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Sábado, 24 de agosto de 2019

San Luis María Grignion de Montfort

De Enciclopedia Católica

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Misionero en Bretaña y Vendee; nació en Montfort el 31 de enero de 1673 y murió en Saint Laurent sur Sevre el 28 de abril de 1716.

Desde la infancia fue un devoto infatigable de la oración ante el Santísimo Sacramento y, cuando al cumplir doce años fue enviado como estudiante al colegio jesuita en Rennes, nunca dejó de visitar la iglesia antes y después de clases. Se unió a una sociedad de jóvenes que durante las vacaciones ejercía su ministerio entre los pobres y los incurables en los hospitales y les leían libros edificantes durante sus comidas. A la edad de 19, viajó a París a pie para seguir el curso de teología y repartió durante el viaje todo su dinero a los pobres, cambiando con ellos sus ropas y haciendo voto de subsistir en adelante solo de almas. Fue ordenado sacerdote a la edad de veintisiete años y durante algún tiempo sirvió como capellán en un hospital. En 1705, a los treinta y dos años, encontró su verdadera vocación y en adelante se dedicó a predicar a la gente. Durante diecisiete años predicó el Evangelio en innumerables pueblos y villas. Como orador estaba enormemente dotado, siendo su lenguaje sencillo pero lleno de fuego y divino amor. Su vida entera fue notable por virtudes difíciles de comprender por la moderna degeneración: oración constante, amor por los pobres, pobreza llevada a límites inimaginables, alegría en las humillaciones y persecuciones.

Los ejemplos siguientes ilustrarán su éxito. Una vez dio un retiro a los soldados de la guarnición de La Rochela y, conmovidos por sus palabras, los hombres lloraron y clamaron por el perdón de sus pecados. En la procesión final de su misión, un oficial caminó al frente, descalzo y cargando un estandarte y los soldados, descalzos también, lo siguieron cargando en una mano un crucifijo, en la otra un rosario y entonando himnos.

La extraordinaria influencia de Grignion fue especialmente aparente en el asunto del calvario en Pontchateau. Cuando anunció su determinación de construir un calvario monumental en una colina vecina, la idea fue recibida con entusiasmo por los habitantes. Durante quince meses entre dos y cuatro mil campesinos trabajaron diariamente sin esperar recompensa y, habiendo completado la tarea, el rey ordenó que todo fuera demolido y la tierra regresada a su condición original. Los jansenistas habían convencido al gobernador de Bretaña que una fortaleza capaz de ayudar a las personas en una revuelta estaba siendo levantada y así, durante varios meses quinientos campesinos cuidados por una compañía de soldados fueron forzados a llevar a cabo la destrucción. El padre de Montfort no se exaltó al recibir las humillantes noticias y exclamó únicamente: “¡Alabado sea Dios!”

Esta no fue la única de muchas pruebas por las que tuvo que pasar Grignion. A menudo sucedía que los jansenistas, irritados por su éxito, se aseguraban mediante intrigas, de su expulsión del distrito en el que estuviese misionando. En La Rochela algunos malvados envenenaron su sopa y, a pesar del antídoto que tomó, su salud resultó minada. En otra ocasión, algunos malhechores se escondieron en un callejón con la intención de asesinarlo, pero tuvo un presentimiento de peligro y escapó yendo por otra calle. Un año antes de su muerte, el padre de Montfort fundó dos congregaciones – Las Hermanas de la Sabiduría, quienes se dedicaron al trabajo en hospitales y la instrucción de niñas pobres y la Compañía de María, compuesta por misioneros. Largamente había acariciado estos proyectos, pero diversas circunstancias habían retrasado su ejecución y, humanamente hablando, el trabajo parecía haber fallado a su muerte, dado que las congregaciones tenían respectivamente, solo cuatro hermanas y dos sacerdotes con unos cuantos hermanos. Pero el bienaventurado fundador, quien en varias ocasiones había demostrado poseer el don de profecía, sabía que el árbol crecería. A principios del siglo XX las Hermanas de la Sabiduría sumaban cinco mil y estaban dispersas por todo el mundo, poseían cuarenta y cuatro casas e instruían a 60,000 niños. Luego de la muerte de su fundador, la Compañía de María fue gobernada durante 39 años por el padre Mulot. Al principio se había rehusado a unirse a Montfort en su trabajo misionero. “No puedo ser misionero,” había dicho, “porque he estado paralizado de un lado por muchos años; tengo una enfermedad en los pulmones que apenas me deja respirar y estoy tan indudablemente enfermo que no tengo descanso ni de día ni de noche.” Pero el santo, impelido por una repentina inspiración, replicó, “Tan pronto como empieces a predicar quedarás completamente curado.” Y tal como lo dijo, así sucedió.

San Luis María Grignion de Montfort fue beatificado por León XIII en 1888 y canonizado por Pío XII en 1947. CRUIKSHANK, Blessed Grignion, etc. (London, 1892); JAC, Vie, etc. (Paris, 1903); LAVEILLE, Vic, etc. (Paris, 1907).

AUSTIN POULAIN Transcrito por Michael T. Barrett Dedicado a Mary Barrett Traducido por Antonio Hernández Baca