentos de la prohibición, y por qué no citaron ningún documento? Estas son preguntas respecto al pasado que permanecen sin respuesta, pero también hay preguntas respecto al presente. ¿Cuál es el estatus actual de la prohibición, dado que existe una asociación pública de los fieles en la Arquidiócesis de Los Ángeles conocida como las “Siervas de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José”, habida cuenta de revelaciones privadas sobre la devoción al Corazón de San José y otras iniciativas de las cuales no tengo conocimiento al presente?

En la medida en que soy capaz de evaluar el status quæstionis al momento sin la luz de nueva documentación histórica, creo que uno puede explorar fructíferamente el asunto de qué bases teológicas podrían eventualmente permitir el culto al Corazón de San José y uno podría explorar el asunto a la luz de magisterio papal más reciente.

Bases teológicas: La Asunción de San José

Creo que la mejor explicación teológica ofrecida hasta la fecha para la prohibición del culto al Corazón de San José, sin más indicaciones explícitas del magisterio, viene del Padre Roland Gauthier, C.S.C., quien fue ciertamente una de las grandes figuras en el ámbito de la investigación josefológica en el siglo XX. Al explorar el asunto de si uno podría afirmar que San José fue inmaculadamente concebido, un asunto posteriormente descartado por el magisterio[22], él formuló otra fascinante pregunta.

“Uno podría preguntar, junto con el gran teólogo alemán Scheeben, si durante esta época, es decir, desde 1854 a 1905, acaso la Iglesia no desaprobó, por lo menos implícitamente, esta opinión de la inmaculada concepción de San José. Es conocido que en varias ocasiones Roma desaprobó el culto al Corazón de San José, el cual fue invocado bajo el título de “Purísimo Corazón” y el cual fue representado en imágenes o medallas en unión con los Sagrados Corazones de Jesús y María. En nuestra opinión, por otra parte, nada nos autoriza a interpretar los actos de las Congregaciones Romanas en este sentido, ni siquiera la actitud de los propagadores de esta devoción, ya que ellos nunca dijeron una sola palabra sobre la inmaculada concepción de San José. ¿No podría uno más bien creer que Roma no ha querido aprobar una devoción que asumía, como su objeto propio y específico, el órgano corporal y el amor sensible del Corazón de San José, y el cual consecuentemente envuelve el problema de la asunción del santo patriarca?”[23]

Creo que su pregunta provee realmente la clave de la base teológica para el posible culto al Corazón de San José. Ya hemos señalado la precisión magisterial que “el Corazón físico de Jesús ahora en gloria celestial” es descrito como el símbolo particularmente expresivo del amor divino-humano del Dios-Hombre y que “el Corazón físico de María ahora en gloria es señalado como el símbolo de su persona” y explícitamente de “su amor maternal, su singular santidad y su rol central en la misión redentora de su Hijo”. Mientras que los corazones físicos de Jesús y María son solo los objetos materiales del culto y no los objetos formales o finales, parecería que el hecho de que estén ahora “latiendo en gloria” provee la base necesaria para el culto. En el caso de Jesús, esto es verificado por la profesión de fe de la Iglesia en su triunfante Ascensión al cielo. En el caso de María, esto es verificado por la firme creencia de la Iglesia en su gloriosa Asunción.

¿Puede afirmarse una creencia similar para San José? Vamos a recurrir a la investigación del padre Francis L. Filas, S.J.

“Independientemente de cualquier referencia en la Escritura, la doctrina de la resurrección de San José y la asunción de su cuerpo glorificado al cielo podría ser propuesta basada en la aptitud. Usualmente, sin embargo, se ha basado en las palabras de San Mateo, ‘Y resucitaron muchos cuerpos de santos difuntos. Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos’ (27,52-53)…
Desde la época de los Padres de la Iglesia la opinión predominante ha sido que estas almas se reunieron con sus cuerpos para nunca morir de nuevo; y que cuando Cristo ascendió al cielo, ellos entraron al cielo con Él, cuerpo y alma, por toda la eternidad. Por lo tanto, su resurrección no sería un mero retorno a la vida terrenal, sino una revivificación y glorificación de sus cuerpos como le sucederá en el Último Día al resto de los justos. Si esta interpretación es correcta, es lógico asumir (como han hecho numerosos autores) que a San José se le concedió la glorificación de su cuerpo al momento de la resurrección de Cristo. De todos, él merecería el privilegio aventajadamente.[24]”

Por supuesto, la opinión sobre este asunto no ha sido unánime. San Agustín sostuvo que la Pascua de Resurrección del justo era meramente temporera (como en el caso de Lázaro), y que estas personas tenían que morir de nuevo. En sus primeros años Santo Tomás de Aquino había afirmado que estos santos entraron al cielo con Cristo, pero más tarde abandonó esta opinión a favor de la de San Agustín.[25] Junto con Agustín, quizás la otra opinión contraria más fuerte es la de Benedicto XIV en su calidad de teólogo privado.[26] Por su parte, Martin Jugie, A.A., cuya obra sobre la muerte y asunción de Nuestra Señora sigue siendo un clásico, declara:

“Si tenemos que decidir esta pregunta simplemente por autoridades, parece que la tesis de una resurrección permanente podría ser puesta de manifiesto tanto por la calidad como por el número de los comentadores que la han apoyado en el pasado y todavía la sostienen en la actualidad. En nuestros días ha prevalecido claramente.”[27]

Respecto a la pregunta específica de la inclusión de San José entre los que entraron al cielo con Cristo, Jugie declaró además: “No creemos que Suárez, Francisco de Sales y el cardenal Lépicier hicieran ‘una conjetura vacía’ al inferir que San José estuvo entre los que fueron resucitados.”[28] Entre los más fuertes defensores de esta creencia estaban Jean Gerson, Santa Bernardina de Siena y San Francisco de Sales.[29]

El Padre James J. David, O.P., también señala que

“el Papa Juan XXIII, en una homilía en la Fiesta de la Ascensión en 1960, explícitamente interpretó que Santo Tomás, en su Comentario sobre San Mateo, afirmaba que aquellos que salieron de sus tumbas luego de la resurrección de Cristo entraron al cielo con Cristo, y el Papa continuó diciendo que uno podía aceptar como plausible la asunción corporal de San Juan el Bautista y San José.”[30]

El texto del Papa Beato Juan XXIII es como sigue:

“Entre los Padres y Doctores que variamente interpretan este pasaje de San Mateo, Aquino en su Comentario decisivamente toma su lugar con aquellos que afirman que “resucitaron los cuerpos de los santos que dormían”, y añade “para entrar al cielo con Cristo.”
Esto, entonces, atañe a los muertos del Antiguo Testamento que estaban más cercanos a Jesús---nombremos a dos de los más íntimos en su vida: San Juan el Bautista, el Precursor, y José de Nazaret, su cuidador y tutor, les pertenece a ellos---así podemos piadosamente creer---el honor y privilegio de encabezar este maravilloso acompañamiento a través de los caminos hacia el cielo. [Tra i Padri e i Dottori che variamente interpretano questo passo di S. Matteo,

l’Aquinate nel suo Commentario prende posto decisamente presso quanti asseriscono che corpora sanctorum qui dormierant surrexerunt – egli aggiunge – tanquam intraturi cum Christo in coelum. Spetta quindi ai morti dell’Antico Testamento i più vicini a Gesù – niminiamone due di più intimi alla sua vita, Giovanni Battista il Precursore e Giuseppe di Nazareth, il suo nutricatore e custode – aspetta a loro – così piamente noi possiamo credere – l’onore ed il privilegio di aprire questo mirabile accompagnamento per le vie del cielo.][31]

Le dejaré la última palabra sobre este fascinante tema al Padre Bonifacio Llamera, O.P. (1913-1959), uno de los más prestigiosos josefólogos dominicos españoles del siglo XX.[32] Después de haber tratado el asunto con amplitud y profundidad afirma:

“Parece razonable que la Sagrada Familia---Jesús, María y José---predestinados a iniciar la nueva vida divina de la raza humana, también debían iniciar la vida gloriosa de la resurrección. Es cierto que Jesús y María son por mucho superiores a San José, pero esta superioridad no impidió que el santo perteneciese a la Sagrada Familia, incluso ocupando el lugar de esposo y padre. Parece muy poco probable, entonces, que al ser resucitado Jesús, su padre providencial no fuese también resucitado con Él, o que María fuese resucitada sin su muy digno esposo.
Podemos, por tanto, creer que San José, nuestro muy amado patriarca, ha triunfado y disfruta con todos los santos, de forma absoluta, la vida del alma así como la vida del cuerpo, en la eterna compañía de Jesús y María.”[33]

Sólo quisiera añadir este comentario: si bien que no creo que hay ninguna probabilidad seria de una definición dogmática sobre el asunto de la Asunción de San José, creo que es una opinión muy probable que tiene un peso de autoridad notable. Opino que posiblemente proporcionaría base suficiente para legitimizar el culto al Corazón de San José, si la autoridad de la Iglesia así lo decidiese.

El magisterio papal de Juan Pablo II

¿Podría ser que hubiese un movimiento de parte del magisterio con miras a legitimizar el culto al Corazón de San José? Puede ser muy temprano para dar una respuesta totalmente informada, pero hay elementos en el magisterio del difunto Papa Juan Pablo II que podrían considerarse como moviéndose en esa dirección. Hay que estudiar éstos dentro del trasfondo de declaraciones papales previas---si hay alguna notable---lo cual no he tenido la oportunidad de hacer hasta ahora. Sin embargo, las de Juan Pablo II parecen indicar una apertura al discurso sobre el Corazón de Jesús, unido frecuentemente con el Corazón de María. Proveeré más abajo esos textos, los cuales considero muy significativos a este respecto, e indico las frases cruciales en letras negritas.

Los Corazones de Jesús, María y José

Quizás la más notable de todas las referencias del Papa Juan Pablo II al Corazón de San José aparece en el # 86 de su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio del 22 de noviembre de 1981, en la cual él une los Corazones de Jesús, María y José:

Les encomiendo todas las familias a Él [Cristo el Señor], a María y a José. A sus manos y a sus corazones le ofrezco esta Exhortación: que sean ellos quienes se la presenten a ustedes, venerables hermanos y amados hijos e hijas, y que sean ellos quienes abran sus corazones a la luz que el Evangelio irradia sobre cada familia. [Ei demum et Mariæ et Iosephsingulas commendamus familias. Eorum etiam curæ cordique hanc committimus Adhortationem: ipsi vobis, Venerabiles Frateres ac dilecti Filii, porrigant eam vestrosque recludant animos lumini illi, quod super omnem familiam Evangelium diffundit.]”[34]

Los Corazones de María y José

En segundo lugar, hay una serie bastante extensa de referencias a los Corazones de María y José. La primera proviene de la homilía de la Misa de Medianoche de Navidad de 1980:

“No importa que, por el momento, esta luz sea compartida sólo por unos pocos corazones; que es compartida por la Virgen de Nazaret y su Esposo, la Virgen que no pudo dar a luz a su Hijo debajo de un techo de una casa en Belén, “porque no había lugar para él en la posada” (Lucas 2,7). [Non importa che questa luce sia, per il momento, partecipata soltanto da alcuni cuori: che participi ad essa la Vergine di Nazaret ed il suo Sposo, la Vergine alla quale non è stato dato di mettere al mondo il suo Figlio sotto il tetto di una casa a Betlemme, «perché non c'era posto per loro nell’albergo».]”[35]

El Papa habló de forma similar en un discurso el 20 de diciembre de 1981 en el nuevo Hospital Reina Margarita en Trastevere:

“La escena inspiradora, que contemplamos representada en el pesebre, nos habla de una vida que ha nacido, que el calor y la solicitud de corazones amorosos (María, José, los pastores) defienden de los peligros de una situación difícil. [La scena suggestiva, che contempleremo raffigurata nel presepe, parla a tutti noi di una vita appena sbocciata, che il calore e la sollecitudine di cuori pieni di amore (Maria, Giuseppe, i pastori) difendono dalle strettezze di una stuazione difficile.]”[36]

El 29 de diciembre de 1985 él habló así en su homilía en la Basílica de San Marcos en la Piazza Venezia de Roma:

“Hoy la Iglesia experimenta la alegría del nacimiento del Salvador, el Hijo de Dios, en Belén---como el misterio de la familia, como la Sagrada Familia. Se trata de una verdad profundamente humana: a través del nacimiento de un niño la comunidad conyugal de hombre y mujer, de esposo y esposa, se convierte más perfectamente en familia. Al mismo tiempo, hay un gran misterio de Dios, que se le revela al hombre---el Misterio escondido en la fe y en los corazones de esos esposos, de esa pareja, María y José de Nazaret”.
Al principio sólo ellos fueron testigos del hecho de que el Niño nacido en Belén es el “Hijo del Altísimo”, venido al mundo por acción del Espíritu Santo. [La Chiesa vive oggi la gioia della Natività del Signore, del Figlio di Dio, a Betlemme: come mistero della Famiglia, della Santa Famiglia.
E’ una verità profondamente umana: per la nascita di un bambino la communità coniugale dell'uomo e della donna, del marito e della moglie, diventa più perfettamente famiglia. Al tempo stesso, questo è un grande mistero di Dio, che si svela davanti agli uomini: il Mistero nascosto nella fede, e nel cuore di quegli Sposi, di quei Coniugi Maria e Giuseppe, di Nazaret. All’inizio soltanto loro furono testimoni del fatto che il Bambino che è nato a Betlemme, è «Figlio dell’Altissimo» , venuto al mondo per opera dello Spirto Santo.]”[37]

En la Fiesta de San José en 1987 en su homilía en Civitavecchia, comenzó citando a “José, hijo de David, no temas tomar a María tu esposa” (Mt. 1,20) y luego continuó:

“Así el divino misterio de la Encarnación fue confiado a María antes que a ninguna otra persona. En ella “el Verbo se hizo carne” (cf. Jn. 1,14), cuando, durante la Anunciación, ella se sometió a la voluntad de los inescrutables designios de Dios.
“A José, pues, al carpintero de Nazaret, se le confió, como a María, el mismo misterio de Dios. Un gran misterio, el misterio eternamente escondido en Dios, un misterio que se “hizo carne” en la historia del hombre y fue revelado a los corazones humanos: a los ojos de la fe. [Quindi il mistero divino dell’Incarnazione è stato affidato, prima di ogni altra persona, a Maria. In Lei, il Verbo si fece carne, quando durante l'annunciazione, sottomise la sua volontà ai disegni imperscrutabili di Dio ....
A Giuseppe, quindi al carpentiere di Nazareth è stato affidato, come a Maria, lo stesso mistero di Dio. Un grande mistero, il mistero eternamente nascosto in Dio, mistero che «divenne carne» nella storia dell’umanità ed è stato rivelato agli occhi dei cuori umani: agli occhi della fede.]” [38]

El 9 de septiembre de 1993 el Santo Padre unió los Corazones de María y José juntos en su homilía en el Santuario Mariano de Aglona en Latvia:

“¡El misterio de la Encarnación Divina! Fue tan difícil entender que primero tuvo que encontrar un lugar en las mentes y los corazones de los seres humanos. Primero en el corazón de María, que es lo que ocurrió en la Anunciación en Nazaret, y luego en el corazón del esposo de María, José”. [39]

En su Carta a las Familias del 2 de febrero de 1994 el Santo Padre escribió:

“Sólo en ese escondimiento vemos la actuación del Espíritu Santo, la fuente del “más bello amor”. Él ha derramado este amor no sólo en los corazones de María y José, sino también en los corazones de todas las parejas casadas que están abiertos a escuchar la palabra de Dios y guardarla (cf. Lc. 8,15). (cf. Lk. 8:15). [Solummodo eiusmodi in abdita recessione operatur Spiritus Sanctus, pulchræ dilectionis scaturigo. Illum quidem amorem ipse non in corda Mariæ solius et Iosephi effudit, verum etiam in animos coniugum qui ad audiendum Dei verbum custodiendumque sunt parati.]” [40]

En su alocución del Angelus del 6 de febrero de 1994, el cual fue dedicado al misterio de la Presentación en el Templo, él hizo estos comentarios:

“Paso a paso, debemos preguntarnos hacia qué dirección hemos tomado, con la misma pregunta que estuvo ciertamente en los corazones de María y José: ¿qué desea el Señor de nosotros? ¿Cuál es el camino que ha planeado para nuestro hijo? [Di tappa in tappa occorre interrogarsi sulla direzione del cammino, ponendosi la domanda che certamente era presente nel cuore di Maria e di Giuseppe: che cosa vuole il Signore da noi? quale è la strada che Egli ha tracciato per il nostro bambino?]”[41]

En su alocución del Ángelus del 5 de enero de 2003, hacia el final de su largo pontificado, hallamos al Papa regresando a un tema que había comenzado a desarrollar ya en sus primeros años:

“El Niño nacido en Belén que viene sobre la faz de la tierra es verdaderamente “contemporáneo” con toda persona que vive sobre la faz de la tierra. Por esta razón, Él es también nuestro “contemporáneo”. Los dones del Señor nunca se vuelven obsoletos. Aquí están las buenas nuevas de Navidad: todavía brilla para nosotros la luz divina que llenó los corazones de María y José y guió los pasos de los pastores y de los Magos.. [Il Bambino nato a Betlemme è veramente il ‘coetaneo’ di ogni persona, che viene sulla faccia della terra. È, pertanto, anche nostro ‘contemporaneo’. I doni del Signore non tramontano mai. Ecco il lieto annuncio del Natale: la luce divina, che inondò il cuore di Maria e di Giuseppe, e guidò i passi dei pastori e dei Magi, brilla anche oggi per noi.]”[42]

El Corazón de San José

En su Exhortación Apostólica Redemptoris Custos, del 15 de agosto de 1989, el Papa Juan Pablo II hizo cierto número de referencias al Corazón de San José, por lo menos según se halla en la traducción al inglés. Hablando de la unicidad de la vocación de San José el Santo Padre afirmó en el # 8 que

“su paternidad se expresa concretamente “en haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y de la misión redentora relacionada con ella; el haber usado la autoridad legal que era suya sobre la Sagrada Familia para hacer un don total de sí mismo, de su vida y trabajo; el haber convertido su vocación humana al amor doméstico en una oblación sobrehumana de sí mismo, una oblación de su corazón y de todas sus capacidades en servicio puesto al servicio del Mesías que crecía en su casa.” [Concreta autem ratione paternitas illius inde declarata est «quod sua ex vita ministerium effecit ac sacrificium ipsi incarnationis mysterio necnon redimendi officio ei inhaerenti, quod legis auctoritate utebatur quam iure in sacram habebat Familiam ut sui ipsius et vita suae et sui operis inde donationem illi Familiae praeberet, quod humanam suam domesticum ad amorem vocationem transfiguravit is idem in oblationem vires humanas excedentem sui cordisque sui et omnis facultatis, in amorem ministerio Messiae destinatum iam domi suae generatum].”[43]

El Santo Padre también citó este texto en italiano en su Ángelus pronunciado el 21 de marzo de 1999 cuando habló de que José

“convirtió su vocación humana al amor doméstico en una oblación sobrehumana de sí mismo, una oblación de su corazón y de todas sus habilidades en amor puesto al servicio del Mesías que crecía en su casa. […nell’aver convertito la sua umana vocazione all’amore domestico nella sovrumana oblazione di sé, del suo cuore e di ogni capacità, nell’amore posto a servizio del Messia germinato nella sua casa.]”[44]

El próximo texto del # 8 de Redemptoris Custos requiere un comentario adicional. Aquí hallamos que el texto oficial en latín la palabra que corresponde a la palabra inglesa “corazón” no es cor sino animus. Prescindiendo de la pregunta de en qué lenguaje fue escrita originalmente la exhortación apostólica, yo creo que la intención del Santo Padre al hablar sobre el Corazón de José es clara porque esta es una cita directa de un mensaje radial del Siervo de Dios Papa Pío XII a los estudiantes de escuelas católicas en los Estados Unidos, en la cual el Papa estaba hablando inglés y habló, de hecho, de que San José le mostraba a Jesús “todo el amor natural, toda la afectuosa solicitud que el corazón de un padre puede conocer.”[45]

“Dado que es inconcebible que tan sublime tarea no corresponda con las cualidades necesarias para cumplirlas adecuadamente, debemos reconocer que José le mostró a Jesús “por un don especial del cielo, todo el amor natural, toda la solicitud afectuosa que el corazón de un padre puede conocer.” [Quando concipi mente non potest muneri adeo excelso dotes non respondere necessarias illud convenienter ad perficiendum, concedi oportet coluisse Iosephum in Iesum «peculiari Caeli largitione universum illum naturae amorem omnemque sollicitudinis affectum quem patris cognoscere posset animus».]”[46]

Comentando sobre la unión marital casta entre María y José, en el # 19 de la Redemptoris Custos, el Santo padre hizo este esclarecedor comentario sobre el Corazón de José:

“La profunda cercanía espiritual que surge de la unión marital y el contacto interpersonal entre hombre y mujer tiene su origen definido en el Espíritu, el Dador de Vida (cf. Jn. 6,63). José, en obediencia al Espíritu, encontró en el Espíritu la fuente de amor, el amor conyugal que experimentó como hombre. Y este amor probó ser más grande que lo que este “hombre justo” pudiese jamás haber esperado dentro de los límites de su corazón humano. [Altitudo autem propinquitatis eiusdem sive potius spiritalis coniunctionis vehementia et consortionis inter personas, tandem e Spiritu proficiscuntur «qui vivificit». Obsequens autem Spiritui Iosephus fontem in illo denique ipso repperit amoris, sui scilicet conubialis amoris ut viri; qui quidem amor maior illo amore fuit quem «vir iustus» secundum cordis sui humani modum exspectare sibi potuit]”[47]

El 19 de marzo de 1993 al dirigirse a los trabajadores en Vescovio, él comentó la necesidad de San José de meditar en la palabra que había recibido de modo similar a sus muchas referencias a cómo María había meditado la palabra en su corazón (cf. Lc. 2,19.51):

“También para él la palabra sembrada en su corazón requirió el trabajo y sudor del cultivo. A medida que lo seguimos en la historia del Evangelio, no es difícil imaginar el constante esfuerzo que requirió su fidelidad. Muy implicado en el misterio de la Encarnación, se le pidió creer en algo que era humanamente difícil de entender. [Inseg XVI/1 (1993) 674-675; ORE 1284:5] La Parola seminata nel suo cuore comportò anche, per lui la fatica e il sudore della coltivazione. Sequendolo nei vari momenti della narrazione evangelica, non è difficile intuire tutto il lavorìo della sua fedeltà. Coinvolto da vicino nel mistero dell’Incarnazione, gli fu chiesto di credere a ciò che era umanamente difficile da comprendere.]”[48]

El Status Quæstionis

Lo que he tratado de hacer en esta presentación es recopilar tantos factores que influyen sobre el asunto del culto al Corazón de San José como sea posible. Revisemos los principales acontecimientos que hemos anotado.

1. Hemos señalado que, según el difunto Papa Juan Pablo II, el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús, aunque no se expresa en el primer milenio de la vida de la Iglesia y reconocido por su magisterio sólo después de juicios iniciales negativos, pertenece “de modo permanente a la espiritualidad de la Iglesia a través de su historia.”

2. También podemos señalar un reconocimiento análogo del culto del Inmaculado Corazón de María de parte de la Iglesia.

3. En ambos de estos casos el objeto material del culto es los Corazones físicos de Jesús y María, que están ahora “latiendo en gloria”, mientras que el objeto final del culto es sus personas.

4. Hay evidencia de un culto al Corazón de San José desde 1733 en Brasil y Portugal y posteriormente en México, España, Francia e Italia. Hay una escasez de estudios sobre el asunto al momento. No sabemos si el desarrollo se diseminó de un lugar a otro o si comenzó espontáneamente en varios lugares. La literatura disponible necesita ser estudiada, organizada y evaluada.

5. El culto al Corazón de San José fue prohibido en el siglo XIX, pero la prohibición original por el Papa Gregorio XVI nunca se ha hallado o publicado y así no está clara la base para la prohibición. Hay una necesidad para investigación histórica adicional y clarificación en esta área también.

6. La mejor opinión teológica para la base de la prohibición parecería ser la carencia de certeza de la Iglesia sobre si el Corazón de San José está ahora “latiendo en gloria”. Esta posición fue sustentada por el Padre Roland Gauthier, C.S.C., pero como muchas otras, no está clara. Esta es otra área que requiere más investigación.

7. Hay una tradición bastante venerable para la creencia en la Asunción de San José, la cual ha existido durante siglos en la Iglesia, y la cual fue reconocida como legítima por el Papa Beato Juan XXIII y la cual, por lo tanto, proporcionaría una base para la creencia de que el Corazón de San José está ahora “latiendo en gloria”. Debe añadirse, sin embargo, que esta creencia es ciertamente menos universal que la creencia en la gloriosa Asunción de Nuestra Señora. No es proxima fidei y no es probable que sea definida.

8. Se podría argumentar que el magisterio papal del difunto Papa Juan Pablo II dejó abierta la cuestión de la prohibición del culto del Corazón de San José y que cierto número de sus referencias son compatibles con la existencia de tal culto y podría tender a apoyarlo, particularmente su referencia a los Corazones de Jesús, María y José en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio así como en sus referencias a los Corazones de María y José juntos y su prestación de atención a los diversos estados del Corazón de San José. Él también cita pasajes breves del magisterio de los Siervos de Dios Pío XII y Paulo VI sobre el Corazón de San José. Todos éstos, es cierto, pueden ser referencias someras, pero se necesitaría hacer más estudios en esta área también a fin de determinar si podría haber un modelo positivo emergente en el magisterio papal referente al Corazón de José.

Todos estos factores, en sí mismos y en su conjunto, no anulan la prohibición de un culto al Corazón de San José. Por otro lado, no creo que se pueda afirmar que la puerta está definitivamente cerrada sobre este asunto. Como ya he indicado, parece que varias áreas relacionadas que inciden sobre esta cuestión necesitan ser estudiadas y evaluadas minuciosamente. La historia nos ha enseñado que las prohibiciones al culto del Sacratísimo Corazón de Jesús y a la Divina Misericordia fueron transitorias y no permanentes. ¿Es todavía posible que el Señor quiera establecer un culto al Corazón de San José a fin de llamar la atención a su rol único en la historia de la salvación y para asociarlo más cercanamente a las mentes de los fieles con Jesús y María? Está avanzando la Iglesia en este asunto---bajo la guía del Espíritu Santo---hacia la plenitud de la verdad divina?[49] Sólo el tiempo lo dirá.

Por Msgr. Arthur Burton Calkins

Selección: José Manuel Gálvez Krüger

Traducido del inglés por Luz María Hernández Medina

Referencias

[1] Prefiero usar la palabra latina cultus al hablar de la devoción a los Corazones de Jesús y María---y posiblemente al Corazón de José---por tres razones: (1) la palabra cultus tiene una amplia gama de significado en latín que permite referirse tanto al culto [latria], que se rinde al Sagrado Corazón de Jesús, a la veneración [hyperdulia], que se rinde al Inmaculado Corazón de María y a la veneración [dulia] que se rinde a los santos; (2) la palabra inglesa derivativa “culto” no tiene la misma extensión de significado que la latina y tiene asociaciones desagradables que me gustaría evitar; (3) la palabra inglesa “devoción” es bastante débil y no es un sinónimo apropiado para culto o en referencia a la liturgia como en “culto litúrgico”.

[2] Inseg IX/2 (1986) 843 = Insegnamenti di Giovanni Paolo II (Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana) [ORE 960:5, 7 = (L’Osservatore Romano, edición semanal en inglés; Primer número = número de edición acumulativa, segundo número = número de la página]. Las itálicas son mías.

[3] Sobre este segundo punto cf. Pío XII, Haurietis Aquas, Heinrich Denzinger, S.I., Enchiridion Symbolorum Definitionem et Declarationum de Rebus Fidei et Morum. Edizione Bilingue (XXXVII) a cure di Peter Hünermann (Bolonia: Edizioni Dehoniane, 2000) #3922-3925 (de aquí en adelante será citado como D-H).

[4] Cf. Bertrand de Margerie, S.J., Histoire Doctrinale du Culte au Coeur de Jésus t. 1 Premières Lumière(s) sur L’Amour (París: Ediciones Mame, 1992) y Histoire Doctrinale du Culte envers le Coeur de Jésus t. 2 L’Amour devenu Lumière(s) (París: Ediciones San Pablo, 1995).

[5] Cf. Margaret Williams, R.S.C.J., The Sacred Heart in the Life of the Church (Nueva York: Sheed y Ward, 1957) esp. 121-138; Arthur R. McGratty, S.J., The Sacred Heart Yesterday and Today (Nueva York: Benziger Brothers, Inc., 1951) esp. 151-210.

[6] Cf. John F. Murphy, Mary’s Immaculate Heart: The Meaning of the Devotion to the Immaculate Heart of Mary (Milwaukee: The Bruce Publishing Co., 1951); Théodore A. Koehler, S.M., “The Heart of Mary in the Latin Tradition from the Seventh to the Sixteenth Century” Marian Library Studies Nueva Serie 25 (1996-1997) 91-175.

[7] Inseg IX/2 (1986) 699-700 [ORE 959:12]. Las itálicas en el segundo párrafo son mías.

[8] Cf. Boniface Llamera, O.P., Saint Joseph trans. Sr. Mary Elizabeth, O.P. (St. Louis: B Herder Book Co., 1962) 296-298.

[9] Cf. Francis L. Filas, S.J., Joseph: The Man Closest to Jesus: The Complete Life, Theology and Devotional History of St. Joseph (Boston: Ediciones San Pablo, 1962, 2da. ed.) 493-569.

[10] Cf. Filas 576-636.

[11] Cf. Tarcisico Stramare, O.S.J., “Storia della devozione al cuore di San Giuseppe,” (hereafter cited as Storia) Tabor 51:2 (1997) 14. Este ensayo fue publicado por primera vez en español como “Devoción al corazón de San José” en Estudios Josefinos 50, N° 100 (julio-diciembre 1996) 179-194.

[12] Cf. Storia 15.

[13] Cf. Storia 14-20.

[14] Cf. Storia 24-25, notas al calce 8-11.

[15] Storia 21 (mi trad.).

[16] Cf. Larry Toschi, O.S.J., “Liturgical Feasts of Saint Joseph in the 19th and 20th Centuries” en Larry Toschi, O.S.J. (ed.), Saint Joseph Studies: Papers in English from the Seventh and Eighth international St. Joseph Symposia: Malta 1997 and El Salvador 2001 (Santa Cruz, CA: Guardian of the Redeemer Books, 2002) 25, nota al calce 1.

[17] Blaine Burkey, O.F.M. Cap., Pontificia Josephina C558 [197-198] in Cahiers de Joséphologie 12 (1964) 377-378.

[18] Pontificia Josephina D45 [263] en Cahiers de Joséphologie 17 (1969) 339.

[19] Pontificia Josephina D487 [426-427] in Cahiers de Joséphologie 20 (1972) 168-169.

[20] Cf. Alfred de Bonhome, “Dévotions Prohibées,” Dictionaire de Spiritualité 3:788-789.

[21] Cf. Storia 23-24.

[22] En su Encíclica Fulgens Corona, Pío XII habló de “el muy singular privilegio” de la Inmaculada Concepción de María, “el cual nunca fue concedido a persona alguna” [AAS = Acta Apostolicæ Sedis 45 (1953) 580] y en su audiencia general del 12 de junio de 1996 Juan Pablo II declara explícitamente que esto excluía el atribuirle este privilegio a San José [Inseg XIX/1 (1996) 1498].

[23] Roland Gauthier, C.S.C., “Immaculée Conception de Marie, privilège singulier ou unique? Étude historique sur l’opinion de l’immaculéè conception de S. Joseph”, Cahiers de Joséphologie 2 (1954) 193-194 (mi trad.).

[24] Filas 421-422.

[25] Cf. James J. Davis, O.P., A Thomistic Josephology (Montreal: Centro Oratorio de Investigación de San José; Universidad de Montreal, Facultad de Teología, 1967) 285-289; Filas 422.

[26] Filas 425.

[27] Martin Jugie, A.A., La mort et l’assomption de la Sainte Vierge (Ciudad del Vaticano, 1944) 52 (trad. en Filas 424).

[28] Jugie 54 (trans. in Filas 425).

[29] Cf. Filas 425-428.

[30] Davis 289.

[31] AAS 52 (1960) 455-456 (mi trad.). Debe señalarse que el Papa citaba el Comentario sobre Mateo de Santo Tomás, el cual representa un período anterior. El texto completo en inglés se halla en Davis 287.

[32] Cf. James J. Davis, O.P., “Spanish Dominican Josephologists of the Twentieth Century,” en Toschi, Saint Joseph Studies 11-13.

[33] Boniface Llamera, O.P., Saint Joseph trad. por Hna. Mary Elizabeth, O.P. (San Luis: B. Herder Book Co., 1962) 272.

[34] Inseg IV/2 (1981) 1045 [ORE 715:18].

[35] Inseg III/2 (1980) 1796 [ORE 665:1].

[36] Inseg IV/2 (1981) 1181 [ORE 720:8].

[37] Inseg VIII/2 (1985) 1628 [ORE 918:3].

[38] Inseg X/1 (1987) 623 [ORE 982:7].

[39] Inseg XVI/2 (1993) 702 [ORE 1307:12].

[40] Inseg XVII/1 (1994) 316 [ORE 1329:XI].

[41] Inseg XVII/1 (1994) 413 [ORE 1327:12].

[42] Inseg XXVI/1 (2003) 10-11 [ORE 1775:2].

[43] Inseg XII/2 (1989) 206 [Edición del Vaticano, 16]. La cita es de un discurso del Siervo de Dios Papa Paulo VI, pronunciado el 19 de marzo de 1966; Inseg Paulo VI IV (1966) 110.

[44] Inseg XXII/1 (1999) 587 [ORE 1584:1].

[45] AAS 50 (1958) 174.

[46] Inseg XII/2 (1989) 207 [edición del Vaticano 17].

[47] Inseg XII/2 (1989) 216 [edición del Vaticano 30].

[48] Inseg XVI/1 (1993) 674-675 [ORE 1284:5].

[49] Cf. Constitución Dogmática sobre la Revelación Divina, Dei Verbum #8.



San José en google books

  • El Sagrado Corazón del Santissimo Patriarcha Sr. San Joseph

Ignacio Tamay (S.I.) [1]

  • Devocion y exercicio para el dia diez y nueve de cada mes al santísimo Patriarca Señor San Joseph [2]
  • Devocionario sagrado...del Padre putativo de Jesus, y esposo de Maria..[3]
  • Vida, excelencias y muerte del Patriarca San José esposo de Ntra. Sra [4]
  • Ejercicios en honor del patriarca San José: devocionario que contiene la [5]
  • Oficio Parvo del glorioso Patriarca San José o sea colección de himnos [6]
  • Mes de marzo consagrado al glorioso Patriarca San José ...[7]
  • Carta de hermandad del glorioso patriarca señor San Josef, fundada en la Iglesia de Nra Sra de la Buenamuerte de Padres Clérigos Reglares Ministros, de los Enfermos[8]
  • Gozos a San José [9]
  • Novena al glorioso patriarca San Joseph escrita por un devoto [10]
  • Los Zelos del Señor San Joseph [11]
  • De la excelencia, y milagrosos efectos de la devocion del muy glorioso Patriarca, Esposo de la Madre de Dios, señor San Ioseph, palabras de la Santa Madre Teresa de Iesus ... [12]
  • Oratio de Ssmo. Patriarcha, intemerat aeque virginis genitricis dei Mariae felicissimo Conjuge diuo Iosepho publicè recitata in alma ... anni 1777 ... [13]
  • Declaración alegórica del esclarecido Patrirca Señor San Ioseph t del Santísimo Sacramento [14]