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Miércoles, 29 de enero de 2020

Santa María de Egipto

De Enciclopedia Católica

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Nació probablemente alrededor del 344; murió alrededor del 421. A la tierna edad de doce años María dejó su casa para irse a Alejandría, donde por más de diecisiete años llevó una vida de prostitución pública. Al final de ese período, con motivo de un peregrinaje a Jerusalén para la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, se embarcó hacia Palestina, sin embargo no con la intención de hacer el peregrinaje, sino con la esperanza de que la vida a bordo del barco le brindara nuevas y abundantes oportunidades de gratificar su insaciable lujuria. Habiendo llegado a Jerusalén persistió en su desvergonzada vida, y en la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz se unió a las multitudes que iban a la iglesia donde se veneraba la sagrada reliquia, esperando encontrar en el grupo nuevas victimas que pudiera inducir al pecado. Y ahora llega el punto de giro en su carrera.
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Cuando alcanzó la puerta de la iglesia, se sintió repentinamente repelida por alguna fuerza secreta, y habiendo intentado entrar tres o cuatro veces, se retiró a un rincón del patio de la iglesia, y le sobrevino remordimiento por su perversa vida, que reconoció como la causa de su exclusión de la iglesia. Rompiendo en amargas lágrimas y golpeándose el pecho, empezó a lamentarse por sus pecados.
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En ese momento posó sus ojos en una estatua de la Santísima Virgen encima del lugar donde estaba de parada y en profunda fe y humildad de corazón imploró encarecidamente a Nuestra Señora que la ayudara, y que le permitiera entrar al templo a venerar la sagrada madera en que Jesús había sufrido, prometiendo que si se le concedía su petición, renunciaría para siempre al mundo y sus placeres, y en adelante iría a dondequiera que Nuestra Señora la guiara.
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Animada por la oración y contando con la merced de la Madre de Dios, se acercó de nuevo a la puerta de la iglesia, logrando esta vez entrar sin la menor dificultad. Después de adorar la Santa Cruz y besar el pavimento de la iglesia, regresó a la estatua de Nuestra Señora, y mientras oraba ahí pidiendo guía para su futuro camino, le pareció escuchar una voz que desde lejos le decía que si cruzaba el Jordán, encontraría reposo. Esa misma tarde María alcanzó el Jordán y recibió la Sagrada Comunión en una iglesia dedicada al Bautista, y el día siguiente cruzó el río y caminó hacia el este internándose en el desierto que se prolonga hacia Arabia.
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Ahí vivió absolutamente sola durante cuarenta y siete años, subsistiendo aparentemente de hierbas, cuando un sacerdote y monje llamado Zósimo, que siguiendo la costumbre de sus hermanos había salido de su monasterio para pasar la Cuaresma en el desierto, la encontró y oyó de sus propios labios la extraña y romántica historia de su vida. Tan pronto se encontraron, llamó a Zósimo por su nombre y lo reconoció como sacerdote. Después que hubieron conversado y orado juntos, le rogó a Zósimo que le prometiera encontrarla en el Jordán la noche del Jueves Santo del siguiente año y que trajera consigo el Sacratísimo Sacramento. Cuando llegó la noche convenida, Zósimo, según cuentan, puso en un pequeño cáliz una porción del intocado Cuerpo y la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo (P. L. LXXIII, 686; "Mittens in modico calice intemerati corporis portionem et pretioso sanguinis D.N.J.C." Pero la referencia a ambas especies es menos clara en Acta SS., IX, 82: "Accipiens parvum poculum intemerati corporis ac venerandi sanguinis Christi Dei nostri"), y llegó al lugar que había sido indicado. Después de un rato apareció María en la rivera oriente del río, y habiendo hecho la señal de la cruz, caminó sobre el agua hacia el lado poniente. Ya que hubo recibido la Sagrada Comunión, levantó sus manos hacia el cielo y gritó en alta voz las palabras de Simeón: "Ahora puedes disponer de tu siervo en paz, oh Señor, según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación ". Entonces le encargó a Zósimo venir durante el año al lugar donde primero la había encontrado en el desierto, añadiendo que la encontraría entonces en la condición que Dios ordenara. Vino él, pero solo para encontrar el cadáver de la pobre santa, y escrita a un lado en la tierra una petición de que la enterrara y decía que había muerto un año antes en la misma noche en que le había administrado la Sagrada Comunión, muy lejos de las márgenes del Jordán. Auxiliado por un león, según cuentan, preparó la tumba y la enterró, y habiéndose encomendado él mismo y la Iglesia a sus plegarias, regresó a su monasterio, donde contó, ahora por primera vez, la maravillosa historia de la vida de María.

La vida de la santa fue escrita no mucho tiempo después de su muerte por alguien que asevera que escuchó los detalles de los monjes del monasterio al que había pertenecido Zósimo. Muchos eruditos mencionan como el autor a San Sofronio, que llegó a ser Patriarca de Jerusalén en 635; pero puesto que los Bollandistas dan buenas razones para creer que la historia fue escrita antes del año 500, podríamos concluir que es de alguna otra mano. La fecha de la santa es un tanto incierta. Los Bollandistas sitúan su muerte el 1 de Abril del 421, mientras que muchos otros eruditos la sitúan un siglo después. La Iglesia Griega celebra su fiesta el 1 de Abril, mientras que el Martirologio Romano la asigna al 2 de Abril, y el Calendario Romano al 3 de Abril. Es más probable que la fecha griega sea la correcta; las otras pueden deberse a que en esas fechas llegaron al Occidente porciones de sus reliquias. La reliquias de la santa son veneradas en Roma, Nápoles, Cremona, Amberes, y algunos otros lugares.

J. MACRORY Transcrito por Elizabeth T. Knuth Traducido por Javier L. Ochoa Medina