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Viernes, 19 de abril de 2019

Filipina-Rosa Duchesne

De Enciclopedia Católica

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Fundadora en América de las primeras cuatro casas de la sociedad del Sagrado Corazón, nació en Grenoble, Francia el 29 de Agosto de 1769; murió en San Carlos, Missouri, el 18 de Octubre de 1852. Ella era la hija de Pierr-Francois Duchesne, un abogado eminente. Su mamá era una Périer, una ancestro de Casimir Périer, Presidente de Francia en 1894. Ella fue educada por las monjas de la visitación, ingresó a esa orden, vio su dispersión durante el reino del terror, intentó vanamente de reestablecer el Convento de Ste-Marie-d'en-Haunt, cerca de Grenoble, y finalmente en 1804, aceptó la oferta de la Madre Barat de recibir a su comunidad en la Sociedad del Sagrado Corazón. Desde su tierna infancia el sueño de Filipina había sido el apostolado de las almas: con los paganos de tierras lejanas, el abandonado y el pobre en casa. La Naturaleza y gracia se combinaron para acondicionarla para esta alta vocación; la educación, el sufrimiento, sobre todo, la guía de la Madre Barat la entrenó para ser la pionera de la orden en el Nuevo Mundo. En 1818 la Madre Duchesne salió con cuatro compañeras hacia las misiones en América. El Obispo Dubourg le dio la bienvenida a Nueva Orleans, de donde ella se embarcó río arriba por el río Mississippi hacia San Luis, estableciendo finalmente su pequeña colonia en San Carlos."La pobreza y el heroísmo cristiano están aquí", escribió ella, "y las tribulaciones son las riquezas de los sacerdotes en estas tierras." Frío, hambre, y enfermedad; oposición, ingratitud, y calumnia, todas vinieron para probar el coraje de la misionera, solo sirvieron para avivar el fuego de su espíritu sublime e indomable con una nueva energía para predicar la verdad. Otras fundaciones le siguieron, en Florissant, Grand Côteau, Nueva Orleans, San Luis, San Miguel; y la aprobación de la Sociedad en 1826 por Leo XII reconocieron el bien realizado en estos lugares. Ella anhelaba enseñar a los Indios pobres, y aunque ella estaba vieja y acabada, ella siguió con su labor con los Indios Pottowatomies en Sugar Creek, realizando así el deseo de su vida. Alentada por los recitales del Padre De Smet, S.J., ella dirigió su mirada a las misiones en las Montañas Rocallosas; Pero la Providencia la regresó a San Carlos, donde ella murió. Treinta y cuatro años de andanza misionera, desilusión, resistencia, de suficiente olvido de si misma, de hecho, para probar el valor de esta valiente hija de la Madre Barat. Ella abrió el camino, otras pudieron caminar en el; Y el éxito escondido a sus ojos fue visto muy bien mas tarde por muchos que la rechazaron, quienes se regocijaron en la rápida expansión de su orden en Norte y Sur América. Sincera, intensa, generosa, austera pero afectiva, dotada con una gran capacidad para el sufrimiento y el trabajo, el carácter de la Madre Duchesne era un carácter rígido que necesitaba ser moldeado por la Madre Barat. Ya se han tomado los pasos preliminares para su beatificación.

CATHERINE M. LOWTH Transcrito por Claudia C. Neira Traducido por Alfonso Enriquez