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Viernes, 20 de octubre de 2017

Arcosolium

De Enciclopedia Católica

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Esta palabra se deriva de arcus "arch" y solium, un término utilizado en ocasiones por escritores latinos para darle el sentido de sepulcro; solium porphyretici marmoris (Suet., Ner., 50). El término arcosolio lo aplicaban los primeros cristianos a un tipo de tumbas que se encuentran en las catacumbas romanas. Así podemos encontrar en una inscripción publicada por el P. Marchi (Mon. delle arti prim., 85), que todavía se puede observar en el patio del Palacio Borghese lo siguiente: "Aur. Celsus and Aur. Hilaritas han construido para ellos y sus amigos este arcosolio, con su pequeña pared, en paz".

Las tumbas llamadas arcosolios en las catacumbas se excavaban en la pared de los subterráneos. Eran cámaras abovedadas, cavidades abiertas en la roca viva, cubiertas con una losa de mármol y colocadas a la altura de una mesa ordinaria. En algunos casos como en el de la "cripta papal" y en la cripta de San Januarius, la pared frontal del sepulcro estaba hecha de mampostería.

Una especie de tumba muy similar en casi todos los aspectos, excepto en uno, es la llamada "sepulchrum a mensa", en la que un hueco u hornacina rectangular toma el lugar de la bóveda que distingue a los arcosolios. Se les conoce como lóculos. Las tumbas baldacchino de Sicilia y Malta son buenos ejemplos de este estilo.

Una forma más antigua de arcosolio que la que se ha descrito consiste en un hueco arqueado, excavado al nivel del suelo en donde se colocaban los sarcófagos que contenían los restos de los difuntos.

Los arcosolios estubieron muy de moda en Roma en el s. III. Muchos de los cuerpos de los mártires de la época fueron enterrados en ellos y, existen muchas razones para suponer que durante estos momentos las losas horizontales que cerraban los sepulcros servían como altares para celebrar la misa en ciertas ocasiones. Se sabe que en los cementerios romanos, los arcosolios eran decorados con pinturas y para ello se aplicaban revestimientos de estuco en las bóvedas y en las paredes laterales. La catacumba de los santos Pedro y Marcelino es una de las muestras más interesantes de este arte de decorar los sepulcros. En la pared lateral encontramos una pintura que alude al Milagro de Caná, que representa la Eucaristía, mientras que en la bóveda encontramos una escena bautismal que siempre se asocia con la Eucaristía también. Una segunda muestra, digna de destacarse se encuentra en el Cementerio Majus, donde encontramos a Nuestro Señor y en la pared vemos a María (algo exclusivo de las catacumbas) con el Niño Jesús. (ver CATACUMBAS).

MAURICE M. HASSETT Trascrito por Vivek Gilbert. John Fernández Dedicado a los que construyeron los arcosolios. Traducido por Cecilia Nieto B., México. Con información del Prof. José Manuel Reverte Coma, del Museo de Antropología Médicoforense Paleopatología y Criminalística en España. www.ucm.es/info/museoafc