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Domingo, 22 de julio de 2018

Cerinto

De Enciclopedia Católica

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(Griego, Kerinthos).

Hereje gnóstico ebionita, contemporáneo de San Juan; se dice que el Apóstol escribió su Cuarto Evangelio contra sus errores sobre la divinidad de Cristo.

No tenemos información sobre este temprano sectario que se remonta a su propio tiempo. La primera mención de su nombre y descripción de su doctrina aparece en San Ireneo (Adv. Haer., I, c. XXVI; III, c. III, c. XI), escrita hacia el 170. Más información es reunida por el presbítero Cayo (c. 210) citado por Eusebio (Hist. Eccl., III, XXVIII, 2). San Hipólito en "Philosophoumena", VII, 33 (ca. 230), prácticamente transcribe a Ireneo. El Pseudo-Tertuliano habla de Cerinto en "Adv. Omnes Haeres", escrito hacia el 240. Un fragmento de Dionisio de Alejandría tomado del "De Promissionibus", escrito hacia el 250, es aportado por Eusebio tras su cita de Cayo. El relato más exacto lo trae Epifanio (Adv. Haeres", XXVIII, escrito hacia 390), pero que por su fecha y carácter ha de ser utilizado con precaución. Teodoreto da un buen resumen ("Haer. Fab.", II, 3, escrito hacia el 450).

Cerinto era un egipcio judío, si no por su raza, al menos sí por estar circuncidado. Se desconoce las fechas exactas de su nacimiento y muerte. Fundó una escuela y reunió discípulos en Asia. No nos ha llegado ningún escrito suyo. Sus doctrinas eran una extraña mezcla de gnosticismo, judaísmo, milenarismo (N.T.: doctrina que dice que Cristo reinará en la tierra por mil años y luego vendrá el fin) y ebionismo. Admitía un ser superior, pero el mundo había sido creado por un poder distinto y muy inferior. No identifica a este creador o Demiurgo con el Yahveh del Antiguo Testamento. No ha sido Yahveh, sino los ángeles los que han hecho el mundo y le han dado la ley. Estos ángeles creadores ignoraban la existencia del Dios Supremo. La ley judía era sagrada y la salvación se obtenía obedeciendo sus preceptos. Cerinto distinguía entre Jesús y Cristo. Jesús era un simple hombre, aunque de eminente santidad. Él sufrió y murió y fue resucitado de entre los muertos, o como dicen algunos que pensaba Cerinto, será levantado de entre los muertos el último día y todos los hombres resucitarán con Él. En el momento del bautismo, Cristo o el Espíritu Santo era enviado por el Dios Supremo y habitó en Jesús enseñándole lo que ni los ángeles conocen: el Dios Desconocido. Esta unión entre Jesucristo y Cristo continúa hasta la Pasión, cuando Jesús sufre sólo y Cristo regresa al cielo. Cerinto creía en un milenio feliz que se realizaría aquí en la tierra previo a la Resurrección y al reinado espiritual de Dios en el cielo (milenarismo).

Apenas se conoce nada sobre los discípulos de Cerinto; parece que se fusionaron pronto con los nazarenos y los ebionitas y apenas tuvieron influencia en la cristiandad, excepto, quizás a través de las pseudo-clementinas, producto de los círculos cerintios y ebionitas. Florecieron mayormente en Asia y Galacia.


Bibliografía: Bareille, en Diccionario de Teología Católica, s.v.; Duchesne, Hist. ancienne de L'Eglise (Paris, 1907); Dict. of Christ. Biogr.; Mansel, Los Herejes Gnósticos de los Siglos I y II.. (1875); Davidson, Introducciones al Nuevo Testamento (1894), I, 345; II, 245-6; Kunze, De Hist. Gnosticismi Fontibus (Leipzig, 1894).

Fuente: Arendzen, John. "Cerinthus." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3. New York: Robert Appleton Company, 1908. <http://www.newadvent.org/cathen/03539a.htm>.

Traducido por Pedro Royo. L H M