Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Domingo, 25 de agosto de 2019

Papa Urbano III

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar

Reinó desde 1185 a 1187, nacido en Milán; murió en Ferrara, el 19 de octubre de 1187. Uberto, de la noble familia milanesa de los Crivelli, fue hecho cardenal por Lucio III en 1182 y Arzobispo de Milán en 1185. El 25 de noviembre de ese año, Lucio murió en Verona, y se eligió al Arzobispo electo para que le sucediera ese mismo día; fue coronado el 1 de diciembre. Este apresuramiento probablemente se debió a que tenían temor de que hubiera una intervención imperial en el proceso. Urbano heredó de su predecesor una enemistad con el Gran Emperador Federico Barbarroja, y esto empeoró por una enemistad personal, ya que durante el saqueo de Milán de 1162, el emperador fue responsable de que varios de los familiares del papa fueran proscritos o mutilados. Se había notado que la ruptura entre Lucio III y Federico coincidió con la llegada al norte de Italia (Agosto de 1185) de Constanza, heredera del Reino de Sicilia, quien había estado comprometida con Enrique, hijo de Federico. El matrimonio, celebrado en Milán el 4 de enero de 1186, seis semanas después de la ascensión de Urbano, "constituyó para el papado el revés más serio que había sufrido por mucho tiempo. Por dicho matrimonio se arruinaba todo el edificio político que había sido edificado tan laboriosamente por los papas durante los siglos once y doce para mantener controlado el poder imperial en Italia y asegurar así la independencia de los estados papales" (Chalandon, II, 390). Debido a este matrimonio, se perdió el apoyo normando que había estado recibiendo el papado desde hacía mucho tiempo en sus contiendas contra el imperio. Tampoco fue esta la única causa del pleito. El tratado de 1177 dejó pendiente el asunto de la sucesión de los estados de Matilda de Toscana, mientras que Federico embargó los ingresos de los obispados vacantes de Alemania, y suprimió conventos para obtener las propiedades en donde éstos estaban asentados.

Urbano mantuvo el rechazo de Lucio III a la corona de Enrique, y el Patriarca de Aquileia fue obligado por el emperador para que llevara a cabo la ceremonia, aunque pertenecía al papa como Arzobispo de Milán, título que había mantenido posiblemente con ese fin, hasta después de su elección. Urbano replicó excomulgando al patriarca y a los obispos que le asistieron en la ceremonia. El 31 de mayo promovió al cardenalato al diácono Folmar, y al siguiente día le consagró como arzobispo de Trier, contrariando la promesa hecha al emperador porque, aunque Folmar había sido elegido canónicamente, Federico había asegurado la investidura a Rudolf, candidato de la minoría. El emperador cerró los pasos de los Alpes a los mensajeros del Papa hacia Alemania, y envió a Enrique a destruir los Estados Papales. Urbano estaba esperanzado a recibir apoyo de los obispos alemanes, pero en la Dieta de Gelnhausen (Abril o Mayo, 1187), de la que estuvo excluido el delegado papal, Philip von Heinsberg, Arzobispo de Colonia, Federico atrajo a los obispos a su lado y les hizo enviar cartas al Papa para urgirlo a "hacer justicia al Emperador en aquellas cosas que fueran justamente demandadas por él " (Arnoldo de Lübeck, III, 18). Urbano replicó emplazando al emperador a aparecer ante su tribunal en Verona, y se abstuvo de excomulgarlo porque los veroneses, sujetos a Federico, no podían permitir que la sentencia fuera dada en su ciudad. Urbano se marchó a Venecia en donde hubiera podido llevar a cabo su amenaza, pero falleció en Ferrara, después de un pontificado de un año y once meses. Su muerte es atribuida, según Benedicto de Peterborough, a la tristeza que le embargó al enterarse de la derrota sufrida por los cruzados en la batalla de Hattin, y comúnmente se dice que fue causada por las noticias de la caída de Jerusalén, pero William de Newburgh nos asegura que el reporte del desastre de Hattin (3-4 de julio) no llegó a la Santa Sede sino hasta después de la elección de Gregorio VIII, así que es altamente posible que Urbano III nunca llegara a saber sobre la rendición de la Ciudad Santa que tuvo lugar el 2 de octubre.

Pedro de Blois, diácono de Bath y quien dice haber tenido una relación muy cercana con el Papa, cuenta una historia curiosa, ("in scholis Urbani socius et descipulus fueram Maldyebyrig") y relaciona su muerte con su ira contra Baldwin, arzobispo de Canterbury. A comienzos de su pontificado, Urbano accedió a la solicitud que Enrique II de Inglaterra había hecho a su predecesor, y nombró a Baldwin delegado apostólico en la Provincia de Canterbury, pero en la pelea que este último sostuvo con los monjes de su catedral, el Papa se puso del lado de los monjes, y el arzobispo se mantuvo inflexible. Tal vez ésta no fue la única causa del enojo del Papa; Baldwin, probablemente movido por los celos, persuadió al rey que regresara a Normandía a los delegados papales que habían sido enviados para coronar a Juan como rey de Irlanda (Benedicto de Peterborough, "Gesta regis Henrici Secundi"). El Papa incluso había enviado una corona de oro ("coronam auro contextam") para este propósito. Él incluso se esforzó para que hubiera paz entre Inglaterra y Francia y, el 23 de junio de 1187, sus delegados, ante amenaza de excomunión, impidieron una batalla campal entre los ejércitos de los reyes rivales cerca de Châteauroux, y esto resultó en una tregua de cerca de dos años. Las cartas de Urbano muestran entusiasmo por Tierra Santa y un deseo de promover la paz entre los potentados cristianos de Siria que estaban combatiendo entre ellos. Desgraciadamente, no puede asegurarse que la carta dirigida a Felipe de Francia (Jaffé, "Regesta", 15,924) pertenezca realmente a este Papa. El número de privilegios concedidos a los Caballeros Hospitalarios es notable. Las cartas y privilegios de Urbano III están en P.L., CCII. Su tumba, "un hermoso sarcófago que descansa sobre cuatro columnas " (Gregorovius), puede ser vista aún en la catedral de Ferrara.

RAYMUND WEBSTER Transcrito por Carol Kerstner Traducido por Dr. Raúl Toledo, El Salvador