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Lunes, 9 de diciembre de 2019

Bernardo Tanucci

De Enciclopedia Católica

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Marqués, estadista italiano, nació en Stia, Toscana, en una familia pobre, en 1698 y murió en Nápoles el 29 de abril de 1793. En la Universidad de Pisa, donde algunos benefactores le permitieron estudiar, fue nombrado catedrático de derecho en 1725 y se destacó en la república de estudiosos más por la vehemencia que por la erudición con la que defendió la autenticidad del Codex Pisanus de los Pandectistas. Cuando Carlos, hijo de Felipe V de España, pasó por Toscana de camino a conquistar el Reino de Nápoles, se llevó a Tanucci; lo nombró primer cónsul de estado, luego superintendente de correos y por último primer ministro. Al nombrarlo para este último cargo, el rey le confirió un título nobiliario. Como primer ministro fue extremadamente celoso en el establecimiento de la supremacía del Estado sobre la Iglesia y en la abolición de los privilegios de la nobleza junto con el feudalismo. Restringió la jurisdicción de los obispos, impidió la expansión DE LA LLAMADA “manos muerta” (derecho inalienable de la iglesia a la tenencia de la tierra) y redujo los impuestos recaudados por la cancillería de la Curia Romana. Todo esto quedó sancionado en el Concordato de 1741, aunque su aplicación fue mucho más allá de lo que la Santa Seda había pretendido. Para dirimir las controversias que pudieran surgir como consecuencia del Concordato, se constituyó un tribunal mixto compuesto por eclesiásticos y laicos. Sin embargo, Tanucci fue más lejos al establecer el principio de que no podían ordenarse más de diez sacerdotes por cada mil almas, número que se reduciría después a cinco por mil. El Placet se aplicó estrictamente. Las censuras de los obispos contra los laicos por faltas debidas a su obediencia de las leyes estatales quedaron anuladas. No podían erigirse nuevas iglesias sin permiso del rey.

Su política hostil a la Iglesia llevó a Tanucci a descuidar otros intereses, en especial las relaciones exteriores. En 1742, una flota inglesa puso en grave peligro las costas napolitanas y sólo se salvó el reino con la firma de una ley de neutralidad en la guerra entre España y Austria. Para reformar las leyes, instituyó una comisión de sabios juristas con instrucciones de compilar un nuevo código, lo que, sin embargo, se cumplió. Cuando Carlos III de Nápoles ascendió al trono español en 1759, Tanucci fue nombrado presidente del consejo de la regencia instituido para el pequeño Fernando V de nueve años quien, aún al llegar a la mayoría de edad, prefirió mantenerse al margen de los asuntos de gobierno y dedicarse a los placeres de la caza. Además, su predecesor, Carlos III, aunque se encontraba en España, siguió gobernando el reino por instrucciones de Tanucci quien ahora podía adoptar, con mayor libertad, su política hostil a la Iglesia. Los ingresos provenientes de las diócesis y abadías vacantes que fueron aumentando constantemente con el tiempo – fueron confiscados. Se cerraron treinta y ocho conventos, los diezmos se restringieron y luego se abolieron; la adquisición de nuevas propiedades por “manos muerta” fue prohibida y se impusieron nuevas restricciones al reclutamiento clerical. El Placet se amplió hasta abarcar antiguas bulas papales y se estableció el principio de que las concesiones de carácter eclesiástico no realizadas ni aprobadas por el rey podían revocarse a voluntad por el rey mismo o por sus sucesores. Esto permitía suprimir o cambiar testamentos a favor de la Iglesia por determinación del rey quien, según Tanucci, tenía el poder proveniente directamente de Dios. Se prohibieron las apelaciones a Roma no aprobadas por el rey. El matrimonio se declaró un contrato de naturaleza civil, derivándose de este principio el juzgamiento de casos maritales por el tribunal civil. Por orden de Carlos III, los jesuitas fueron suprimidos y expulsados del Reino de Nápoles (1767).

Esta expulsión de los jesuitas fue parte del movimiento de las cortes de los borbones en toda Europa para destruir la Compañía de Jesús: Pombal en Portugal, Aranda en España, Choiseul en Francia y Tanucci en Nápoles, todos actuando en concierto para este fin. Tan pronto como Clemente XIV inició su pontificado, recibió un llamado urgente de las cortes de los Borbón para suprimir a los jesuitas y los ministros de estas cortes no ahorraron esfuerzo para lograr este propósito. El papa imploró tiempo y paciencia para estudiar los cargos contra la Compañía de Jesús pero se vio abrumado por la implacable y amenazante actitud de la liga borbónica contra los jesuitas. en la guerra contra la Compañía de Jesús, la energía que desplegó Tanucci, no fue menor a la de Pombal, Aranda, y Choiseul con quienes coincidía en su hostilidad generalizada hacia la Iglesia y en su determinación de suprimir por completo una orden de hombres cuya amplia influencia representaba un obstáculo para sus propios métodos arbitrarios contra de la libertad de la Iglesia. A su excomuión por Clemente XIII, Tanucci respondió con la ocupación de Benevento y Pontecorvo, que sólo fueron evacuadas después de la expulsión de los jesuitas en 1773. Las protestas de los obispos contra muchas de las nuevas enseñanzas en los colegios después de la expulsión de los jesuitas, fueron consideradas inválidas, uno de los últimos de estos actos fue la abolición de la chinea, o el tributo anual que los reyes de Nápoles habían pagado al papa como soberano desde la época de Carlos de Anjou (1776). Su desacertada política financiera y la imposición de un gravamen sobre los alimentos dieron lugar a protestas y levantamientos populares en varias oportunidades. Pero cuando, en 1774, la Reina Carolina, una princesa austriaca, entro a formar parte del Consejo de Estado, el poder de Tanucci comenzó a declinar. En vano se esforzó por neutralizar la influencia de la reina. En 1777, cayó en desgracia y fue despedido. Se retiró al campo y murió abandonado y sin hijos.

Tanucci representa el prototipo italiano de la desafortunada especie de los estadistas del siglo XVIII, cuyo principal exponente fue Pombal. Escépticos en cuestiones de fe y moral, eran “anticlericales” porque pretendían lograr una tiranía universal del estado en la que el rey fuera la figura principal mientras que el ministro era en realidad el amo. Quisieron expulsar a los jesuitas acusándolos de lo que ahora llamaríamos “liberalismo”; lo que hicieron, en cambio, fue abrir paso al poder de las sectas y al estallido de las revoluciones.

LASTRE, Elogio del marchese Tanucci (Novelle letterarie fiorentine) (Florencia, 1783); COLLETTA, Storia del regno di Napoli dal 1785 al 1825, I (Capolago, 1834). Ver también los documentos y estatutos sobre la supresión de los jesuitas. Entre las publicaciones de Tanucci se encuentra Epistola de pandectis pisanis (2 vols., Florencia, 1731).

U. BENIGNI. Trascrito por Douglas J. Potter Dedicado al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María Traducido por Rosario Camacho-Koppel