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Sábado, 23 de febrero de 2019

Francisco de Paula González Vigil

De Enciclopedia Católica

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Introducción

Francisco de Paula González Vigil
Francisco de Paula González Vigil nació en Tacna el 13 de septiembre de 1792, en una etapa en la que esa ciudad sureña crecía en importancia y gozaba de cierta prosperidad económica, sobre todo porque su ubicación geográfica la convertía en punto de paso en diversas rutas comerciales, principalmente en lo referido a la producción minera y textil. Fue el hijo primogénito de Joaquín González Vigil, administrador de correos y tabacos, y de María Micaela Yáñez, perteneciente ella a una familia de antigua raigambre tacneña.

Para entender su vida resulta útil distinguir seis grandes periodos: el primero fue el de su formación personal y académica, que se desarrolló entre Tacna, Arequipa y el Cuzco; el segundo transcurre entre 1815 y 1826, durante el cual abrazó el sacerdocio y se dedicó a tareas educativas en diversas localidades, pero fundamentalmente en Arequipa; el tercer periodo se desarrolla entre 1826 y 1840, que está caracterizado por su intensa actuación política, al igual que por su crisis religiosa; el cuarto periodo es el de su mayor producción intelectual, entre 1840 y 1851; el quinto, que abarca las décadas de 1850 y de 1860, caracterizado también por la aparición de muchas de sus publicaciones, tuvo sin embargo como característica fundamental la abierta rebeldía contra el Papa; y el sexto periodo comprende los últimos años de su vida, durante los cuales siguió publicando incansablemente .

Su formación

Pedro Jose Chavez de la Rosa.jpg
Cursó en Tacna los estudios elementales, trasladándose a Arequipa en julio de 1803, donde ingresó como pensionista en el Seminario Conciliar de San Jerónimo, el cual tenía por entonces notable prestigio, a raíz de la reforma que en él emprendió el célebre obispo Pedro José Chávez de la Rosa. Tuvo allí entre sus maestros a Francisco Javier de Luna Pizarro y a Mariano Melgar . No consta que su primera intención hubiera sido la de dedicarse a la vida sacerdotal, ya que numerosos eran los alumnos que cursaban estudios allí sin el objetivo de la ordenación. En sus varios años de formación académica en Arequipa estudió Latinidad, Matemáticas, Filosofía y Teología, y no tardó en ser considerado el alumno más brillante del Seminario. En 1811 se le otorgó en la misma institución la cátedra de Gramática y la prosecretaría. Al año siguiente se trasladó al Cuzco, en cuya Universidad de San Antonio Abad le fueron aceptados sus estudios anteriores, optando allí, el 12 de septiembre de 1812, el doctorado en Teología. Regresó luego a su Tacna natal, pero en 1815 se trasladó nuevamente a Arequipa. Asumió en el Seminario de San Jerónimo la cátedra de Filosofía y Matemáticas. En 1819 recibió la ordenación sacerdotal, continuando paralelamente su vida académica, ya que poco después asumió la cátedra de Teología y el vicerrectorado. Dejó su dedicación académica en el Seminario en 1823, volviendo a Tacna .

Vigil y el sacerdocio

José Sebastián de Goyeneche y Barreda
Han sido muchas las opiniones vertidas con respecto a Vigil y el sacerdocio. Algunos autores han señalado que no tuvo una verdadera vocación sacerdotal; otros han afirmado que sí la tuvo, y que las dudas con respecto a su estado, y con respecto a la propia fe, le surgieron varios años después de su ordenación, cuando ya estaba dedicado a actividades políticas. El mismo Vigil relata que cuando en 1815 se le propuso recibir el diaconado, “aterrado a la vista de lo que iba a hacer, me fugué la víspera de la ordenación” . Se ha interpretado que fue su respeto a la fe y al estado sacerdotal el que le habría hecho tomar esa decisión, al sentirse indigno de tal ordenación . En ese sentido, Jorge Guillermo Leguía supone que por entonces Vigil no habría tenido ninguna duda de fe, y que su negativa a ordenarse en ese momento habría sido fruto de su delicadeza de espíritu, al no creerse digno del sacerdocio . Posteriormente sufrió una enfermedad, y tras superarla pidió ser ordenado, sin que exista evidencia de coacción en esa decisión. Recibió la ordenación de manos del obispo José Sebastián de Goyeneche. Ejerció su ministerio, celebrando misa, confesando y dedicándose a otras actividades pastorales. Dado que su frágil salud le hacía difícil el dirigir una parroquia, postuló -sin éxito- a la canonjía magisterial en el cabildo eclesiástico de Arequipa en 1822. Al año siguiente –como ya se ha referido- volvió a Tacna, dejando el vicerrectorado del Seminario de Arequipa, al igual que su cátedra . Dos años después viajó a Chile por razones de salud, volviendo luego a Tacna. En 1831 recibió el doctorado en Derecho en la Universidad de Arequipa, en razón de haberse contado entre los miembros fundadores de la Academia Lauretana. En la misma ciudad asumió el rectorado del colegio de la Independencia, cargo que ejerció durante tres años, combinándolo con sus tareas parlamentarias en Lima. En 1832 votó a favor de la ley que disminuyó ciertas contribuciones de los párrocos a sus obispos, lo cual causó especial desagrado a monseñor Goyeneche, obispo de Arequipa y anterior protector de Vigil. Además, durante la Convención de 1834 se contó Vigil entre los que promovieron una resolución legislativa que dispusiera el destierro y la confiscación de bienes de Goyeneche , con lo cual se manifestó de modo más rotundo su distanciamiento de la jerarquía de la Iglesia .

Si bien mantenía su condición sacerdotal, debe destacarse en Vigil la coherencia de sus posiciones, ya que en varias oportunidades rechazó funciones y dignidades eclesiásticas que le fueron ofrecidas por los gobiernos, a pesar de las dificultades económicas que tuvo que afrontar. Como él mismo afirmó, desde esos años quedó simplemente como “hombre y ciudadano”; o, al decir de González Prada, como un “clérigo laico” .

Vigil y la política

La otra faceta fundamental de Vigil es la política. Fue un hombre de clara vocación política, la cual fue demostrada incluso antes de su ordenación sacerdotal: en 1813 pronunció en la iglesia de Tacna una arenga popular con ocasión del establecimiento del primer ayuntamiento de esa ciudad. Esa actuación le dio cierta fama, al igual que estima entre sus paisanos. Sin embargo, por esas fechas no manifestó Vigil ninguna simpatía por la causa separatista frente a la autoridad virreinal. Al contrario, consideró que podrían ser muy graves las consecuencias de una separación de España, manifestándose partidario de reclamar importantes reformas a las autoridades metropolitanas, sin cambios en la estructura política . Al igual que muchos otros personajes de esos convulsionados años, el temor frente a los posibles riesgos de una eventual emancipación hizo que Vigil se alineara en la defensa del rey. Sin embargo, cuando años después la Independencia fue ya un hecho, terminó siendo un convencido republicano, y un tenaz defensor de los derechos del Perú como Estado soberano. Esta evolución personal en cuanto a sus concepciones políticas no puede verse como manifestación de oportunismo, sino como prueba del drama interior que muchos peruanos vivieron ante la incertidumbre del cambio político. Su propio testimonio -escrito mucho después- es muy revelador:

Agustín Gamarra
"Yo no tuve la gloria de añadir mis esfuerzos a los Padres de la Patria, a los de los hombres del año 21, por el logro de la Independencia. Dedicado enteramente a los estudios, bajo la dirección de hombres de buena fe y recto corazón pero de conciencia extraviada en este punto, que extraviaban también otras conciencias, predicando el derecho divino de los Reyes, yo no pensaba (por ese tiempo) en otra cosa ni me fue permitido ver la luz .

Su dedicación mayor a la vida política se inició en 1826, cuando se trasladó a Lima, por haber sido elegido el año anterior, junto con Hipólito Unanue, diputado por Arica. La llegada a la capital y su participación en el Congreso supusieron el inicio de una nueva etapa en su vida, y la aparición de muchas de sus posteriores inquietudes. El mismo Vigil lo recordaba del modo siguiente:

“(…) desde que vine a la capital de la República, después de conseguida la independencia, nuevo teatro, nuevas ideas me iban transformando poco a poco. Mi espíritu recorría otros espacios: dejé en libertad mi razón, este inapreciable don de Dios, pensé y vi, medité, me desengañé, y no quise apagar la luz que a muchos serviría” .

Durante treinta años casi ininterrumpidos fue representante en el Congreso. En 1826 se alineó con Francisco Javier de Luna Pizarro –sacerdote y liberal, como Vigil- y con otros liberales en la reacción contraria a la Constitución vitalicia de Bolívar, sufriendo deportación. Integró un grupo minoritario de diputados liberales que de modo valiente se opuso a Bolívar en uno de sus momentos de mayor gloria .

Participó en la elaboración de la Constitución de 1828, promulgada por el presidente La Mar. En realidad, durante las décadas de 1820 y de 1830 fueron Vigil y Luna Pizarro los principales dirigentes liberales del país, aunque sus discrepancias con los “hombres del orden” –los conservadores- estuvieron fundamentalmente referidas al respeto de los derechos constitucionales .

Luis José de Orbegoso y Moncada
Fue importante la actuación de Vigil en la acusación que planteó contra Agustín Gamarra –en noviembre de 1832- alegando que no había respetado determinadas garantías constitucionales. Siendo un tiempo en el que aún no se había establecido la irresponsabilidad del presidente por actos de administración, Vigil lo acusó de haber expatriado a un ciudadano sin contemplar el debido proceso, de haber doblado la tasa del papel sellado y de haber disuelto la Junta Departamental de Lima . Si bien la acusación a Gamarra, según Basadre, constó de “cargos que una experiencia posterior vuelve irrisorios”, el propio historiador de la República destaca que “el discurso de Vigil fue un modelo de altivez e independencia, de elevación y serenidad, de precisión y sobriedad”, tratándose de “un verdadero sermón cívico” . Con el célebre “Yo debo acusar, yo acuso”, Vigil –que entonces era presidente de la Cámara de Diputados- concluyó su intervención, que fue una ardiente defensa de los preceptos constitucionales, en el curso de la cual refutó a quienes sostenían que las infracciones eran de carácter menor, señalando que nada era pequeño en la Constitución, y que el gobernante que no respetaba las normas legales se convertía en tirano. Basadre califica este famoso discurso parlamentario como brillante e inolvidable, y considera que todo amante de la democracia debe considerarlo como la pieza oratoria que redime a esa época, caracterizada por la anarquía: “la generación de la primera anarquía republicana debe presentarse ante el juicio final pidiendo la absolución con ese texto en la mano” .

Esa pieza oratoria significó para Vigil el alcanzar su mayor fama política. Pocos días después de esa intervención se descubrió una conspiración contra el presidente Gamarra. Por la notoriedad que había adquirido, Vigil se apresuró a publicar un texto negando su participación en dicha conspiración: “Entienda el Presidente de la República que mi campo de batalla es la tribuna, y que fuera de ella soy lo que siempre he sido, lo que debe ser un ciudadano pacífico” .

Más adelante, al terminar las labores de la Convención Nacional, Vigil volvió a Tacna. En 1835 fue elegido nuevamente diputado, aunque la turbulencia política impidió que funcionara el Congreso ese año. Se trasladó a Arequipa para asumir nuevamente el rectorado del colegio de la Independencia, y publicó allí una serie de artículos periodísticos sobre el federalismo. Regresó nuevamente a Tacna, ya que la anarquía política había afectado los bienes y rentas del colegio, con lo cual no pudo ejercer allí sus funciones. En su ciudad natal continuó, de uno u otro modo, en la actividad política. Así, por ejemplo, en 1836 tomó la palabra en una junta pública para pronunciarse contra el intento de ciertos sectores de separar del Perú la provincia de Tacna para ponerla bajo la protección de Andrés de Santa Cruz, presidente de Bolivia .

En el mismo año de 1836 se trasladó nuevamente a Lima, requerido por el presidente Orbegoso, pero dos años después volvió a Tacna, señalando que en Lima veía continuamente turbada su tranquilidad. Basadre ha planteado la hipótesis de que la razón de fondo pudo ser su desacuerdo frente al rumbo que iba tomando la Confederación Perú-Boliviana . En efecto, esta originó una división entre los liberales peruanos: un sector de estos apoyó decididamente ese proyecto político hasta su derrota final, mientras que otro grupo –integrado, entre otros, por el propio Vigil y por Francisco Javier Mariátegui-, consideró que respaldarlo podía suponer traicionar la integridad del territorio peruano .

Mapa de la Condeferación peruano-boliviana
Sufrió destierro en Chile tras la caída de la Confederación, volviendo a Tacna en 1840. Al año siguiente fue elegido diputado por la provincia de Tarapacá, aunque el Congreso no llegó a reunirse, y Vigil se mantuvo retirado por unos años de la vida política. En realidad, a partir de ese momento su vinculación con la política activa fue haciéndose menos intensa, a pesar de seguir resultando elegido por los tacneños como su representante en las legislaturas de 1851 y de 1853, al igual que en la Convención Nacional de 1855 . Se dedicó sobre todo a defender sus ideas a través de la pluma. Fue notable la protesta que dirigió al presidente Castilla en 1859, por medio de un artículo publicado en El Comercio el 28 de julio de ese año, oponiéndose al decreto por el cual, días antes, se había puesto fin al Congreso y se convocaban elecciones para constituir una nueva representación nacional .

González Prada vincula las reservas de Vigil a participar en la vida política activa a la posible desilusión que habría de sentir por entonces al comprobar que se estaba cumpliendo la predicción de Bolívar en el sentido de que las repúblicas hispanoamericanas caerían en el desorden político y en la tiranía. Como liberal y republicano, escribió en defensa de la libertad de conciencia, de la tolerancia de cultos, del matrimonio civil y del divorcio .

Se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional de Lima durante muchos años: en una primera etapa, dirigió la Biblioteca durante el tiempo de la Confederación Perú-Boliviana; y en 1845 el presidente Castilla lo elevó a ese puesto, que Vigil mantuvo hasta su muerte .

Sus obras

Fue Vigil un escritor sumamente prolífico, publicando libros sobre temas muy variados, y difundiendo su pensamiento también a través de la prensa. En efecto, periódicos como El Comercio y El Correo del Perú –entre otros- contaron con sus colaboraciones. Además, en sus años de mayor vinculación con la política activa Vigil promovió el periódico liberal El Genio del Rímac .


a)La Iglesia, el Papa, los obispos y la religión

Pío IV (Mascarilla mortuoria
En 1836 inició Vigil la elaboración de su famosa obra en defensa de los gobiernos y de los obispos frente a la autoridad de la Curia Romana. La concluyó en 1843, aunque la publicación fue de 1849. Se trató de una primera parte, titulada Defensa de la autoridad de los gobiernos contra las pretensiones de la Curia Romana, y que constó de seis tomos, con un total de 2,400 páginas. La segunda parte se tituló Defensa de la autoridad de los obispos contra las pretensiones de la Curia Romana, que se publicó, años después, en cuatro volúmenes. Previamente, en 1847, Vigil publicó el “Prospecto” de su obra, con la finalidad de conseguir suscriptores. Constaba de veintisiete páginas, y en él presentó un resumen de sus ideas. Se difundió no solo en el Perú sino también en varios países latinoamericanos e incluso en Europa. Su publicación fue seguida de polémicas y discusiones periodísticas, y al año siguiente se publicó en Ayacucho un Análisis teológico dogmático del Prospecto del señor Vigil, cuyo autor fue el sacerdote Julián Cáceres . En realidad, Vigil publicó prospectos o compendios de varias de sus obras, atendiendo a la complejidad y densidad de los temas tratados, y con el fin de presentar sus posiciones de modo más esquemático .

En su Defensa de la autoridad de los gobiernos estudió de modo amplio una serie de cuestiones vinculadas con las relaciones entre las autoridades civiles y la Santa Sede, empezando con una explicación de las diferencias entre la potestad civil y la eclesiástica. El propósito fundamental de su obra fue el de separar y distinguir claramente esas dos potestades. No pretendió discutir el significado de la religión, ni el contenido de las verdades de fe. Insistió en el carácter distinto e independiente de las esferas de ambas potestades, y en cuanto a la potestad temporal y su justificación defendió la idea de la soberanía popular, manifestándose contrario a las tesis políticas de Bartolomé Herrera. Sobre las relaciones entre ambas potestades, punto importante fue el relativo al Patronato, referido a las facultades que se reconocían al poder político en los asuntos eclesiásticos, y que desarrolló largamente. Por otro lado, reconoció que el clero tenía derecho a recibir del Estado los fondos para su sostenimiento económico, pero criticó el diezmo eclesiástico, señalando que el gobierno era el que debía fijar su monto. Distinguió entre la Curia Romana y la Santa Sede: entendía esta como una autoridad espiritual, mientras que conceptuaba que aquella reunía una serie de intereses de carácter terrenal, por lo cual las autoridades eclesiásticas americanas podían resistirse frente a sus disposiciones. En otro orden de asuntos, se manifestó contrario al celibato eclesiástico, al igual que al combate a la herejía por medio del Tribunal del Santo Oficio. Planteó no solo la tolerancia de cultos, sino también –reiteramos- la separación entre la Iglesia y el Estado .

Pío IX
Sus planteamientos generaron gran polémica. Diversos prelados –tanto del Perú como de otros países- denunciaron la publicación de Vigil ante el Papa Pío IX, el cual promulgó un “breve” excomulgando a nuestro personaje y a cuantos leyeran su obra. Cuando dicho documento pontificio se recibió en Lima, el arzobispo Francisco Javier de Luna Pizarro –tan cercano a Vigil en sus tiempos juveniles- solicitó al gobierno la condena de la Defensa de la autoridad de los gobiernos. Bartolomé Herrera, ministro en el gobierno del presidente Echenique, y contra cuyas ideas Vigil se había pronunciado en esa obra, solicitó del Senado la adhesión al documento papal y la condena de la obra. El Senado no se pronunció sobre el asunto, y Vigil publicó el texto del “breve” en un folleto, refutándolo. Además, publicó una Carta al Papa, que fue también condenada por Roma .

De los escritos aparecidos contra la obra de Vigil el más destacado fue el del fraile franciscano catalán Pedro Gual, que había llegado al Perú en 1849, y que tuvo fama de personaje muy culto, erudito y defensor de la doctrina católica frente a los ataques de su tiempo. En 1853 se publicó en Barcelona su obra El equilibrio entre las dos potestades, en defensa de los derechos de la Iglesia frente a los postulados de Vigil. De acuerdo con el prestigio de su autor, fue una obra muy erudita, refutando a Vigil en sus diversas afirmaciones, y encontrándole similitudes con jansenistas y protestantes. Vigil le replicó con su Ojeada al Equilibrio entre las dos potestades, publicada el mismo año. Con el Padre Gual protagonizó Vigil otra polémica, en torno al dogma de la Inmaculada Concepción. Este fue definido por el Papa Pío IX en 1854, y cuatro años después publicó Vigil –utilizando el seudónimo de “Un Americano”- su Defensa de la Iglesia Católica contra la bula dogmática de Pío IX, frente a la cual publicó Gual –en 1859- su Triunfo del Catolicismo en la definición dogmática del augusto misterio de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. En 1872 publicó Gual otra obra contra Vigil, en este caso referida a los planteamientos de este con respecto a los bienes que eran de propiedad de la Iglesia. Vigil había sostenido en diversos escritos la conveniencia de proceder a la nacionalización de los bienes de la Iglesia, con el fin de hacerlos más productivos, facilitándose así el logro del progreso y del bien común . Frente a estas ideas, Gual consideraba que la caridad cristiana podía aliviar las necesidades de las grandes mayorías pobres, y no el despojo de los bienes de la Iglesia, viendo en ese planteamiento la amenaza del comunismo .

Su Defensa de la autoridad de los obispos contra las pretensiones de la Curia Romana apareció publicada en 1856. Por ese entonces se desarrollaba en el Perú una intensa polémica en torno a los asuntos religiosos. Ante ello, Vigil pasó de defender una serie de principios generales a aplicarlos específicamente al caso peruano, brindando su apoyo a los diputados que planteaban las posturas más radicales. Uno de los puntos más discutidos fue el de la tolerancia de cultos. Vigil publicó un escrito en refutación de una carta pastoral del obispo de Arequipa, José Sebastián de Goyeneche, en la cual este afirmaba que la tolerancia de cultos conducía a la impiedad y al ateísmo. Sostuvo Vigil que a la impiedad y al ateísmo conducían más bien las actitudes de quienes, debiendo acompañar con su ejemplo la predicación de Jesús, la negaban con sus actos. Fue intensa también la polémica que sostuvo, sobre el mismo aspecto, con el sacerdote arequipeño Juan Gualberto Valdivia, quien desde un periódico de esa ciudad atacó duramente los postulados de Vigil. Este siguió publicando textos contrarios a la Curia Romana y específicamente contra el Papa Pío IX, como el opúsculo en el que denunció los supuestos abusos de este con ocasión del célebre “caso Mortara”, por el que se acusaba al Pontífice de retener en Roma a un niño, hijo de un judío de ese nombre, por el hecho de haber sido bautizado por una criada sin el consentimiento de su padre. A inicios de la década de 1860 publicó una extensa obra titulada Los jesuitas presentados en cuadros históricos, sobre las correspondientes pruebas y con reflexiones al caso, especialmente en sus cosas de América, en la que se alineaba entre los más duros críticos de la Compañía de Jesús, con ocasión de lo que iba a ser su retorno al Perú .

En 1864 la Santa Sede condenó dos obras publicadas por Vigil el año anterior: el Manual de Derecho Público Eclesiástico para el uso de la juventud americana y los Diálogos sobre la existencia de Dios y de la vida futura. Años antes ya habían sido condenadas otras cuatro obras suyas. A raíz de la condena de 1864, Vigil envió una carta al Papa subrayando que sus Diálogos defendían la existencia de Dios. Sin embargo, se hacía en esa obra caso omiso a la revelación cristiana, y además se afirmaba que no necesariamente existían premios ni castigos eternos. Dirigió Vigil, pocos años después, otra carta al Pontífice, con ocasión de la proclamación del dogma de la infalibilidad papal, acontecimiento que generó grandes polémicas en el Perú, al igual que en Europa. En septiembre de 1870 publicó en El Comercio un artículo comentando su carta al Papa. Consideraba que la proclamación del dogma de la infalibilidad iba a alejar a las autoridades eclesiásticas de la feligresía ; criticaba, como en anteriores ocasiones, a la Curia Romana y el poder temporal del Sumo Pontífice; en definitiva, estableció una posición afín, en muchos aspectos, al protestantismo, al discrepar además del celibato eclesiástico y de los votos monásticos. Su posición fue refutada nuevamente por el Padre Gual, quien ese mismo año publicó artículos periodísticos contra Vigil, al igual que el libro El dogma de la infalibilidad del Romano Pontífice .

Escudo de Pío IX
Teniendo en cuenta todo lo escrito por Vigil contra la autoridad del Papa y contra la Curia Romana, no sorprendió que se pronunciara con ocasión de la invasión de Roma por las fuerzas italianas en septiembre de 1870, con lo cual se puso fin al poder temporal del Sumo Pontífice. Tan pronto como en 1871, publicó su opúsculo titulado Roma, en el que negaba que la pérdida del poder temporal del Papa hubiera significado un despojo o una usurpación, y manifestaba su satisfacción por el logro de la unidad italiana. Los sucesos de 1870 en Roma generaron grandes polémicas en Lima, y también en diversas ciudades del interior del Perú. A las voces favorables a la unidad de Italia se enfrentaron muchas otras contrarias, que lamentaban la invasión de Roma, considerándola como un despojo sacrílego en perjuicio del Papa y de la Iglesia universal .

Junto con el Padre Gual y Bartolomé Herrera, otro notable adversario público de Vigil fue Manuel Tovar, quien a lo largo de 1870 publicó once cartas públicas dirigidas a Vigil. Sacerdote –más adelante llegaría a ser arzobispo de Lima-, Tovar era por entonces profesor de Filosofía en el Seminario de Santo Toribio, y en sus cartas se propuso refutar –haciendo gala de gran erudición y elocuencia- los planteamientos contrarios a la infalibilidad papal, al igual que las críticas de Vigil contra la Curia Romana y el poder temporal del Papa .

b) Las asociaciones, la educación y el republicanismo

Alegoría de la República del Perú
En sus escritos, Vigil no solo se ocupó de discutir temas vinculados con la religión, o con la Iglesia y el Estado. En este sentido, un punto importante que defendió fue el de la paz continental y el de la unidad de los países americanos, en su obra Paz perpetua en América o federación americana, que se publicó en 1856 en Bogotá, y posteriormente en Lima. Sin pretender la disminución de la soberanía de cada república, propuso la constitución de una confederación de las naciones independientes de Hispanoamérica, aunque sin descartar la posibilidad de que incluyera también a los Estados Unidos. Paralelamente, planteó el arbitraje obligatorio en las disputas entre Estados, para alejar del escenario la posibilidad de conflictos armados. En otros trabajos publicados en la misma década de 1850 se refirió a las desastrosas consecuencias de las guerras, señalando que los ejércitos estatales constituían un freno para el progreso, y denunciando los oscuros intereses de ciertos sectores sociales empeñados en mantenerlos .

Particular importancia tuvo el Catecismo patriótico escrito por el Dr. Dn. Francisco de Paula Gonzales Vigil. Para el uso de las escuelas municipales de la República, publicado en 1859 por encargo de la Municipalidad del Callao, con el propósito de tener a su disposición un texto didáctico, en forma de diálogos, que fomentara el espíritu patriótico en la juventud. Fue considerado por muchos como una obra fundamental para la educación de la ciudadanía, y tuvo reediciones en 1862 y en 1878. Bajo la forma de diálogos entre un padre y un hijo, la obra buscaba difundir los valores solidarios, entendidos como el fundamento del sistema democrático y republicano, dando especial importancia al desarrollo de las asociaciones. Condenó la riqueza exagerada –manifestación de egoísmo-, al igual que la pobreza extrema –expresión de la miseria de los oprimidos-, como fenómenos que eran producto de la falta de solidaridad social. Afirmaba que la patria era también una forma de asociación, en la cual sus integrantes tenían derechos y deberes, siendo el de la solidaridad uno fundamental. Por eso afirmaba que ni “los opulentos aristócratas” ni “los infelices” tenían patria, porque los primeros creían que no tenían deberes para con los pobres, y estos no tenían en la práctica ningún derecho. Elogiaba además el sistema republicano, que consideraba facilitador de la educación moral, que aproximaba a los hombres entre sí, sin distinción de clases ni de jerarquías. En definitiva, fue gran defensor de la vigencia de una sociedad civil democrática . En otro ensayo insistió en la importancia de las asociaciones, manifestando su opinión adversa al individualismo exagerado. Preocupado por la consecución del bien común, buscó promover estímulos para que las personas particulares formaran asociaciones –autónomas y privadas-, que pudieran ayudar, junto con las instituciones públicas ya establecidas, en el logro de ese bien común. Planteando ideas que décadas después adquirirían mayor fuerza, entendió que las asociaciones podrían constituirse en un nivel intermedio entre el gobierno y los individuos, contribuyendo así a desterrar la idea –que consideraba sumamente nociva- de que la ciudadanía debía esperar todo del gobierno. Así, las asociaciones podrían promover actividades educativas y sociales de diverso tipo, y formando progresivamente al grueso de la población en el marco de los valores republicanos, se conseguiría a la vez crear un ambiente en el que sería más difícil el establecimiento de gobiernos despóticos . Planteaba Vigil un asociacionismo laico, sosteniendo una postura influida por los sucesos revolucionarios europeos de 1848, los cuales a su vez fueron frutos del liberalismo democrático y del pensamiento socialista pre-marxista. Ese asociacionismo se enfrentaba a la concepción católica de las comunidades innatas, y ponía de relieve la importancia de las asociaciones “útiles”, entendiendo la utilidad en función de su papel en el proceso de secularización .

En otras obras, Vigil exaltó la importancia de la educación de los niños, al igual que de las mujeres y de los integrantes del clero. En efecto, el aspecto pedagógico es de destacar en la obra de Vigil, tal como es puesto de relieve por Basadre . En sus planteamientos pedagógicos se reflejan también sus críticas a la jerarquía eclesiástica y a los sacerdotes: por ejemplo, desconfiaba de la influencia que los sacerdotes podían tener en las familias, y afirmaba que los niños no debían seguir las indicaciones de sus confesores, sino las de sus padres .

En defensa del sistema republicano de gobierno siguió escribiendo Vigil en la década de 1860, exaltando las ventajas de dicho sistema frente a los defensores de las ideas monárquicas. En 1867 apareció su Impugnación de un folleto defensor de la monarquía, en el que refutaba los argumentos de una obra aparecida ese mismo año en Lima , que planteaba que la monarquía constitucional resultaba el mejor sistema para combinar la autoridad y la libertad, considerando el fracaso de las repúblicas liberales en el continente americano. En su refutación, reconoció Vigil que los gobiernos republicanos habían experimentado muchos fracasos en América. Sin embargo, consideró esos fracasos como fruto de circunstancias colaterales, y no del régimen republicano en sí mismo, que por otra parte había tenido un corto desarrollo en el tiempo. Sostuvo que buena parte de esos fracasos habían sido debidos a la mala educación ofrecida durante largo tiempo por la monarquía, y enumeró los diversos logros del sistema republicano en América, como la abolición de la esclavitud y de las vinculaciones, y la mayor tolerancia en cuanto a la difusión de las ideas .

Uno de los más importantes adversarios dialécticos de Vigil fue, sin duda, el ya mencionado Bartolomé Herrera. Polemizaron ellos en torno a la soberanía popular, y también en lo referido a las reformas que en materia de asuntos religiosos se plantearon en la Convención Nacional. Otro asunto que los enfrentó fue el de la pena de muerte, sobre cuya abolición hubo grandes debates entre 1856 y 1860. En 1862 Vigil publicó un opúsculo defendiendo la abolición, que fue replicado por otra publicación, no firmada, pero de autoría atribuida a Bartolomé Herrera, en la que de manera irónica se atacaban los argumentos de Vigil, sosteniendo que en su espíritu “la soberbia de la razón se come la razón, de la misma manera que el gusano de una manzana se come la manzana” .

Su muerte y la significación de sus funerales

Murió en Lima el 9 de junio de 1875. No se retractó de las muchas afirmaciones que le habían significado la excomunión, y repitió en sus últimos momentos que moría en los brazos del “buen Jesús”. González Prada ha planteado una contraposición con la figura de Olavide. En efecto, este último se retractó al final de su vida de sus posiciones contrarias a la Iglesia; sin embargo, los ortodoxos lo siguieron considerando como un antiguo apóstata, y los heterodoxos lo desdeñaban como nuevo prevaricador. Vigil, en cambio, tuvo una vejez en la que gozó del respeto de muchos, apreciándose su austeridad y su buena fe .

El 11 de junio se efectuó su entierro, que fue apoteósico, dado que se rendía homenaje a la figura del radical peruano más importante. El presidente Manuel Pardo ordenó a la Beneficencia Pública de Lima que se verificara el entierro de Vigil en el Cementerio General, pero pidiendo a la vez a los familiares del difunto que todas las gestiones se hicieran verbalmente, ya que no deseaba una confrontación con la jerarquía de la Iglesia. En efecto, tratándose de jurisdicción eclesiástica, todos los sepelios en el Cementerio General debían contar previamente con una boleta parroquial de autorización, la cual nunca se expidió para el entierro de nuestro personaje . En ese acto aparecieron por primera vez públicamente las logias masónicas peruanas, vestidos sus miembros con los atuendos rituales, al igual que muchas de las asociaciones cívicas en cuya defensa Vigil había levantado su voz. Fue un sepelio muy significativo, porque con esa ceremonia se pretendió difundir el ideal de la constitución de una sociedad desligada de los factores religiosos, de acuerdo con los postulados liberales. Así como en vida desató Vigil muchas polémicas, ya difunto también lo hizo, dado que sus honras fúnebres suscitaron grandes polémicas en torno a su figura, manifestándose además el optimismo de los liberales ante lo que consideraban un triunfo frente a las fuerzas conservadoras .

La figura de Vigil es una de las más polémicas del siglo XIX peruano. Además de considerar la brillantez de su pluma, la erudición que mostró, al igual que su gran capacidad dialéctica, podemos intuir a través de sus escritos las incertidumbres y sufrimientos por los que pasó. En este sentido, sin duda un episodio doloroso de su vida fue el producido por el pedido que recibió de su hermana, Sor María Josefa, religiosa en el convento del Carmen de Arequipa. Enterada de las opiniones de su hermano contrarias al dogma de la Inmaculada Concepción, le dirigió una comunicación sugiriéndole que se arrepintiera, a lo que Vigil le contestó señalándole que le resultaba imposible mentir, ya que estaba seguro de estar defendiendo los principios auténticos del Cristianismo y los más profundos valores humanos. Sin embargo, manifestó su preocupación por la inquietud de su hermana, insistiéndole en que viviera en paz y en que rezara por él .


Francisco de Paula González Vigil en la historia del Perú

Haciendo un balance de lo que significó la figura de Vigil en el Perú del siglo XIX, Basadre destaca, en primer lugar, el hecho de que en sus obras se advierte una radicalización de las doctrinas regalistas propias del siglo XVIII, en lo referido a las relaciones entre la Iglesia y el Estado; en segundo lugar, su adhesión a los postulados racionalistas del siglo XIX, llegando al final de su vida, al parecer, a creer solo en la figura humana de Jesucristo ; y finalmente su cerrada defensa de los ideales democráticos. Los planteamientos liberales de Vigil estuvieron centrados en cuestiones educativas, constitucionales y eclesiásticas. Consideró que las ciudades eran el centro de la vida pública, y en ese sentido valoró especialmente la ciudadanía para los habitantes de las mismas. Reclamó una educación cívica popular con el fin de que arraigaran en la población los valores ciudadanos y los hábitos de trabajo. No consideró la inclusión de la población indígena como tal en el sistema, salvo a través de las posiciones liberales que buscaban occidentalizarla .

Con respecto a sus características personales, e independientemente de los aciertos o de los errores salidos de su pluma, debe destacarse en Vigil su sentido del deber y de la disciplina, así como su valentía en la defensa de sus posiciones. Las enfermedades y la estrechez económica lo acecharon permanentemente, y para la publicación de sus obras tuvo que afrontar graves dificultades. Él mismo lo confesó:

“Mucho he sufrido en la impresión de mis escritos, por falta de fondos para costearla. Muchas vergüenzas he pasado. Escribía a sujetos de esta capital y de fuera de ella, para que me hiciesen el favor de buscarme suscripciones; y como éstas no alcanzaron a los gastos hechos, quedé adeudado, y tuve que enajenar, dentro de la familia, la parte que me tocaba entre mis hermanos, para pagar a mis acreedores” .

Además de hombre austero, fue caritativo. Como director de la Biblioteca Nacional destinó buena parte de su remuneración a ayudar a personas necesitadas, de lo cual hay diversos testimonios .

Basadre pone de relieve el carácter en cierto modo solitario de Vigil en el contexto del pensamiento del siglo XIX , y a la vez destaca el hecho de que en las últimas décadas del siglo XX muchas de sus ideas han revivido de la mano de diversos personajes que dentro de la Iglesia han manifestado, de uno u otro modo, reservas o críticas frente a la autoridad del Papa o frente a determinadas verdades de la fe . Sin embargo, los liberales radicales de entonces no aceptaban un mundo sin Dios . El propio Vigil se pronunció contra los ateos y los escépticos, afirmando que “no puede dejar de haber Dios” .

Independientemente de las posiciones que puedan adoptarse frente a los planteamientos de Vigil, es lo cierto que fue una persona consecuente con sus ideas, lo cual es sin duda una cualidad digna de ponerse de relieve.

José de la Puente Brunke

Pontificia Universidad Católica