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Sábado, 18 de enero de 2020

Patrística: La exigencia de la Caridad

De Enciclopedia Católica

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Todo lo que queremos para alimentarnos lo queremos para destruirlo y con ello rehacernos. ¿será también así como hay que amar a los hombres, para destruirlos? Hay otro amor, el de benevolencia, que nos lleva finalmente a obligar a quienes amamos. ¡Pero si no hay nada en que podamos obligarles! La sola benevolencia contenta a quien ama.

No debemos, en efecto, desear que haya desgraciados para permitirnos cumplir las obras de misericordias. Tú das pan a quien tiene hambre: más valdría que nadie tuviese hambre y no tuvieras que dar a nadie. Tu viste la que está desnudo: ¡si todos estuvieran vestidos, y no existiese tal necesidad! Tú entierras al que ha muerto: ¡qué nega ya la vida en qué nadie tenga que morir! Todos estos servicios responden efectivamente a unas necesidades. Suprime a los desgraciados: se habrían acabado las obras de misericordia: ¿se extinguirá, pues también el fuego del amor? Es más auténtico el amor que profesas a uno que es dichoso, que en nada puede quedarte obligado. Este amor es más puro y más franco. Pues si tú obligas a un desgraciado, tal vez deseas elevarte ante él y quieres que él, que te ha provocado a que obres el bien, esté por debajo de ti. Él se encontraba necesitado, y tú le has dado parte de tus recursos. Por el hecho de quedar obligado para contigo, tú pareces en alguna manera más grande que él. Desea tu igual, y juntos someteos a Aquél que no puede estar obligado a nadie.


Sobre la primera epístola de San Juan, tratado 8, n. 5 (P.L. 53, 2038-9)


Transcrito por José Gálvez Krüger para la Encilcopedia Católica