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Jueves, 17 de octubre de 2019

Diferencia entre revisiones de «Simbolismo del Altar, el Coro y la Música en el contexto de la Cardiomorfosis»

De Enciclopedia Católica

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Hoy calificamos de mobiliario, en sentido decorativo las sillerías de los coros y la retablística, y los altares laterales de las Iglesias, olvidando que son justamente eso; <<altares>>, donde los miembros de las comunidades numerosas satisfacían la obligación de la Celebración Eucarística diaria, e ignorando, de paso, que ambos son prefiguración visual, estética, retórica y sonora, de la Gloria Celestial. La médula de la vida conventual se halla en el Augusto Sacrificio del Altar y en el coro. Si el Sacrificio del Altar  nos habla del Corazón traspasado, el coro expresa la alegría inefable de los corazones redimidos. Simbólicamente, mediante un juego de de palabras de ida y venida entre el latín y el castellano, y a partir de la voz latina “cor”, se alude a las cuerdas del arpa, a las cuerdas musculares del corazón, a la cuerdas vocales y a las voces concordantes. La boca habla de lo que sobreabunda el corazón, que en este caso es gozo en grado sumo, que se alegoriza con los instrumentos músicos, por lo general arpas, violines, violas de gamba clarines y sacabuches. El pentagrama es la armonía divina. Los instrumentos de viento son pneumáticos, espirituales, y los de cuerda, cordiales, porque expresan que en lo íntimo y vital hay coincidencia plena entre la propia voluntad y la Voluntad de Dios.
 
Hoy calificamos de mobiliario, en sentido decorativo las sillerías de los coros y la retablística, y los altares laterales de las Iglesias, olvidando que son justamente eso; <<altares>>, donde los miembros de las comunidades numerosas satisfacían la obligación de la Celebración Eucarística diaria, e ignorando, de paso, que ambos son prefiguración visual, estética, retórica y sonora, de la Gloria Celestial. La médula de la vida conventual se halla en el Augusto Sacrificio del Altar y en el coro. Si el Sacrificio del Altar  nos habla del Corazón traspasado, el coro expresa la alegría inefable de los corazones redimidos. Simbólicamente, mediante un juego de de palabras de ida y venida entre el latín y el castellano, y a partir de la voz latina “cor”, se alude a las cuerdas del arpa, a las cuerdas musculares del corazón, a la cuerdas vocales y a las voces concordantes. La boca habla de lo que sobreabunda el corazón, que en este caso es gozo en grado sumo, que se alegoriza con los instrumentos músicos, por lo general arpas, violines, violas de gamba clarines y sacabuches. El pentagrama es la armonía divina. Los instrumentos de viento son pneumáticos, espirituales, y los de cuerda, cordiales, porque expresan que en lo íntimo y vital hay coincidencia plena entre la propia voluntad y la Voluntad de Dios.
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Última revisión de 13:35 22 jul 2019

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Hoy calificamos de mobiliario, en sentido decorativo las sillerías de los coros y la retablística, y los altares laterales de las Iglesias, olvidando que son justamente eso; <<altares>>, donde los miembros de las comunidades numerosas satisfacían la obligación de la Celebración Eucarística diaria, e ignorando, de paso, que ambos son prefiguración visual, estética, retórica y sonora, de la Gloria Celestial. La médula de la vida conventual se halla en el Augusto Sacrificio del Altar y en el coro. Si el Sacrificio del Altar nos habla del Corazón traspasado, el coro expresa la alegría inefable de los corazones redimidos. Simbólicamente, mediante un juego de de palabras de ida y venida entre el latín y el castellano, y a partir de la voz latina “cor”, se alude a las cuerdas del arpa, a las cuerdas musculares del corazón, a la cuerdas vocales y a las voces concordantes. La boca habla de lo que sobreabunda el corazón, que en este caso es gozo en grado sumo, que se alegoriza con los instrumentos músicos, por lo general arpas, violines, violas de gamba clarines y sacabuches. El pentagrama es la armonía divina. Los instrumentos de viento son pneumáticos, espirituales, y los de cuerda, cordiales, porque expresan que en lo íntimo y vital hay coincidencia plena entre la propia voluntad y la Voluntad de Dios.

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José Gálvez Krüger