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Jueves, 14 de noviembre de 2019

Flavius Valens

De Enciclopedia Católica

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Emperador de oriente, nació en Panonia (ahora Hungría) alrededor del año 328; murió cerca de Adrianopla, en Tracia, en Agosto de 378. Se sabe poco acerca de su origen, el cual, a pesar del nombre gentil romano adoptado por él junto con su hermano, Valentiniano, el Emperador de Occidente, es muy probablemente bárbaro. Su elevación al trono en 364 se debió al favor de Valentiniano. Sin embargo, Valens, pronto demostró un cierto grado de habilidad militar, así como una crueldad bárbara, al tratar con Procopio, quien alegando que su título había sido conferido por el Emperador Julián, arrebató el trono. Habiendo derrotado y capturado a Procopio, Valens mandó que las piernas de su rival fueran atadas a dos brinzales doblados y atados, que al ser soltadas hacían que el cuerpo de la víctima fuera destrozado. Este emperador era pagano al tiempo de su elevación y fue bautizado alrededor del año 367 por Exodius, el Patriarca Ario de Constantinopla. Su necesaria ignorancia acerca de los fundamentos de la Cristiandad, aunque dadas las circunstancias le exime de alguna culpa, no disculpa su persecución de los Católicos Orientales desde aproximadamente el año 369 hasta el fin de su reinado. El ejemplo más infame de esto fue el caso de los santos Urbano, Teodoro y otros eclesiásticos, sumando ochenta, cuyo martirio se conmemora el 5 de septiembre. Esta compañía de obispos y sacerdotes, que llegó a Constantinopla en 370 a pedir la libertad de culto Católico, fue embarcada en una nave por orden del Emperador hacia la costa de Bithynia; al aproximarse a la costa, la tripulación, todavía actuando bajo instrucciones imperiales, prendió fuego a la nave y la abandonó, para que perecieran San Urbano y sus acompañantes.

Con esta ferocidad, Valens también evidenció los crudos instintos supersticiosos de los salvajes. En un viaje a través de Capadocia, visitó en Cesárea a San Basilio el Grande (q.v.) a quien intentó llevar al exilio como un feo conspicuo del Arrianismo; pero al caer enfermo el hijo del emperador, el obispo fue llamado para ayudarle a restaurar la salud. Este Basilio consintió en intentarlo, bajo la condición de que el hijo debía ser bautizado como Católico. En el hecho, un Ario llevó a cabo el rito, el niño murió y el santo escapó del exilio con que había sido amenazado. En el año 347, en Antioquia, hubo una curiosa anticipación del moderno “invocación a los espíritus”: al pedírsele a un espíritu que deletreara el nombre de quien había de suceder a Valens, supuestamente arrojó las letras griegas THETA-ETA-OMNICRON-DELTA, que son las letras con las que inicia el nombre Theodorus. Las vidas de Theodorus, un oficial de la corte imperial, y de aquellos que habían preparado su manifestación fueron tomadas, aunque puede ser que el espíritu quería indicar Theodosius.

A lo largo de su reinado, Valens tuvo que defender sus fronteras contra enemigos formidables. De 367 hasta 369 los godos pelearon contra las fuerzas imperiales, hasta que se logró un acuerdo que fijaba el Danubio como la frontera sur de sus asentamientos. Las frecuentes incursiones de los isauros exigieron su atención. En 373, Sapor (Shapur) II, Rey de Persia, habiendo invadido Armenia, fue retrocedido más allá del Tigris. Mientras tanto, los hunos y los alanos presionaban la retaguardia de los godos al norte del Danubio. En 376 los últimos obtuvieron permiso para asentarse al sur del río como colonos pacíficos, sin armas; pero cuando los comisionados imperiales abusaron de su autoridad para someter a los extranjeros, éstos se volvieron exasperados contra ellos, haciendo causa común con sus hermanos bárbaros de quienes recientemente se habían separado. Los hunos, alanos, y godos bajo el liderazgo de Fridigern fueron sorprendidos y vencidos en 378 por Sebastián, el general imperial, y Valens mismo salió de su capital para terminar la conquista antes de que su sobrino Graciano, quien había sucedido a Valentiniano, pudiera alcanzar al enemigo. Cuando el emperador estaba saliendo de Constantinopla, un monje profetizó abiertamente su rápida muerte. Valens ordenó que el profeta del mal fuera aprisionado a su regreso a Tracia. Pero el emperador nunca regresó. Vencido por los bárbaros cerca de Adrianopla, se refugió en una casa campestre y murió en la conflagración en la cual los godos o sus aliados sin saberlo vengaron la muerte de San Urbano y de sus acompañantes.

(Vea también ARRIANISMO; ATHANASIUS, SAN; MELITIUS DE ANTIOQUIA)SAN BASILIO, Epístola en P.G., XXII; DE BROGLIE, La Iglesia y el Imperio Romano: GIBSON, Declinación y Caída del Imperio Romano (Londres, 1896); NEWMAN, Los Arios en el Siglo IV.

E. MACPHERSON

Transcrito por Thomas M. Barrett

Traducido por Lucía Lessan

Dedicado a los mártires del siglo IV