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Viernes, 22 de noviembre de 2019

Crucifijo del Altar

De Enciclopedia Católica

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El crucifijo es el principal ornamento del altar. Se coloca en el altar a fin de recordar el sentido de la celebración; y el centro del sacrificio, tal y como se presenta en la Cruz. Por esta razón el crucifijo debe ser colocado en el altar en tanto se celebra la Misa (Constit., Accepimus de Benedicto XIV, 16 de julio de 1746). La rúbrica del Misal Romano prescribe que el crucifijo se coloca a la mitad del altar entre los candelabros, y su ubicación debe ser de manera que pueda ser convenientemente visto tanto por el celebrante como por la concurrencia (Cong. Sac. Rit., 17 de septiembre de 1822). Si por alguna razón el crucifijo es removido, otro puede colocarse en su lugar, en una posición más baja; pero en todo caso visible para todos los que asisten a la Misa (ibid.). Debe reiterarse que el crucifijo debe ser colocado en el altar durante la celebración de la Misa. Para esta norma existen, dos excepciones:

Cuando el crucifijo se encuentra en la parte principal del altar mayor o bien un cuadro o pintura detrás del altar (este cuadro puede ser la representación de un santo, por ejemplo San Francisco Javier sosteniendo una cruz en sus manos, o bien Santo Tomás arrodillándose frente a la cruz, en tal caso una pintura no es suficiente para colocarse en lugar del crucifijo –véase Ephem. Lit., 1893, VII, 408).

•Cuando se expone el Santísimo Sacramento del altar. En ambos casos, un crucifijo puede ser colocado en el altar; en el segundo de los casos se sigue más bien la costumbre del lugar (Cong. Sac. Rit. 2 de septiembre de 1741), y si se coloca un crucifijo, al mismo no se le da incienso (29 de noviembre de 1738).

Desde las vísperas del Domingo de Ramos hasta que se descubre la cruz el Viernes Santo, aún si una solemne festividad ocurre en ese intervalo, el crucifijo se cubre con un velo violeta (Cong. Sac. Rit. 16 de noviembre de 1649); la excepción a esto ocurre en la misa que se celebra el Jueves Santo; en ella el velo es de color blanco (Cong., Sac. Rit., 20 de diciembre de 1783). En el Viernes Santo, el velo del crucifijo puede ser de material negro.

Esta es la costumbre que se sigue en Roma (Martinucci, Van der Stappen, y otros). Desde el principio de la adoración de la cruz el Viernes Santo, a la hora nona, al Sábado Santo, inclusive, todos los obispos y celebrantes hacen una genuflexión ante la cruz (Cong. Sac. Rit., 9 de mayo de 1857; 12 de septiembre de 1857). En otras ocasiones durante el año, se hace simple genuflexión ante la cruz, aún cuando el Santísimo Sacramento no se encuentre expuesto en el tabernáculo (Cong. Sac. Rit., 30 de agosto de 1892).

El crucifijo del altar no necesita ser bendecido, pero puede ser bendecido por cualquier sacerdote, mediante la fórmula “pro imaginibus” (Rituale Rom., tit, viii, cap, xxv). Debe notarse que de conformidad con el estilo de la arquitectura del Renacimiento, el trono es una estructura permanente sobre el tabernáculo; el crucifijo no debe ser colocado debajo de la canopia, bajo el nivel en el que el Santísimo Sacramento es expuesto, o en la estructura que se utiliza para esa exposición (Cong. Sac. Rit. 2 de junio de 1883). Es probable que la constumbre de colocar un crucifijo en el altar no comenzara mucho antes del Siglo VI. Benedicto XIV (De Sacrificio Miase, P. I., 19) mantiene que esta costumbre viene del tiempo de los Apóstoles.

Sin embargo, la más antigua evidencia que se tiene sobre la colocación de la cruz en el altar está en el canón III del Concilio de Tours, que se desarrolló en 567: “Ut corpus Domini in Altari, non in armario, sed sub crucis titulo componatur”. Mariano Armellini (Lezioni di Archeologia Sacra) indica que los primeros cristianos no acostumbraban colocar a la vista pública la cruz, por temor a ser insultados por los paganos, pero en su lugar y en ocasiones se utilizaron otros símbolos, tales como un ancla, tridente, etc. Una simple cruz, sin la figura de Cristo, se colocó en la parte superior de la ciboria, la cual cubre el altar.

Escrito por A. J. Schulte Transcripción de Michael C. Tinkler Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes The Catholic Encyclopedia, Volume I. Published 1907. New York: Robert Appleton Company. Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor. Imprimatur. +John Cardinal Farley, Archbishop of New York