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Miércoles, 11 de diciembre de 2019

Jean Talon

De Enciclopedia Católica

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Primer intendente nombrado para ese cargo en Nueva Francia, nació en Châlons-sur-Marne en 1625, hijo de Philippe y Anne Beuvy; murió en Versalles el 23 de noviembre de 1691. Después de estudiar en el colegio de los Jesuitas de Clermont, en Paris, optó por la carrera de administración militar, en la que se inició como comisario de guerra en Flandes (1654), donde actuó como intendente del ejercito de Turenne. Su éxito le ganó la admiración del Cardenal Mazarin y, en 1655, fue ascendido al cargo de intendente de la provincia de Hainaut. Luis XIV y Colbert estaban decididos a salvar a Canadá, que por entonces tenía grandes dificultades, Talon fue nombrado entonces intendente el mismo día que Courcelles asumió el cargo de gobernador de Nueva Francia (en marzo 23 de 1655). Ellos, junto con Tracy, teniente general de todas las posesiones francesas en América, constituyeron un poderoso triunvirato. Talon poseía las más amplias facultades que abarcaban la justicia, la policía y las finanzas. Al llegar a Québec, en 1665, comenzó de inmediato la colonización en los alrededores. En 1666 realizó el primer censo canadiense que arrojó un resultado de apenas 3.215 almas. Si se hubiera adoptado su política de colonización, Nueva Francia habría alcanzado una población de 500.000 habitantes para 1760, en lugar del corto número de sólo 60.000. Talon compartió la gloria de la expedición de Tracy y Courcelles contra los Iroquies (en 1666), gracias a la preparación que sin él no habría sido posible. Al expirar su período de dos años, aceptó permanecer en su cargo. El anexar los Nuevos Países Bajos al dominio francés, como se lo había sugerido a Colbert, fue una idea que no contó con la aprobación del rey. Colaboró (en 1666) en la reorganización del Concejo Soberano y en la reforma de los tribunales menores. Con su plan de agrupar a los colonizadores alrededor de la ciudad, se habría contado con un cuerpo de militares voluntarios que habrían prestado sus servicios con el refuerzo de las tropas regulares. Los tres años de la administración de Talon le habían dado una nueva cara al país. La agricultura había progresado, se había desarrollado la pesca de bacalao y foca, los astilleros comenzaron a progresar y se inauguró el comercio con las Antillas.

Al regresar a Francia (en 1668) se esforzó por promover los intereses canadienses. Nombrado de nuevo en 1670, trajo con él el libre comercio. Envió exploradores al norte, al oeste y al sur. St-Lusson tomó posesión del Lago Superior. Se construyeron fuertes y se abrió la ruta de Kennebec, entre Quebec y Acadia, devuelta más tarde a Francia por el Tratado de Breda. El padre Albanel y sus seguidores llegaron a la Bahía James y plantaron allí la cruz en el extremo norte. Jolliet, a quien Talon había encargado encontrar el paso noroccidental, descubrió el río Mississippi. Por licitaciones de Talon, Nueva Francia puso su sello en las tres cuartas partes de América del Norte. Regresó a Francia en 1672, después de haber creado, durante sus últimas semanas en el cargo, muchas señorías para oficiales del regimiento Carignan, contribuyendo así al desarrollo de la colonización y a la fundación de una aristocracia. Durante los siete años que permaneció en su cargo, Talon había realizado el programa que se había trazado en 1665. Al establecer instituciones administrativas y judiciales que se prolongaron durante todo el régimen francés, al fomentar la industria y el comercio y promover las obras de beneficencia, al crear nuevos centros de población y fortalecer las fronteras de la colonia, preparó el terreno, con sorprendente visión, al desarrollo futuro del país y ocupa lugar principal entre los forjadores de Canadá. Luis XIV lo nombró Conde de Orsainville (en 1675), honrándolo con varias distinciones importantes y un espléndido sueldo. Con gran generosidad, Talon prestó su ayuda a Jacobo II en sus esfuerzos por recuperar su trono y ayudó igualmente a los exilados seguidores de los Estuardo. Con la influencia natural del espíritu galo de su época, tendía a sobredimensionar la autoridad real en su actitud centralizadora y dominadora hacia la Iglesia. Su celo excesivo por la prosperidad económica del estado lo llevó a resentir, sin razón, las sabias restricciones impuestas por el Obispo Laval en el tráfico ilegal de licor practicado por los indios.

FERLAND, Histoire du Canada (Quebec, 1892); GARNEAU, Histoire du Canada (Montreal, 1882); ROCHEMONTEIX, Les Jesuites et la Nouvelle-France (Paris, 1896); CAAPAIS, Jean Talon (Quebec, 1904).

LIONEL LINDSAY Trascrito por Thomas M. Barrett Dedicado a la memoria de Jean Talon Traducido por Rosario Camacho-Koppel www.catholicmedia.net