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Domingo, 23 de enero de 2022

Levitas

De Enciclopedia Católica

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(Proviene de Levi, nombre de un antiguo patriarca generalmente se interpreta como “unido” o “unido a”—ver Gen. Xxix, 34, también Num., xviii, 2, 4, texto Hebreo).

Eran los ministros subordinados nombrados por la Ley Mosaica para el servicio del Tabernáculo y del Tempo. Levi fue el tercer hijo de Jacob y Lía y hermano de padre y madre de Rubén, Simeón y de Judá. Junto con Simeón se vengó de la humillación sufrida por su hermana Dina con la matanza de Sichem y de su Gente (Gen., xxxiv). Hecho de violencia por el cual los dos hermanos fueron reprobados tanto en Gen., xxxiv, 30, como en la profecía atribuida al patriarca en Gen., xlix, 5-7.

Dejando de lado toda discusión crítica ligada a este incidente así como a otros hechos unidos a la historia de la tribu, el siguiente punto a tener en cuenta es la conexión de Leví con el sacerdocio. Según la Biblia, todos los descendientes masculinos del patriarca fueron apartados por Moisés, según mandato divino, para el servicio del Santuario. Distinción que puede haberse debido al celo religioso manifestado por la tribu cuando ocurrió la adoración idólatra del becerro de oro (Ex., xxxii, 25-29). Consecuentemente también, debido a que era la tribu a la que Moisés pertenecía, probablemente era la más confiable para apoyar al legislador en el establecimiento y promoción de sus instituciones religiosas entre el pueblo. El llamado sagrado a los Levitas se menciona en diversos pasajes del Pentateuco. Por ejemplo, el autor de los primeros capítulos de Números (P), después de recordar (iii; cf. Ex., xxviii, xxix; Lev., viii, ix) los nombre y las funciones sagradas de los hijos de Aarón, nombra a la tribu completa de Leví como aquellos “que debían pararse ante a Aarón como el sacerdote que debía pastorearlo. Y dejarlos mirar y observar lo que fuere necesario para el servicio del pueblo ante el tabernáculo del testimonio y dejarlos cuidar los vasos del tabernáculo y servir en ese ministerio de ahí en adelante”. Aunque en Num., xviii, 23, la misión especial de la tribu es descrita ampliamente como mediadora entre el Señor y su pueblo y aunque el Levítico menciona en el interesante y antiquísimo pasaje de Jueces (xvii, xviii) es representado ejerciendo sin calificación las funciones del sacerdocio, muchos comentaristas sostienen que desde el comienzo se hizo una distinción entre los sacerdotes de la familia de Aaron y los simples Levitas – distinción que se hizo muy pronunciada en la historia posterior del Pueblo Escogido. En Num., viii, 5-22 se describen las ceremonias mediante las cuales son simples Levitas eran consagrados al servicio del Señor. Además de las funciones generales que tenían de ayudar a los sacerdotes, a los Levitas se les encomendaba cargar el Tabernáculos y sus utensilios, vigilar el santuario, etc. Como la mayoría de sus deberes exigía la fuerza completa de un hombre, los Levitas no asumían sus funciones antes de los treinta años de edad.

En la distribución de la Tierra de Canaan después de la conquista, Josué, actuando según instrucciones recibidas de Moises, excluyó a la tribu de Leví de tener parte del territorio como las otras tribus. “Pero a la Tribu de Leví no le otorgó posesión alguna porque el Señor Dios de Israel es su posesión” (Jos., xiii, 33.) Debe notarse que en Gen., xlix, 5-7 se menciona una razón completamente diferente que explica por qué no se les otorga ninguna posesión. En vez de un territorio específico los miembros de la Tribu de Leví recibieron el permiso para morar disperses entre las otras tribus, haciéndose una provisión especial para su manutención. Además diezmo de las cosechas y Ganado, y de otros sacerdotales ya otorgados por Mosies, los Levitas ahora recibían de cada una de las otras tribus, cuatro ciudades con tierras de pastoreo o cuarenta y ocho en total (Jos., xxi). Entre estas se encontraban seis ciudades para refugio, tres en cada lado del Jordán, que fueron separadas para controlar la costumbre bárbara de la revancha sangrienta, que todavía existe entre las tribus Arabes, y en virtud de la cual los parientes de un hombre asesinado consideraban un deber vengarlo matando a su asesino intencional o aún no intencional. Es probable, sin embargo, que estas disposiciones administrativas relativas a los Levitas no fueran llevadas a cabo en su totalidad sino hasta tiempo después de la conquista, puesto que, durante el largo período de transición entre la vida nómada en el desierto y la vida civilizada completamente organizada de tiempos posteriores, los sacerdotes y Levitas parecen haber llevado una existencia bastante precaria. Tomando la historia de Miqueas (Jueces, xvii) como relato que ilustra la condición del orden Levítico durante dicho período temprano, parece que los sacerdotes se encontraban en precarias condiciones y tenían que deambular buscando sus sustento.

Los escritos sacerdotales del Antiguo Testamento describen con abundancia de detalles la elaborada y altamente jerarquizada organización del sistema sacerdotal o Levítico, el cual sin duda fue el resultado de una largo proceso de desarrollo religioso y ritual que alcanzó su plenitud en el período post-Exilio. Así como en otras historias de religiones antiguas, al comienzo de la Historia Hebrea no existía una clase sacerdotal. Las funciones del sacerdocio las llevaba a cabo generalmente el jefe o cabeza de familia o clan sin necesidad de un santuario especial. Existen abundante evidencia que muestra que durante largo tiempo después de la muerte de Moises el oficio sacerdotal era ejercido no solo ocasionalmente sino permanentemente por descendientes no precisamente de los Levitas. La Legislación del Deuteronomio insiste en la unidad del santuario y reconoce a los descendientes de Levi como los únicos miembros legítimos del sacerdocio, pero ignora la aguda y clara distinción entre los sacerdotes y simples Levitas que aparece en la legislación y escritos posteriores ya que a toda la clase completa se le menciona como los “sacerdotes levitas”. Esta categoría excluye a los sacerdotes puramente laicos quienes no son tolerados ya más, pero si cualquier Levita desee abandonar su residencia en cualquier lugar de la tierra y trasladarse a Jerusalén “El ejercerá el ministerio en Nombre del Señor su Dios, tal como todos sus hermanos Levitas lo hacen, y se parará delante del Señor. Recibirá la misma porción de comida que el resto; además aquellos que se le deba en su ciudad por herencia de sus padres (Deut., xviii, 6-8). Los escritos post-Exilio describen en detalle y con todo su vigor la organización y tareas del sistema levítico así como cierta cantidad de regulaciones que se le atribuyen al Rey David. Por tanto, es en el período de su reinado que en I Par. se señala la introducción de un sistema de cursos mediante el cual todo el cuerpo sacerdotal fue dividido en clases, y llevaban el nombre de sus respectivos jefes y eran regidos por ellos. Realizaban diversas funciones semana a semana, y sus tareas específicas eran determinadas por sorteo. (cf Lucas, i, 5-9). Leemos asimismo, que durante el reinado de David el resto de los Levitas, hasta la cantidad de treinta y ocho mil, que abarcaban de las edades de los treinta años en adelante recibieron una organización especial (I Par., xxiii-xxvi). Los Levitas son mencionados únicamente tres veces en el Nuevo testamente (Luca x, 32; Juan I, 19, Hechos, iv, 36) y estas referencias no arrojan ninguna luz en cuanto a su estatus en el tiempo de Cristo.

LEGENDRE in VIG., Dict. de la Bible, s. v. Lèvi, Tribu de (III); BAUDISSIN in HAST., Dict. of the Bible, s. v. Priests and Levites; GIGOT, Outlines of Jewish History, viii, 2, etc.

JAMES F. DRISCOLL Transcribed by Thomas J. Bress