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Sábado, 31 de octubre de 2020

Henry Essex Edgeworth

De Enciclopedia Católica

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Mejor conocido como Abad de Edgworth de Firmont. Fue confesor de Luis XVI y vicario general de la Diócesis de París en las fases culminantes de la Revolución Francesa. Nació en Edgeworthstown, en el condado de Longford, Irlanda, en 1745; murió el 22 de mayo de 1807 en Mittau, Rusia.

Su padre, el Reverendo Robert Edgworth, rector protestante de Edgeworthstown, o Mostrim, fue primo de Richard Lowell Edgeworth, padre de María Edgworth, el novelista. Su madre fue nieta del Arzobispo Protestante Ussher. El Reverendo Robert Edgworth era dueño de tierras en Firmount, o monte Fairy, que se encontraba a una pocas millas de Edgeworthstown, en donde residía la rama más antigua de la familia Edgeworth.

Los Edgeworths tenían descendencia inglesa, y fueron a Irlanda, el reino de Elizabeth. El título de “Edgeworth de Firmont” por medio del cual el abad fue universalmente conocido en Francia, se derivaba de Firmount, un patrimonio ancestral de su familia. Se cree que la casa de la vicaría de Edgeworthstown, donde pasó su infancia, era la misma en la cual Oliver Goldsmith, fue a la escuela con el Reverendo Patrick Hughes.

El Reverendo Robert Edgeworth por medio de motives conscientes que llegó a tener, renunció a su medio de vida, abrazando la religión católica, y encontró que la vida no era soportable en casa debido a leyes penales. Junto a su familia, que toda llegó a ser católica, fue a Tolosa, en Francia, donde Henry Essex, que en ese entonces tenía cuatro años de edad, recibió su capacitación eclesiástica.

Subsecuentemente fue al seminario de Trente-Trois, en París, bajo la influencia del Obispo Moylan de Cork (que una vez fue cura en París). Luego de un curso de teología en la Sorbonna, Henry Essex Edgeworth fue ordenado sacerdote y la capital francesa fue el escenario para sus actividades apostólicas. Los obispos irlandeses le ofrecieron una “mitra” en Irlanda, un honor que declinó con base en su acostumbrada humildad.

A raíz de la remoción del confesor de Elizabeth, la hermana enferma de Luis XVI, se requirió al superior de las Misiones Extranjeras, donde residía el abad, que recomendara otro confesor. Sin titubeos, se nombró al Abad Edgeworth. El Arzobispo de París aprobó el nombramiento y la presentó en la corte. Esa fue la base sobre la cual fue reconocido por la familia real y se hizo amigo de ella. Cuando su fortuna les fue adversa, él se mantuvo con ellos aún a costa de su propia vida, fue sobreviviente de la revolución y fue al exilio, muriendo ejecutando sus servicios.

Cuando el Arzobispo de París tuvo que huir en 1792, a fin de salvar su vida, le dio al Abad Edgeworth todos sus poderes, haciéndole un Gran Vicario y confiándole a su cuidad la Diócesis. En respuesta a lo que sus amigos pedían en cuanto a buscar seguridad en Irlanda e Inglaterra, el Abad replicó: “Dios Todopoderoso ha establecido sus medidas y me ha atado a esta tierra, a sus horrores mediante cadenas que no romperé. El caso es este: el jefe en su miseria (el rey) me indicó sobre no abandonar el país. Yo soy el sacerdote que le preparará para la muerte. Y como esta nación se prepara para llevar a cabo este acto de iniquidad, yo también me preparo para morir. Estoy convencido que la furia popular no me dejará sobrevivir una hora más luego de la tragedia con el rey. Pero estoy resignado. Si mi vida pudiera salvar la de él, gustoso la daría; sabría que no moriría en vano” (carta al señor Maffey, sacerdote de Londres).

Finalmente, el 20 de enero de 1793, el Abad fue encomendado a ver al Rey Luis “Luis Capet”, quien moriría el día siguiente. El abad, estuvo en el templo toda la noche, y dio Misa en el apartamento del rey en la mañana de la ejecución. Se sentó junto al monarca en el carruaje que lo conduciría al patíbulo. Cuando la guillotina iba a caer en su cuello, el consoló diciendo: “Hijo de San Luis, asciende al cielo”.

Este relato gráfico sobre los últimos momentos de Luis XVI tiene su original en francés, en el Museo Británico. Al preguntársele al Abad, si él había utilizado esas palabras, en esos momentos cruciales, nuestro personaje se negó a afirmar o negar. Indicó que no tenía memoria de haber dicho o no, esas palabras finales al monarca ejecutado.

Se le permitió partir de la escena de ejecución sin ser molestado. De esa manera escapó. Pero luego fue perseguido y tuvo que buscar refugio en Bayeux, lugar desde el cual hubiese escapado a Inglaterra. Tres motivos, no obstante, le retuvieron en la tierra de los horrores: su madre y hermana aún vivían en París, Madame Elizabeth estaba en prisión y él le había prometido que no la abandonaría, y tenía una Diócesis a su cuidado.

Vestido como un ciudadano normal, se hizo pasar con el nombre de Essex, ahora Edgeworh, y luego como Henry. De esas manera pudo evitar la captura y la guillotina, hasta que finalmente en agosto de 1796, luego de la muerte de su madre, y de la ejecución de Elizabeth, escapó a Portsmouth y llegó a Londres.

El señor Pitt le ofreció una pensión de por vida, pero él declinó respetuosamente. Durante los tres meses que estuvo en Londres, fue reconocido por la sociedad del lugar. Su hermano Ussher, quien residía en Firmount, y sus parientes en Edgeworthstown, estuvieron orgullosos de su fama y reconocimiento; estaban ansiosos de verlo. Estaba revisitando la tierra donde había nacido, cuando recibió despachos de Luis XVIII, que en ese entonces se encontraba en Blankenburg.

Esta situación cambió sus planes. Resolvió estar al lado del rey en el exilio como su capellán, yendo luego con la familia real a Mittau, Rusia, donde estuvo por el resto de sus días, reverenciado y siendo sujeto de honores. El Emperador Paulo, estableció una pensión de 500 rublos anuales para el Abad.

Cuando Napoleón invadió Rusia en 1807, sucedió que algunos soldados franceses fueron hechos prisioneros y enviados a Mittau. Una fiebre contagiosa se desató entre ellos, y al atender sus necesidades espirituales, el Abad Edgeworth, quien tenía una constitución débil, cayó víctima de la plaga. La hija de Luis XVI, a pesar del gran riesgo de contagio, asistió día y noche al enfermo, quien “estando inválido y enfermo, era más que un amigo, quien había sido fiel a su país y familia”, para utilizar las palabras que utilizó la distinguida dama. Fue sepultado en Mittau. Luis XVIII escribió su epitafio, una copia del cual junto con una carta de condolencia, fue enviada por órdenes de Luis a Ussher Edgewoth, hermano del Abad que residía en Irlanda.


C. S. EDGEWORTH, Memoirs of the Abbé Edgeworth; containing the Narrative of tha Last Hours of Louis XVI (London, 1815); THIERS, Histoire de la Révolution française (1827); R. L. EDGEWORTH, Memoirs (London, 1820); WEBB, Compendium of Irish Biography (Dublin, 1878); GORDON, Five Unpublished Letters of l'Abbé Edgeworth de Firmont in The Tablet (London, 28 April, 1900).


JOSEPH GUINAN. Transcripción de W.G. Kofron Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes Con gratitud hacia Fray John Hilkert, Akron, Ohio