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Lunes, 30 de marzo de 2020

Diferencia entre revisiones de «Tercer Concilio ecuménico de Constantinopla»

De Enciclopedia Católica

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El sexto concilio general convocado para 678 por le emperador Constantino Pogonatus con el fin de restaurar la armonía religiosa entre Oriente y Occidente que había sido destruida por las controversias monotelitas y en particular por la violencia de su predecesor Constante II cuyo edicto imperial, conocido como “Tipo” (Typus) (648-49) era prácticamente una supresión de la verdad ortodoxa. Debido al deseo de papa Agatón que deseaba obtener la adhesión de los hermanos occidentales, los legados papales no llegaron a Constantinopla hasta el 680.
 
El sexto concilio general convocado para 678 por le emperador Constantino Pogonatus con el fin de restaurar la armonía religiosa entre Oriente y Occidente que había sido destruida por las controversias monotelitas y en particular por la violencia de su predecesor Constante II cuyo edicto imperial, conocido como “Tipo” (Typus) (648-49) era prácticamente una supresión de la verdad ortodoxa. Debido al deseo de papa Agatón que deseaba obtener la adhesión de los hermanos occidentales, los legados papales no llegaron a Constantinopla hasta el 680.
  
Al principio asistieron al concilio 100 obispos y más tarde 174. Se inauguró el 7 de noviembre de 680 en un salón con cúpula (trullus) del palacio imperial y fue presidido por los (tres) legados papales que trajeron al concilio la larga carta dogmática del papa Agatón y otra similar de de un sínodo romano celebrado en la primavera de 680, y que se leyeron en la segunda sesión. Ambas cartas, sobre todo la del papa, insiste en la fe de la Sede Apostólica como la tradición viva y sin mancha de los Apóstoles, asegurada por las promesas de Cristo, testificada por todos los papas en su capacidad de sucesores del privilegio cetrino de confirmar a sus hermanos, y por consiguiente siendo la autoridad última de la Iglesia Universal.
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Al principio asistieron al concilio 100 obispos y más tarde 174. Se inauguró el 7 de noviembre de 680 en un salón con cúpula (trullus) del palacio imperial y fue presidido por los (tres) legados papales que trajeron al concilio la larga carta dogmática del papa Agatón y otra similar de de un sínodo romano celebrado en la primavera de 680, y que se leyeron en la segunda sesión. Ambas cartas, sobre todo la del papa, insiste en la fe de la Sede Apostólica como la tradición viva y sin mancha de los Apóstoles, asegurada por las promesas de Cristo, testificada por todos los papas en su capacidad de sucesores del privilegio Petrino de confirmar a sus hermanos, y por consiguiente, siendo la autoridad última de la Iglesia Universal.
  
 
La gran parte de las dieciocho sesiones se dedicó al examen de los pasajes de la Escritura y de los padres  que tratan de la cuestión de las dos voluntades,  una o dos operaciones, en Cristo. Jorge, patriarca de Constantinopla, pronto cedió ante la evidencia de las enseñanzas ortodoxas sobre las dos voluntades y dos operaciones en Cristo, pero Macario de Antioquia” casi con seguridad el único representante del monotelismo desde las 9 proposiciones de Ciro de Alejandría” (Chapman), resistió hasta el final y fue finalmente  anatematizado y depuesto por “no consentir al tenor de las cartas ortodoxas enviadas pro Agatón, el santísimo papa de Roma”, i.e., que en cada una de las dos naturalezas (humana y divina) de Cristo hay una operación perfecta y una voluntad perfecta, contra la que los monotelitas habían enseñado , es decir , que hay asolo una operación y una voluntad (mia energeia theandrike) muy en línea con la confusión monofisita de las dos naturalezas en Cristo.
 
La gran parte de las dieciocho sesiones se dedicó al examen de los pasajes de la Escritura y de los padres  que tratan de la cuestión de las dos voluntades,  una o dos operaciones, en Cristo. Jorge, patriarca de Constantinopla, pronto cedió ante la evidencia de las enseñanzas ortodoxas sobre las dos voluntades y dos operaciones en Cristo, pero Macario de Antioquia” casi con seguridad el único representante del monotelismo desde las 9 proposiciones de Ciro de Alejandría” (Chapman), resistió hasta el final y fue finalmente  anatematizado y depuesto por “no consentir al tenor de las cartas ortodoxas enviadas pro Agatón, el santísimo papa de Roma”, i.e., que en cada una de las dos naturalezas (humana y divina) de Cristo hay una operación perfecta y una voluntad perfecta, contra la que los monotelitas habían enseñado , es decir , que hay asolo una operación y una voluntad (mia energeia theandrike) muy en línea con la confusión monofisita de las dos naturalezas en Cristo.
  
En la sesión número 13 ( 28 de marzo de 681) después de anatematizar a los principales herejes monotelitas mencionados en la citada carta del papa Agatón, es decir, Sergio de Constantinopla, Ciro de Alejandría, Pirro, pablo y Pedro de Constantinopla, Teodoro de Faran, el concilio decía: Y además  de estos decidimos que también Honorio, que fue papa de Roma, sea arrojado de la Santa iglesia de Dios y sea anatematizado con ellos porque hemos encontrado en su carta a Sergio que seguía la opinión de éste en todas a las cosas y confirmó sus malvados dogmas”.  
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En la sesión número 13 ( 28 de marzo de 681) después de anatematizar a los principales herejes monotelitas mencionados en la citada carta del papa Agatón, es decir, Sergio de Constantinopla, Ciro de Alejandría, Pirro, Pablo y Pedro de Constantinopla, Teodoro de Faran, el concilio decía: Y además  de estos decidimos que también Honorio, que fue papa de Roma, sea arrojado de la Santa iglesia de Dios y sea anatematizado con ellos porque hemos encontrado en su carta a Sergio que seguía la opinión de éste en todas a las cosas y confirmó sus malvados dogmas”.  
  
 
Otra condena similar del papa Honorio se da en el decreto dogmático de la sesión final (16 sept. 681) que fue firmada por los legados y por el emperador, en la que se hace referencia a la famosa carta de Honorio a Sergio de Constantinopla alrededor del 634, controversia sobre la que ha surgido (especialmente durante el concilio Vaticano I) una extensa literatura. Tres veces se había invocado en sesiones anteriores del concilio en cuestión por el obstinado monotelita Macario de Antioquía y se había leído públicamente en la sesión número 12 junto con la carta de Sergio a la que daba respuesta. Es esa ocasión se leyó también una segunda carta de Honorio a Sergio, de la que solo se ha conservado un fragmento. (Respecto al asunto de la ortodoxia del papa, ver HONORIO I; INFALIBILIDAD; MONOTELITAS)
 
Otra condena similar del papa Honorio se da en el decreto dogmático de la sesión final (16 sept. 681) que fue firmada por los legados y por el emperador, en la que se hace referencia a la famosa carta de Honorio a Sergio de Constantinopla alrededor del 634, controversia sobre la que ha surgido (especialmente durante el concilio Vaticano I) una extensa literatura. Tres veces se había invocado en sesiones anteriores del concilio en cuestión por el obstinado monotelita Macario de Antioquía y se había leído públicamente en la sesión número 12 junto con la carta de Sergio a la que daba respuesta. Es esa ocasión se leyó también una segunda carta de Honorio a Sergio, de la que solo se ha conservado un fragmento. (Respecto al asunto de la ortodoxia del papa, ver HONORIO I; INFALIBILIDAD; MONOTELITAS)

Revisión de 10:50 9 feb 2008


(Sexto concilio General) .

El sexto concilio general convocado para 678 por le emperador Constantino Pogonatus con el fin de restaurar la armonía religiosa entre Oriente y Occidente que había sido destruida por las controversias monotelitas y en particular por la violencia de su predecesor Constante II cuyo edicto imperial, conocido como “Tipo” (Typus) (648-49) era prácticamente una supresión de la verdad ortodoxa. Debido al deseo de papa Agatón que deseaba obtener la adhesión de los hermanos occidentales, los legados papales no llegaron a Constantinopla hasta el 680.

Al principio asistieron al concilio 100 obispos y más tarde 174. Se inauguró el 7 de noviembre de 680 en un salón con cúpula (trullus) del palacio imperial y fue presidido por los (tres) legados papales que trajeron al concilio la larga carta dogmática del papa Agatón y otra similar de de un sínodo romano celebrado en la primavera de 680, y que se leyeron en la segunda sesión. Ambas cartas, sobre todo la del papa, insiste en la fe de la Sede Apostólica como la tradición viva y sin mancha de los Apóstoles, asegurada por las promesas de Cristo, testificada por todos los papas en su capacidad de sucesores del privilegio Petrino de confirmar a sus hermanos, y por consiguiente, siendo la autoridad última de la Iglesia Universal.

La gran parte de las dieciocho sesiones se dedicó al examen de los pasajes de la Escritura y de los padres que tratan de la cuestión de las dos voluntades, una o dos operaciones, en Cristo. Jorge, patriarca de Constantinopla, pronto cedió ante la evidencia de las enseñanzas ortodoxas sobre las dos voluntades y dos operaciones en Cristo, pero Macario de Antioquia” casi con seguridad el único representante del monotelismo desde las 9 proposiciones de Ciro de Alejandría” (Chapman), resistió hasta el final y fue finalmente anatematizado y depuesto por “no consentir al tenor de las cartas ortodoxas enviadas pro Agatón, el santísimo papa de Roma”, i.e., que en cada una de las dos naturalezas (humana y divina) de Cristo hay una operación perfecta y una voluntad perfecta, contra la que los monotelitas habían enseñado , es decir , que hay asolo una operación y una voluntad (mia energeia theandrike) muy en línea con la confusión monofisita de las dos naturalezas en Cristo.

En la sesión número 13 ( 28 de marzo de 681) después de anatematizar a los principales herejes monotelitas mencionados en la citada carta del papa Agatón, es decir, Sergio de Constantinopla, Ciro de Alejandría, Pirro, Pablo y Pedro de Constantinopla, Teodoro de Faran, el concilio decía: Y además de estos decidimos que también Honorio, que fue papa de Roma, sea arrojado de la Santa iglesia de Dios y sea anatematizado con ellos porque hemos encontrado en su carta a Sergio que seguía la opinión de éste en todas a las cosas y confirmó sus malvados dogmas”.

Otra condena similar del papa Honorio se da en el decreto dogmático de la sesión final (16 sept. 681) que fue firmada por los legados y por el emperador, en la que se hace referencia a la famosa carta de Honorio a Sergio de Constantinopla alrededor del 634, controversia sobre la que ha surgido (especialmente durante el concilio Vaticano I) una extensa literatura. Tres veces se había invocado en sesiones anteriores del concilio en cuestión por el obstinado monotelita Macario de Antioquía y se había leído públicamente en la sesión número 12 junto con la carta de Sergio a la que daba respuesta. Es esa ocasión se leyó también una segunda carta de Honorio a Sergio, de la que solo se ha conservado un fragmento. (Respecto al asunto de la ortodoxia del papa, ver HONORIO I; INFALIBILIDAD; MONOTELITAS)

En el pasado, debido al Galicanismo y a los oponentes a la infalibilidad papal, ha habido mucha controversia sobre el sentido apropiado de la condena al papa Honorio hecha por este concilio. Se ha abandonado ya la teoría de la falsificación de las Actas (Baronius, Damberger, Hefele, III, 299-313). Algunos, con Pennacchi, han mantenido que en verdad fue condenado por hereje, pero que los obispos orientales del concilio malinterpretaron completamente la perfectamente ortodoxa (y dogmática) carta de Honorio. Otros, con Hefele, que el concilio condenó las expresiones del papa que sonaban como heréticas (aunque su doctrina era verdaderamente ortodoxa). Y por fin, otros, con Chapman (ver abajo), que fue condenado:

…porque no declaró, como debía haber hecho, la autoridad de la tradición petrina de la iglesia romana, a la que no apeló sino que meramente aprobó y amplió sobre el compromiso a medias de Sergio…Ni el papa ni el concilio consideran que Honorio había comprometido la pureza de la tradición romana, porque nunca afirmó representarla. Por consiguiente, así como hay juzgamos las cartas del papa Honorio por la definición del Vaticano I y negamos que sean ex cátedra, porque no definen ninguna doctrina ni la imponen a toda la Iglesia, así los cristianos del siglo séptimo juzgaron las mismas cartas por la costumbre de su tiempo y vieron que no reclamaba lo que las cartas papales solían reclamar, es decir, hablar por la boca de Pedro en nombre de la tradición romana (Chapman)

La carta del concilio al papa León pidiendo, a la manera tradicional, que confirmara las Actas, mientas de nuevo incluían el nombre de Honorio entre los Monotelitas condenados, insisten de forma notable en el magisterio de oficio de la iglesia romana, así como, en general, los documentos del sexto concilio general están insistentemente a favor de la inerrancia de la Sede de Pedro. “El concilio, dice Dom Chapman, acepta la carta en la que el papa definía la fe. Y deponen a los que rehúsan aceptarla. Piden al papa que confirma sus decisiones. Los obispos y el emperador declaran que han visto que la carta contiene la doctrina de los Padres .

Agatón habla con la voz del mismo Pedro. De Roma la ley era como la de Sión. Pedro había mantenido la fe inalterada. “ El papa Agatón murió durante el concilio y le sucedió León II, que confirmó (683) los decretos contra el monotelismo y se expresó más rotundamente que el concilio sobre la memoria de Honorio (Hefele, Chapman) aunque puso énfasis principalmente en la negligencia de aquel papa en plasmar la enseñanza tradicional de la Sede Apostólica, cuya fe sin mancha trató arteramente de traicionar ( o, como se puede traducir del griego, permitió que fuera traicionada).


Thomas J. Shahan.


Transcrito pot Sean Hyland.


Traducido por Pedro Royo