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Domingo, 27 de septiembre de 2020

Zacarías

De Enciclopedia Católica

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En hebreo zekharyahu y zekharyah; que significa, "Yahweh recuerda", en los Setenta, Zacharia y Zacharias), hijo de Baraquías, hijo de Iddo, un profeta que surgió en Israel en el octavo mes del séptimo año del reinado de Darío, 520 antes de Cristo (Zac., 1,1) sólo dos meses después de que Ageo comenzara a profetizar (Ag., 1,1). Las incitaciones de los dos profetas produjeron la construcción del segundo templo (1 Esd., 5 y 6). Iddo fue uno de los sacerdotes principales que, en el primer año del reinado de Ciro (538 antes de Cristo), volvieron con Zorobabel de la cautividad (II Esd., 12, 4). Dieciséis años después, durante el sumo sacerdocio de Joaquín (versículo 12), Zacarías, de la familia de Iddo (versión hebrea del versículo 16), consta como sacerdote principal. Este Zacarías es muy probablemente el profeta y autor del libro canónico del mismo nombre. No es nada probable que fuera al profeta Zacarías al que se refiriera Cristo (Mat., 23, 35; Lucas, 11, 51) como habiendo sido muerto por los judíos en el Templo; ese Zacarías era hijo de Joiada (II Par., 24, 20). Además, los judíos del tiempo de Zorobabel obedecieron al profeta Zacarías (Zac., 6, 7); ni hay, en los Libros de Esdras, huella alguna de crimen tan atroz perpetrado en el atrio del Templo.

EL LIBRO

La profecía de Zacarías es uno de los libros admitidos tanto por los judíos como por los cristianos en su canon de las Sagradas Escrituras, como uno de los Profetas Menores. Este artículo tratará de su contenido e interpretación, su canonicidad, autor, época, lugar, y ocasión.

CONTENIDO E INTERPRETACIÓN

Parte primera (Capítulos 1-8)

Introducción. La finalidad del libro, la vuelta del pueblo a Yahweh (1, 1-6).

Las ocho visiones del profeta, en la noche del vigésimo cuarto día del undécimo mes del segundo año del reinado de Darío en Babilonia (1, 7- 6, 8).

Los jinetes en el bosquecillo de mirtos (1, 7-17). Sus monturas son de color castaño, bayo, y blanco. Traen noticias de todas partes; todos los países están en paz, no hay signo alguno de inminente cataclismo de las naciones como el que debe preceder a la liberación de Israel de la esclavitud. Y aun así Yahweh confortará a Sión, reconstruirá la ciudad y el Templo.

Los cuatro cuernos y los cuatro herreros (1,18-21). Los primeros son las naciones que han lanzado a los vientos a Judá e Israel y Jerusalén; los segundos son las potencias que a su vez derribarán a los enemigos de Israel.

El hombre con la cuerda de medir (2, 1-13).No intenta medir Jerusalén. La nueva Jerusalén no tendrá necesidad de muros, el propio Yahvé será para ella un muro de fuego. Morará en ella. La visión se hace ahora mesiánica, se extiende mucho más allá del futuro inmediato, y representa a todas las naciones del mundo alrededor de la nueva Jerusalén.

El sumo sacerdote Josué ante el ángel de Yahweh (3, 1-10). Vestido con sucias ropas, acusado por Satán, el sumo sacerdote aparece avergonzado. Se le quita su vergüenza. Se le ponen vestidos limpios. Se hace la promesa de la rehabilitación del sumo sacerdote en el templo que va a construir Zorobabel; y se pronuncia la promesa mesiánica del germen (en hebreo, çémáh ), el siervo de Yahweh (cf. Is., 4,2; Jer., 22, 5; 23, 15), que será enviado en medio del sacerdocio levítico.

El candelabro de los siete brazos del templo(4, 1-14). Un olivo a cada lado alimenta el candelabro. Las siete lámparas y sus luces son los siete ojos de Yahweh que van por toda la tierra de un extremo a otro (versículo 10). Los olivos son "los dos hijos del aceite", el ungido sacerdote Josué y el rey Zorobabel. La imagen es la de la providencia de Yahweh y sus dos agentes en el gobierno teocrático de la Jerusalén restaurada; esta providencia es un símbolo de la economía de la gracia en el reino mesiánico. Los versículos 6b-10a parecen estar fuera de lugar y pertenecer más bien al final del capítulo o ir después de 3, 10; esta última es la opinión de Van Hoonacker, "Les douze petits prophètes" (París, 1908).


El rollo de pergamino volante (4, 1-14). En él está la maldición de Yahweh que entra para consumir la casa de todos los ladrones y perjuros. La escena de la visión profética ha retrocedido varios cientos de años a los días de las fulminaciones y denuncias de Isaías, Amós, y Oseas; desde ese distante punto de vista se ven los efectos de los pecados de Israel y de las maldiciones de Yahweh - el exilio de Babilonia.

La mujer en la efá (5, 5-11). Es introducida por la fuerza en la medida, se cierra la tapa, enseguida se le pone un peso de plomo; es llevada a la tierra de Sennaar. La imagen es símbolo de la iniquidad de Israel transportada por la fuerza a Babilonia.

Los cuatro carros (6, 1-8). Portando la ira de Yahweh, son conducidos a las cuatro esquinas de la tierra; y el que va al norte asume la venganza de Yahweh contra las naciones del Norte que han tenido en cautividad a su pueblo elegido. Ha de subrayarse que esta serie de ocho visiones empieza y termina con imágenes similares - los caballos de diversos colores cuyos jinetes traen como resultado que toda la tierra está en paz y cuyos conductores, de similar manera, son portadores del mensaje de Yahweh.

Secuela de la ocho visiones

Como una secuela de las ocho visiones, especialmente de la cuarta y la quinta, Yahweh ordena a Zacarías que tome el oro y la plata traído de Babilonia por una delegación de judíos de la cautividad, y con ello haga una corona; que coloque esa corona sobre la cabeza del sumo sacerdote Josué, y luego la cuelgue como una ofrenda votiva en el Templo (6, 9-15). Los críticos generalmente insisten en que era Zorobabel y no Josué quien iba a ser coronado. Yerran al ignorar el simbolismo profético de la acción. Es el sumo sacerdote más que el rey el que es símbolo del sacerdote del reino mesiánico, "el hombre cuyo nombre es Germen" (texto hebreo), el que construirá el Templo de la Iglesia y en quien se unirán los oficios de sacerdote y rey.

La profecía del cuarto día del noveno mes del cuarto año del reinado de Darío en Babilonia (7 y 8)

Casi dos años después de las ocho visiones, el pueblo preguntó a los sacerdotes y a los profetas si era preciso aún mantener los ayunos del exilio. Zacarías da la respuesta que se le ha revelado; deben ayunar del mal, mostrar misericordia, ablandar sus corazones endurecidos; hacer abstinencia del fraude y no de alimentos es el servicio que Yahweh pide. Como motivo para este verdadero servicio de Dios, les pinta las glorias y las alegrías de la Jerusalén reconstruida (7,1-9).El profeta termina con una predicción mesiánica de la reunión de las naciones en Jerusalén (8, 20-23).

Parte segunda (Capítulos 9-14): Los dos oráculos

Muchos años han transcurrido. El templo de Zorobabel está construido. El culto de Yahweh, restaurado. Zacarías se asoma en el remoto futuro y habla del reino mesiánico.

Primer oráculo, en Hadrach (9-11)

La venida del rey (9-10). Las naciones de alrededor serán destruidas; las tierras de los sirios, fenicios, y filisteos caerán en manos de los invasores (9, 1-7). Israel será protegido en consideración a su rey, que llegará a ella "humilde y montado en un asno". Aquel al que se llamó el Germen (3, 8; 6,12) será para la nueva Jerusalén tanto sacerdote como rey (3, 8; 6, 3).

Los pastores de las naciones (11).Los significados, literal y simbólico, de este pasaje son muy oscuros, e interpretados diversamente por los comentaristas. La ruina del orgullo del Jordán, la destrucción de la tierra desde los cedros del Líbano a las encinas de Basán, al sur del Mar de Galilea (versículos 1-3) parecen referirse a un acontecimiento pasado hace mucho tiempo - la pérdida de la independencia del estado judío en 586 antes de Cristo -- en la misma forma que lo hace Jer., 22, 6,7. La alegoría de los tres pastores despedidos en un mes (versículos 4-8) es notablemente similar a la de Jer., 22 y 23. Probablemente esos gobernantes inicuos sean: Sellum, que fue deportado a Egipto (Jer., 22, 10-12); Joaquín, hijo de Josías, que fue "enterrado con el entierro de un borrico" (ibíd., 12-19); y su hijo Jeconías que fue arrojado a la tierra del extranjero (ibíd., 24-30). El pastor necio (versículos 15-17) es probablemente Sedecías. En los versículos 9-14 tenemos a Zacarías asumiendo el papel del pastor de Judá e Israel, intentando ser un buen pastor, siendo arrojado, vendido por treinta monedas de plata, y en todo esto simbolizando al Buen Pastor del reino mesiánico.

Segundo oráculo, la visión apocalíptica del futuro de Jerusalén (12-14)

Las naciones se congregarán contra Jerusalén (12, 1-3); pero Yahweh les golpeará en su poder, por medio de la casa de David (versículos 4-9); y los habitantes de Jerusalén se lamentarán como uno se lamenta por su hijo único (versículos 10-14). Las plegarias del pueblo de Jerusalén a Yahweh, que dice que "me mirarán a mí, a quien han traspasado", y su dolor por los males que le han hecho son símbolos del reino mesiánico. Yahweh es el símbolo de Jesús, las plegarias y lamentaciones de Jerusalén son el símbolo de las plegarias y lamentaciones que Jesús inspirará a la Iglesia cuando sus miembros contemplen a Aquel a quien han traspasado (cf. Juan, 19, 37). Como resultado de la victoria de Yahweh sobre las naciones, la idolatría será extirpada de Judá (13, 1-6).

El tema de los pastores es retomado otra vez. El pastor de Yahweh será herido; las ovejas se dispersarán; dos tercios de ellas perecerán; un tercio será reunido, para ser purificado como la plata y probado como el oro (13, 7-9). La escena profética cambia de repente. Zacarías pinta vívidamente los detalles de la destrucción de Jerusalén. En la primera parte de su oráculo, había pronosticado el traspaso de la Ciudad Santa de los Seleúcidas a los Ptolomeos y de nuevo la vuelta de los primeros, la helenización y paganización del judaísmo bajo Antioco Epifanes (168 antes de Cristo), la profanación del templo por Pompeyo y su saqueo por Craso (47 antes de Cristo). Ahora, después de arrojar al pastor de Yahweh, la ciudad está de nuevo en poder del enemigo; pero después "el Señor será rey sobre toda la tierra: en ese día habrá un solo Señor, y su nombre será único". El castigo del enemigo será terrible (versículos 8-19). Todas las cosas serán santas para Yahweh (versículos 20-21).

CANONICIDAD

Zacarías está incluido en los cánones tanto de Palestina como de Alejandría; los judíos y todos los cristianos lo aceptan como inspirado. El libro se encuentra entre los Profetas Menores en todas las listas canónicas hasta las de Trento y el Vaticano. Los escritos del Nuevo Testamento a menudo se refieren a las profecías del Libro de Zacarías como cumplidas. Mateo (21, 5) dice que en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos, los detalles tuvieron lugar para que se cumpliera lo que Zacarías (9, 9) había predicho; y Juan (12, 15) lo trae como testigo. Aunque en 27, 9 Mateo menciona sólo a Jeremías-aun así se refiere al cumplimiento de dos profecías, la de Jeremías (32, 6-9) sobre la compra del campo del alfarero y la de Zacarías (11, 12-13) sobre las treinta monedas de plata, el precio puesto al símbolo del Mesías. Juan (19, 37) ve en la Crucifixión el cumplimiento de las palabras de Zacarías "mirarán al que traspasaron" (12, 10). Mateo (26, 31) cree que el profeta (13, 7) predijo la dispersión de los discípulos del Señor.

AUTOR

En el análisis precedente del contenido de Zacarías, hemos determinado el autor, época, lugar y ocasión del libro. El autor de toda la profecía es Zacarías. La época de la primera parte es el segundo y el cuarto años del reinado de Darío en Babilonia (520 y 522 antes de Cristo). La época de la segunda parte es probablemente hacia el final del reinado de Darío o el comienzo del de Jerjes (485 antes de Cristo). El lugar de toda la profecía es Jerusalén. La ocasión de la primera parte es llevar a efecto la construcción del segundo Templo; la de la segunda parte es quizá la proximidad de la muerte del profeta. La opinión tradicional sostenida por los exegetas católicos sobre la unidad de autoría del libro se debe en parte al testimonio de todos los manuscritos del texto original y de las diversas versiones; esta unanimidad muestra que tanto en el Judaísmo como en la Iglesia nunca hubo seria duda sobre la unidad de autoría de Zacarías. Son necesarias razones sólidas, y no meras conjeturas, para debilitar la confianza en esta opinión tradicional. No se dispone de tales razones sólidas. Se apela a la evidencia interna; pero la evidencia interna no favorece a la teología crítica. Más bien al contrario; el objetivo y el estilo son únicos en la profecía.

Unidad de objetivo

Toda la profecía tiene el mismo objetivo; está por todas partes impregnada de idéntico anuncio mesiánico. El reino y sacerdocio del Mesías se pintan oscuramente en la primera parte; vívidamente en los dos oráculos de la segunda parte. Ambas secciones insisten en la venganza que se obrará contra los enemigos de Judá (cf. 1, 14 y 6, 8, con 9, 1 y s.); el sacerdocio y el reino unidos en Cristo (cf. 3, 8 y 6,12 con 9, 9-17); la conversión de los gentiles (cf. 2, 11; 6, 15 y 7, 22, con 14, 16,17); la vuelta de Israel de la cautividad (cf. 7, 8 con 9, 11-16; 10, 8 y s.); la santidad del nuevo reino (cf.3, 1, y 5,1 y s. con 13,1); su prosperidad (cf.1, 17; 3, 10; 7, 3 y s. con 11,16; 14, 7 y s.).

Unidad de estilo

Cualquier ligera diferencia que haya en el estilo de las dos secciones puede explicarse fácilmente por el hecho de que las visones están en prosa y los oráculos en verso. Podemos comprender que un mismo escritor muestre diferencias en la forma y modo de expresión, si, después de un periodo de treinta y cinco años, reproduce en forma poética exultante y exuberante el tema que, mucho antes y bajo muy diversas circunstancias, había expuesto en lenguaje más pausado y molde de prosa. Para contrarrestar estas ligeras diferencias estilísticas, tenemos la indudable evidencia de la unidad de estilo. En ambas partes se presentan modos de expresión que son distintivos de Zacarías. Tales son, por ejemplo: la oración, llena de significado "y la tierra quedó devastada detrás de ellos sin quedar quien fuese ni viniese"-en hebreo me'ober umisshab (7, 14 y 9, 8); el uso del Hiphil of'abar en el sentido de "borrar la iniquidad" (3, 4 y 13, 2); la metáfora del "ojo de Dios" por su Providencia (3,9; 1,10 y 9,1); las designaciones del pueblo elegido, "casa de Judá y casa de Israel", "Judá, Israel, Jerusalén", "Judá y Efraím", Judá y José" (cf. 1, 2,10; 7, 15, etc., y 9, 13; 10, 6; 11,14, etc.). Además, versículos y partes de versículos de la primera parte son idénticos a versículos y partes de versículos de la segunda parte (cf. 2, 10 y 9, 9; 2, 6 y 9, 12,13; 7, 14 y 9, 8; 8, 14 y 14, 5).

Crítica divisoria

Generalmente se admite que Zacarías es el autor de la primera parte de la profecía (capítulos 1-8). La segunda parte se atribuye por los críticos a otro u otros autores. Joseph Mede, un inglés, comenzó con la cuestión, en sus "Fragmenta sacra" (1653), 9. Deseando salvar del error a Mateo, 27, 9,19, atribuyó la parte final de Zacarías a Jeremías. En esta exégesis, fue secundado por Kidder, "La demostración del Mesías" (Londres, 1700), 199, y Whiston, "Un ensayo de restauración del verdadero texto del Antiguo Testamento" (Londres, 1722), 92. De esta manera se engendró la idea del Deutero-Zacarías. La idea creció tan fuerte como prolífica. A su debido tiempo, la crítica divisoria encontró muchos autores diferentes para 9-14. A fines del Siglo XVIII, Flugge, "Die Weissagungen, welche den Schriften des Zacharias beigebogen sind" (Hamburgo, 1788), había descubierto nueve profecías dispares en estos seis capítulos. Un único o múltiple Deutero-Zacarías es defendido también por Bauer, Augusti, Bertholdt, Eichorn (4ª. ed.), De Wette (aunque no después de la 3ª ed.), Hitzig, Ewald, Maurer, Knobel, Bleck, Stade, Nowack, Wellhousen, Driver etc. Los críticos no se ponen de acuerdo, sin embargo, sobre si los capítulos discutidos son anteriores o posteriores al exilio. Los estudiosos católicos de la Biblia están casi unánimemente en contra de esta opinión. Los argumentos en su favor se dan por Van Hoonacker (op. cit., pp. 657 y s.) y contestan de manera convincente.

La profecía de Zacarías ha sido interpretada por S. EFRAÍN Y S. JERONIMO; cf. los comentarios sobre los Profetas Menores por RIBERA (Amberes, 1571, etc.); MONTANO (Amberes, 1571, 1582); DE PALACIO (Colonia, 1588); MESSAN (Amberes, 1597); SANCTIUS (Lyon, 1621); DE CASTRO (Lyon, 1615, etc.); DE CALANO (Palermo, 1644); MAUCORPS (París, 1614); SCHOLZ (Francfort, 1833); SCHEGG (Ratisbona, 1854 y 1862); TROCHON (París, 1883); KNABENBAUER (París, 1886); GRIESBACH (Lille, 1901); LEIMBACH en Bibl. Volksbucher, IV (Fulda, 1908), PATRIZI (Roma, 1852) trataron las profecías mesiánicas de Zacarías. Los comentarios protestantes han sido mencionados en el curso del artículo. Los autores católicos de introducciones generales son de utilidad respecto a la autoría de Zacarías; cf. CORNELY; KAULEN, GIGOT.

WALTER DRUM

Transcrito por Michael T. Barrett

Traducido por Francisco Vázquez