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Miércoles, 18 de octubre de 2017

Papa Paulo IV

De Enciclopedia Católica

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El Papa Paulo IV (Giovanni Pietro Caraffa) nació cerca de Benevento el 28 de junio de 1476; elegido el 23 de mayo de 1555; murió el 18 de agosto de 1559. Los Caraffa fueron una de las más insignes de las familias nobles de Nápoles, que habían dado distinguidos vástagos a la Iglesia y al Estado. El nombre del cardenal Oliviero Caraffa aparece mencionado a menudo en la historia del papado durante el Renacimiento. Uno de los grandes méritos del cardenal fue supervisar el entrenamiento de su joven pariente, Giovanni Pietro, al que introdujo a la corte papal en 1494, y a cuyo favor renunció a la Sede de Chieti (en latín, Theate), por cuya palabra fue conocido luego como Theatinus. León X lo envió en una embajada a Inglaterra, y lo retuvo por algunos años como nuncio en España. Su residencia en España sirvió para acentuar esa detestación por el gobierno español en su tierra natal que caracterizó su política pública durante su pontificado.

Desde su niñez llevo una vida intachable; y ese anhelo por el ascetismo que lo había llevado a buscar admisión en las órdenes de los dominicos y camaldulenses se reafirmó en 1524 cuando persuadió a Clemente VII, aunque con dificultad, a aceptar su renuncia a sus beneficios y permitirle entrar a la congregación de clérigos regulares fundada por San Cayetano, pero popularmente llamada "teatinos", por Caraffa, su primer general. La joven congregación sufrió más que su parte durante el saqueo de Roma en 1527, y sus pocos miembros se retiraron a Venecia. Pero el agudo intelecto de Paulo III había percibido la importancia del instituto en su proyectada reforma del clero, y llamó a los teatinos de vuelta a Roma. El pontífice colocó a Caraffa en el comité nombrado para delinear el proyecto de reforma de la corte papal; y el 22 de diciembre de 1536 lo creó cardenal con el título de San Pancracio. Luego lo nombró arzobispo de Nápoles; pero debido a la desconfianza y miedo del emperador hacia él, fue sólo con dificultad que pudo mantener sus derechos episcopales.

Aunque Caraffa era altamente educado y superaba a muchos de sus contemporáneos en el conocimiento del griego y el hebreo, sin embargo permanecía totalmente medieval en su vida y pensamiento. Su autor favorito era Santo Tomás de Aquino. Los pocos opúsculos para los que encontró tiempo para escribir eran de carácter escolástico.

Sentía la más sincera aversión por el partido de Pole, Contarini y Morone y su elevación no les trajo a éstos ninguna felicidad. Caraffa fue la cabeza y frente de todo esfuerzo hecho por Paulo III en interés de la reforma. Reorganizó la Inquisición en Italia sobre líneas papales, y por una generación fue el terror de los no creyentes. Cómo una persona tan austera pudo haber sido elegido Papa fue un misterio para todos, especialmente para él mismo. "Nunca he conferido un favor a un ser humano", dijo. Es muy probable que el octogenario habría rechazado la dignidad, si no hubiese sido porque el agente del emperador, el cardenal Mendoza, había pronunciado decididamente que Carlos no permitiría a Caraffa ser Papa. Esto era desafiar todos los principios que el anciano cardenal había defendido durante su larga carrera. Fue elegido a pesar del emperador, y por cuatro años sostuvo en alto la bandera de la independencia de Italia. Los historiadores parecen ser injustos hacia Paulo IV. Ese inexorable patriota italiano, nacido mientras Italia era "una lira con cuatro cuerdas", Nápoles, Roma, Florencia y Venecia, estuvo ciertamente justificado al usar el prestigio del papado para preservar algunas reliquias de libertad para su país natal. Los habsburgos austríacos y españoles trataron a Paulo IV con estudiado desprecio, lo que lo forzó a entrar en una alianza con Francia. Ni en el asunto de la sucesión al imperio, ni en la conclusión de la paz religiosa, se consultó en lo más mínimo los intereses de la Santa Sede.

Paulo IV elevó al cardenalato a su sobrino Carlo Caraffa, un hombre completamente indigno y sin ningún adiestramiento eclesiástico, y enriqueció a otros parientes con beneficios y propiedades arrebatadas a los que favorecían a los españoles. Al final de la infortunada guerra con Felipe II, el anciano Papa perdió la fe en sus sobrinos y los desterró de la corte. Mucho más desastrosas fueron sus relaciones con Inglaterra, la cual había sido reconciliada con Roma por María y el cardenal Pole. Paulo IV se negó a sancionar el acuerdo de Pole respecto a los bienes confiscados de la Iglesia, y demandó su restitución. El pontífice relevó a Pole de su oficio de legado y le ordenó regresar a Roma para estar al frente de la Inquisición. A la muerte de María y Pole, rechazó la pretensión de Isabel a la corona, basándose en que ella era de nacimiento ilegitimo.

Su actividad fue más fructífera en los asuntos espirituales de la Iglesia. Se jactaba de que no pasaba ningún día sin ver un nuevo decreto de reforma. Hizo de la Inquisición un poderoso motor de gobierno, y no hacía acepción de personas. El gran Cardenal Morone fue llevado ante el tribunal bajo sospechas de herejía y condenado a prisión. Paulo estableció la jerarquía en los Países Bajos y en Oriente.

El pontificado de Paulo IV fue una gran decepción. El, que al principio fue honrado con una estatua pública, vivió para verla derrumbada y mutilada por el populacho hostil. Fue enterrado en San Pedro el 19 de agosto de 1559, y más tarde fue transferido a S. María sopra Minerva.


Bibliografía: Vidas por CAROCCIOLI y BROMATO; VON RANKE, Hist. of the Popes in the XVI- XVIII Centuries; REUMONT, Gesch. der Stadt Rom; ARTAUD DE MONTOR, History of the Popes (Nueva York, 1867).

Fuente: Loughlin, James. "Pope Paul IV." The Catholic Encyclopedia. Vol. 11, p. 581. New York: Robert Appleton Company, 1911. 12 Dec. 2016 <http://www.newadvent.org/cathen/11581a.htm>.

Traducido por Alonso Teullet