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Jueves, 19 de septiembre de 2019

San Nicecio

De Enciclopedia Católica

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Obispo de Trier, nació al final del siglo V, fecha exacta desconocida; murió en el año 563 o más probable en el año 566. San Nicecio fue el más importante obispo de la antigua Sede de Trier, en la era cuando, después de los desórdenes de las migraciones, la supremacía Franca empezó en lo que había sido la Galia Romana. Detalle considerable de la vida de este vigoroso y celoso obispo es conocido de varias fuentes, de cartas escritas por o para él, de dos poemas de Venancio Fortunato (Poem., Lib. III, IX, X, ed. Leo, en Mon. Germ. Hist.: Auct. antiq., IV (1881), Pt. I, 63-64 sq.) y sobre todo de los documentos de su pupilo Aredio, más tarde Abad de Limoges, que han sido preservados por Gregorio de Tours (De vitis Patrum, XVII; De Gloria Confessorum, XCIII-XCIV). Nicecio venía de familia galo-Romana; su hogar estaba aparentemente en Auvergne. El Nicecio mencionado por Sidonio Apolinar (Epist. VIII, VI) puede haber sido un familiar. Desde su juventud se dedicó a la vida religiosa y entró a un monasterio, donde se desarrolló tan rápidamente en el ejercicio de la virtud Cristiana y en el sagrado conocimiento que fue hecho abad. Fue siendo abad que el Rey Teodorico I (511-34) aprendió a conocerlo y estimarlo, Nicecio a veces discutiendo con él a causa de su mal proceder, sin, sin embargo, ninguna pérdida de su favor. Después de la muerte del obispo Aprúnculo de Trier, una embajada del clero y ciudadanos de Trier vino a la corte real para elegir un nuevo obispo. Ellos deseaban a San Galo, pero el rey rechazó su aceptación. Entones seleccionaron al Abad Nicecio, cuya elección fue confirmada por Teodorico. Por el año 527 Nicecio inició como el nuevo obispo de Trier, acompañado por una escolta enviada por el rey, y mientras en la jornada tuvo oportunidad de hacer saber su firmeza en la administración de su función.

Trier había sufrido terriblemente durante los desórdenes de las Migraciones. Uno de los primeros cuidados del nuevo obispo fue la reconstrucción de la catedral, cuya restauración es mencionada por el poeta Venancio Fortunato. Investigación arqueológica ha mostrado, en la catedral de Trier, la existencia de trabajo de cantera perteneciente al período franco al que puede pertenecer esta reconstrucción por Nicecio. Un castillo fortificado (castellum) con una capilla construido por él sobre el río Moselle es también mencionado por el mismo poeta (Poem., Lib. III, n. XII). El santo obispo se dedicó con gran celo a su labor pastoral. Predicó diariamente, se opuso vigorosamente a los numerosos vicios en la vida moral tanto de las clases altas como de la gente común, sin pasar por alto al rey y su corte. Sin hacer caso de amenazas, él cumplió firmemente su deber. A causa de sus ofensas excomulgó al rey Clotaire I (511-61), que por algún tiempo fue el único gobernante de los dominios Francos; en respuesta el rey exilió al resuelto obispo (560). El rey murió, sin embargo, al siguiente año, y su hijo y sucesor Sigeberto, gobernante de Austrasia (561-75), permitió a Nicecio regresar a casa. Nicecio tomó parte en varios sínodos de obispos francos: el sínodo de Clermont (535), de Orléans (549), el segundo sínodo de Clermont (549), el sínodo de Toul (550) el cuál presidió, y el sínodo de Paris (555).

Nicecio mantuvo correspondencia con dignatarios eclesiásticos de alto rango en lugares distantes. Hay cartas existentes que fueron escritas a el por el abad Floriano de Romain-Moûtier (Cantón de Vaud, Suiza), por el obispo Rufo de Octodurum (hoy Martigny, en el Cantón de Valais, Suiza), y por el arzobispo Mapinio de Reims. Los intereses generales de la Iglesia no escaparon a su vigilante cuidado. Escribió una carta urgente al Emperador Justiniano de Constantinopla en relación a la posición del emperador en las controversias originadas por el monofisismo. Otra carta que se ha conservado es a Clodosvinda, esposa del Rey Lombardo Albión, en la que exhorta a la princesa a hacer todo lo posible para traer a su esposo a la fe Católica. En su vida personal el santo obispo fue muy ascético y auto mortificante; frecuentemente ayunaba, y mientras sacerdotes y clérigos que vivían con el iban a su cena él iría, cubierto con capa y capucha, a orar a las iglesias de la ciudad. Fundó una escuela propia para la capacitación del clero. El más conocido de sus alumnos es el más tarde Abad de Limoges, Aredio, que fue la autoridad en Gregorio de Tours para la biografía de este último a cargo de Nicecio. Nicecio fue enterrado en la iglesia de San Maximino en Trier. Su fiesta es celebrada en Trier, el 1 de octubre; en el Martirologio Romano su nombre está puesto en diciembre 5. La autenticidad de dos tratados atribuidos a él, es dudosa: "De Vigiliis servorum Dei" y "De Psalmodiæ Bono".


Bibliografía: Nicetius Opera in P. L. LXIII, 361 ss.; HONTHEIM, Historia Trevirensis diplomatica, I (Augsburgo, 1750), LX, 35 ss.; IDEM, Prodromus historiœ Trevirensis, I (Augsburg, 1757), 415 sqq.; MABILLON, Acta Sanct. ord. S. Benedicti, I (París, 1668), 191 ss.; MARX, Geschichte des Erzstifts Trier, I (Tréveris, 1858), 82 ss.; II, 377 sq.; MANDERNACH, Die Schriften des hl. Nicetius, Bischof von Trier (Maguncia, 1850); KAYSER, Leben und Schriften des hl. Nicetius (Tréveris, 1873); MORIN in Revue bénédictine (1897), 385 ss.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. "St. Nicetius." The Catholic Encyclopedia. Vol. 11. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/11053a.htm>.

Traducido por José Luis Fernández Arias