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Lunes, 30 de marzo de 2020

Félicité Robert de Lamennais

De Enciclopedia Católica

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Félicité Robert de Lamennais. Nacido en Saint-Malo, 29 junio, 1782; muerto en París, 27 febrero, 1854. Su padre, Pierre Robert de Lamennais (o La Mennais), era un respetable mercader de Saint-Malo, ennoblecido por Luis XVI a petición de los Estados de Bretaña en reconocimiento de su devoción patriótica. De los seis hijos nacidos de su matrimonio con Gratienne Lorin, los más conocidos son Jean-Marie y Félicité. Este, delicado físicamente débil, enseguida mostró una naturaleza exuberante, una inteligencia viva poco dócil, una imaginación brillante y altamente impresionable y una voluntad resuelta hasta la obstinación y excesivamente vehemente.

EDUCACION

A la edad de cinco años Lamennais perdió a su madre: su padre, absorto en sus negocios se vio confiado a confiar su educación a Robert des Saudrais, cuñado de su esposa, que no tenía hijos. Jean-Marie y Félicité -- o Féli, como se le llamaba en familia – fueron llevados a vivir con su tío en La Chênaie, una finca no lejos de Saint-Malo, que Felicité haría famoso más tarde. En La Chênaie había una Buena biblioteca en la que abundaban los libros de piedad y teológicos los antiguos clásicos y las obras de los filósofos del siglo dieciocho Felicité no era muy dócil en sus clases y para castigarlo M. des Saudrais lo encerraba a veces en la biblioteca. Al joven acabaron gustándole los libros que le rodeaban y leía voraz e indiscriminadamente cuanto caía en sus manos, bueno o malo. Llegó hasta multiplicar las razones para ser encerrado en la biblioteca, dedicándose a sus lecturas favoritas progresando tan rápidamente que pronto fue capaz de leer a los clásicos sin dificultad.

La Revolución estaba entonces en su momento álgido; los sacerdotes proscritos habían sido obligados a abandonar Francia o continuando en lugares ocultos la administración sagrada con peligro de sus vidas. La casa en que estaba Lamennais dio asilo a uno de ellos, el Abbé Vielle, que a veces decía misa en La Chênaie en medio de la noche. Félicité, que solía asistir a los servicios divinos, sacó des estas impresiones tempranas un odio duradero a la Revolución. Al mismo tiempo, sus imprudentes lecturas, especialmente Jean-Jacques Rousseau, sedujeron su ardiente mente contra la religión. Estos prejuicios le hacían manifestar objeciones que movieron a su confesor a posponer la primera comunión

Su padre intentó que trabajara en el negocio familiar y lo hizo por obediencia, sin entusiasmo. Siempre estuvo a disgusto en ese oficio, haciendo las menores visitas posibles, dándose a la lectura todo el tiempo que podía robar a su ocupación regular. Así completó su educación literaria aprendiendo idiomas extranjeros, aunque estudiando por su cuenta, sin profesores ni dirección alguna, quedaban lagunas en su aprendizaje, predisponiéndole a adquirir peligroso hábitos de intolerancia intelectual.

Las pasiones también le llevaron a caídas de las que quizás no faltaba la exageración, y como dice en una carta a su amigo Brute de Rémur, futuro obispo de Vicennes en Indiana " las más rigurosas austeridades, la penitencia más severa no bastaría para expiarlos”. La feliz influencia de su hermano Jean-Marie, recientemente ordenado de sacerdote (1804) le rescataron de esa situación. Vuelto a los sentimientos cristianos, hizo la primera comunión y decidió consagrarse al servicio de la Iglesia. Se retiró a La Chênaie donde, bajo la dirección de su hermano, se dedicó a los estudios eclesiásticos, interrumpidos brevemente (enero a julio de 1806) para restablecer su mala salud con una estancia en París.

La Iglesia de Francia luchaba entonces en condiciones precarias, habiendo sido privada de los recursos materiales y con un clero envejecido o poco preparado para enfrentarse a los retos intelectuales de su tiempo.

En la tarea común que se impusieron, la parte que le tocó a Félicité, mejor preparado, fue principal mente literaria e intelectual. De hecho, la historia de su vida está casi completamente contenida en sus libros y artículos. El primer resultado de esta tarea común fue un libro que publicaron en1808 con el título "Réflexions sur l'état de l'Eglise en France pendant le dix-huitieme siecle et sur sa situation actuelle".

La primera idea de esa obra y los materiales fueron obra de Jean-Marie, pero la redacción fue exclusiva de Felicité. Después de describir los males bajo los que trabajaba la Iglesia de Francia, los autores señalan las causa y proponen remedios, entre otros, concilios provinciales, sínodos diocesanos, retiros, conferencias eclesiásticas, vida en común y métodos apropiados de reclutamiento del clero. Muchas de estos puntos de vistas estaban calculadas para ofender al gobierno imperial y el libro fue suprimido por la policía, no siendo publicado de nuevo hasta la caída del imperio.

Los hermanos dejaron La Chênaie y fueron al colegio de St-Malo, del que habían sido nombrado profesores, Felicité de matemáticas, ya que tenía que ganarse la vida después de que su padre resulta arruinado por las guerras de la Convención y el Bloqueo Continental, teniendo que entregar sus propiedades a sus acreedores.

Cuando el colegio eclesiástico fue cerrado por la autoridad imperial, Felicité se retiró a La Chênaie, mientras su hermano iba como vicario general a Saint-Brieuc. Felicité terminó allí otra obra en la que también colaboró su hermano y que iba a ser impresa en París en 1814.

En oposición a Napoleón, que quería transferir el derecho a los metropolitanos, los dos hermanos reivindicaron el derecho exclusivo del papa a la institución canónica de los obispos. Esta obra señala el principio de la larga lucha de Lamennais contra el Galicanismo. Sin embargo, la caída de Napoleón ocurrida unos meses antes de que apareciera el libro, lo hacía poco apropiado y sólo obtuvo un succès d' estime.

A continuación publicó Lamennais un artículo violento contra la universidad imperial, cuando Napoleón volvió de Elba y el joven escritor sintiéndose poco seguro en Francia se fue a Inglaterra donde halló un asilo temporal con M Carrión, un sacerdote francés que había establecido en Londres una escuela para los hijos de émigrés. Al volver a Francia después de los 100 Días, Lamennais hizo a M Carron su confidente y se instaló cerca de él en París. Bajo la influencia de este digno sacerdote y los consejos de M. Beysserre, un sulpiciano, decidió, aunque no sin alguna repugnancia y algunos pinchazos de su conciencia, recibir las órdenes sagradas, siendo ordenado como sacerdote el 9 de mayo de 1817.


LUCHA CONTRA LA INFIDELIDAD Y EL GALICANISMO

Hacia finales de ese mismo año apareció el primer volumen de "Essai sur l'indifférence en matière de religion". De principio a fin , el libro es un vigoroso ataque contra la indeferencia que aparece (1) entre los que no ven en la religión más que una institución política, solamente necesaria para las masas;(2) entre los que admiten la necesidad de una religión para todos los hombres, pero rechazan la Revelación;(3) entre los que reconocen la necesidad de una religión revelada pero piensan que es permisible negar todas las verdades que enseña esa religión con la excepción de ciertos artículos fundamentales.

Aunque abierto a cierto criticismo por el desarrollo de sus ideas y la fuerza de algunos argumentos empleados, el "Essai" dio a los apologistas católicos una nueva fuerza y brillantez y llamó inmediatamente la atención pública. No contento con una actitud defensiva ante la incredulidad, ataca al enemigo atrevidamente, ayudado por todos los recursos de la dialéctica, invectiva, ironía y elocuencia. El clero y todos los católicos educados se estremecieron de gozo y esperanza cuando este campeón entró en la liza armado como nadie desde Bossuet, porque se comparaba a este sacerdote desconocido anteayer con Bossuet y Pascal. En el púlpito de Notre-Dame de Paris Frayssinous saludó a Lamennais como el más grande pensador desde Malebranche.

Mientras tanto se sucedían rápidamente las ediciones del "Essai"; se vendieron 40,000 copias en unas pocas semanas y fue traducido a muchos idiomas extranjeros y su análisis afectó dio en muchos sitios notables resultados y en otros brillantes conversiones al catolicismo. Algunos de estos conversos, como Madam Lacan (baronesa de Cottu después por su segundo matrimonio, Benoît d' Azy, Senfft-Pilsach, que en adelante llevó uno correspondencia epistolar ininterrumpida con Lamennais. Estas cartas, con otras publicadas desde entonces (dirigidas a amigos como Mlle. Cornulier de Lucinière, de Vitrolles, Coriolis, Montalembert, Berryer, Marion, Vaurin, David Richard), son importantes para nuestro conocimiento de sus escritos. Y no son la parte menos importante de su obra. Con su ayuda podemos ser testigos de los trabajos íntimos día a día de una mente móvil e impresionable; percibimos en ellas un aspecto de su carácter que aparece tan rara vez en otras obras e su amable y tierna disposición y abundante en devoción y de una timidez que buscaba refugio en la franqueza. Lamennais era considerado como la personalidad más eminente del clero francés. Los visitantes se arremolinaban para verle y la prensa solicitaba sus contribuciones. Prometió sus colaboraciones a "Le Conservateur", un papel realista de extrema derecha para el que escribían Chateaubriand y Bonald . A lamennais le importaba menos la política que la religión contribuyó con "Le Conservateur" solo en defensa de los interesas católicos. Para el no era suficiente desacreditar a la filosofía infiel: deseaba sustituirla con algo.

Creía que el racionalismo cartesiano que había recientemente atacado los fundamentos de la fe cristiana, y por ende necesariamente a al sociedad humana, podía ser combatido por un sistema que reestableciera firmemente a ambas. Con este objeto sacó el segundo volumen del "Essai", publicado en 1820. El sistema filosófico que expuso en este volumen se basaba sobre una nueva teoría de la certeza. Lo principal de es que la certeza no puede darla la razón individual, pertenece sólo a la razón general, es decir un consentimiento universal de la humanidad, el sentido común, que se deriva del testimonio unánime de la raza humana. La certeza, por consiguiente no se crea por evidencia sino por la autoridad de la humanidad; es una cuestión de fe en el testimonio de la raza humana, no el resultado de la investigación libre. En los últimos capítulos del libro este sistema filosófico apoya a un sistema completamente nuevo de apologética. Existe, dice Lamennais, la verdadera religión y es una solo que es necesaria absolutamente para la salvación y el orden social. Solo un criterio nos permitirá discernir la religión verdadera de la falsa y ese criterio es la autoridad del testimonio. La verdadera religión es pues la que puede presentar en su propio favor el mayor número de testigos, como es el caso de la religión cristiana o mejor católica. Es en realidad la verdadera, la única religión que comenzó con el mundo y se perpetúa con él. Resultado de una primitiva revelación, esta religión única se ha ido perfeccionando con el curso de las edades sin ser esencialmente modificada; los cristianos creen ahora todo lo que la raza humana ha creído, y la raza humana siempre ha creído lo que los cristianos creen. Los dos últimos volúmenes de los "Essai" (1823) se dedicaron a esta tesis. En estos intentos de probar, con la ayuda de la historia, que los principales dogmas del Cristianismo, han sido y aún son profesados por todo el mundo, bajo distintas formas. Naturalmente, los dos últimos volúmenes no lograron el éxito de los primeros.

El sistema filosófico de Lamennais, como su apologética, produjo muchas objeciones. Se señaló que este sistema filosófico y la apologética favorecían el escepticismo al negar la validez de la razón individual. Si ésta no puede proporcionar certeza, ¿como podemos esperarla de la razón general, que no es otra cosa que una síntesis de las razones individuales? Producía además una confusión de los órdenes natural y sobrenatural, de filosofía y teología, al basar ambas igualmente en la autoridad de la raza humana; y como, según él, ambas se basan de igual manera en el testimonio humano, la fe religiosa quedaba inmediatamente reducida a la fe humana.

Estas otras críticas irritaron a Lamennais sin convencerle de su error. Envió su libro a Roma y en respuesta a sus críticos escribió la "Défense de l'Essai" (1821). Roma se limitó a dar el imprimatur a una traducción italiana de la "Défense de l'Essai".

Lamennais visitó pronto la Santa Sede; León XII le recibió muy amablemente y en un determinado momento hasta pensó crearle cardenal. A pesar de su excitable carácter e ideas exageradas. A su vuelta a Francia, mostró más que nunca su determinación de combatir al galicanismo y al liberalismo irreligioso. Con ocasión de una ordenanza ministerial que prescribía la enseñanza de la famosa Declaración de 1682 (ver GALICANISMO, IV ), publicó su "Religion considérée dans ses rapports avec l'ordre civil et politique" (1825), en el que denunciaba las tendencias galicanas y liberales como causas conjuntas del daño hacho a la religión e igualmente fatales para la sociedad.

Una mayoría obispos franceses, que eran moderadamente galicanos, irritados por estos ataques, firmaron una protesta contra su panfleto que els acusaba de inclinarse hacia el cisma. Lamennais fue citado ante el Tribunal de Sena por atacar al gobierno del rey y los Cuatro Artículos de 1862, que eran leyes existentes. Defendido por su amigo, el gran abogado Berryer, logró escapar con son una multa de treinta francos. Desde este incidente concibió una vívida hostilidad contra los Borbones y fue aún más enérgico en mantener las ideas ultramontanas contra Frayssinous, Clausel de Montals, obispo de Chartres, y otros representantes de los principios galicanos moderados.

Por otra parte, consiguió una valiosa ayuda de un grupo de hombres jóvenes, eclesiásticos y laicos, que gradualmente fueron formando un grupo del que él era el centro. Los más conocidos de ellos son Gerbet, de Salinis, Lacordaire, Montalembert, Rohrbacher, Combalot, Maurice de Guérin, Charles de Sainte-Foy, Eugène y Léon Boré, de Hercé, con los que Lamennais fundó la "Congrégation de St. Pierre", una sociedad religiosa cuya obligación que los distinguía era defender a la Iglesia por el estudio de las ciencias teológicas y otras, propagando las doctrinas de Roma, enseñando en colegios y seminarios, y llevando a cabo misiones y dirección espiritual. Apenas había comenzado a existir esta congregación cuando Monseñor Dubois, obispo de Nueva York recurrió a ella para conseguir maestros para la Universidad Católica que se proponía fundar en esa ciudad.

La revolución de 1830 puso fin a este proyecto. La congregación llegó a tener tres casas -- La Chênaie, Malestroit y Paris – peo solo duró cuatro años. Carlos X, había relanzado legislación antigua contra las congregaciones religiosas, (15 junio 1828) obligado a transigir con los liberales que en las elecciones habían vuelto a la Cámara de Diputados. Iban dirigidas particularmente contra los Jesuitas, a los que cerraron ocho colegios.

Lamennais, aunque no tenia simpatía a los de la Compañía por haber criticado su sistema filosófico, sin embargo publicó un libro (1829) en su defensa con el título "Progrès de la Révolution et de la guerre contre l'Eglise". Sus ataques no se detuvieron ante el rey no ante los obispos a los que reprochaba su Galicanismo y sus concesiones a los enemigos de la religión. Lamennais rompió abiertamente con al monarquía por primera vez poniendo su esperanza en la libertad política y derechos iguales. “Una inmensa libertad”, decía” es indispensable para el desarrollo de eses verdades que han de salvar al mundo”. Esto es lo que el llamaba catolicizar al liberalismo”. La obra tuvo un éxito enorme. Los mismos obispos protestaron casi unánimemente contra la acción del gobierno, aunque n o aprobaron el violento leguaje de Lamennais. El obispo de Paris hasta condenó la obra en una carta pastoral, lo que hizo que lamennais escribiera dos cartas abiertas en las que criticaba sin reservas las ideas galicanas del arzobispo.

Cuando la revolución estalló al año siguiente (julio 1830) barriendo a los Borbones y elevando a la casa de Orleans al trono, Lamennais observó sin pena la partida de una dinastía y sin entusiasmo llegada de la otra. “La mayoría de la gente”, escribe en sus cartas,”preferiría que se declara abiertamente una república; yo entre ellos”.

En adelante solo pensó en la defensa del catolicismo contra el partido triunfante que nunca olvidó el favor de que había disfrutado con la caída dinastía. Mientras trabajaba para alejar el peligro que amenazaba a la iglesia, esperaba al mismo tiempo asegurar su triunfo social basando su defensa sobre la base de derechos iguales, uniendo su causa a la de las libertades. Con esta finalidad fundó el periódico l "L'Avenir" (16 octubre 1830) y la “agencia General para la defensa de la libertad religiosa”. Junto con Lacordaire, Gerbet, Montalembert, y de Coux, luchó una dura batalla en defensa de los católicos contra la hostilidad del gobierno, de las ideas romanas contra las galicanas del clero y por su sistema del “sentido común de la humanidad” contra la filosofía racionalista. La fuerza de sus golpes, el atrevimiento de sus ideas, su expresa simpatía por todos los que estaban en estado de revuelta, provocaron nuevas acusaciones contra él e hicieron surgir dudas sobre su ortodoxia.

El se enfrentó a esta hostilidad, suspendió la publicación de "L'Avenir" (15 noviembre, 1831), fue a Roma a someter su causa a Gregorio XVI. Aunque iba acompañado de Lacordaire y Montalembert, no encontró la bienvenida de 1824. Esperó mucho tiempo , pero no recibió una contestación definida. Y entonces, unos días tras su partida de Roma, apareció la encíclica "Mirari vos" (15 agosto, 1832), en la que el papa, sin nombrarle expresamente, condenaba algunas de las ideas expresadas en "L'Avenir", como libertad de prensa, libertad de conciencia, revuelta contra los príncipes, la necesidad de regenerar el catolicismo etc. Al mismo tiempo, una carta del cardenal Pacca informaba a Lamennais que el papa estaba muy apenado de verle discutir en público cuestiones que pertenecían a las autoridades de la Iglesia.


LAMENNAIS FUERA DE LA IGLESIA

Habiendo asegurado inmediatamente que por deferencia al papa no seguiría publicando "L'Avenir" Lamennais suspendió la “Agencia General”, se volvió a La Chênaie, y aparentemente guardó silencia allí. Pero en si corazón sentía un profundo resentimiento, cuyos ecos alcanzaron al mundo exterior por medio de su correspondencia. Romas se removió por esta comportamiento y le exigieron una franca y competa adhesión a la encíclica "Mirari vos".

Pareció ceder pero no quiso someterse sin reservas o calificación. Poco a poco comenzó a renunciar a sus funciones eclesiásticas (diciembre 1833) y terminó por abandonar toda muestra externa de profesión de cristianismo. Cada vez le dominaban más la mejora de la humanidad, el bienestar del pueblo y las libertades populares. En mayo de 1834 publicó "Paroles d'un croyant", a través de cuyas expresiones apocalípticas resuena el grito violento de la rabia contra el orden social establecido: denuncia lo que él llama la conspiración de los reyes y sacerdotes contra el pueblo, declarando así abiertamente su ruptura con la Iglesia, presentando el símbolo de su nueva fe. Gregorio XVI se apresuró a condenar en la encíclica "Singulari nos" (15 julio 1843) este libro “ de pequeño tamaño, pero inmenso en perversidad”, al mismo tiempo que censuraba el sistema filosóficode Lamennais.

Uno tras otro, todos sus amigos le abandonaron y , como para romper definitivamente con su propio pasado, Lamennais escribió un volumen "Les Affaires de Rome", en el que explicaba, muy a su favor, sus relaciones con Gregorio XVI.

En adelante solo publicó obras inspiradas en sus nuevas tendencias democráticas, repitiendo con no demasiada originalidad las ideas de "Les Paroles d'un croyant", cuya verdadera base eran unos pocos lugares comunes humanitarios, tintado aquí y allí con un vago socialismo.

En 1835 el gobierno había arrestado a 121 revolucionarios en conexión con ciertas revueltas. Lamennais consintió en defender a sus nuevos amigos. Además de unos pocos artículos en la "Revue des Deux Mondes", la "Revue du Progrès" y "Le Monde", publicó una serie de panfletos, e.g. "Le Livre du peuple" (1839), "L'Esclavage moderne" (1839), "Discussions critiques" (1841), "Du passe et de l'avenir du peuple" (1841), "Amschaspands et Darvands" (1843), en los expone sus puntos de vista sobre el futuro de la democracia o ventila su rabia contra la sociedad y la autoridades públicas. Su libro "Le Pays et le Gouvernement" (1840) le causó un año de cárcel, que cumplió en 1841.

Deberíamos mencionar aquí su "Esquisse d'une philosophie", publicada de 1841 a 1846. Comprende un tratado sobre metafísica en el que Dios, el hombre y la naturaleza son estudiados a la luz de la razón solamente. Muchas de las opiniones que mantiene en este libro, recuerdan a algunas que mantenía como católico, pero otras reflejan su evolución posterior. Niega formalmente la caída del hombre, la divinidad de Cristo, el castigo eterno y el orden sobrenatural. La parte de la obra dedicada a la Estética está entre lo mejor que ha escrito Lamennais, mientras que el tono general transpira un tono de serenidad y calma. A esta época pertenezca también su traducción de los Evangelios, con notas y reflexiones anticristianas. No era la primera obra de piedad que Lamennais publicaba. Desde 1809 había dedicado momentos de tranquilidad a la traducción de la “Guía Espiritual” de Luis de Louis de Blois.

En 1824 publicó una versión francesa de la “Imitación de Cristo”, con notas y reflexiones, que se ha leído más que ninguna de sus obras. A continuación vino "Guide du premier âge", el "Journée du Chrétien", y "Recueil de piété" (1828). Para difundir esta literatura piadosa había se había puesto en contacto con una casa de publicaciones, cuya bancarrota le llevó a la ruina financiera.

La revolución de 1848 trajo a Lamennais nueva esperanza y celebridad. Fue elegido diputado por Paris en las asambleas Constituyente y Legislativa. Sus planes de una constitución no tuvieron éxito y en adelante participó en las sesiones en silencio. No tuvo mejor suerte con un periódico "Le Peuple constituant", en el que hizo causa común con los peores revolucionarios; tras cuatro meses dejó de existir por no haber pagado el cautionnement. El coup d'état de 1851 puso fin a la carrera política de Lamennais, que volvió a caer en la miseria y aislamiento. Se hicieron varios intentos de volverle a trae a la religión y al arrepentimiento, pero en vano. Murió rechazando los servicios religiosos y después pedir que su cuerpo “fuera llevado al cementerio, sin haber pasado por ninguna iglesia.

Por más lamentable que sea este final, ello no borra la memoria de los grandes servicios de Lamennais a la iglesia de Francia. Cuando ésta yacía sangrando por los golpes infligidos por la Revolución, e intimidada por el insolente triunfo de la filosofía infiel, él se consagró a liberarla con absoluta devoción y habilidades del más alto orden. Fue el primer apologista que llamó la atención de los no creyentes en el siglo diecinueve obligándoles a tener en cuenta la fe cristiana. Fue el primero que se atrevió a atacar públicamente al Galicanismo en Francia, preparando el camino para su derrota, obra cumbre del concilio Vaticano I.


Le pertenece el honor de haber inaugurado la lucha que resultaría en la libertad de educación (liberté d'enseignement). A pesar de sus excesos culpables, debemos reconocer en el las huellas de la reconciliación entre catolicismo y libertad popular por una parte y con las masas populares por otra, sobre las que León XIII puso el sello final de aprobación. Si un temperamento impaciente ante cualquier restricción, orgullosamente confiado en su propia importancia le privó de las bendiciones que consiguió para otros, esto sin duda no es razón para que los beneficiarios se olviden de a quién debe su más feliz condición.


Bibliografía

Para las obras y relatos históricos de Lamennais publicados durante su vida, ver QUERARD, Les supercheries litteraires devoilees (2ª ed., Paris, 1870), col. 510-634. Consultar también las cartas inéditas de J.M y de F de Lamennais (Nantes, 1862); (Euvres posthumes de Lamennais (2 vols., Paris, 1863); (Euvres inedites de Lamennais (2 vols., Paris, 1866); Confidencias de Lamennais (Nantes, 1886); Correspondencia inédita de Lamennais con el barón de Vitrolles (Paris, 1886); L'intime (2 vols., Paris, 1892); Lettres de Lamennais a Montalembert (Paris, 1898); Lettres de Lamennais a Benoit d'Azy (Paris, 1898); Lamennais et David Richard. Documents inedits (Paris, 1909); BLAIZE, Essai biographique sur M. F. de Lamennais (Paris, 1858); MERCIER, Lamennais (Paris, 1895); SPULLER, Lamennais (Paris, 1892); BOUTARD, Lamennais, sa vie et ses doctrines, I-II (1905-8); MARECHAL, Lamennais et Victor Hugo (Paris, 1906); IDEM, Lamennais et Lamartine (Paris, 1907). Antoine Dégert. Transcrito por Joseph E. O'Connor


Antoine Dégert.


Transcrito por Joseph E. O'Connor.


Traducido por Pedro Royo