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Lunes, 18 de febrero de 2019

Crónica de la Orden de la Merced en América: Predicadores religiosos de América, profetizados

De Enciclopedia Católica

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Párrafo II

Predicadores religiosos de la América profetizados

Es ciertísimo que en el referido lu[gar de] Isaías y en otros de la Sa[grada] Es[cri]tura, entendidos de la conversión de la [Améric]a y de sus tierras occidentales, por las nubes llevadas del viento por [el] mar para, con sus rocíos celestiales fertilizar estas eriazas tierras por tantos siglos, y por las palomas, figura expresa del Espíritu Santo, entrasen en el cielo (1), se entienden los religiosos misioneros de estas Indias; sin que se ocurra pensar que no son llamados, antes si elegidos y muy selectos, los demás obreros apostólicos. Pero de los religiosos literalmente lo expresan aquellas palabras (2): “Los hijos de los peregrinos edificarán sus muros”. Porque quien ignora que los hijos de los peregrinos, excelsos patriarcas suyos, edificaron los conventos e iglesias regulares en éstas Indias, que fueron y serán siempre los fuertes e impenetrables muros de la Iglesia, con su doctrina católica en los púlpitos y confesionarios, con la escolástica teología en las universidades y con la dogmática en el Santo Tribunal de la Inquisición, santísimo e inexpugnable muro de la fe, teniendo los religiosos como premio y gloria que estos servicios hechos a Dios y a la Iglesia católica ceden en obsequio de nuestros serenísimos reyes católicos, patronos de nuestras Iglesias y conventos, como lo insinúan las palabras con que finaliza la profecía (3): y los reyes te ministrarán. Porque es ciertísimo que nuestros reyes son los ministros, con su piedad y católico celo de la salvación de las almas, del religioso culto del verdadero Dios en sus iglesias. Este sagrado ministerio lo confesó, para ejemplo y admiración del mundo, nuestro piadosísimo y sabio Salomón de España, Felipe Segundo, diciendo: “que la su Majestad y herederos les había dado la Santa Sede Apostólica el oficio que tuvieron los apóstoles de publicar y predicar el Evangelio, el cual había de dilatar allí; esto es en las Islas Filipinas y en infinitos reinos, quitándoles el imperio a los demonios y dando a conocer al verdadero Dios, sin esperanza alguna de bienes temporales” (4).

Con alguna mayor expresión se profetizan los religiosos por predicadores y misioneros de estas Indias, porque en aquel lugar de Isaías, del capítulo cincuenta y ocho, al verso doce (5): “en vos se poblarán los desiertos de los siglos, vos subsitareis los fundamentos de una y otra generación vos seréis llamado edificador de las cercas y haréis que los que siempre andan tengan asien[to]”. Que cosa más cierta e innegable que deberse a los religiosos predicadores y misioneros de la población eclesiástica de los desiertos por tantos siglos de esta tierra? Ellos suscitaron con sus fatigas y celo los fundamentos de una y otra generación, ya pacificando a los primeros conquistadores, para que la generación y dominio español se fundase en estas partes, que las guerras civiles lo ponían en contingencia, y ya para que la espiritual de la regeneración del bautismo [no se] embarasare, como es cierto se embarazó mucho, sino que se radicase, se [fundase y se extendiese]. Los religiosos fueron fabricadores de iglesias, herm[itas y ca]pillas de conventos, y provincias claustrales, cercadas con los muros de sus virtudes, ejemplo y con la observancia de sus reglas y constituciones; y finalmente, fundaron los pueblos de esas serranías y provincias, para que tuviesen asiento de quietud aquellos bárbaros, que andaban siempre vagos entre peñas. Bosques, y quebradas. Así lo notan algunos expositores, como lo asegura el padre Cornelio (6).

Estas son las novedades, aunque ya antiguas, que debían tenerse siempre en la memoria, que guardó Dios para los religiosos misioneros de estas partes del Nuevo Mundo, en su descubrimiento y conversión a Cristo que contiene a los peruanos, mexicanos, brazilios [sic] y chilenos, como interpreta el gran Cornelio (7).


Paleografía: Fernando Armas Medina

Transcripción: José Gálvez Krüger