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Domingo, 17 de noviembre de 2019

Frederico I

De Enciclopedia Católica

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Federico I (Barbarossa).

Rey alemán y emperador romano, nacido ca. 1123 y muerto el 10 de junio de 1190, hijo de Federico de Suabia (m. 1147) y de Judit, hija de Enrique el Negro. Relacionado por su madre con los Güelfos parecía destinado a lograr la reconciliación con los Gibelinos. En 1146 ya atrajo la atención pública por la guerra victoriosa contra el Duque Conrado de Zähringen.

El 4 de marzo, tras haber sido designado como suceso por Conrado III, fue elegido rey de Alemania, sin oposición y fue coronado en Aquisgrán el 9 de marzo. Tenía a Carlomagno como ideal de emperador alemán, determinó extender al máximo su supremacía. Esto explica su política eclesiástica. Con una asombrosa firmeza persiguió sus propósitos con espíritu atrevido. Aunque no era muy culto, nos sorprende por la claridad e inteligencia de su discurso, Portu rápida intelección y decisión y por su política bien razonada y lógica. Era un gobernante nato que consideraba su deber conseguir para sus súbditos el beneficio de la paz. Combinaba majestuosa apariencia personal con una atractiva amabilidad. Calculador y astuto, a veces tenía arrebatos pasionales sin control, aunque era suficientemente dueño de sui mismo para controlar su ira si lo que quería conseguir se ponía en peligro pro sus explosiones. Tal personaje excitaba la admiración e y la confianza.

El sentido de la unión nacional que creció de tantas rivalidades entre los ejércitos creó en el entusiasmo por la empresa. Federico halló en público el apoyo que le faltó a sus dos predecesores. Los alemanes amaban a su rey, que pronto, tras su coronación, visitó las varias partes de su reino tratando de poner paz interior. No había razones por las que los príncipes seglares se opusieran al nuevo rey elegido: su mente naturalmente conservadora sabía como tratar con las fuerzas existentes. De estos príncipes, que casi tenían poder soberano, solo pedía respeto por el orden existente.

Intentó unir los intereses de los príncipes alemanes, especialmente los de los Güelfos, con los intereses del imperio. El partido gregoriano jerárquico estaba en completa descomposición. Federico no tenía miedo de sufrir oposición radical por parte de los obispos a su política sobre la Iglesia, porque la insatisfacción con la administración papal estaba entonces muy extendida en Alemania. Tuvo éxito en recuperar la influencia ejercida anteriormente por el rey alemán e la selección de obispos.

Había entonces muchos hombres poderosos entre el clero alemán, entre los se sobresalía el Prevoste de Hildesheim, Rainald von Dassel, consagrado obispo de Colonia en mayo de 1156 y nombrado canciller del imperio. Durante once años fue el más fiel consejero de Federico. Rainald era un formidable oponente para el papado, en él casi desaparece el obispo para dejar paso al estadista. Con un carácter similar al de Federico, apoyó vigorosamente la política anti - jerárquica del emperador.

Otro prelado, también inamovible partidario del emperador, era Wichmann, arzobispo de Magdeburgo, más soldado que obispo y promovido al margen del orden canónico de la sede de Zeitz al arzobispado de Magdeburgo. Apoyado así por los diferentes estaos del imperio, Federico intentó que el poder de la corona fuera lo más independiente posible. Y lo hizo fomentando vigorosamente los intereses de su casa ancestral. Los administradores de su propiedad familiar, los ministeriales, no solo manejaban grandes estados sino que eran un cuerpo de guerreros siempre preparados.

Las negociaciones entre el rey y el papa sobre el nombramiento a la sede de Magdeburgo reveló por primera vez la radical diferencia entre las políticas del Estado y de la Iglesia. Durante las tormentosas controversias, precursoras de la tempestad que se cernía, Federico vio reforzada su postura sobre la superioridad del poder real sobre el papal principalmente por la interrelación con los juristas principales de la universidad de Bolonia. La concepción de la dignidad del emperador romano que le presentaban esos juristas, confirmaba su idea sobre la supremacía del rey alemán sobre la Iglesia, que él basaba en los derechos ejercidos por ellos durante el período carolingio.

Toda la política interna y externa de Federico estaba controlada por la idea de restaurar el antiguo imperium mundi.

En el Norte de Italia donde muchos concejos habían prosperado y adquirido independencia, la primitiva supremacía imperial había desaparecido. Federico no vio que en estas ciudades se estaba desarrollando un nuevo factor político y se equivocó en el poder de resistencia de estas repúblicas municipales. Preocupado solo por las ventajas inmediatas intentó recuperar las regalia (ingresos y beneficios por las sedes vacantes) que las ciudades usurparon gradualmente, para utilizarlas en imponer su política imperial. La conducta de Federico en el norte de Italia y la concepción equivocada de las relaciones entre Iglesia y Estado iban producir conflictos con le papado.

El papa se veía forzado en el conflicto por la supremacía en el norte de Italia a demostrar que era capaz de defender su posición de igualdad con el rey que la Sede Pontificia había adquirido y de esta manera conseguir una completa victoria sobre el emperador. El rey, hombre profundamente religioso, estaba verdaderamente convencido que los poderes secular y eclesiástico debían cooperar entre ellos, pero dejó claro que hasta el papa debía respetarle como su señor imperial. Si Federico se hacía dueño de Italia, el papa tendría que admitir su supremacía. Al principio parecía probable el triunfo de Federico. El papa necesitaba la ayuda alemana. Amenazado por los Normandos en el exterior ni siquiera estaba seguro en su propia ciudad, que se gobernaba por un senado elegido por voto popular y que toleraba al revolucionario Arnaldo de Brescia dentro de sus murallas. En estas circunstancias se firmó el Tratado de Constanza entre el papa ay el rey (marzo 1153), dirigido contra los enemigos del papa tanto en Roma como en el sur de Italia. En compensación el papa prometía a Federico coronarle como emperador y ayudarle contra sus enemigos.

En octubre de 1154 Federico comenzó su viaje hacia Roma. Debido a la debilidad de su ejército el rey no pudo vez someter el norte de Italia ni ciudad rebelde de Milán. En 1155siguió con su ejército hacia Roma, donde se encontró con el papa electo Adriano IV que apenas podía mantenerse en Roma y esperaba ansiosamente la llegada del rey alemán. Federico no pudo establecerse de una establecer un orden permanente en Roma. El Tratado de Constanza que prometía al papa ayuda contra los normandos y contra los romanos, no se cumplió. El 18 de junio de 1155 después de haber entregado en las manos del papa a Arnaldo de Brescia, Federico fue coronado emperador romano a pesar de la oposición de los romanos rebeldes.

En el sur, como en el norte de Italia, Federico no avanzó mucho durante esta expedición. En los años 1155 – 1158 Federico alcanzó la cima de su poder y salvaguardó enérgicamente la tranquilidad de su reino. La cuestión bávara, tan difícil y con inminente peligro de guerra se solucionó con éxito. Enrique Jasomirgott rindió Baviera a Enrique el León y a cambio recibió Austria como un ducado independiente, un paso lleno de consecuencias parara el futuro de Alemania.

La política de Federico también tuvo éxito en las fronteras orientales y occidentales de su imperio. Estableció su soberanía en Borgoña una vez que se separó de Adela von Bohburg, con el consentimiento de la Curia, y volvió a casarse con Beatriz la heredera de Borgoña. En la frontera oriental tuvo cada véz más éxito en germanizar y cristianizar a las tribus locales. En este aspecto Enrique el León fue el principal pionero de la futura política imperial. Federico mantuvo relaciones amigables con Dinamarca, Polonia y Hungría.

Impelido por una orgullosa conciencia de su autoridad, que halló la expresión en la Dieta de Würzburg (1157), emprendió una segunda campaña en Italia en 1158. Mientras tanto las condiciones habían cambiado allí. El papa se había convertido en aliado de los normandos en vez de su oponente. Las amigables relaciones entre papa y emperador habían sufrido un golpe después de la Dieta de Besançon (1157). En aquella ocasión, el legado papal había dicho que la dignidad imperial era un beneficio (beneficium) de los papas. La expresión era ambigua puesto que la palabra latina beneficium puede querer decir un beneficio personal o una concesión feudal.

Los indignados príncipes alemanes tenían razón, sin duda, al entender que era una afirmación de la superioridad de los papas sobre los emperadores. Negando esto tajantemente Federico defendió su soberanía imperial. Las relaciones entre emperador y papa se tensaron. El papa Adriano esta pensando en excomulgar al emperador cuando murió y la tensión se relajó.

Federico comenzó la campaña contra Italia solo con sus propias fuerzas. Milán caso tras un cerco el 7 de septiembre de 1158. En la Dieta de Roncaglia el emperador definió con precisión los derechos del imperio respecto a sus súbditos y ciudades, restaurando una fuerte soberanía con el nombramiento de oficiales imperiales (podestá) en las ciudades del norte de Italia. Su intención era restablecer la paz, pero los Lombardos no lo entendieron así y se rebelaron abiertamente. Durante la guerra con la ciudad de Cremona, se dio la disputada elección papal de 1159 y, como supremo protector de la cristiandad, Federico reclamó el derecho a decidir en ese asunto. Si conseguía imponerse, seria un aprueba de la supremacía del imperio. El sínodo de Pavía, reunido por Federico en febrero de 1160, decidió a favor de Víctor IV y enseguida, como protector de Víctor IV, se empeñó en ganar la causa a favor de este antipapa ante los gobernantes de Europa. Mientras tanto Milán se rindió (marzo 1162.) y recibió un pavoroso castigo.

Los éxitos del emperador suscitaban la envidia de otros gobernantes europeos. El papa Alejandro III animado con el espíritu de Gregorio VII, rehusó aceptar la supremacía imperial y alrededor de él se reunieron todos los enemigos de Federico.

El poder universal papal estaba destinado a triunfar sobre la idea de un poder imperial universal. Los gobernantes occidentales estaban resueltos a oponerse a cualquier intento de resucitar la hegemonía imperial en occidente. Federico fue dejado otra vez a sus propios medios y después de una breve estancia en Alemania emprendió otra nueva expedición contra Italia (1163).

La muerte del antipapa Víctor III creó la esperanza de una reconciliación entre Federico y Alejandro III, pero el emperador reconoció pronto al nuevo antipapa Pascual III.

Mientras tanto se iba fraguando una alianza anti –imperial, la Liga Lombarda, formada por las ciudades de Verona, Vicenza y Padua, a las que se unieron Venecia, Constantinopla y Sicilia.

Los problemas internos causados por el cisma impidieron al emperador ocuparse de la Liga. Parte del clero alemán se había puesto de parte de Alejandro III y Federico fue incapaz de hacer que se retractaran. Sin embargo dejó de nuevo Alemania (1166) pasando entre las desafectas ciudades del norte de Italia y, acompañado por el antipapa, entró en Roma, donde una fiebre destruyó a su ejército, mientras que a sus espaldas la Liga Lombarda se fortalecía. Siguieron unas largas negociaciones, intentando el emperador una vez más vencer a la coalición de la Liga y el papa Alejandro (1174). La gran batalla de Legnano (29 mayo 1176) destruyó las esperanzas imperiales, obligando a Federico a buscar las negociaciones de paz.

El resultado más importante del Tratado de Venencia (1177) fue el fracaso del emperador para establecer su supremacía sobre el papa. En reconocimiento de la completa igualdad de Alejandro, que ahora reconoció como papa, Federico confesó la derrota de las pretensiones imperiales.

Mientras Federico luchaba en el norte de Italia, el líder de los Güelfos, Enrique el León, se había negado a prestarle asistencia armada. Ahora se rebeló abiertamente contra Federico. Federico venció a Enrique y en adelante intentó impedir el fortalecimiento de sus poderosos vasallos dividiendo los ducados todo lo posible. Garantizó Baviera, sin Estiria a la casa güelfa de Wittelsbach, lo que renovó el feudo entre la casa de los Güelfos y los Hohenstaufen.

El Tratado de Constanza (25 junio 1183) entre Federico y los Lombardos privó al papa de sus aliados importantes, las ciudades del norte de Italia. Poco después, el hijo de Federico casó con Constanza, princesa normada de Sicilia. El papa estaba ahora amenazado por el norte y por el sur. Las relaciones entre papa y emperador aún empeoraron por la cuestión del ejercicio del Jus spolii y la recolecta de los diezmos por los laicos. La coronación del hijo de Federico, Enrique, como rey de Italia (27 enero 1186) llevó a una ruptura abierta.

La debilidad política del papado quedó contrapesada de alguna manera por el hecho de que Felipe de Heinsberg, arzobispo de Colonia, se convirtió en el campeón del papa, aunque Federico logró manejar hábilmente, con la ayuda de la mayoría de los obispos alemanes, el amenazador peligro.

La muerte de Urbano III y la elección de Gregorio VIII trajeron un cambio en las relaciones de la Curia con el Imperio, debido sobre todo a los terribles informas que llegaban de Tierra Santa.

En la Dieta de Maguncia de 1188 Federico tomó la Cruz y el 11 de mayo de 1189 salió hacia Palestina. El 10 de junio de 1190 murió repentinamente al cruzar a nado el río Salef en Asia Menor.


Bibliografía

SIMONSFELD, Jahrbücher des deutschen Reiches unter Friedrich I. (Leipzig, 1908), Vol. I, 1152-1158; PRUTZ, Kaiser Friedrich I. (Danzig, 1871-73); HAUCK, Friedrich Barbarossa als Kirchenpolitiker (Leipzig, 1898); WOLFRAM, Friedrich I. und das Wormser Konkordat (Marburg, 1883); SCHAEFER, Die Verurteilung Heinrichs des Löwen in Hist. Zeitschrift, LXXVI; SCHEFFER-BOICHORST, Kaiser Friedrichs letzter Streit mit der Kuria (1886).


F. Kampers.

Transcrito por WGKofron. En memoria de Fr. John Hilkert, Akron, Ohio -- Fidelis servus et prudens, quem constituit Dominus super familiam suam.

Traducido por Pedro Royo