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Lunes, 23 de octubre de 2017

Prima

De Enciclopedia Católica

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El nombre

El nombre prima (prima hora) pertenece con los de tercia, sexta y nona a los oficios cortos que se recitan a diferentes horas del día, llamados por estos nombres entre los romanos, es decir, prima hacia las 6:00 a.m.; tertia, hacia las 9:00 a.m.; sexta, hacia las 12:00 m.; nona hacia las 3:00 p.m. Al principio a prima se le llamaba matitutina (hora); luego, para distinguirla de las horas nocturnas de maitines y laudes, y para incluirla en las horas del día, fue llamada prima. El nombre se encuentra por primera vez en la Regla de San Benito. En el Antifonario de Bangor se le llama secunda.

Origen

Este oficio corto es uno de aquellos cuyo origen se conoce mejor. Casiano, hablando de prima, dice expresamente "sciendum . . . hanc matitutinam canonicam functionem [i.e. Prime] nostro tempore in nostro quoque monasterio primitus institutam" (Instit., III, IV).

Como la cronología de las obras de Casiano se ha establecido recientemente con bastante precisión, la institución de prima se puede situar hacia el 382 (vea Pargoire, op. Cit. abajo, 288). A propósito de este monasterio, del que Casiano habla como la cuna de prima, ahora se ha probado que no era el monasterio de San Jerónimo en Belén, sino otro, tal vez uno establecido más allá de la Torre de Ader (o del rebaño), más allá de la villa de los pastores, y por lo tanto más allá de la moderna Beth-saour; se ha identificado ya sea con Deir-er-Raouat (convento de los pastores) o con Seiar-er-Ganhem (recinto de las ovejas).

Sabemos, además, por Casiano la razón que llevó a la institución de este oficio. El oficio de la noche, que comprende maitines y laudes, terminaba entonces a la salida del sol, de modo que laudes correspondía al amanecer. Después de los oficios nocturnos en Belén, como en los demás monasterios de Palestina, los monjes se podían retirar a descansar. Como ningún otro oficio los reunía hasta tercia, los que eran perezosos aprovechaban la oportunidad para prolongar su sueño hasta las nueve de la mañana, en lugar de dedicarse al trabajo manual o la lectura espiritual. Para poner fin a este abuso, en el antedicho monasterio se decidió seguir la costumbre de descansar después del oficio de la noche, pero, para evitar una prolongación excesiva de sueño, los monjes eran llamados a coro a la hora de prima, y luego de recitar unos pocos Salmos, debían trabajar hasta tercia (Casiano, “Instit.”, III, IV). Todo esto está establecido por los textos auténticos. La única dificultad está en que algunos contemporáneos de Casiano o incluso sus predecesores, como Eusebio de Cesarea, San Jerónimo, San Basilio, San Juan Crisóstomo, hablan de un oficio que se recitaba al amanecer, y que por lo tanto parece ser idéntico a prima. Pero debe tenerse en cuenta que están hablando de laudes, que en algunas comunidades se recitaba después, y así se identificaba con la hora, pero no con la materia de prima.

Contenido

La materia que componía la nueva hora se obtuvo del oficio de laudes, o más bien prima, como un oficio, fue la repetición de una parte de laudes, y no añade nada al conjunto de la salmodia; sólo los Salmos 50, 62 y 89, que formaban parte de las laudes, se recitaban a esta hora. Esa fue al menos la composición original de prima, pero los monasterios que la adoptaron gradualmente en Oriente y en Occidente cambiaron su constitución como les gustaba. Es imposible describir aquí todas las variaciones que sufrió este oficio en las diferentes liturgias. Basta señalar que uno de los rasgos más característicos de prima es el rezo del famoso símbolo "Quicumque vult salvus esse", llamado el Credo de Atanasio, que ha sido objeto de mucha controversia en la Iglesia Anglicana. San Benito ordena que se recite en prima los domingos cuatro grupos de ocho versículos del Sal. 118; de lunes a viernes, tres salmos, comenzando con el 1 y continuando hasta el Salmo 19, tomando tres salmos cada día (los Sal. 9 y 17 se dividen en dos). De esta manera prima es simétrica, como las otras horas cortas del día. Se parece a ellas también en la composición, pues la salmodia va acompañada de un himno, una antífona, una capítula, un versículo y una oración. En la liturgia romana el oficio de prima no se compone tan simétricamente. Por lo general, consta de los Salmos 53, 107, los primeros cuatro grupos de ocho versos de los Salmos 117, y durante la semana los Salmos 53, 23, 25, 24, 22, y 21. La capítula y otros elementos son a como las otras horas cortas (vea nona).

El oficio del capítulo

Hasta ahora hemos hablado sólo del oficio de prima propiamente dicho, que termina como las otras horas cortas. Esta es seguida por algunas oraciones que se llaman el oficio del capítulo, y que en la liturgia romana se componen de la lectura del martirologio, de una oración, "Sancta Maria et omnes Sancti", una oración respecto a al trabajo "Respice in servos tuos… Dirigere et sanctificare”, y una bendición. Esta adición a prima es una herencia legada por los monjes al clero secular. Como se ha dijo anteriormente, originalmente después de prima los monjes tenían que dedicarse al trabajo manual o a la lectura. El oficio, por lo tanto, terminaba con una oración por su trabajo "…et opera manuum nostrarum dirige super nos et opus manuum nostrarum dirige”, y la oración "Dirigere". Más tarde se agregó la lectura del martirologio, la necrología, la regla, y una oración por los difuntos (ver Baumer-Biron, se. Cit., I, 361-62).

En vista de su origen y constitución, prima se ha de considerar como la oración del comienzo de la jornada, mientras que las laudes se dedican a traer con el alba la memoria de la Resurrección de Jesucristo. Prima es la hora de la mañana que consagra todo el trabajo del día. Su institución ha hecho que el día litúrgico sea más regular y simétrico. Prima, hasta entonces sin un oficio, recibió su salmodia como tercia, sexta, nona y vísperas. Con completas y laudes, el día litúrgico alcanzó el septenario sagrado, "septies in die laudem dixi tibi". Mientras que para el oficio nocturno estaba el texto: "media nocte surgebam ad confitendum tibi".


Bibliografía: PELLICCIA, The Polity of the Christian Church, 204 ss.; MARTIGNY, Dict. des Antiquités chrétiennes, 538; ZACCARIA, Onomasticon, 105; THOMASI, Opera, ed. VEZZOSI, VII, 22, MARTÈNE, De antiquis Ecclesiæ ritibus, lib. IV, c. VIII; t. III, p. 19-23; IDEM, De antiquis Monachorum ritibus, lib. I, c. IV. t. IV, p. 16; BAÜMER-BIRON, Histoire du Bréviaire, t. I, pp. 145, 240, 259, 361, 364, 374; PARGOIRE, Prime et Complines in La Revue d'histoire et de Littérature, III (1898), 282-88; Dict. d'Archéologie et de Liturgie, I, 198; II, 1245, 1302, 1306; NEALE AND LITTLEDALE, A Commentary on the Psalms, I (Londres, 1884), 7, 18; para el símbolo de San Atanasio vea Credo de Atanasio; y Dict. de theol. cathol., s.v. Athanase.

Fuente: Cabrol, Fernand. "Prime." The Catholic Encyclopedia. Vol. 12. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/12424a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina. rc