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Jueves, 21 de febrero de 2019

Crónica de la Orden de la Merced en América: El profetizado descubrimiento del Nuevo Mundo se cumple y se ejecuta por el almirante Cristóbal Colón

De Enciclopedia Católica

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Alegoría de América
El muy esforzado y valiente capitán Francisco Pizarro, que ganó el Perú para España y la cristiandad
La captura de Atahualpa marca el fin sel señorío de los incas
El emperador azteca Moctezuma vio, también, caer su señorio ante la espada y la Cruz
Párrafo IV

El profetizado descubrimiento del Nuevo Mundo se cumple y se ejecuta por el almirante Cristóbal Colón

Las predicciones proféticas son de infalible verdad, creíbles con el hábito sobrenatural de la fe. Teológica y precisa en indubitablemente se cumplen en el tiempo conveniente y oportuno, predeterminado por el beneplácito de la divina voluntad. Había Dios revelado que las Indias y el Nuevo Mundo serían subyugados y convertidos. Llegábase el tiempo de su conversión espiritual y del dominio monárquico que tantos siglos los tenía avasallados. Esta esclavitud gentilicia y tiránica y, mucho más, su ciega infidelidad movía las piadosas entrañas de la Misericordia de Dios y empezó su Divina Providencia a exhortar a los españoles para que con sus embarcaciones fuesen a socorrer y ayudar aquellas gentes convulsas: esto es agitadas con guerra (1). Estas guerras serían las de Atahualpa, bastardo, y de Cusi Huáscar Inca, primogénito, hijos de Huayna Cápac, duodécimo y último emperador de las Indias, en que, al tiempo de la conquista, estaban estos príncipes destruyéndose y con que perdieron el imperio y las vidas, que esperaban la salud de sus almas, como así lo dice Forelio [sic] (2).

No podían estos miserables gentiles salir a buscar la salud de sus almas por que habitaban en las partes más remotas del orbe. Carecían de embarcaciones de línea, de su piedra imán y del arte náutica (3). Sólo traficaban costa a costa en canoas pequeñas formadas de encinas y cortezas de árboles (4). Eran unos pueblos y gentes convulsas, esto es apartados de la Europa y de su continente, por haberse sorbido el Océano la tierra intermedia, a la máxima ínsula Atlántica, que en su amplitud superaba la Europa y la Asia (5), como refiere [Platón, en su Timeo; de fama y memoria] de este grande imperio sumergido [permanecía] entre los indios en su [primera] conquista, como escribe Francisco Gómez [sic] en su História índica.

Vencidas, pues, las dificultades y reparos que se refieren por los autores que tratan del descubrimiento de las Indias y Nuevo Mundo, y después que por espacio de setecientos y ochenta años la nación española había peleado con los sarracenos, enemigos de la fe, en los términos de España, y totalmente expedídolos de ella, exterminado su último dominio y reino de Granada, dispuso la Divina Providencia dar a sus reyes católicos, don Fernando y doña Isabel, un Nuevo Mundo para que, sin intermisión alguna, peleasen sus armas contra la infidelidad en aumento de la fe.

Resolvióse que Cristóbal Colón intentase el descubrimiento de las Indias. Y hechos los conciertos en la ciudad de Santa Fe y despachado el privilegio en la de Granada, año de mil y cuatrocientos noventa y uno, en treinta de abril, el animoso Colón, más grande que Alejandro y más feliz, [t]omó, a costa de los reyes, tres carabelas, partió de Palos de Moguer, pueblo marítimo de la Andalucía, con ciento y treinta soldados y marineros, el día tres de agosto de noventa y uno. Y habiendo navegado dos meses y ocho días, descubrió sus tierras en once de octubre, reconociendo la isla de los Lucayos, entre La Florida y Cuba, Y con sumo gozo tomó la posesión de las Indias Occidentales, en nombre de los reyes de Castilla, para que sus armas en aquellos reinos tan retirados y bárbaros auxiliasen y defendiesen los derechos de la Iglesia en la propagación de la fe. Finalmente, el año de cuatrocientos noventa y dos, con feliz navegación, aportó a la Isla Española, llamada de Santo Domingo, por haberla entrado en domingo, día dedicado al Señor, y fausto principio de las conquistas de este Nuevo Mundo.

Hasta aquí todo era profecía oscura y enigmática con figura [y] símbolos de nubes y palomas, de legados de ángeles veloces, de naves [en] la frase de [cí]mbalos con alas y de islas que esperaban de lejos su remedio en lo espiritual y temporal; y ya todo es historia, no de lo futuro sino de lo pasado y sucedido el referido año de cuatrocientos noventa y dos, ahora doscientos años. La verdad es alma de la historia: y hasta entonces estaba en opiniones si era habitable esta región, bajo la Tórrida Zona; y era la más plausible, seguida de los mayores entendimientos del mundo, la opinión negativa que, con el descubrimiento de la América, es ahora con evidencia falsa. Fue esta experiencia, en el descubrimiento de Colón y las conquistas de Hernando Cortés y don Francisco Pizarro, admiración del mundo y, después de la creación del universo y su reparo por al Encarnación del Verbo, es un prodigio tan singular que no se halla escrito en letras [divinas ni] profanas otro que se le iguale. Así lo escribió Alano Copo en el diálogo sexto, capítulo treinta y cuatro, con las palabras del margen (6).

Justa y legítima posesión de nuestros reyes católicos, guardada para sus majestades y sus españoles y, con evidencia histórica, no prevenida para otros soberanos ni naciones; y con ella los quiso engrandecer el cielo, dándoles esta América, que excede en su longitud a la Europa, Asia y Africa en setecientos y cincuenta leguas y en su circunferencia tiene bojeadas por las costas nueve mil y cuatrocientas leguas, según la más curiosa y puntual investigación de la moderna cosmografía: constando este Imperio de setecientas islas, entre las cuales hay algunas mayores que España, Francia e Italia. Llamóse América por Américo Vespucio, florentín que vino con el almirante Colón en su segundo viaje, el año de cuatrocientos noventa y nueve. Dicho Américo observó los rumbos, derrotas y alturas que le advirtió Colón en el descubrimiento de las Islas de Barlovento, Cuba, Jamaica y Santo Domingo y, volviendo a Cádiz, forjó sitios y cosmografía de aquellas tierras, llamándolas América de su nombre, sin haberlas descubierto ni conquistado. Esta América fue desde entonces emulación de los soberanos de la Europa. Sus conquistadores excedieron a Alejandro en su imaginaria desmedida grandeza y gloriosamente, dejaron a las espaldas las columnas de Hércules , en que gravaron el Plus Ultra por el ingenioso ofrecimiento de un médico. Todo este basto y casi inmenso imperio dio, después Dios, a nuestros reyes el almirante Cristóbal Colón en el primer descubrimiento de esas islas, conducido a ellas en sus tres carabelas por la dirección del poder, sabiduría y misericordia de Dios; y se cumplió a la letra la profecía de Isaías, en el verso notado al margen (7). Si lo dicho hasta aquí no es respuesta positiva y categórica a la carta, puede vuestra excelencia, a cuyo superior dictamen me sujeto, mandar se cancele; y paso en el siguiente párrafo a [tra]tar de las misiones, conquistas espirituales y reducción a la fe de los gentiles de aquellas primeras Islas y de los habitadores de la tierra firme de la América.

Paleografía: Fernando Armas Medina

Transcripción: José Gálvez Krüger