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Domingo, 21 de julio de 2019

Rosminianos

De Enciclopedia Católica

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El Instituto de Caridad, oficialmente Societas a charitate nuncupata, es una congregación religiosa fundada por Antonio Rosmini, organizada por primera vez en 1828, aprobada formalmente por la Santa Sede en 1838 y que toma su nombre de “caridad” como perfección de la virtud cristiana. En los lugares de habla inglesa sus miembros son comúnmente conocidos como padres de la Caridad, pero en Italia como Rosminianos.


Fundación del instituto

El fundador de esta sociedad fue, estrictamente hablando, solamente Rosmini. Sin embargo, en el tiempo que le toco vivir se dieron muchos y muy potentes elementos directivos que influyeron para dirigir sus pensamientos y le dieron una oportunidad para incorporarlos en alguna organización. Su vida transcurrió en la inmediatez de la revolución Francesa y sin duda por las muchas tendencias y movimientos, algunos muy remotos, que culminaron en aquella conmoción, por los que fue gradual e inconcientemente llevado a considerar la herencia intelectual y moral de la Cristiandad como un todo, no como una mera y ciega protesta, sino en una contemplación imparcial tanto de las nuevas como de las viejas ideas.

Una parte de la verdad debía ser corregida por su contrapartida y las cosas secundarias que habían usurpado la primacía debían volver al orden justo. Rosmini no solo vio que los enemigos de la Iglesia se levantaban con renovado vigor en sus ataques, sino también un peligro creciente entre los que permanecían dentro de la iglesia, de negación o disminución de lo sobrenatural en el hombre. Había una actividad e impaciencia respecto a la antigua tradición, mal regulada y por reacción, en otros campos, a destiempo, una fatal pasividad. El mundo era demasiado fuerte, al parecer, para ser corregido y no valía la pena poner atención a nada que se dijera. Este era un espíritu que se encerraba en el pasado y anatematizaba todo pensamiento nuevo. La Iglesia debía renunciar o a la tradición o al desarrollo, en cada caso abandonando a su Divina Guía.

Sobre tal base se podía construir con facilidad un espíritu que mirara a toda la iglesia como un partido y que promoviera su causa con pasión partidista o por otra parte sustituyera la gran finalidad del bien de la iglesia por la trivial finalidad del bien de algunas personas o grupos dentro de ella. Tendía a remplazar el catolicismo por el clericalismo. Pero Rosmini juzgaba estas enfermedades domesticas no menos que a los ataques continuos que venían constantemente desde fuera y cuyo origen estaba en una causa profundamente enraizada, es decir, que los hombres estaban pediendo su agarre de las verdades generales y fundamentales.

La parte de Dios en el mundo se iba distorsionando: primero su parte creativa; después la naturaleza divina del bien moral que en algunas ocasiones se presenta a la mente humana como la verdad misma; y también la acción divina de la gracia que hacía que la verdad y el bien se sintieran en las profundidades del alma como infinita rectitud y obligación pero también como poder supremo orientador. Era absolutamente necesario un reconocimiento más claro del lugar de Dios en la naturaleza, en el alma y en la Iglesia, y de ahí el restablecimiento de los primeros principios cristianos como la única cura radical, si bien lenta, de los males de la época.

Antonio Rosmini, un italiano de Rovereto, fue ordenado en 1821. La tenía la vida organizada sobre principios de orden, un orden que pone primer los deseos de Dios y después la rápida e instantánea acción del hombre. Sus dos principios de vida, puestos por escrito por entonces para su propia guía para lograr la verdadera armonía de la humildad con la confianza y la pasividad con la actividad, eran: Primero, aplicarse a la corrección de sus faltas y la purificación de su alma sin buscar otras ocupaciones o proyecto s a favor de los demás, puesto que por si mismo era incapaz de hacer un ningún servicio a nadie; y en segundo lugar, no rehusar oficios de caridad cosido la Divina Providencia los ofreciera, y al realizarlos mantener una perfecta indiferencia y realizar el trabajo ofrecido con la misma dedicación que cualquier otro. La formulación de esta regla y la puesta en práctica viviendo retirado en oración y en el estudio constituyeron el primer paso hacia la fundación del Instituto de Caridad, el segundo paso fue de la siguiente manera: la Venerable marquesa de Canosa, fundadora de la sociedad de la Hijas de la Caridad para las jóvenes pobres, había deseado desde hacía mucho tiempo una institución similar para los jóvenes, y en cuento Rosmini fue ordenado de sacerdote, comenzó a urgirle que la estableciera. El 10 de diciembre de 1825, Rosmini le escribió que de acuerdo con su regla de vida no podía ponerse a sus deseos si Dios proveyera los medios, pero que aun entonces solo podría formar tal sociedad sobre la base de los dos principios arriba manifestados.

El breve esquema de los Sacerdotes de la Caridad que escribió por entonces es un resumen de lo que aprobaría Roma unos doce años después. Pero en verdad no tomó ninguna medida práctica. Aún estaba esperando las señales divinas. En febrero de 1826 fue a Milán para una obra de caridad y porque le era conveniente para el estudio; allí, en junio de 1827, recibió un estímulo poderoso al conocer al Abbé Loewenbruck, dedicado e impetuoso sacerdote que se le presentó bruscamente con las siguientes palabras:”Estoy pensando en una sociedad dirigida a la reforma del clero y debe Ud. Ayudarme a llevarlo a cabo”. Rosmini contestó confesando su propia aspiración y presentando los principios sobre los que únicamente actuaría. Siguieron hablando del tema, buscaron y recibieron más luz y por fin estuvieron de acuerdo en pasar juntos la cuaresma del siguiente año ayunando y orando en una casa casi ruinosa en Monte Calvario sobre Domodossola, un pueblo cerca de la frontera italiana del Paso del Simplon, donde, el 20 de febrero de 1828, comenzó Rosmini su gran obra, pero solo, puesto que Loewenbruck no se presentó de nuevo para cooperar en la labor. Rosmini pasó la cuaresma practicando austeridades y escribiendo la constitución del Instituto.

Pero esté no era otra cosa que un plan para formar una sociedad religiosa hacen falta un cierto número de hombres con mentalidades parecidas y Rosmini ni los buscaba ni les animaba. Se le unieron dos o tres que conocían sus intenciones; sus mismos principios les hicieron convertirse en una comunidad que practicaba muchas virtudes religiosas. Esos principios le exigían presentar ante la Santa Sede y poner su sociedad a los pies le papa. Llegó a Roma en noviembre de 1828, pero no hizo cosa alguna para fomentar su causa. Pío VIII, elegido papa el siguiente marzo, la llamó a una audiencia unas semanas después. “Si tu piensas, le dijo el papa, comenzar con algo pequeño y dejar el resto a Dios, lo aprobamos alegremente; pero no si intentas comenzar a gran escala”. Rosmini contestó que siempre se había propuesto un humilde comienza. La suya no era una vocación extraordinario, dijo, como la de S. Ignacio, sino muy ordinaria.

En otoño de 1830 dio al instituto algo de su forma regular y toda la comunidad comenzó a pasar por las etapas de aprendizaje religioso. Este era el estado del asunto, cuando el 2 de febrero de 1831, el amigo y protector de Rosmini en Roma, el cardenal Cappellari, fue elegido papa y tomó el nombre de Gregorio XVI. El nuevo papa, fue desde el principio como un padre adoptivo del instituto y Rosmini evitó más que nunca toda iniciativa. En marzo llegó un breve papal no solicitado, llamando a la sociedad por su nombre animándola a progresar bajo la aprobación de los obispos. Un Breve posterior les concedía gracias y en 1835 el papa manifestó su deseo de que, puesto que ya tenía la aprobación episcopal en las diócesis de Novara y Trento, Rosmini no pospusiera más sino que sometiera las constituciones de la sociedad al examen formal de la Santa Sede. Pero hasta marzo de 1837 no se hizo así, acompañadas de una breve carta en la que Rosmini pedía al papa que las aprobara y confirmara y que concediera al instituto los privilegios de los regulares, añadiendo solo que eran necesarios para el bienestar de la sociedad que estaba destinada al servicio de toda la Iglesia.

El asunto pasó a manos de la Congregación de Obispos y Regulares que declaró, el 16 de junio, su recomendación general de la sociedad pero también juzgó que era demasiado joven para ser aprobada como un orden regular, mostrando alguna vacilación en uno o dos puntos de las constituciones, sobre todo en la forma de la pobreza y en consecuencia se pospuso la aprobación. Rosmini dio satisfacción al cardenal Castracane, promotor de la causa, en esos capítulos; pero antes de proponer un nuevo examen el promotor tiene la costumbre de oír a algún otro consultor y para ello Castracane llamó a Zecchinelli, un jesuita, para conocer su opinión. No era favorable, sobre todo por el asunto de la pobreza, y su grupo procuró el nombramiento de otro consultor, un Servita, cuyo voto hostil se conoció la tarde anterior a la sesión en que se iba a decidir. Esta acción llevó a Castracane a apelar al papa para que se retrasara la reunión y el papa intervino inmediatamente de manera que el último voto se retiró y se nombró a otros consultores. El 20 de diciembre de 1838 se reunió la congregación y decidió que la sociedad y su regla merecían la aprobación formal de la santa Sede y que el instituto obtuviera el status de una congregación religiosa, con todos sus privilegios. El papa ratificó inmediatamente esta decisión y el 25 de marzo siguiente se pronunciaron los primero votos por veinte miembros en Italia y cinco en Inglaterra, que fueron a Roma y el 22 de agosto, en las Catacumbas de S. Sebastián, pronunciaron el cuarto voto especial de obediencia al papa. El 20 de septiembre se emitieron Cartas Apostólicas que incorporaban el sumario del propio Rosmini de sus estatutos y le nombraban primer Preboste-general vitalicio del instituto.


Espíritu y Organización

La finalidad que el Instituto de la Caridad propone a sus miembros es la caridad perfecta. El amor de Dios es la plenitudo legis, porque se extiende por su propia naturaleza a todas las criaturas inteligentes que son la imagen de Dios. No se especifica una forma especial de vida en esta regla como fin próximo obligatorio; así que para tener vocación no es necesario nada sino un verdadero y constante deseo de amar a la justicia sobre todo. Es una vocación universal. Abarca todas las vocaciones pero no como tomando todas las obras de caridad como propias, sino más bien no apropiándose de ninguna pero no rehusando ninguna. El campo es amplio, pero solo con una amplitud negativa. Hœc est voluntas Dei, sanctificatio vestra. Pero al centrarse en un punto se abre el mejor camino para todo lo demás.

Así pues el primer estado (electivo) de los Rosminianos es precisamente el unum necessarium, la vida contemplativa; no la inactividad, no la apatía, sino la oración, el trabajo, el estudio y el aprendizaje de algún arte liberal para estar dispuesto cuando sea llamado y no ser una carga para los demás. Es un tiempo de acumular experiencia y fuerza y los que benefician de ello se aplican a sus deberes, esperando el tiempo cuando hayan de responder a la llamada con entusiasmo- Si no llega esa llamada, no importa, porque en el estado electivo se alcanzan todos los fines. Y si llega la llamada, el electivo se deja a un lado por el estado asumido, que no se acepta en absoluto como una opción, sino como la voluntad de Dios claramente manifestada.

¿Y por qué métodos discierne el instituto esta voluntad? Aparte de las extraordinarias mociones interiores del Espíritu Santo, la forma común es la de los acontecimientos exteriores, que dan seguras señales de la voluntad de Dios a los que usan la luz de la fe. Los principales sucesos, tal como lo ve el instituto, que hacen ver la llamada de Dios a una obra caritativa son:

• una petición hecha por un a necesidad cercana;

• un requerimiento hecho por alguien en su lugar;

• sus mismas necesidades cuando se presentan ante nosotros.

Entre las peticiones simultáneas hay elección. Las del papa son las primeras, después las del obispo; ceteris paribus, las anteriores antes que las posteriores. Pero en general, siempre que un prójimo, en el sentido general cristiano de la palabra, busca la ayuda del instituto, se le ha de dar, a no ser que falte alguna de las siguientes condiciones: que el trabajo deseado no se un impedimento para el cumplimiento de los deberes ya aceptados, que todo el trabajo que supone tal adición no esté más allá de las fuerzas de los hermanos y que el instituto tenga disponibles suficientes miembros tanto en número como en capacidades para llevarlo a cabo correctamente.

Porque la caridad, que es una en esencia, triple en el ejercicio, según que la buena acción traten de la vida sensitiva y corporal, intelectual o moral, el instituto la divide en temporal, intelectual y espiritual.

La temporal es la más baja y produce el bien más inferior. Inconcebiblemente lejos sobre ella está la que busca incremental la vida del entendimiento por el conocimiento de la verdad; y sobre ellas hay una caridad espiritual que tiende a hacer a los hombres buenos y felices amando la verdad conocida. De aquí que veamos que el punto más elevado en la actividad del instituto es la cura de las almas. Toda la teoría lleva a unir la vida religiosa y pastoral como el más alto logro de la caridad. La mezcla de los dos tipos en la regla consiste en esto, que los hermanos han de elegir y preferir un esto privado en la Iglesia. Pertenecen a la ecclesia discens. La disposición impaciente que busca honores o poder sería una traición a todo el espíritu. Pasivos en la privacidad hasta que el trabajo público los reclame y entonces han de ser todo valentía y coraje, confianza, perseverancia y trabajo. Hay tres clases de personas que pertenecen más o menos al instituto de Caridad. La primera son los que, llevados por un deseo de guardar perfectamente la ley evangélica, toman sobre si mismos la disciplina de la organización y se atan por los votos. La segunda es la de los cristianos que desean la perfección, pero están tan liados por compromisos anteriores, que no pueden pronunciar esos votos, pero desean tanto como sea posible, cooperar con la sociedad. La tercera es la de los “hijos adoptados”, buenos cristianos que no aspiran a la vida de los consejos, pero que según su condición desean también cooperar.

Pero como solamente los religiosos son la sustancia del instituto de la caridad, añadiremos solo sobre ellos unas pocas líneas más. El instituto ni solicita ni insinúa vocaciones, sino que deja la iniciativa a la Divina Providencia, y por sus principios fundamentales es tan perfecto cuando son pequeños y ocultos como cuando son grandes y famosos, no vamos a extendernos aquí en detallar como se examina e instruye al postulante ni en la forma de implantar firmes raíces de piedad y caridad en el novicio y en las pruebas que se hace de muchas maneras sobre su vocación. Después de dos años de noviciado se hace su primera profesión, entendiendo que la obediencia comprende la aceptación en cualquier grado que los superiores puedan asignar. Así se convierte en un “escolar aprobado”, que n o está definitivamente incorporado al instituto hasta que se ha preparado por el estudio u tras formas de preparación para pronunciar los votos de coadjutor. Los coadjutores, temporales o espirituales, añaden una promesa más de no buscar dignidad alguna ni dentro del instituto ni fuera y de no aceptar ni rehusar las ofertas espontáneas, si no es por obediencia. Se dividen en coadjutores internos, si viven en las casa del instituto y externos si en otros sitios, estando este estado, por la universalidad de la caridad, en armonía con la regla. De entre los coadjutores internos se elige a los presbíteros y éstos emiten un cuarto voto de obediencia especial al papa. Así, pues, el cuerpo del instituto está formado por presbíteros y coadjutores, pero son los presbíteros los que infunden vida y movimiento al resto, a quienes se confían las obras más universales de caridad.

Los votos son de por vida y ordinaria, aunque no necesariamente, simples. El de pobreza permite la retención de la propiedad desnuda ante los ojos de la ley civil, pero cada miembro debe estar preparado para entregar todo si lo pide la obediencia y ninguno puede guardar o administrar o usar nada por su propia voluntad. En Roma hubo mucha oposición a esta forma de pobreza religiosa que para algunos era solamente afectiva pero no efectiva. Rosmini contestó indicando las condiciones que hemos explicado y también la naturaleza de la propiedad misma; que es un complejo de derechos, que los derechos son relaciones y son divisibles; que pueden ser relativas al Estado o a la Iglesia; y que un religioso guarda solamente la propiedad relativa al Estado y no absolutamente,. Es la propiedad absoluta, no la relativa, la que ofende a la pobreza evangélica. La sagacidad del fundador dejando la propiedad bajo el dominio legal de los individuos se ha ilustrado abundantemente dense entonces; y no son menos obvias las ganancias espirituales de las ocasiones así dadas por los actos de sacrificio continuamente renovados, no son menos obvias. Los verdaderos hechos de la regla son que el sitio de donde se vive y el vestido han de ser los de hombres pobres y que todos, hasta los superiores, hagan mucho de su trabajo servil.

Después, la Castidad considerada como un voto, se entiende en el sentido de la obligación del subdiácono. La virtud de la obediencia se ve como directora de la caridad y por consiguiente, como muy universal. Como voto, sin embargo, aunque no hay restricción en su campo, entra rara vez en juego.

El insitito está gobernado por un preboste-general vitalicio elegido por ciertos presbíteros según una formula muy específica. Tiene el poder completo salvo en unos casos excepcionales. El es el que admite los varios grados en la sociedad y quien nombra a todos los superiores. El instituto se divide en provincias y cada una d ellas, al menos en teoría, en diócesis y cada una de ellas en parroquias, además puede haber rectorías para obras de caridad más particulares. Teniendo a la vista la totalidad de la ley cristiana, ha seguido lo más cerca posible la organización de la Iglesia cristiana. Estando ordenada a la caridad, el instituto elige una forma de vivir que no separe a los hermanos de los demás hombres. No se prescriben hábitos especiales ni formas de mortificación, en vez de más austeridades abrazan la permanente dureza de la vida elegida. No se trata de una multitud de regulaciones forma a los hombres que quiere el instituto sino de que sus fuertes convicciones en los principios superiores.

El instituto en cuanto tal no tiene propiedades y no toma ninguna clase de acciones civiles. No busca exenciones del Estado, sino solo el derecho común. Si se le negaran las garantías de asociación aun podría vivir privadamente y contemplativamente y conseguir sus finalidades. Sus miembros permanecen como ciudadanos, con los intereses ciudadanos y sus deberes. Respecto a la Iglesia tiene esta principal relación, que vive para ella, no para si misma, insistiendo en no confundir los intereses de una sociedad religiosa con los de la cristiandad y está construida de manera que tiene una relación ancilar con el episcopado cristiano. Se prohíbe cualquier esprit de corps exclusive en la misma regla y es contraria a este espíritu porque “los cimientos del instituto”, como dice su fundador, “son la Providencia del Dios Padre, y poner otros los destruiría”. En vez de buscar su propio engrandecimiento su tendencia es a conseguir una unión más intima y sensible de todos los católicos, hacerles sentir su propia grandeza y que son más fuertes que el mundo, que participan en el trabajo de la providencia poniendo todo a los pies de Cristo.


Historia y actividades

El instituto ha ido progresando despacio. Sus principales casas en Italia son Monte Calvario, que durante mucho tiempo ha sido noviciado y casa de estudios teológicos; el colegio fundado en 1839 para muchachos jóvenes en Stresa y el gran colegio para mayores en Domodossola, construido en 1873, entregado al instituto por el conde Mellerio, ocupando el lugar de una gran escuela. Rosmini fundó una casa en Trento en 1830 por invitación del obispo; pero las pocas simpatías que sentían los austriacos hacia las influencias italianas terminaron con él en 1835. El mismo espíritu alejó al instituto de Rovereto en 1835 y de Verona en 1849. En 1835 se encargaron por deseos de l rey de Cerdeña, del Santuario de S. Michele della Chiusa, una antigua abadía en la cumbre de una montaña cerca de Turín, a donde trasladaron los restos de los miembros de la orden ya fallecidos. El rey quería que se construyese allí una casa de retiro, pero su gobierno no lo realizó.

El instituto llevaba un gran número de escuelas elementales en el norte de Italia y en 1906 aceptó encargarse de la iglesia de S, Carlos en el Corso de Roma. Es digno de notar el plan de Rosmini de un colegio inglés de misioneros para las distintas partes del Imperio Británico, especialmente para la India; a principios de siglo funcionaba el colegio de maestros de escuela elemental y había planes para construir un colegio de médicos para lo que el príncipe d'Aremberg ofreció una gran suma de dinero. Cerca de Lille, en el monte Sainghin, se fundó un orfanato que hubo de cerrarse en 1903 por la hostilidad del gobierno francés.

La fundación de la provincia inglesa está inseparablemente unida al nombre de Luigi Gentili, un culto fervoroso joven romano que se entregó completamente a la vida religiosa en 1831, sintiéndose desde el principio muy atraído hacia Inglaterra. Ambrosio de Lisle le invitó a trabajar en Leicester y el obispo Baines, vicario apostólico del destrito occidental, le ofreció un puesto en Prior Park, a donde le envió Rosmini en 1835 con dos compañeros para enseñar tanto a los estudiantes eclesiásticos como a los laicos. El año siguiente era rector, pero la entrada en el instituto de los clérigos del obispo, Furlong y Hutton, cerró el compromiso abruptamente en 1839.

Invitados al distrito Midland, los padres enseñaron durante un tiempo en el antiguo Oscott y en 1841 se abrió la misión de Loughborough, que ha permanecido en manos del instituto. Hubo muchas conversiones y se fundaron algunas misiones en la vecindad y en 1843 Gentili y Furlong predicaron la primera misión pública en Inglaterra. Ese mismo año, en Ratcliffe, cerca de Leicester, se pusieron los cimientos de un noviciado diseñado por Pugin en 1846 se abrió allí un colegio para jóvenes de clase media. La misión de Newport, Monmouthshire, se comenzó en 1847, la de Rugby en 1850 y la de Cardiff (de la que solo quedaron dos iglesias en manos del instituto), en 1845.

Los Padres estuvieron permanentemente ayudando a disipar el excesivo miedo de mostrar en público la devoción, que los católicos ingleses habían heredado de los tiempos de la persecución.

El claro interés de Rosmini por Inglaterra le llevó a enviar allí a algunos de los hombres más capaces y apostólicos que tenía, como Pagani (J.B Pagani autor de "La ciencia y los Santos” y "Anima Divota", que es distinto del provincial italiano, autor con el mismo nombre de “Vida de Roismini” y otras obras de tema rosminiano) Gentili, Rinolfi, Ceroni, Cavalli, Gastaldi, Bertetti, Caccia, Signini. La misión de Gentili, Furlong, Rinolfi y Lockhart, en muchas partes de las islas británicas produjeron un profundo y duradero efecto. Gentili murió de fiebre en 1848, mientras predicaba una misión en un distrito afectado por las fiebres. Lockhart comenzó en 1854 la misión de Kingsland en el norte de Londres, donde trabajó durante veinte años. La iglesia de santa Etheldreda, que había sido una capilla del palacio londinense del obispo de Ely, y un magnífico ejemplar del gótico del siglo trece, fue restaurada por el instituto del culto católico en 1876 siendo Lockhart su primer rector.

Otras casas estaban a cargo de la provincia inglesa, como el reformatorio llamado St. William's School en Market Weighton, Yorkshire, y dos escuelas industriarles irlandesas una en Upton, cerca de Cork y otra a la que el conde Moore dio tierras y dinero, en Clonmel. La última fue establecida en Bexhill-on-Sea. La casa de Rugby, que desde 1850 albergaba al noviciado inglés, se convirtió en 1886 en Juniorado, o escuela preparatoria para lo novicios. Después el noviciado estuvo en terrenos boscosos de Wadhurst, Sussex, y para los novicios irlandeses se abrió una casa en Omeath en las costas de Carlingford Lough en la archidiócesis de Armagh. En Américo, el Fr.Joseph Costa, después de trabajar en solitario en varias partes de Illinois, reunió la primera comunidad del instituto en Galesburg, en el mismo Estado, en la Iglesia de S. José que ya existía; además se ha construido le Iglesia de Corpus Christi (1887) y un Colegio (1896) así como la St. Joseph Academy, dirigida por las hermanas de la Providencia y en 1906 las escueles St. Mary. Los prebostes –generales desde la muerte de Rosmini han sido (N. del T. :hasta 1912, fecha de este artículo) Pagani, que le sucedió en 1855, Bertetti (1860), Cappa (1874), Lanzoni (1877), y Bernardino Balsari en 1901. Otros nombres dignos de mención son Vincenzo de Vit, conocido principalmente por dos obras muy amp0lias y de mucha investigación , el de mucho "Lexicon totius Latinitatis", una edición nueva y aumentada de la edición de Forcellini, y el "Onomasticon", un diccionario de nombres propios; Giuseppe Calza, notable filosofo, Paolo Pérez, profesor de Padua y poseedor de un estilo italiano singular; Gastaldi, después obispo de Turín; Cardozo-Ayres, Obispo de Pernambuco, que murió en Roma durante el concilio Vaticano I y cuyo cuerpo incorrupto fue trasladado con gran devoción a su sede; y dos sacerdotes ingleses, Richard Richardson, organizador de la guerra santa contra la intemperancia en la que enroló a 70.000 personas y Joseph Hirts, miembro del Instituto Arqueológico ( ver ROSMINI Y ROSMINISNISMO, GENTILI, LOCKHART, HERMANAS DE LA PROVIDENCIA)


Fuentes

ROSMINI, Maxims of Christian Perfection (London, 1888); IDEM, Letters (London, 1901); LOCKART, Life of Rosmini (London, 1886); PAGANI, Life of Rosmini (London, 1907); Missions in Ireland (Dublin, 1855); Vita di Rosmini da un sacerdote dell' Instituto (Turin, 1897).

Pollard, William Henry (1912)

Transcrito por Douglas J. Potter. Dedicado al Corazón inmaculado de María.


Traducido por Pedro Royo

N del T: En 2001, el cardenal Ratzinger anuló la condena del Santo oficio contra sus cuarenta tesis y a continuación se incoó la causa para su beatificación , que se produjo en noviembre de 2007.