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Miércoles, 11 de diciembre de 2019

Canto Bizantino

De Enciclopedia Católica

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Definición

Podría definirse el Canto Bizantino como la expresión musical utilizada por la Iglesia Ortodoxa Griega en su liturgia y celebraciones. Su carácter exclusivamente vocal (la única excepción es el empleo ocasional de campanas y un instrumento de madera también percutible denominado toaca) y monódico (en esto se aproxima al canto gregoriano, su equivalente aunque tan sólo sea en cuanto a función, en el ámbito de la Iglesia Occidental), son dos de sus rasgos más peculiares.

El tercero el hecho de estar vinculado de un modo absolutamente esencial a la lengua griega, lengua litúrgica por antonomasia para el cristianismo, pues en ella se escribieron sus textos fundacionales. Asimismo es de especial importancia para el tema que nos ocupa la primera traducción del Antiguo Testamento a una lengua distinta del hebreo, la denominada Septuaginta o Biblia Griega (sobre este texto realizó San Jerónimo su versión latina de la Biblia, la denominada "Vulgata"). Finalmente en lengua griega tuvo lugar durante los primeros siglos del cristianismo un brillante florecimiento de la himnografía religiosa llevada a cabo por poetas músicos, entre los cuales cabe destacar Romanos el Melodista o Juan Damasceno. El realce de estos textos, por encima de cualquier razón estética, es el cometido primordial encomendado al Canto Bizantino, con la sola excepción, como puede verse en el apartado correspondiente, en el caso de la composición puramente musical denominada Krátima.

Origen

Una de las cuestiones más interesantes del Canto Bizantino es sin duda el hecho de que hunde sus raíces, y de una forma ininterrumpida a pesar de las inevitables modificaciones producidas por el paso de los siglos -en esto es equiparable a la propia lengua griega-, en la Antigüedad. Efectivamente, aunque su periodo fundacional haya de establecerse obviamente a partir de los siglos II o III de nuestra era, el caso es que debido a un fenómeno de sincretismo advertible también en otros muchos aspectos, tales como el pensamiento teológico, la liturgia o el arte, en él se puede rastrear además de la existencia de abundantes vestigios paleocristianos, también la pervivencia de material procedente de la Grecia Antigua, así como del área siria y palestina.

Como es lógico suponer, las primeras expresiones musicales cristianas debieron de estar profundamente influidas por los cánticos propios del culto judío. Sin embargo, con el tiempo y su incontenible expansión en el área cultural helénica, hubo de producirse el fenómeno de sincretismo antes apuntado mediante el cual con toda seguridad se introdujeron en el repertorio bizantino elementos propios de las expresiones musicales cultuales paganas, tanto de origen mistérico como del culto oficial, y asimismo de música profana. Señal de ello lo constituye la evidencia de que tanto la teoría musical como el complejo sistema de notación adoptado por el canto bizantino en sus comienzos fue el que utilizaban los griegos en la Antigüedad.

Evolución

Tras estos comienzos un tanto oscuros el Canto Bizantino tiene su primer gran periodo de expansión entre los siglos V al XI. Siguiendo el modelo de la hímnica griega (de Píndaro por ejemplo), aparece una pléyade de poetas músicos, que sientan las bases en torno a las cuales de un modo constante, se va a asentar el desarrollo posterior. Entre ellos habremos de destacar a Romano el Melodista (siglo V-VI) y a Juan Damasceno (siglo VI-VII). A este último se atribuye el establecimiento de los ocho modos o tipos melódicos que caracterizan al canto bizantino hasta nuestros días, el denominado "octoeco" bizantino: el I, II, III, IV (en griego se numeran de la letra alfa a la letra delta) y sus correspondientes modos "plagal".

Entre el siglo XII y la caída de Constantinopla tiene lugar una evolución un tanto peculiar; de un estilo de gran sobriedad y fundamentalmente silábico (a cada sílaba del texto musicado corresponde una nota melódica), se pasa paulatinamente a otro de carácter melismático denominado kalofónico, "de bello sonido", en el que predomina un gran barroquismo en la elaboración, pues en este caso a una sílaba del texto escrito puede llegar a corresponder hasta una frase musical completa. El máximo representante de esta tendencia de gran éxito en la tradición bizantina posterior fue Juan Koukuzelis. Un nuevo tipo de composición, la Krátima, aparece también con el nuevo estilo; un desarrollo musical de gran fantasía que por vez primera carece de texto litúrgico de referencia.

Ya en pleno siglo XVIII asistimos a un nuevo florecimiento de esta rica tradición. En este periodo cabe destacar a dos grandes personalidades. En primer lugar a Pedro Lampadarios o Peloponesios, que además de ser un gran compositor, llevó a cabo una ingente tarea de exégesis y recuperación de toda la tradición anterior, labor que fue continuada por su discípulo Pedro de Bizancio. Y en un segundo lugar Pedro Bereketis; en él podemos apreciar una síntesis excepcional de los viejos modos y de influencias foráneas, provenientes tanto del ámbito turco, al que políticamente pertenecía Grecia en ese momento, como del occidental.

Durante los siglos XIX y XX con la independencia política del Estado griego asistimos a una revitalización constante de esta antiquísima tradición sin perder en ningún momento sus rasgos esenciales, así como al final del proceso de simplificación de la compleja notación musical bizantina en torno a la segunda década del siglo XIX.

Modos de interpretación

Con carácter general existen dos formas de interpretar el Canto Bizantino. La individual, por medio de un psaltis o cantor, y la colectiva a través de un coro tradicionalmente masculino. En la mayoría de los casos, tanto el psaltis como el coro son acompañados por uno de los elementos más llamativos de este estilo para un oyente habituado a la música occidental y que le prestan un carácter que podríamos calificar de "místico y sobrecogedor", los isócrates, quienes tienen como función emitir un bordón vocal que marca el tono predominante de la composición ejecutada. Esta especie de "zumbido cósmico" representa para los teóricos de este estilo musical la propia unidad y concordia entre los creyentes.

Antes de entrar en una somera descripción de las principales composiciones del Canto Bizantino, permítasenos hacer referencia a los servicios más significativos que configuran la liturgia ortodoxa griega así como a su ciclo litúrgico, pues en función de ellos fueron concebidos.

El día, litúrgicamente hablando, comienza con el atardecer y el servicio de esperinó, (vísperas) y continúa con el de mesonýkto (media noche); poco antes del amanecer comienza el servicio de órzros (maitines) . Entre ellos tienen lugar los servicios de las Horas (1ª, 3ª,6ª y 9ª) y la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, la misa bizantina . Todos ellos constan de abundantes partes cantadas y para ellas han venido desplegando himnólogos y músicos todo su saber a lo largo de los siglos.

Dentro del ciclo anual hemos de destacar las grandes celebraciones, por lo demás idénticas a las del cristianismo occidental: Navidad, Epifanía, Pentecostés, etc. Mención aparte merece la Megáli Ebdomádos (Semana Santa ); para este periodo, sin duda alguna, han ofrecido los compositores bizantinos lo mejor de sí mismos. Tipos de composiciones

Tipo de composiciones

Existe una gran cantidad de composiciones en el Canto Bizantino, de ellas tan sólo vamos a hacer referencia a algunas de las más importantes.

Kanónas (canon): quizás sea una de las composiciones más brillantes del arte musical bizantino debido al ritmo rápido que las caracteriza en su interpretación. Consta de un número de odas que varía entre 3 (durante la época del "Triodion", periodo litúrgico que va desde la Cuaresma al domingo de Pascua), y 9. Cada oda consiste en una estrofa inicial (irmos), que al final de la composición, se canta de un modo lento (katavasia), y de diferentes estrofas con un metro y una melodía similar a la del irmos, las troparia.

kontákion: son himnos muy antiguos, de gran longitud y libertad compositiva, de los que en la actualidad tan sólo suele ejecutarse las primeras estrofas. Akathístos: obras también de gran envergadura (constan de 24 estrofas) y que se interpretan tan sólo en las grandes celebraciones

Idiómelon: consiste en una composición con estructura tanto poética como melódica individualizada y que por lo tanto no sirve nunca de modelo a otras piezas.

Theotokío: himnos dedicados a "la Madre de Dios" (Theotokos).

kathísma: composición que da entrada a partes de la liturgia que se escuchan sentado.

Apolytíkion: piezas interpretadas habitualmente con un ritmo rápido y que sirven de despedida en los diferentes servicios.

Krátima: como ya hemos indicado anteriormente, se trata de trabajos puramente musicales pues carecen de texto poético.


Referencias discograficas

Este apartado en absoluto pretende ser exhaustivo pues tan sólo se hará referencia a unos cuantos discos que sirvan como botón de muestra de una discografía tan abundante como difícil de adquirir; por ello este va a ser el criterio básico de elección: su accesibilidad, o bien a través de su adquisición en tiendas de discos españolas o bien mediante su audición en la red.

Para iniciarse existen dos discos absolutamente recomendables. El primero, "Mystery of Byzantine Chant. Kontakion", editado por Philips, es una grabación que podríamos definir como "mixta", pues contiene himnos ortodoxos relacionados con la Pasión de un doble origen, Grecia y Rumania. La gran ventaja que supone esta grabación para el que quiera iniciarse en la música bizantina consiste en que la tradición rumana se encuentra a medio camino entre la griega y la occidental, por lo cual el contraste es menos acusado. De todos modos, la parte puramente bizantina del disco es de calidad y bastante representativa, si bien algunos cortes están interpretados por voces femeninas, algo no muy "ortodoxo" en la tradición musical que nos ocupa. Finalmente el cd contiene también un folleto con los textos tanto en griego como en español.

El segundo, "Byzantine Liturgy of Saint John Chrysostom. Licourgos Angelopoulos and the Greek Byzantine Choir. Opus 111", nos muestra al Canto Bizantino en toda su variedad, brillantez y magnificencia; partes cantadas (por coro o por solistas) y otras salmodiadas se suceden en el desarrollo del servicio litúrgico ortodoxo de mayor relevancia. El folleto que acompaña la grabación presenta una buena introducción y los textos tanto en inglés como en francés . Pasando ya a un segundo o incluso tercer grado de "dificultad auditiva", y dentro de la discografía correspondiente a solistas o coros profesionales, podemos recomendar otros dos discos.

El primero, "Ioannis Koukouzelis. The Maïstor Byzantine. Licourgos Angelopoulos and the Greek Byzantine Choir. Jade", recoge trabajos de este músico extraordinario del Canto Bizantino que vivió en torno al siglo XIII de nuestra era. Su estilo se caracteriza por su "kalofonismo" (ver el apartado correspondiente al origen y evolución del Canto); la grabación contiene una Krátima verdaderamente monumental, con una duración aproximada de 33 minutos. El folleto contiene una introducción bastante técnica así como los textos tanto en griego como en inglés y francés.

El segundo, "Grand Chant Octotonal á la Vierge. Theodoros Vassilikos y el Choeur Byzantine. Ocora", contiene una obra de Petros Bereketis (ver el apartado correspondiente al origen y evolución del Canto), una obra de extraordinario aliento y dificultad, en la que se expresa todo el misterio que pueda llegar a ofrecer esta rica tradición musical helénica. El título obedece al hecho de que cada uno de sus "movimientos" está compuesto en cada uno de los ocho modos o tipos propios del canto bizantino (ver el apartado correspondiente al origen y evolución del Canto). El folleto que acompaña la grabación contiene una somera introducción en francés y en inglés, así como el texto del canto en esas mismas lenguas (el texto griego aparece en la grabación de Sony a la que se hace referencia más adelante). Respecto a Theodoros Vassilikós señalar que es una de las grandes figuras actuales de la música bizantina, que cuenta tanto solo como acompañado por el Coro Bizantino, de una amplia discografía normalmente realizada en directo.

Otro solista de gran calidad es Photios Ketsetzis. Su discografía que abarca la mayor parte de las grandes celebraciones ortodoxas (Cuaresma, Semana Santa, Pentecostés, etc.), es sin embargo difícil de obtener fuera de Grecia o a través de tiendas de la red. Y hemos dejado para el final la discografía correspondiente a solistas y coros de monjes. Si bien sus interpretaciones en algunos casos no cuentan con la perfección técnica de la de sus colegas profesionales, presentan sin embargo una intensidad e inmediatez, una autenticidad en la mayoría de los casos extraordinarias. Sirva para empezar el cd "Mount Athos: selection of orthodox chants performed by Mount Athos Monks. Sony Classical", grabación interpretada por un solista, el padre Pródromos. Un disco de gran variedad tanto en el aspecto temporal, pues supone un recorrido por el Canto Bizantino a través de obras correspondientes a muchos de sus mejores compositores y épocas, como en los diversos tipos de composiciones que se interpretan. El folleto contiene una introducción en griego e inglés y los textos tan sólo en su lengua original.

Y para continuar hacer referencia a un coro y a unas grabaciones absolutamente excepcionales, las realizadas por el Coro de Monjes del Monasterio de Vatopedi en el Monte Atos. Sus trabajos discográficos abarcan fundamentalmente dos series, la primera dedicada a las grandes celebraciones del ciclo ortodoxo (Navidad, Epifanía, etc.), y la segunda íntegramente a la Semana Santa . En esta última, el tono grave y afligido del lunes se contrapesa con la serenidad reflexiva de los oficios del sábado, o el tono jubiloso correspondiente al domingo de Pascua, en el que sobresale la luminosa interpretación del canon escrito por Juan Damasceno y musicado por dos importantes compositores bizantinos, Ioannis Protosaltis y Petros Peloponesios. Dichas grabaciones, realizadas en colaboración con la Universidad de Creta, constituyen verdaderas joyas del Canto Bizantino clásico. El único pero: su difícil obtención. De todos modos, existe la posibilidad de escuchar alguna de ellas a través de la web del Patriarcado Ecuménico. Igualmente difíciles de obtener son las grabaciones realizadas por el Coro de Monjes del Monasterio de Simonopetra, monasterio este también ubicado en el recinto del Monte Atos. De una calidad algo inferior a la de sus "colegas", los monjes de Vatopedi, no obstante son remarcables por su gran frescura e inmediatez. Sus discos cubren los diversos servicios diarios de culto: vísperas, maitines, etc.; así mismo han editado varios volúmenes dedicados al salterio con composiciones contemporáneas, aunque siempre dentro de las pautas tradicionales, debidas al actual director de este coro .



Por Rafael Lobarte Fontecha © 2003

Selección del enlace y revisión del contenido.: José Gálvez Krüger.