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Miércoles, 15 de julio de 2020

Santos Darius y Chrysanthus

De Enciclopedia Católica

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Mártires romanos, sepultados en la Via Salaria Nova y cuyas tumbas, de acuerdo al testimonio de las guías de visita a las tumbas de mártires romanos, fueron veneradas públicamente (De Rossi, “Roma Soterranea”, I, 176). Una iglesia levantada sobre la tumba estuvo cerca de la de San Saturnino, construida sobre la catacumba de Thraso (coemeterium Tharsonis ad S. Saturnium). Esa tumba era, de hecho, un arenal (arenaria) cercano a dicha catacumba. Se veneró a los dos mártires en la Roma del siglo IV, como lo demuestra la aparición de sus nombres en el “Martiyrologium Hieronymianum”. Los Hechos que se conservan de estos mártires carecen de valor histórico; no aparecieron sino hasta el siglo V y están compiladas en dos textos: el más largo, escrito originalmente en griego pero traducido al latín al poco tiempo, y otro más corto, en latín. Las noticias históricas de Crisanto y Daría en los martirologios de Occidente a los que se conoce como “históricos”, al igual que en los synaxaria griegos, se remontan a la leyenda que hace de Crisanto hijo del noble Polemio de Alejandría. Llegó a Roma con su padre, convirtiéndolo el presbítero Carpóforo. Se hizo cuanto se pudo por que apostatara. Daría, una vestal bella y muy inteligente, entabló con él una relación, pero Crisanto la ganó para la fe cristiana, de modo que ambos consumaron una unión matrimonial en castidad. Muchos hombres y mujeres romanos fueron convertidos por la pareja, entre otros el tribuno Claudio, su esposa Hilaria y dos hijos, Mauro y Jasón, sufriendo el martirio todos menos la esposa. Crisanto y Daría mismos fueron condenados a muerte, conducidos al arenal de la Via Salaria y lapidados a muerte.

Esta leyenda evidentemente se relaciona con varios mártires romanos, cuyas tumbas se veneraban en las catacumbas de la Via Salaria próximas a las de Crisanto y Daría. Al margen del hecho cierto del martirio y de la veneración de las tumbas, el relato tal vez tenga cierto valor histórico al asignar fecha al reinado del emperador Numeriano (283-84). Ya que este gobernante nunca estuvo en Roma, algunos historiadores (Allard, por ejemplo; véase abajo) creen que el nombre correcto es Valeriano, por lo cual trasladan el martirio a las persecuciones durante este último. Pero tal vez se deba conservar el nombre Numeriano, encontrándose la razón de hacerlo así en la leyenda de un mártir de Oriente con el mismo nombre. Hay otro martirio estrechamente conectado a la tumba de estos dos santos mártires, el cual se relata al final de los Hechos. Luego de la muerte de Crisanto y Daría, en una ocasión en la que muchos de los fieles en Roma se congregaron en la tumba para conmemorar el aniversario de su muerte, fueron sorprendidos por los perseguidores, quienes llenaron de piedras y tierra la cripta subterránea donde se encontraban reunidos los cristianos, de manera que todos murieron. Posteriormente, cuando se buscó la tumba de los santos Crisanto y Daría, al encontrarla también se descubrieron los huesos de estos otros mártires, inclusive las vasijas litúrgicas de plata que emplearon para la eucaristía. Todo se dejó intacto, levantándose un muro para que nadie pudiera entrar al lugar. Solamente se podía ver la tumba de los santos, amén de las osamentas de los cristianos ahí muertos, a través de una abertura a modo de ventana. Esta tumba, como tantas otras, fue embellecida por el Papa Dámaso, quien ordenó labrar en mármol y colocar ahí poemas de alabanza de los mártires. Gregorio de Tours describe este santuario en un interesante capítulo de su “De gloria martyrum”, I, xxxviii (P. L., LXXI, 739). Durante las invasiones de los godos, el santuario fue profanado, pero posteriormente se le restauró, como lo asegura una inscripción métrica compuesta en ese tiempo, la que se atribuye equivocadamente al Papa Dámaso. En el siglo IX, los restos de los santos Crisanto y Daría fueron transportados a Prum y de ahí, a Munstereifel, en la Prusia renana, donde todavía se les tiene gran veneración. El Martirologio Romano sitúa la fiesta de estos santos el 25 de octubre, como lo hacen otros martirologios del siglo VII. En el “Martyrologium Hieronymianum” se les menciona el 12 de agosto y el 29 de noviembre; según otros manuscritos, también en otros días. Los griegos celebran su fiesta el 19 de marzo.

JP. KIRSCH Transcrito por Joseph P. Thomas Traducido por Gabriel E. Breña