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Lunes, 9 de diciembre de 2019

Papa Honorio IV

De Enciclopedia Católica

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(Giacomo Savelli)

Nacido en Roma alrededor de 1210 y muerto en Roma el 3 de abril de 1287. Pertenecía a la rica e influyente familia de los Savelli y era sobrino nieto de Honorio III. Se sabe muy poco de su vida antes de ser elegido papa. Mientras estudiaba en la Universidad de París tuvo una prebenda y una canonjía en la catedral de Châlons-sur-Marne. Después obtuvo el beneficio de rector de la iglesia de Berton, en la diócesis de Norwich. En 1261 fue creado por Martín IV cardenal – diácono de Santa María en Cosmedin, también nombrado prefecto papal en Toscana y capitán de las tropas papales. Por orden de Clemente IV él y otros tres cardenales invistieron a Carlos de Anjou como rey de Sicilia, el 28 de julio de 1265 en Roma. Fue uno de los seis cardenales que eligieron a Gregorio X, el 1 de septiembre 1271 en Viterbo, por compromiso. En 1274 acompañó a Gregorio X al decimocuarto concilio general de Lyon y en 1276 fue uno de los cardenales a los que Adriano V envió a Viterbo con instrucciones para tratar con el rey Arnulfo I de Ausburgo su coronación imperial en Roma y sus futuras relaciones con Carlos de Anjou, rey de Sicilia. La muerte de Adriano V al mes siguiente hicieron inútiles las negociaciones con Rodolfo. Nada más se de él hasta que nueve años después fue elegido papa.

Martín V murió el 28 de marzo de 1285 en Perugia y tres días después 15 de los 18 cardenales del sagrado colegio se reunieron en la residencia episcopal de Perugia eligiendo el 2 de abril, dos días después, para la elección. La elección se hizo sin el cónclave, que había sido prescrito por Gregorio X, pero suspendido por Juan XXI. Giacomo Savelli fue elegido por unanimidad en la primera votación, en una de las más rápidas elecciones de la historia despapado, tomando el nombre de Honorio IV.

La razón de tanta urgencia puede que se debiera a las complicaciones por Sicilia, que no permitían ningún interregno, además de que los cardenales intentaron evitar las injustificables intromisiones que habían ocurrido en la elección del papa anterior, cuando Carlos de Anjou indujo a los habitantes de Viterbo a encarcelar a dos primos del fallecido Nicolás II, para influir en la elección del un papa francés.

En mayo de 1285 el nuevo pontífice fue ordenado sacerdote pro el cardenal Malabranca orsini de ostia y al día siguiente consagrado obispo y coronado papa en la basílica de S. pedro de Roma. Honorio IV ya tenía avanzada edad y tan afectado por la gota que no podía estar de pie ni caminar. Al decir la misa tenía que sentarse en una banqueta y en la elevación sus manos eran levantadas por un artefacto mecánico.

Los asuntos sicilianos requerían su inmediata atención. Al haber arrojado a Carlos de Anjou y elegido a Pedro III d Aragón como rey de Sicilia sin el consentimiento y aprobación del papa, los sicilianos negaban prácticamente su soberanía sobre Sicilia. La terrible masacre del 31 de marzo de 1282, conocida como las Vísperas Sicilianas, impedía cualquier arreglo amistoso con Martín IV, un francés que debía la tiara a Carlos de Anjou. El papa Martín exigió la sumisión incondicional a Carlos de Anjou y a la Sede Apostólica y cuando no lo aceptaron, puso a Sicilia y a Pedro III bajo entredicho, privó a Pedro de su Reino de Aragón y se lo dio a Carlos de Valois, hijo de Felipe III de Francia. Más aún, ayudó a Carlos de Anjou en sus intentos de recobrar Sicilia por la fuerza de las armas. Los sicilianos no solo rechazaron los ataques de Carlos de Anjou sino que capturaron a su hijo Carlos en Salerno. El 6 de enero de 1285 murió Carlos de Anjou dejando como heredero natural a su hijo cautivo.

Así estaban las cosas cuando Honorio IV fue elegido papa. Los sicilianos deseaban que el nuevo papa obrara de forma distinta que su antecesor, pero sus esperanzas se realizaron solo parcialmente. Era, ciertamente menos impulsivo y de inclinación más pacífica, pero no renunció a las reclamaciones de la Iglesia sobre la corona siciliana. Ni siquiera retiró los castigos eclesiásticos impuestos sobre sicilia no devolvió a Pedro III el reino de Aragón que Martín IV había transferido a Carlos de Valois. Por otra parte no aprobó el tiránico gobierno a que los sicilianos habían sufrido bajo Carlos de Anjou. Este se ve claramente en su prudente legislación implicada en la constitución del 17 de septiembre de 1825 ("Constitutio super ordinatione regni Siciliae" en "Bullarium Romanum", Turín, IV, 70-80). En esta constitución inculca que ningún gobierno puede prosperar si no se basa en la justicia. Y establece 45 ordenanzas pensadas para proteger a la gente de Sicilia contra su rey y sus oficiales. En caso de cualquier violación por parte del rey o de sus partidarios, el pueblo era libre de apelar directamente al papa para arreglarlo.

Más aun, el rey estaba obligado a observar las ordenanzas contenidas en esta la constitución bajo pena de excomunión. Martín IV había permitido a Felipe III de Francia que pusiera impuestos a los clérigos franceses y de unas pocas diócesis de Alemania, el diezmo de sus ingresos durante cuatro años. El dinero recogido estaba destinado a pagar la guerra contra Pedro III con el propósito de conquistar Aragón para Carlos de Valois. Honorio IV aprobó esta acción de su predecesor. Cuando Eduardo I de Inglaterra le requirió que usara su influencia para poner fin a la guerra, contestó que Pedro III merecía ser castigado y que Felipe III no debía privarse de recoger los frutos de una guerra que había emprendido al servicio y a instancias de la Iglesia.

La muerte de Pedro III el 11 de noviembre de 1285 cambió de alguna manera la situación. Sus dos hijos, Alfonso y Jaime le sucedieron, el primero como rey de Aragón, el segundo como rey de Sicilia. Honorio IV, naturalmente no reconoció a ninguno de los dos. El 11 de abril de 1286 excomulgó solemnemente al rey Jaime de Sicilia y a los obispos que habían participado en su coronación en Palermo el 2 de febrero de 1286, pero ni el rey ni los obispos se preocuparon por la excomunión. El rey hasta envió una flota hostil a la costa de Roma y destruyó con fuego la ciudad de Astura. Carlos de Salerno, el hijo de Carlos de Anjou, que estaba prisionero de los sicilianos acabó cansándose de su largo cautiverio y firmó un contrato en27 de febrero de 1287 en el que renunciaba a sus reclamaciones al reino de Sicilia a favor de Jaime de Aragón y sus herederos. Honorio IV, sin embargo, al que se le pidió la aprobación, rehusó escuchar ante un acto al margen de los principios que entregaba los derechos de la Iglesia y de la Casa de Anjou a los rebeldes. Declaró inválido el contrato y prohibió acuerdos similares en el futuro.

Mientras Honorio IV se mantenía inexorable en su postura hacia Sicilia y al rey impuesto, sus relaciones respecto a Alfonso de Aragón se hicieron menos hostiles. Por mediación del rey Eduardo I de Inglaterra se habían comenzado negociaciones de paz entre le rey Alfonso y Honorio IV, aunque el papa no vivió lo suficiente para terminar las negociaciones que por fin acabaron en pacífico restablecimiento del aragonés así como de la cuestión siciliana.

Roma y los Estados Pontificios gozaron de un período de tranquilidad durante el pontificado de Honorio IV como no habían tenido durante muchos años. Tuvo la satisfacción de reducir al más poderoso y obstinado enemigo de la autoridad papal, el conde Guido de Montefeltro, que durante muchos años había resistido con éxito a las tropas papales.

La autoridad papal era reconocida en todo el territorio papal que comprendía el Exarcado de Rávena, el ducado de Spoleto, el condado de Betinoro, las tierras Matildianas y la Pentápolis, es decir las ciudades de Rimini, Pesaro, Fano, Sinigaglia y Ancona.

Los romanos estaban contentos por la elección de Honorio IV, ciudadano romano y hermano de Pandulfo, que el verano anterior había sido elegido como uno de los senadores anuales de Roma. Las revueltas ¡continuas en la ciudad durante el pontificado de Martín V no habían permitido que el papa residiera en Roma y ahora los romanos ele invitaron cordialmente a que hiciera de Roma su residencia permanente. Durante posprimeros meses de su pontificado vivió en el Vaticano, pero en otoño de 1285 se trasladó al magnífico palacio que acababa de levantar en el Aventino.

Con el Norte de Italia, Honorio tenía poco trato al margen de lo puramente eclesiástico. El 16 de marzo de 1286 levantó el entredicho que Martín IV había puesto a Venencia imprudentemente porque la ciudad había rehusado equipar a la flota de Carlos de Anjou contra Pedro III de Aragón.

En Florencia y Bérgamo logró que se abolieran las nuevas leyes hostiles a la iglesia y al clero.

Las relaciones entre Honorio IV y el rey alemán Rodolfo de Ausburgo eran muy cordiales. Durante el pontificado de Adriano V (1276) se habían comenzado las negociaciones, que siguieron con Nicolás III (1277-1280) pero se habían suspendido por completo con Martín IV (1281-1285) al que no le gustaban mucho los alemanes. Inmediatamente después del acceso de Honorio IV se recomenzaron los contactos y se decidió como fecha de la coronación el 2 de febrero, fiesta de la Purificación de la Virgen, en la Basílica Vaticana. El papa requirió a los obispos alemanes que contribuyeran a los gastos del viaje a Roma y hasta envió al cardenal Juan de Tusculum, el único que recibió la púrpura durante el pontificado de Honorio como legado a Alemania, Suecia y Rusia y otros países nórdicos para que acelerasen la expedición italiana del rey, pero la guerra de Rodolfo contra el conde Eberhard de Wurtemberg y otras disensiones lo impidieron. El legado presidió un concilio nacional en Würzburg, que comenzó el 16 de marzo de 1287. Los decretos que salieron son prácticamente los mismos que los del concilio general de Lyon de 1274.

Las dos grandes órdenes mendicantes que entonces ejercían una gran influencia, tanto como pastores de los fieles como profesores de las grandes cátedras de Europa, recibieron grandes privilegios de Honorio IV. También aprobó los privilegios de los Carmelitas y de los Agustinos Ermitaños permitiendo a los primeros que cambiaran su hábito a rayas por uno blanco. Le gustaban especialmente los Guillermitas fundados por Guillermo duque de Aquitania (m. 1156)) añadiendo muchos privilegios a los que ya les había concedido Alejandro IV y Urbano IV, además de entregarles algunos de los monasterios benedictinos abandonados, les regaló el monasterio de S. Pablo en Albano, que fundó y dotó generosamente él mismo cuando era aun cardenal . El 11 de marzo de 1286 condenó a la secta de los Apostólicos o falsos apóstoles, puesta en marcha por un tal Segarelli en Parma en 1260. En la Universidad de París defendió la fundación de cátedras de lenguas orientales para que los que iban a tratar de convertir a los musulmanes e intentar la vuelta a unión de las iglesias cismáticas orientales.


Bibliografía

PROU, Les Registres d'Honorius IV, recueil des bulles de ce pape, publiees ou analysees d'apres le manuscrit original des archives du Vatican (Paris, 1887-89); PAWLICKI, Papst Honorius IV., eine Monographie (Munster, 1896); REDLICH, Regesta Imperii, Die Regesten des Kaiserreichs unter Rudolph, Adolph, Albrecht, Heinrich VII. 1273-1313 (Innsbruck, 1898).


Michael T. Ott.


Transcrto por Herman F. Holbrook. "Sin cesar se elevaban oraciones de la Iglesia a Dios por Pedro."


Traducido por Pedro Royo