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Martes, 23 de julio de 2019

François de Salignac de la Mothe Fénelon

De Enciclopedia Católica

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Conocido obispo y autor, nacido en el Castillo de Fenelon en Perigord (Dordogne) el 6 de agosto de 1651 y muerto en Cambrai, el 7 de enero 1715. Provenía de una familia de noble cuna, pero de pocos medios. Su ancestro mas famoso fue Bertrand de Salignac (m. 1599), que luchó en Metz bajo el duque de Guisa y fue embajador en Inglaterra; también François de Salignac I, Louis de Salignac I, Louis de Salignac II y François de Salignac II, obispos de Sarlat entre 1567 y 1688.

Fénelon era el segundo de tres hijos de Pons de Salignac, Conde de La Mothe-Fénelon por su segunda esposa, Louise de La Cropte. Debido a su delicada salud, la infancia de Fenelon transcurrió en el castillo de su padre con un tutor, gracias al cual se interesó por los clásicos y consiguió un considerable conocimiento de la literatura griega que tuvo mucha importancia en su desarrollo mental. A los 12 años fue enviado a la cercana universidad de Cahors donde estudió retórica y filosofía y obtuvo su primer grado. Como ya había expresado su intención de entrar en la Iglesia, uno de sus tías, el marqués Antoine de Fenelón, amigo de Monseñor Olier y de S. Vincent de Paul, le envió a París y lo colocó en el Collège du Plessis, cuyos estudiantes seguían el curso de teología en la Sorbona.

Fenelon se hizo amigo allí de Antoine de Noailles que después sería cardenal arzobispo de París y mostró un talento tan decidido que a la edad de 15 fue elegido para predicar un sermón público que realizó admirablemente. Para facilitar su preparación para el sacerdocio, el marqués envió a su sobrino al seminario de Saint-Sulpice (alrededor de 1672), que entonces dirigía Mons. Tronson, pero el joven fue colocado en la pequeña comunidad reservada para los eclesiásticos cuya salud no les permitía seguir los excesivos ejercicios del seminario. En esta famosa escuela de la que siempre se acordaba con afecto, Fenelon profundizó no solo en la práctica de la piedad y virtudes sacerdotales sino sobre todo en la sólida doctrina católica lo que le salvó más tarde el Jansenismo y del Galicanismo.

Treinta años después, en una carta a Clemente XI, se congratula de su preparación en manos de M. Tronson en lo relativo a la fe y obligaciones de la vida eclesiástica. Hacia 1675 fue ordenado sacerdote y pensó dedicarse a las misiones en oriente, aunque esta idea fue olvidada pronto y se unió a la comunidad de S. Sulpicio entregándose a las obras del sacerdocio especialmente la predicación y la catequesis.

En 1678 Harlay de Champvallon, arzobispo de París encargó a Fenelon la dirección de la casa de "Nouvelles-Catholiques", una comunidad fundada en 1634 por el arzobispo Jean-François de Gondi para jóvenes mujeres protestantes que estaban a punto de entrar en la iglesia o conversos que requerían ser reforzados en su fe. Era una nueva forma delicada de apostolado que se presentaba a Fenelon y que requería todos los recursos de sus conocimientos teológicos, su persuasiva elocuencia y magnética personalidad.

En los últimos años se había criticado su conducta habiendo sido tachado intolerante, aunque no había razón para ello y hasta los autores protestantes de la "Encyclopédie des Sciences Religieuses" lo niegan; su veredicto sobre Fenelon es que en justicia hay que decir que él que en el esfuerzo por las conversiones empleó siempre la persuasión más que la severidad.

Cuando Luis XIV revocó el Edicto de Nantes, por el que Enrique IV había garantizado la libertad del culto publico a los protestantes, se eligió a misioneros entre los mejores oradores del momento, como Bourdaloue, Fléchier y otros y fueron enviados a los lugares de Francia donde había más herejes para trabajar en su conversión. Por sugerencia de su amigo Bossuet, Fenelon fue enviado con cinco compañeros a Santonge, donde manifestó gran dedicación, aunque sus métodos estaban siempre atemperados por la amabilidad.

Según el cardenal Bausset, indujo a Luis XIV a retirar todas las tropas y todas las muestras de fuerza de los lugares que visitaba y es cierto que insistió y propuso, métodos con los que el rey no siempre estaba de acuerdo. “Cuando hay que conmover a los corazones”, escribió a Seignelay, “la fuerza no sirve de nada. La convicción es la única conversión “. En vez de fuerza el empleaba la paciencia, establecía clases y distribuía Nuevos Testamentos y catecismos en el idioma vernáculo. Sobre todo ponía énfasis especial en predicar y que los predicadores fueran gente amable que instruyeran no solo para ganarse la confianza de los oyentes”.

Es cierto, como se ha demostrado documentalmente, que no siempre repudió las medidas de fuerza pero solo las permitió como último recurso. Su severidad se limitó a exiliar de sus pueblos a los recalcitrantes o a limitar a otros con multas de cinco “sous” u obligar a asistir a las instrucciones religiosas en las iglesias. Y ni siquiera pensaba que los predicadores debieran abogar abiertamente por estas medidas; de forma similar, no le gustaba que se supiera el nombre del autor de los panfletos católicos contra los ministros protestantes que propuso que se imprimieran en Holanda. Esto era ciertamente un exceso de prudencia, pero prueba, al menos, que Fenelon no simpatizaba con la vaga tolerancia fundada en el escepticismo que los racionalistas del siglo dieciocho le atribuyeron. En estas cuestiones compartía las opiniones de todos los grandes católicos de su tiempo. Con Bossuet y S. Agustín mantenía que “estar obligado a hacer el bien es siempre una ventaja y que los herejes uy cismáticos, cunado eran obligado a poner su atención en la consideración de la verdad, con el tiempo dejaba a un lado sus erróneas creencias, mientras que si la autoridad no les hubiera obligado nunca habrían considerado estas cuestiones”.

Antes y después de la misión en Santonge, que solo duró unos pocos meses (1686-1687), Fenelon hizo muchos amigos. Ya lo era Bossuet, el gran obispo que estaba en el culmen de su fama, consultado por todos como el gran oráculo de la Iglesia de Francia. Fenelon le mostró la mayor deferencia y le visitó en su casa de campo en Alemania asistiendo a sus conferencias espirituales y a sus clases sobre la Escrituras en Versalles. Inspirado por él, y quizá por sugerencia suya, Fenelon escribió por entonces "Réfutation du système de Malebranche sur la nature et sur la grâce", en el que ataca con gran valentía y en profundidad las teorías del famoso oratoriano sobre el optimismo, la creación y la encarnación. Fenelon no quiso publicar este tratado, ni anotado por Bossuet; hasta 1829 no vio la luz. Los primeros amigos de Fenelon en este periodo eran los duques de Bauvilliers y de Chevreuse, dos cortesanos influyentes, que sobresalían por su piedad y que se habían casado con dos hijas de Colbert, ministro de Luis XIV. Una de ellas, la duquesa de Beauvilliers, madre de ocho hijas, pidió a Fenelon consejo sobre su educación. Su respuesta fue el "Traité de l'education des filles", en el que insiste en que la educación comience muy pronto y que instrucción de la niñas en todos los deberes de su futura condición de vida. La educación religiosa ha de ser tal que les permita refutar herejías si fuera necesario. Aconseja un curso de estudios mucho más serio de lo que era costumbre. Las niñas deben ser eruditas sin pedantería y ser educadas de forma concreta, sensible, agradable y prudente de manera que se les ayude en sus habilidades naturales. En muchas cosas su pedagogía iba por delante de su tiempo y aún se puede aprender mucho de él.

El duque de Beauvilliers, que fue el primero en utilizar el "Traité de l'education des filles", en su propia familia, fue nombrado director de los estudios los nietos del rey Luis XIV. Enseguida se aseguró de que Fenelon fuera el tutor del mayor de ellos, el duque de Borgoña. El puesto era muy importante puesto que la formación del futuro rey de Francia estaba en sus manos, pero no carecía de dificultades, debido al carácter altivo y violento del discípulo. Fenelon se dedicó a su tarea con todo su interés y dedicación. Todo, desde los temas latinos y sus versiones se dirigía a domar su tempestuoso espíritu. Con este propósito escribió la “Fábulas” y sus "Dialogues des Morts", pero sobre todo su "Télémaque", en el que bajo el disfraz de una ficción agradable enseñaba al joven príncipe lecciones de autocontrol y todos los deberes propios de de su alta posición.

Los resultados fueron maravillosos. El historiador Saint-Simon, en general hostil a Fenenlón, dice:”: "De cet abîme sortit un prince, affable, doux, modéré, humain, patient, humble, tout appliqué à ses devoirs." (De este abismo salió un príncipe afable, dulce, moderado, humano, paciente, humilde y aplicado enteramente a sus deberes). Se ha preguntado si no fue demasiado bien. Cuando el príncipe se convirtió en un hombre de estado, su piedad parecía excesivamente refinada; se examinaba continuamente a si mismo razonando los pros y los contras hasta ser incapaz de llegar a una solución, paralizada su voluntad por miedo de hacer lo incorrecto. Sin embargo, estos defectos de carácter. Contra los cuales Fenelon fue el primero en protestar en sus cartas, no se mostraron en su juventud. Alrededor de 1695 todos los que trataron al príncipe estaban admirados por el cambio.

Para premiar al tutor, Luis XIV le dio, en 1694, la abadía de Saint-Valéry, con sus rentas anuales de 14.000 libras. La Academia la abrió las puertas y Madame de Maintenon, la esposa morganática del rey, comenzó a consultarle en asuntos de conciencia, en la regulación de la casa de Saint-Cyr, que acaba de abrir para la educación de las jóvenes. Poco después quedó vacante la sede arzobispal de Cambrai, una de las mejores de Francia y el rey se la ofreció a Fenelón, indicándole además que quería que siguiera instruyendo duque de Borgoña. Fenelon fue consagrado en agosto de 1969 por Bossuet en la capilla de Saint-Cyr. El futuro del joven prelado parecía brillante, cunado cayó en profunda desgracia.

La causa fue su relación con Madame Guyon, a la que había conocido en la sociedad de sus amigos los Beauvilliers y los Chevreuses. Ella había nacido en Orleans, que dejó a los 28 años, viuda y madre de tres niños, embarcada en una especie de apostolado místico, bajo la dirección del P. Lacombe, un barnabita.

Después de muchos viajes a Ginebra, por la Provenza e Italia, plasmó sus ideas en dos obras "Le moyen court et facile de faire oraison" y "Les torrents spirituels". En un lenguaje exagerado característico de su mente visionaria presentó un sistema demasiado claramente basado en el Quietismo de Molinos, que acababa de ser condenado por Inocencio XI, en 1687. Sin embargo había diferencias entre los dos sistemas. Mientras que para Molinos la perfección terrenal del hombre consistía en un estado de interrumpida contemplación y amor, que dispensaría al alma de toda virtud activa y lo reduciría a la absoluta inacción, Madame Guyon rechazaba con horror las peligrosas conclusiones de Molinos respecto al cese de la necesidad de ofrecer resistencia positiva a la tentación. De hecho, en todas sus relaciones con el P. Lacombe, así como con Fenelon, nunca se puso en duda su virtuosa vida. Al poco de su llegada a parís conoció a muchas personas piadosas de la corte y de la ciudad, entre ellas a Madame de Maintenon y a los duques de Beauvilliers y Chevreuse, que se la presentaron a Fenelon. A su vez, él se sintió atraído por su piedad, su amplia espiritualidad, el encanto de su personalidad y de sus libros. No tardó mucho el obispo de Chartres, en cuya diócesis estaba Saint-Cyr, comenzó a cuestionarse sobre la mente de Madame de Maintenon cuestionando la ortodoxia de las teorías de Madame Guyon. Esta, entonces, pidió que se sometieran sus libros a una comisión eclesiástica compuesta por Bossuet, de Noailles, entonces obispo de Châlons, más tarde arzobispo de París y M. Tronson superior de Saint-Sulpice. Después del examen que duró seis meses, la comisión publicó su decisión en treinta y cuatro artículos conocidos como "Articles d' Issy", por el lugar cerca de París donde estaba asentada la comisión. Estos treinta y cuatro artículos fueron firmados por Fenelon y por el obispo de Chartres y por los miembros de la comisión, condenando muy brevemente las ideas de Madame Guyon, y haciendo una cierta explicación de la doctrina católica sobre la oración. Madame Guyon se sometió a la condena, pero sus ideas siguieran expandiéndose en Inglaterra y los protestantes, que siguieron reimprimieron sus libros, han seguido expresando su simpatía por sus puntos de vista. Cowper tradujo algunos de sus himnos a versos ingleses y Thomas Digby (Londres 1805) y Thomas Upam (New York, 1848), tradujeron su autobiografía al inglés. Sus libros pronto fueron olvidados en Francia.

De acuerdo con la decisión tomada en Issy, Bossuet escribió sus instrucciones sobre los "Etats d' oraison", como explicación de los 34 artículos., Fenelon rehusó firmarlo, porque su honor le prohibía condenar a una mujer que ya había sido condenada. Para explicar su punto de vista de los "Articles d'Issy", se apresuró a publicar la "Explication des Maximes des Saints", un tratado bastante árido en cuarenta y cuatro artículos, cada uno de los cuales estaba dividido en dos párrafos, uno exponiendo la verdadera y otro la falsa doctrina sobre el amor de Dios. En su obra distingue claramente cada paso en el camino de ascensión a la vida espiritual. El punto de llegada final del alma cristiana es el amor puro de Dios sin mezcla de interés propio, un amor que ni teme el castigo ni desea el premio.

Los medios llegar a este fin, señala Fenelon, son los que dese hace mucho tiempo han señalado los místicos católicos, es decir la santa indiferencia, el alejamiento, al auto abandono, la pasividad; a través de todos estos estados el alma es llevada a la contemplación. Apenas se había publicado el libro de Fenelon cuando ya tuvo mucha oposición. El rey estaba enfadado. Le disgustaban las novedades religiosas y reprochó a Bossuet por no haberle avisado de las ideas del tutor de su nieto. Nombró a los obispos de Meaux, Chartres y París para examinar la obra de Fenelon y seleccionar los pasajes que debían condenarse, pero el mismo Fenelon envió el libro a la Santa sede para que fuera juzgado (27 abril, 1697). Enseguida estalló un enorme conflicto, particularmente entre Bossuet y Fenelon: ataques y réplicas se sucedieron demasiado rápidamente para ser analizadas aquí. Los escritos de Fenelon sobre el tema llenan seis volúmenes, sin hablar de las 646 cartas sobre el quietismo con las que probó ser un hábil polemista, muy versado en las cosas espirituales, dotado de una gran inteligencia y agilidad mental que no siempre se distingue bien en el uso y abuso del sentido. Después de u largo examen por parte de los consultores y cardenales del Santo Oficio, que duró más de dos años y que les ocupó 132 sesiones, por fin condenaron "Les Maxims des Saints" (12 marzo, 1699) por contener proposiciones que, en el sentido obvio de las palabras, o por la secuencia de los pensamientos, eran “temerarias, escandalosas, malsonantes, ofensivas a los oídos piadosos, perniciosa en la práctica y falsas de hecho”. 23 proposiciones fueron seleccionadas por haber incurrido en la censura, pero el papa de ninguna manera dejaba implícito que aprobaba el resto del libro.

Fenelon se sometió enseguida. “Nos adherimos a este breve”, escribió en una carta pastoral en la que hacía saber la sus fieles la decisión de Roma, “y la aceptamos no solo para las 23 proposiciones, sino para todo el libro, simplemente, absolutamente y sin sombra de reserva”.

La mayoría de sus contemporáneos juzgaron su sumisión adecuada admirable y edificante. En tiempos más recientes, sin embargo, cartas sueltas han permitido a los críticos dudar de su sinceridad. En nuestra opinión unas pocas palabras escritas impulsivamente y en contradicción con todo el tenor de la vida del escritor, no justifican tan grave acusación. Hay que recordar, también, que en la reunión de los obispos para recibir el breve de condena, Fenelon declaró que dejaba aparte su propia opinión y aceptaba el juicio de Roma y que si este acto de sumisión parecía incompleto estaba dispuesto a hacer lo que Roma dijera. La Santa Sede nunca requirió nada más que este acto espontáneo mencionado.

Luis XIV, que había hecho todo lo posible para que las "Maximes des Saints", fueran condenadas había ya castigado al autor ordenándole que permaneciera dentro de los límites de su diócesis. Molesto después por la publicación de "Télémaque", en el que veía una crítica a su persona y a su gobierno, nunca se dejó convencer de que retirara su orden. Fenelon se sometió sin queja ni lamento y se entregó completamente al servicio de sus fieles. Con unos ingresos de 200.000 libras y 800 parroquias, algunas en territorio español, Cambrai, que había vuelto a ganar Francia en 1678, era una de las sedes más importantes del reino. Fenelón dedicó varios meses al año a visitar a su archidiócesis, sin que le interrumpiera ni siquiera la Guerra de Sucesión Española, durante la cual ejércitos opuestos acamparon en su territorio. Los capitanes de esos ejércitos, llenos de veneración por su Fenelon, le dejaron moverse libremente. El resto del año lo pasaba en el palacio episcopal de Cambrai, donde con sus familiares y amigos, los Abbés de Langeron, de Chanterac y de Beaumont, llevó una vida normal, de regularidad monástica. Cada año daba un curso en cuaresma en una parroquia importante de su diócesis y en las fiestas principales predicaba en su propia catedral. Sus sermones eran breves y sencillos, compuestos después de una breve meditación y nunca escritos, con la excepción de algunos que predicó en ocasiones más importantes, y no se han conservado. Las relaciones con sus clérigos estaban rodeadas de condescendencia y cordialidad “Sus sacerdotes”, dice Saint-Simon, "para los que se hacía a si mismo padre y hermano, le llevaban en sus corazones”. Se interesó profundamente en su formación en sus seminarios, asistiendo a los exámenes de los que se iban a ordenar, dándoles charlas durante sus retiros. Presidía los concursos par asignación de beneficios y preguntaba a los párrocos sobre las calificaciones de los candidatos.

Fenelon fue siempre irreprochable y en sus paseos conversaba frecuentemente con los que se encontraba. Le encantaba visitar a los campesinos en sus casas, interesándose por sus alegrías y tristezas y evitando apenarles aceptaba el simple regalo de su hospitalidad. Durante la Guerra de Sucesión Española las puestas de su palacio se abrieron a todos los pobres que se refugiaron en Cambrai. Las habitaciones y escaleras se llenaron de ellos y sus jardines y vestíbulos protegían a sus animales. Aun se le recuerda en la vecindad de Cambrai y los paisanos aun dan a sus hijos el nombre de Fenelon, como el de un santo.

A pesar de estar completamente dedicado a la administración de su diócesis, nunca perdió de vista los intereses generales de la Iglesia. Esto quedó patente cuando el Jansenismo, durmiente durante casi treinta años, se despertó de nuevo con ocasión del famoso Cas de Conscience, en el que un escrito anónimo trató de dar nueva vida a la “cuestión de ley” y “cuestión de facto” (question de droit et question de fait), admitiendo que la Iglesia podía legalmente condenar las famosas cinco proposiciones atribuidas a Jansenio, pero negando que pudiera obligar a cualquier otro a creer que de de hecho se podían encontrar en el “Augustinus” de aquel escritor.

Fenelon multiplicó publicaciones de toda índole contra la herejía revivida; escribió cartas, instrucciones pastorales, memoranda, en francés y en latín, que llenan varios volúmenes de sus obras. Se puso a combatir los errores del Cas de Conscience, a refutar la teoría conocida como” respetuoso silencio” y a ilustrara Clemente XI sobre al opinión publica francesa. El P.Quesnel arrojó leña al fuego de la controversia con sus "Reflexions morales sur le Nouveau Testament", que fue solemnemente condenado con la bula "Unigenitus" (1713).

Fenelon defendió este famoso documento pontificio en una serie de diálogos que tenían la intención de influir en hombres de mundo. Su celo contra el error era grande, pero siempre era amable en el que erraba: Saint-Simon pudo decir: Los Países Bajos estaban llenos de jansenistas y la diócesis de Cambrai, en particular, abundaban mucho. En ambos sitios encontraron siempre un refugio pacífico y estaban contentos de vivir allí pacíficamente, bajo el que era su enemigo con la pluma. No temían al arzobispo que aunque se oponía a sus creencias no destruía su tranquilidad.”

A pesar de la multiplicada de trabajos, Fenelon siempre encontró tiempo para mantener una intensa correspondencia con sus familiares, amigos, sacerdotes y de hecho con todo el que buscara su consejo. En esta masa de correspondencia, diez volúmenes nos han llegado, donde podemos ver al Fenelon director de las almas. Hay entre ellos gentes de todas las esferas de la vida, hombres y mujeres, religiosos, soldados, cortesanos, sirvientes, entre ellos Madam de Maintenon, de Gramont, de la Maisonfort, de Montebron, de Noailles, miembros de la familia Colbert, el marqués de Seignelay, el duque de Chaulnes, y sobre todo los duques de Chevreuse y de Beauvilliers, sin olvidar al duque de Borgoña. Fenelon muestra que posee las cualidades que exige a los directores, paciencia, conocimiento del corazón humano y de la vida espiritual, disposición ecuánime, firmeza y rectitud, “junto con una tranquila alegría muy distante de cualquier fingida antipática austeridad”.

A cambio exigía docilidad de mente y sumisión total de la voluntad. Intentaba guiar a las almas al amor puro de Dios, en lo que era humanamente posible, porque, aunque los errores de sus "Maximus des Saints" ya no aparecen en las cartas de dirección, sigue siendo el mismo Fenelon, con el mismo deseo de auto abandono, con las mismas tendencias, conservadas todas, sin embargo, dentro de los limites debidos; porque como él mismo dice:”este amor de Dios no requiere a todos los cristianos que practiquen austeridades como los de los antiguos eremitas solitarios, sino meramente que sean sobrios, justos y moderados en el uso de las cosas útiles”; y la piedad no requiere, “ como los asuntos temporales una larga y continua aplicación”; “ la práctica de la devoción no es en absoluto incompatible con los deberes de la vida”. El deseo de enseñar a sus discípulos la forma de armonizar los deberes de la religión con los de la vida diaria sugiere a Fenelon toda clase de consejos, a veces muy inesperados en la pluma de un director, especialmente cuando cundo trata con sus amigos de la corte. Esto ha dado ocasión a algunos de sus críticos para acusarle de ambición y de tener tanta ambición en controlar el estado como en dirigir a las almas.

Sus ideas políticas se muestran sobre todo en las cartas al duque de Borgoña. Además de un gran número de cartas, le envió, a través de sus amigos los duques de de Beauvilliers y de Chevreuse, un "Examen de conscience sur les devoirs de la Royauté", 9 documentos sobre la Guerra de Sucesión Española y los "Plans de Gouvernement, concretes avec le Duc de Chevreuse". Si añañdimos el "Télémaque", la "Lettre à Louis XIV", el "Essai sur le Gouvernement civil", y las "Mémoires sur les precautions à prendre après la mort du Duc de Bourgogne", nos encontramos con una com,pleta exposición de sus ideas políticas.

Indicaremos solo los puntos en que son originales, en la época en que se escribieron. El Gobierno ideal, para Fenelon era una monarquía limitada por la aristocracia. El rey no debía tener poder absoluto; tenia que obedecer las leyes que hiciera en cooperación con la nobleza. En otras ocasiones debía ser asistido por los Estados Generales que debían, por asambleas provinciales, que eran como consejos del rey más que asambleas representativas. El Estado debía ocuparse de la educación, debía controlar los protocoles sociales con leyes suntuarias y prohibir a ambos sexos matrimonios inapropiados (mésalliances). Los brazos temporal y espiritual debían ser dependientes uno de otro, pero ayudándose mutuamente. Su estado ideal está descrito con mucha sabiduría en sus escritos políticos donde se hallan muchas observaciones notablemente juiciosas pero utópicas.

Fenelon se interesó también por la literatura y la filosofía. Dacier, secretario perpetuo de la Académie Française, le pidió en nombre de la institución, que les manifestara en qué proyectos debían ocuparse, desde su punto de vista, una vez terminado el "Dictionnaire". Fenelon contestó en su "Lettre sur les occupations de l'Académie Française", una carta aun muy admirada en Francia. Trata de la lengua francesa, de la retórica, poesía, historia y de los escritores antiguos y modernos exhibiendo una inteligencia equilibrada familiarizada con todas las obras maestras de la antigüedad, viva de simplicidad y encanto, seguidora de las tradiciones clásicas, pero abierta discretamente a nuevas ideas (especialmente en historia) también a ciertas teorías quiméricas, al menos en lo poético.

Por entonces el futuro regente, duque de Orleans, le consultaba sobre muchos y diferentes asuntos. Este príncipe, escéptico más por las circunstancias que por la fuerza de la razón, aprovechó la aparición de su "Traité de l'existence de Dieu" para consultarle sobre el culto debido a Dios, la inmortalidad del alma y la libre voluntad. Fenelon contestó en una serie de cartas, de las que solo las tres primeras son repuestas a las dificultades propuestas por el príncipe. En conjunto forman una continuación del "Traité de l'existence de Dieu", cuya primera parte había sido publicada en 1712, sin el conocimiento de Fenelon.

La segunda parte apareció en 1718, después de la muerte del autor. Aunque era una obra casi olvidad de su juventud, fue muy bien recibida y pronto fue traducida al inglés y al alemán. Gracias a estas cartas y a este tratado sabemos algo de su postura ante la filosofía. Está influido tanto por S. Agustín como por Descartes. Para Fenelon los más fuertes argumentos de la existencia de Dios eran los que se basaban en las causas finales y en la idea de infinito, ambos desarrollados a lo largo de muchas páginas con encanto literario, más que con precisión y originalidad Los últimos años de Fenelon fueron tristes por las muertes de sus amigos. Hacia finales de 1710 perdió al Abbe de Langeron, compañero de toda la vida, en febrero de 1712 murió el duque de Borgoña, su discípulo y nos meses después el duque de Chevreuse; el de Beauvilliers en agosto de 1714. Fenelon les sobrevivió unos pocos meses. Aun pidió al rey que nombrase un heredero que fuese firme contra el Jansenismo y que ayudase al establecimiento de los Sulpicianos en su seminario. Con él desaparece uno de los más ilustres miembros del episcopado francés, ciertamente uno de los hombres más interesantes de su época. Debió su éxito exclusivamente a sus talentos y admirables virtudes. El renombre de tuvo en vida, creció tras su muerte. Desafortunadamente, su fama entre los protestantes se debió a su oposición a Bossuet y entre los filósofos, al hecho de que se opuso y fue castigado por Luis XIV. Precursor es para ellos un precursor de su propio escepticismo tolerante y de su filosofía al margen de la fe, un precursor de Rousseau, junto al que le colocaron en la fachada del panteón. La publicación de sus cartas ha manifestado los contrastes de su carácter, mostrándole al mismo tiempo antiguo y moderno, cristiano y profano, místico y estadista, demócrata y aristócrata, amable y obstinado, franco y sutil. Quizás no hubiera parecido más humano sui hubiera sido un hombre menos importante; sea o lo que fuere permanece como un o de las figura más atractivas, brillantes y sorprendentes que ha producido la iglesia católica.

La más conveniente y mejor de las ediciones de sus obras es la que empezó Lebel en Versalles en 1820 y fue terminada en París por Leclere en 1830. Comprende veintidós volúmenes, además de otros once de cartas sin contar uno de índices., treinta y tres en total agrupados bajo cinco títulos (I) Teológicos y de controversia (Vols. I-XVI), de los que el principal es "Traité de l'existence et des attributs de Dieu", cartas sobre varios temas metafísicos y religiosos; "Traité du ministère des pasteurs"; "De Summi Pontificis auctoritate", "Réfutation du système du P. Malebranche sur la nature et la grâce"; "Lettre à l'Evêque d'Arras sur la lecture de l'Ecriture Sainte en langue vulgaire", obras sobre el Quietismo y el Jansenismo. (2) Obras sobre temas morales y espirituales (Vols. XVII y XVIII): "Traité de l'éducation des filles"; sermones o obras de piedad (3) 24 sobreasuntos pastirales (XVIII). (4) Obras literarias (Vols. XIX-XXII): "Dialogues des Morts"; "Télémaque"; "Dialogues sur l'éloquence". (5) Escritos politicos (Vol. XXII): "Examen de conscience sur les devoirs de la Royauté"; variso memorandos sobre la Guerra de Sucesión española; "Plans du Gouvernement concertes avec le Duc de Chevreuse".

La correspondencia incluye cartas a amigos de la corte, como Beauvilliers, Chevreuse, y el duque de Borgoña; cartas de dirección y cartas sobre el Quietismo. Hay que añadir la "Explication des rnaximes des Saints sur la vie lnterieure" (Paris, 1697).


Fuentes

DE RAMSAY, Histoire de vie et des ouvrages de Fénelon (London, 1723), De BAUSSET, Histoire de Fénelon (Paris. 1808); TABARAND, Supplement aux histoires de Bossuet et de Fénelon (Paris, 1822), De BROGLIE, Fenelon a Cambrai (Paris, 1884); JANET, Fénelon (Paris, 1892); CROUSLE, Fénelon et Bossuet (2 vols., Paris, 1894); DRUON, Fénelon archeveque de Cambrai (Paris, 1905); CAGNAC, Fénelon directeur de conscience (Paris, 1903); BRUNETIRE en La Grande Encyclopedie, s.v.; IDEM, Etudes critiques sur l'histoire de la Iitterature française (Paris, 1893); DOUEN, L'intolerance de Fénelon (2d ed., Paris,1875); VERLAQUE, Lettres inedites de Fénelon (Paris, 1874)); IDEM, Fénelon Missionnaire (Marseilles, 1884); GUERRIER, Madam Guion, sa vie, sa doctrine, et son influence (Orléans, 1881); MASSON, Fénelon et Madame Guyon (Paris, 1907): DELPHANQUE, Fénelon et la doctrine de l'amour pur (Lille, 1907): SCANNELL, François Fénelon in lrish Eccl. Record, XI, (1901) 1-15, 413-432.


ANTOINE DEGERT

Transcrito por Joseph P. Thomas .

Traducido por Pedro Royo