Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Jueves, 21 de marzo de 2019

La Virgen de las Mercedes y el ataque pirata a Lima en 1615

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar
05404007.jpg
05414002.jpg

"El año 2015 se celebró el cuarto centenario de un acontecimiento importante en la historia de la Ciudad de los Reyes y un hito importante en la historia de la Orden de la Merced en el Perú: El Patrocinio de Nuestra Madre de la Merced sobre Lima y el Puerto del Callao.

El prodigio sucedió en “la víspera” del día de la Magdalena, el 21 de Julio de 1615, en el llamado por entonces “Mar del Sur”. El Virreinato del Perú empezaba a ser objetivo desde el siglo XVI de los reinos enemigos de España, y en busca de las riquezas obtenidas en los dominios hispánicos del Nuevo Mundo emprenden expediciones para hacerse de ello. El temor ante una invasión de corsarios era evidente en la Sociedad virreinal, ya que no solo saqueaban los puertos y las ciudades, sino que podían matar a la población así como profanar los templos y Monasterios.

El corsario holandés Joris Van Spilbergen incursiona en 1615 en el Océano Pacifico, accediendo a él por el Estrecho de Magallanes con seis naves. Su paso por el continente fue terrible, ya que atacaron a su paso Rio de Janeiro y Santa María en Argentina y llegando al pacifico dejó graves daños en los puertos de Chile. Acercándose al Virreinato del Perú, el Virrey Príncipe de Esquilache envió 7 pequeños navíos para combatirlo frente a Cerro Azul (Cañete) el 7 de Julio; donde lamentablemente vencieron los holandeses, era un 18 de Julio. La noticia de la derrota corrió rápidamente hasta la Ciudad de los Reyes, donde causó gran pánico entre la población ya que su objetivo era el Puerto del Callao, el más importante del Virreinato, el que por aquellos años no tenía mayor defensa para enfrentar la escuadra de corsarios.

La conmoción originó una ola de religiosidad sin precedentes hasta aquel momento, El Arzobispo de Lima pidió que se expusiese el Santísimo Sacramento y acudió toda la población a implorar en los diversos templos la misericordia Divina. Mientras tanto, el Virrey determinaba formar los cuerpos de milicias donde hasta los frailes de diversas órdenes formaron compañías militares para defender de los luteranos a los monasterios de monjas. Llego el 21 de Julio de 1615 y se esparció el rumor que los cosarios irían a destruir los templos y profanar el Sacramento.

La población del Callao huyo hacia Lima y los pocos que quedaron, aparte de las milicias que resistirían el desembarco, fueron acogidos en el templo de la Merced por Fray Gonzalo Díaz de Amarante y a quienes exhorto para resistir el ataque dentro de la iglesia de su Convento rezando bajo su guía. Por fin, el Cosario entro al puerto a las tres de la tarde, Tres mil hombres apostados en la playa estaban prontos a impedir su desembarco y el único cañón del Puerto estaba a punto de disparar.

Es en este contexto y estos momentos de gran angustia, Dios se digna escuchar las plegarias de sus hijos de Lima y el Callao. Tres personas de vida virtuosa son testigos y podría decirse fueron los que invocaron de manera puntual la misericordia de la Divina Providencia: Un lego mercedario, una laica franciscana y una laica dominica.

Fray Gonzalo Díaz de Amarante, Lego de la Orden de la Merced, luego de reunir a toda la población desvalida del puerto en la iglesia de su Convento y en momento de profunda oración ante el altar de Nuestra Santísima Madre “Quedó en un rapto el siervo de Dios, centellando como un fuego su rostro”.

Luego de un tiempo, ingresaron a la iglesia algunos hombres que se preparaban a impedir el desembarco “dando voces de contento de que se iban haciendo a la mar los navíos holandeses”. Al llegar esta feliz noticia, Fray Gonzalo sale de su rapto y a viva voz dice: “Madre de Misericordia, abogada de los pecadores, que así templas el justo enojo de tu Hijo airado contra nuestras culpas” dando luego todos, las merecidas gracias a Dios y María “por las mercedes que con toda la cristiandad de aquel reino había hecho”.

Doña Isabel de Porras, terciaria franciscana era una mujer virtuosa, quien este día tuvo un rapto en el cual fue ilustrada por Dios sobrenaturalmente, declarando luego el suceso vivido a su confesor, “Vio a Nuestra Señora de las Mercedes, vestida de blanco y con el escudo de la orden en el pecho, descendiendo en una nube resplandeciente de blancura y rodeada de ángeles sobre la Ciudad, mirándola con agradable semblante, mientras extendía su manto en ademan de ampararla”. Comprendió en ese instante D. Isabel lo que significaba aquella aparición, y no dudo en que la ciudad estaba segura con tal defensora.

Rosa de Santa María, terciaria de la orden de Santo Domingo, quien se encontraba en Lima, al enterarse de la noticia, salió de su habitual retiro y se puso en camino de la Iglesia de N. S. del Rosario, y alentando a las mujeres de la Ciudad a rezar junto a ella para alcanzar el milagro de impedir el desembarco y las terribles consecuencias sobre Lima. Como los rumores eran alarmantes, Rosa, al anochecer estaba preparada para enfrentar a los luteranos no solo con la oración, sino con su propia vida para defender al Santísimo Sacramento, y no abandonaría el templo hasta ofrendar su vida. A su madre María de Oliva, le afirmó que los iba a “rendir a todos” con el rosario que tenía en sus manos.

Nadie reconocía a la – hasta aquel entonces - frágil y silenciosa terciaria, que en ese momento parecía una fiera amazona, quien acortando sus hábitos y sacándose los chapines esperaba con inusitada valentía la llegada de los herejes. Según Fray Leonardo Hansen, Rosa refirió con estas palabras su firme deseo de padecer el martirio en defensa de su amado Jesús: “... pues he de luchar y morir por el divino Sacramento. Así mas brevemente subiré sobre el altar y allí expondré mi cuerpo como un escudo, para que reciba los golpes y las heridas que tiraren los herejes al cuerpo de mi Señor Jesucristo, sin apartarme un punto, hasta que pasado por muchas partes el cuerpo con las picas y alabardas de los impíos enemigos de la fe, caiga muerta en el altar. Yo rogaré a los herejes que no me quiten la vida de un golpe, sino que poco a poco me vayan desmembrando y me vayan haciendo menudos pedazos y dividiendo cada miembro en pequeñas partículas, con el fin de que todo el tiempo que en esto se ocuparen se detengan en ejecutar las injurias, que temo ¡ay de mí! Han de hacer después a mi dulce esposo”.

Es este hecho el que ha llevado a tenerla por especial protectora de Lima, siendo representada con un ancla en la mano y la silueta de una ciudad sobre sus uñas, encarnando la esperanza ante cualquier ataque o peligro natural o espiritual. Sin duda alguna puede decirse lo mismo que el ángel exclama en la comedia “La Rosa del Perú” de Agustín Moreto (1676).

"Rosa, por tu intercesión Dios quiere que no padezca Lima la invasión de tantos Enemigos de su iglesia”.

Así sucedió en realidad, Dios protegió a Lima y el Callao por medio de Santa María de la Merced, pues el Corsario sin intentar el menor daño, levo anclas y se alejó del Puerto del Callao, viéndose felizmente libre el Presidio y la Ciudad de Lima del ataque.

Lima no se olvidó de la singular protección de la Madre de Dios de la Merced, y viviendo en la memoria de sus habitantes esta victoria de María, no dudaron en acudir a Ella el año 1730 ante la esterilidad de los campos del Valle; Así consta en el libro de Actas del Cabildo de Lima, en el cual juran a Nuestra Señora por Patrona de los Campos de la Ciudad: “…También recibió esta Ciudad el beneficio de esta divina Señora por el mes de julio de 1615, en que intentaron invadir el presidio del Callao once navíos corsarios holandeses, en que hallándose sin defensa, invocaron su patrocinio y acudió prontamente su clemencia al socorro de este trabajo, apareciéndose acompañada de numerosos ángeles, vestida con el sagrado habito de su Orden y mirando con semblante benigno a la ciudad, la protegió extendiendo su piadoso manto y arrojó del puerto a los enemigos…”.

Por último, y para que el prodigio quedase en perpetua memoria de cuantos veneran a Santa María de la Merced en nuestra Patria, queda dedicado a este milagro el “Día segundo” de la Novena a Nuestra Señora de las Mercedes que todos los años se reza en su Fiesta en todas las casas de la Provincia Peruana. El texto es de sumo provecho para el alma piadosa, que al recordar este hecho histórico puede percibir la extraordinaria intercesión de María por los habitantes de Lima y el Callao:

“Oh amantísima Virgen María de la Merced, poderoso amparo de todo el género humano y con especial amor de la Ciudad de Lima, como lo experimentó cuando cercada de una infernal armada de herejes enemigos, viendo tu divina clemencia en tan formidable congoja del presidio sin defensa y la ciudad en peligro de verse poseída de herejes; te apareciste en una hermosa nube vestida del cándido habito, con la insignia sagrada de tu religión al pecho, cercada de una infinidad de hermosos ángeles; y mirando con alegre semblante la ciudad atribulada, llenándola de celestiales beneficios la amparaste, extendiendo sobre ella tu glorioso manto y arrojando sobre los herejes enemigos, unas densas tinieblas, de tal suerte los atemorizaste que picando los cables y dejando en el puerto las anclas, salieron huyendo de tan gran poder. Por esta dulce caridad con que entonces defendiste la Ciudad de Lima, te suplicamos dulce Señora, nos ampares siempre, bajo tu protección poderosa, y nos defiendas de tantos peligros como nos cercan, conservando en nuestras almas, con perseverancia final, la hermosa luz de la divina gracia…”.

Rubén Cabello (*)

(*) Nota del Director: Rubén es quien, por encargo de la Santa Iglesia Catedral de Lima viste a las vírgenes procesionales de la arquidiócesis y superviso el aderezo, adorno y decencia de los tronos procesionales,