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Miércoles, 20 de noviembre de 2019

Newman: Desde las sombras hacia la verdad

De Enciclopedia Católica

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Ex umbris et imaginibus in Veritatem

(Epitafio de J.H. Newman, compuesto por él mismo)

Siempre resulta complicado adentrarse en la vida y obra de un personaje histórico, pero en el caso de Newman se añade su gran personalidad, los conocimientos científicos, filosóficos y doctrinales y la densidad de su obra, pensada profundamente en cada uno de sus párrafos. Se trata de una personalidad de una grandeza intelectual y moral enorme, una luz en una Inglaterra convulsa, y en una lucha ideológica dentro del anglicanismo, y más tarde, en el seno de la Iglesia católica, desde su conversión. Newman abarca todo un siglo, casi noventa años del siglo XIX, por eso, antes de entrar en el personaje y en su pensamiento es obligada una introducción a su época, a la que seguirán unos apuntes biográficos, un comentario a su extensa obra y a su doctrina; y así, tendremos la ambientación necesaria para entrar en el punto central de este trabajo, la idea de la universidad en Newman, su preocupación pedagógica y docente en un mundo cambiante, y su tremenda actualidad.

Situación de la religión y las relaciones entre la Iglesia y el Estado en la Inglaterra en el siglo XIX

Aquella máxima de Cavour, “una Iglesia libre en un Estado libre” como consecuencia de los principios liberales y de las ideas revolucionarias desde la Revolución Francesa, no era válida en Inglaterra, porque la Iglesia anglicana marcaba la confesionalidad y la monarquía era la depositaria y la máxima autoridad eclesiástica.1 El cambio de la sociedad hacia un laicismo beligerante con la religión, parecía más difícil en Inglaterra que en el resto de Europa, 1 New Cambridge Modern History, trad. española, Historia del Mundo Moderno, editorial Sopena, Barcelona, 1971, vol.X, el cenit del poder europeo, 1830/2-1870, p. 55. e-aquinas 4 (2006) 12

porque la religión estaba presente en muchas facetas de la vida social. El problema que se planteaba era otro: los disidentes, católicos y protestantes, estaban logrando un teórico reconocimiento de sus derechos, desde 1828 los protestantes, y un año más tarde, los católicos; se trataba de eliminar las limitaciones e implantar la igualdad civil, una igualdad que tardaría casi un siglo en ponerse en práctica realmente.2 Como resultado de la revolución de 1830, Newman y los dirigentes del Movimiento de Oxford pensaban que el remedio al liberalismo era preparar la religión para los nuevos tiempos, formarse y combatir el liberalismo religioso derivado del liberalismo político. Newman salió de Inglaterra en 1832,3 para realizar un viaje por Italia y el Mediterráneo; desde allí escribió sobre la situación europea y consideraba que los principios de la revolución francesa, renacidos en 1830, sobre el derecho a eliminar gobernantes eran erróneos, porque los gobernantes lo eran por derecho divino. Newman tenía el concepto de la autoridad como una característica que Dios da a los gobernantes, para Newman, la autoridad era un derecho divino. En ese momento consideró necesario clarificar sus ideas sobre la Iglesia y la infalibilidad en unas conferencias escritas entre 1834 y 1836.4 Para Newman, la controversia de la infalibilidad del Papa, un punto importante de discusión en el mundo católico, con una definición del Concilio Vaticano I, esa infalibilidad, era una victoria de la Providencia, aunque parece que el Papa Pío IX pretendía una definición más rigurosa, la Declaración quedó como sigue, ese es el texto del Concilio:5 “Más como quiera que en esta misma edad en que más que nunca se requiere la eficacia saludable del cargo apostólico, se hallan no pocos que se oponen a su autoridad, creemos ser absolutamente necesario afirmar solemnemente la prerrogativa que el Unigénito Hijo de Dios se dignó juntar con el supremo deber pastoral. Así, pues, Nos, siguiendo la tradición recogida fielmente desde el principio de la fe cristiana, para gloria de Dios Salvador nuestro, para exaltación de la fe 2 Historia del Mundo Moderno, vol.X, p. 59 3 Dessain, Charles Stephen, Vida y pensamiento del cardenal Newman, p. 59 y ss. Ediciones Paulinas, Madrid, 1990. 4 Dessain, Charles stephen, Vida y pensamiento del cardenal Newman, p. 69, Ediciones Paulinas, Madrid, 1990. 5 Collantes, Justo, La Iglesia de la Palabra, II, p. 195, Biblioteca de Autores Cristianos, BAC, Madrid, 1972. Newman, J.H., Pensamientos sobre la Iglesia, p. 110, Barcelona, 1964. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 7 católica y salvación de los pueblos cristianos, con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que el Romano Pontífice cuando habla ex cátedra –esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal-, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia.” {canon] Y si alguno tuviere la osadía, lo que Dios no permita, de contradecir a esta nuestra definición, sea anatema.” 6 El éxito del liberalismo desde 1830 le hizo pensar en una reforma a fondo de la Iglesia irlandesa; en ese momento, Keble hizo su famoso sermón sobre la Apostasía nacional;7 por su parte, Newman hizo campaña entre los propietarios de su parroquia rural para que no votaran a los candidatos de la reforma liberal. Esta actitud, firme y decidida, hay que entenderla en su contexto, en una atmósfera de pánico en la que surgió el movimiento tractariano.8 Había miedo a que la reforma prevista, dejara sin ayudas estatales a la iglesia de Inglaterra, y eso sería un desastre, porque la dependencia económica del Estado era esencial para los anglicanos. Aquel problema que parecía insalvable, fue clave para la actitud de Newman, porque como la iglesia inglesa no podía apoyarse en el Estado, tenía que reformarse y volver a los orígenes, a la autoridad de los apóstoles. Así, el movimiento de Oxford se convirtió en un movimiento religioso con un ansia 6 Pío IX, Concilio Vaticano I, Sesión IV, 18 de Julio de 1870, Constitución dogmática I sobre la Iglesia de Cristo, cap. IV, Del magisterio infalible del Romano Pontífica, cánones 1838, 1839, 1840. citado por Denzinger, Enrique, El Magisterio de la Iglesia, p. 427, Barcelona, Herder, 1963. 7 Dessain, Charles Stephen, ob. cit. p. 63 8 Dessain, Charles Stephen, Vida y pensamiento del cardenal Newman, p. 63 y ss. Entendemos por “tract” un opúsculo, la forma oficiosa del Movimiento de Oxford para expresar sus convicciones y recuperar aspectos teológicos de lo católico ante la falta de rumbo de los anglicanos, por eso se llegaba a menudo a situaciones de polémica y de enfrentamiento intelectual sobre estos temas. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 8 profunda de reforma. La consecuencia, combatir el liberalismo y afirmar los dogmas del cristianismo:9 “mi batalla era contra el liberalismo; entiendo por liberalismo el principio antidogmático y sus consecuencias…los principios fundamentales del movimiento de 1833…Desde los quince años el dogma ha sido el principio fundamental de mi religión.” Esa lucha contra el liberalismo y el laicismo estaba en pleno apogeo y después de un análisis profundo cristalizó en una serie de documentos como la Encíclica de Pío IX, Qui Pluribus que definía claramente la relación entre la razón y la fe,10 la Alocución Singulari quadam, que trata del racionalismo e indiferentismo,11de la falsa libertad de la ciencia, con la Carta Gravissimas inter,12sobre el indiferentismo, con la Encíclica Quanto conficiamur moerore, dirigida a los obispos italianos,13El Syllabus, compendio de errores modernos, ya comentados en documentos y encíclicas anteriores, justo el 8 de Diciembre de 1864,14 fiesta de la Inmaculada Concepción; y sobre todo, el Concilio Vaticano I, XX Concilio Ecuménico, sobre la fe y la Iglesia, que estudia con atención el conocimiento, la razón y la fe, la Iglesia y el Primado de Pedro, la Transubstanciación.15Es sólo una muestra de la preocupación por el liberalismo, el racionalismo y el indiferentismo. En el ámbito religioso, el movimiento de Oxford se consagró al estudio de la patrística, insistía en la santidad de vida y en la tradición moral, restablecía la 9 Newman, J.H., Apología pro vita sua, Historia de mis ideas religiosas, p. 48-49. Encuentro Ediciones, Madrid, 1996. Dessain, ob. cit. p. 59 10Qui pluribus, sobre la fe y la razón, encíclica del Papa Pío IX, 9 de noviembre de 1846, Denz. 1634, p. 382 y ss. 11 Alocución Singulari quadam, del Papa Pío IX, sobre el racionalismo e indiferentismo, de 9 de diciembre de 1854, al día siguiente de la Proclamación de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. Denz. 1642, p. 386 y ss. 12Carta Gravissimas inter, del Papa Pío IX, sobre la falsa libertad de la ciencia, publicada el 11 de diciembre de 1862 y dirigida al arzobispo de Munich-Frisinga, contra las teorías de Jacobo Froschammer. Denz. 1666, p. 392 y ss. 13 Encíclica Quanto conficiamur moerore, del Papa Pío IX, dirigida a los obispos de Italia el 10 de agosto de 1863, sobre el indiferentismo. Denz. 1677, p. 396. 14 Syllabus, colección de los errores modernos, Carta del Emmo. Cardenal I.Antonelli, enviada a los obispos por mandato del Sumo Pontífice. Extracto de varias Alocuciones, Encíclicas y Cartas de Pío IX, y publicado con la Bula Quanta Cura, el 8 de diciembre de 1864. Denz. 1700 y ss., pp. 404-413. 15 Concilio Vaticano I, XX ecuménico (sobre la fe y la Iglesia), 1869-1870, diferentes sesiones. Denz. pp. 413-429. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 9 confesión auricular y la absolución, defendía la renovación de las órdenes religiosas y la liturgia; fue una verdadera revolución religiosa, aún con las dificultades de la conversión al catolicismo de Newman, en 1845 y de Manning en 1857.16 En Escocia, el conflicto fue mucho más violento que el estilo moderado del movimiento de Oxford, porque las leyes permitían que las familias de las parroquias eligieran o rehusaran candidatos eclesiásticos. Hubo un enfrentamiento con el Estado y se creó la iglesia libre de Escocia en 1843. En el fondo, el movimiento de Oxford y la secesión de Escocia respondían al mismo problema, la lucha contra un Estado cada vez más absorbente y controlador. Eran intentos de dar a la Iglesia la organización general de la sociedad. Paralelo a esta situación, en 1851, se restauró la jerarquía católica en Inglaterra, con una reacción de los antipapistas ingleses.17 Un problema central del enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado en Inglaterra fue la enseñanza, porque desde principios del XIX el Estado quería controlar la enseñanza, una actividad que en Inglaterra siempre había estado en manos de la iniciativa privada. Como la presión privada era muy fuerte, el Estado cedió una parte de sus objetivos en 1833, pero el problema se planteó entre la Iglesia oficial y las iglesias libres, bastante radicales, porque el reparto de fondos estatales estaba sobre la mesa. Desde mediados del XIX, las iglesias cedieron al Estado porque no podían ocuparse de una enseñanza para todos, pero con la condición de que la enseñanza fuera neutral, sin ideologías, un extremo al que los anglicanos, que monopolizaban la escuela privada, se opusieron. El Estado adoptó una solución salomónica, permitiendo la convivencia de dos tipos de escuelas religiosas, y alargando el conflicto hasta finales del siglo XIX.18 Como vemos, el problema del enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado no era trivial sino esencial, tal como se ha demostrado con los sistemas totalitarios hasta la actualidad. Los gobiernos y sistemas contrarios a la libertad, se esfuerzan en controlar la enseñanza, caballo de batalla para controlar o imponer un modelo de sociedad. Aún es un problema no resuelto.19 16 Dessain, ob. cit. p. 60 17 Historia del Mundo Moderno, vol. X, p. 60 18 Dessain, Charles Stephen, Vida y pensamiento del cardenal Newman, p. 61 y ss. 19 Sobre la dependencia anglicana del poder civil, ver Dessain, ob. cit. p. 10, donde cita la introducción a la Apología en su edición francesa, justificando esa dependencia, y también, J.H.Newman, Apología “pro vita sua”, col. Clàssics del Cristianisme, 7, Facultad de Teología y Fundación Enciclopedia Catalana, 1989, introducción, pp. 9-12. (en catalán) e-aquinas 4 (2006) 12 p. 10

Datos biográficos

John Henry Newman (1801-1890) llena todo el siglo XIX y se proyecta en el siglo XX y por su actualidad, en el siglo XXI. Llenar no es una simple expresión, es una realidad plena en la trayectoria de Newman. Autor sagrado, filósofo, hombre de letras, líder del Movimiento Tractariano, y el más ilustre converso inglés a la Iglesia. Los últimos años de su dilatada vida, fue nombrado Cardenal diácono de San George in Velabro. Había nacido en la ciudad de Londres, el 21 de febrero de 1801, fue el mayor de seis hermanos, tres hombres y tres mujeres; y murió en Edgbaston, Birmingham, el 11 de agosto de 1890. Su padre fue John Newman, un banquero, su madre Jemima Fourdrinier, de una familia hugonote establecida en Londres como cinceladores y fabricantes de papel. Se sabe que el apellido se había escrito “Newmann”, dando a entender su posible ascendencia judía, pero las polémicas no nos interesan, sino la vida y obra de Newman. Su ascendencia francesa está fuera de dudas. Conviene destacar que recibió de su madre su primera formación religiosa, una derivación del Calvinismo; y es más que probable que está formación le ayudó al dominio que demostraba en el lenguaje, oral o escrito. Su hermano Francis William, escritor, pero de escasa elegancia literaria, según los entendidos, se separó de la Iglesia Inglesa para entrar en el Deísmo; su segundo hermano, Charles Robert, no tenía convicciones religiosas y se declaraba ateo. Una de las hermanas, Mary, murió muy joven; Jemima tiene un lugar destacado en la biografía del cardenal durante la crisis de su anglicanismo; y es preciso destacar la importancia de una hija de Harriet, Anne Mozley, por las "Cartas y Correspondencia" de 1845, que contienen pensamientos y conclusiones de la propia mano del Cardenal Newman de la "Apología" Clásica desde el día en que fue completada, la "Apología" será siempre la principal autoridad de los primeros pensamientos de Newman, y de su juicio acerca del gran resurgimiento religioso, conocido como el Movimiento de Oxford, del cual fue el guía, el filósofo y más que la víctima, el mártir, porque defendió una opción personal en contra de todos, y fue criticado por todos, anglicanos y católicos. La inmensa correspondencia de Newman, espera una publicación completa y sistemática para poder valorar con más profundidad su rica personalidad, su estilo impecable, su calidad literaria y la profundidad de su pensamiento. La grandeza de Newman se basa en unir una originalidad, a menudo cercana a lo genial, y una gran profundidad espiritual. Newman destaca entre los insignes literatos de su tiempo por la claridad de su pensamiento cristiano, un pensamiento que impregna su vida y sus escritos y cartas. Newman supo unir literatura, profundidad intelectual y santidad. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 11 Newman es una figura de primer orden del siglo XIX, es el defensor del catolicismo frente al agnosticismo, el relativismo y las nuevas teorías positivistas y evolucionistas. Fue educado en la lectura de la Biblia desde su infancia, pero sus creencias y convicciones religiosas se manifestaron en la adolescencia. Era un joven de espíritu soñador, idealista, algo escrupuloso, convencido de dos realidades, él mismo, y Dios. Como consecuencia tenía una predisposición a la reflexión y a la mística, al estudio de la Patrística,20 influenciado por las lecturas y reflexiones de diversos autores, porque su saber y su formación eran muy amplios, abarcando casi todos los ámbitos del saber. Estaba convencido de su vocación misionera, de la predicación de la doctrina de los Santos Padres, y de la crítica contundente contra la Iglesia y el Papa, considerado un mal. Era reflexivo, auque no solitario, y escribía desde pequeño, leyendo con avidez novelas y libros de pensamiento. Se matriculó en el Trinity College) de Oxford, en diciembre de 1816, y en 1818 ganó una beca de 60 libras por nueve años.21 En 1819 el banco de su padre suspendió pagos,22 Newman siguió trabajando para terminar sus estudios y llegó a perder la salud bajando en su rendimiento intelectual. Las cualidades de Newman eran sobresalientes, y Oriel era la más renombrada de las Universidades de Oxford; y fue elegido tutor en Oriel el 12 de abril de 1822. La sensación que sintió está expresada con claridad, fue "el punto de quiebra de su vida, y de todos los días, el más memorable." Algunas obras le marcaron su trayectoria, como la “Analogía de la religión” del obispo Butler.23 En el año 1821 había renunciado a estudiar Derecho, un antiguo deseo de ser abogado, y decidió tomar órdenes sagradas. Como tutor de Oriel, consideraba que tenía una obligación en la salvación de las almas; fue ordenado el 13 de junio de 1824; y se convirtió en cura de San Clemente, en Oxford, donde permaneció dos años trabajando en tareas parroquiales. Y aquí los puntos de vista en los que había sido educado lo decepcionaron; empezó a plantearse cuestiones relacionadas con la fe, analizando las falsas soluciones que daba el Calvinismo; se dio cuenta que el calvinismo no era la explicación más adecuada de la esencia del ser humano. Escribió diversos artículos sobre el tema y recibió la influencia de Whateley, más tarde Arzobispo Anglicano de Dublín, quien, en 20 Newman, J. H., Apología pro vita sua, p. 26 y ss. Dessain, Ch. S., Vida y pensamiento…p. 32. 21 Dessain, Ch. S., ob. cit. p. 28. 22 Dessain, Ch. S., ob. cit. p. 24-26. 23 Dessain, Ch. S., ob. cit. p. 30. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 12 1825, lo nombró su vicepresidente en St. Mary’s Hall. Whateley fue un estímulo para Newman, a través de discusiones sobre el cristianismo, un cristianismo como organismo social y soberano diferente y separado del estado; pero estas discusiones lo llevaron a adoptar ideas más liberales y abiertas. De Hawkins, cuyo apoyo le valió ser rector de Oriel, Newman estudió y asimiló las doctrinas católicas de la tradición y regeneración bautismal, y la precisión de conceptos que más tarde le provocarían una serie de controversias. De otro clérigo de Oxford aprendió a creer en la sucesión apostólica. Pero parece que la obra que más influyó en su pensamiento y en su decisión de acercarse al catolicismo fue la "Analogía" de Butler, que leyó en 1823. No podemos dejar de citar la influencia de algunos santos padres de la escuela de Alejandría, como Clemente y San Atanasio. Podemos afirmar que Newman estuvo muy influido por teóricos y pensadores anglicanos y de Oriente. La consecuencia fue la crítica del calvinismo y de su poca solidez.24 El año 1828 fue un año dramático y grande al mismo tiempo en la vida de Newman. A principios de Enero, murió su hermana menor, Mary, a los 19 años de edad; era su hermana preferida y supuso un golpe tremendo para él. El mismo mes de Enero de 1828, la universidad de Oriel le nombró Vicario de St. Mary’s (la iglesia de la universidad),25 y desde su púlpito realizó sus "Sermones Parroquiales", con gran simplicidad, pero demostrando una seriedad, una sabiduría y un sentido común difíciles de igualar. Cuando fueron publicados, se decía que superaban todos los demás sermones publicados hasta la fecha. No eran discutibles; y la teología católica tendría muy poco que objetarles. Con un estilo impecable, bien elaborados, con energía, demuestran al cabo de los años que no han perdido su valor. Parecen serios y demuestran un espíritu reflexivo y solitario. En tono son severos y frecuentemente melancólicos, como la manifestación de un espíritu solitario. Renunció a su tutoría en la universidad, emprendió un viaje por el Mediterráneo, y regresó a Oxford, donde el 14 de julio de 1833, Keble, su gran amigo y colaborador predicó el sermón del tribunal sobre "Apostasía Nacional." Aquél día, el aniversario de la Revolución Francesa, dio origen al Movimiento de Oxford. Del viaje de Newman por todo el Mediterráneo interesa sobremanera su estancia en Roma, por el impacto que le produjo durante toda su vida. Roma era la cuna de la verdadera religión, y allí le pareció oír una llamada para realizar algo grande; hasta le inspiró más adelante para componer unos poemas sobre el reinado de la Iglesia. Se estaba gestando y madurando el Movimiento 24 Newman, J.H., Apologia pro vita sua, p. 34-35, 49-50, 54, 81, 92, 94, 96; es una constante. 25 Dessain, Ch. S., ob. cit., p. 33-34. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 13 de Oxford y el movimiento Tractariano. La reforma estaba en un punto sin salida, habían sido suprimidos diez obispados irlandeses; y parecía que la separación del estado era inminente. La Iglesia primitiva debía ser restaurada en Inglaterra. Newman empezó una serie de Tratados, pero al cabo de ocho años, se retiró a Littlemore, fracasado en su intento de reforma. Su fracaso no era tal, sus escritos y reformas perduraron, había redescubierto a los Padres de la Iglesia, y había renovado la liturgia:26 “Todavía tengo que hablar de otra fuente de mis opiniones-y no la menor-. A medida que me alejaba de la sombra del liberalismo que había acompañado mi camino, volvió mi antigua atracción por los Padres de la Iglesia. En las vacaciones de verano de 1828 me puse a leerlos cronológicamente, comenzando con san Ignacio de Antioquia y san Justino...” Recibió un encargo de unos editores que buscaban autores para una colección teológica: “querían que les escribiera una Historia de los Principales Concilios. Acepté la petición y me puse a trabajar inmediatamente en el Concilio de Nicea.” A Newman se le consideró un moderado en el conflicto entre el Anglicanismo y el Estado porque había recuperado el sentido primitivo de la doctrina y había criticado y argumentado sobre los excesos y errores protestantes. Había optado por la Via Media que él mismo abandonó porque había que definirse.27 El estudio de la patrística se potenció como un tema esencial para los anglicanos. Como muestra, el primer volumen de Newman, "Los Arrianos del siglo IV", publicado en 1833;28 según los analistas, es un tratado duro y denso pero de gran valor doctrinal, al estilo de los padres de Alejandría, lleno de discusiones y argumentos al estilo de la polémica arriana y del concilio de Nicea. Newman explica en la “Apología pro vita sua” por qué no siguió en esa linea:29 "Entendí...que el mundo exterior, físico e histórico, era la manifestación para nuestros sentidos de realidades mayores que ellas mismas. La naturaleza era una parábola, la Escritura era una alegoría; la literatura pagana, la filosofía, y mitología, adecuadamente entendidas, eran una preparación para el Evangelio. Los poetas griegos y sabios eran en un sentido profetas". 26 Apología… p. 49 27 Apología… p. 171 y ss. 28 Dessain, Ch. S., Vida y pensamiento del cardenal Newman, p. 35 29 Apologia… p. 50 e-aquinas 4 (2006) 12 p. 14 La Santa Iglesia, decía, "permanecerá después de todo como símbolo de aquellos hechos celestiales que llenarán la eternidad. Sus misterios son la expresión en lenguaje humano de verdades que no son equivalentes a la mente humana"30 Tal era la enseñanza que "llegó como música" a su oído espiritual, de Atenas y Alejandría. La vida de Newman estuvo dedicada, primero a aplicar este magnífico esquema a la Iglesia de Inglaterra; y luego, cuando vio que no cabía en dimensiones tan estrechas, a la Iglesia del centro, a Roma. Mientras tanto, en Oxford, Newman fue un revolucionario, tuvo discípulos por todas partes; entusiasmó a unos y otros, presentó las verdades cristianas con una contundencia y una claridad poco común, escribió y publicó sobre todo tipo de temas, intentó aproximar posturas a menudo antagónicas, porque quería demostrar "que existe poca diferencia, pero lo que es verbal en las múltiples posturas, encontradas ya sea entre los autores sagrados católicos o protestantes". Tenía la preocupación de predicar la fe cristiana con toda su pureza, defendía la primacía de Pascua que en ese momento parecía olvidada en la doctrina.31 Los "Sermones Universitarios", son una obra de teología profunda, sobre temas, y plantean los poderes y límites de la razón, los métodos de revelación. La obra de Newman fue ingente, en extensión y en profundidad. Newman acometió la enorme tarea, solo, y desde 1839, estando en Oxford, tal como lo relata, había visto un fantasma, la sombra de Roma, que le interpelaba sobre su opción por el anglicanismo.32En un sermón de 1829, demostraba su amor a la Iglesia, su devoción por la Iglesia y su unidad, una devoción y empeño que le acompañarían toda su vida:33 “Si Cristo constituyó una sociedad santa (como lo hizo); si sus apóstoles la organizaron (como lo hicieron) y nos han ordenado expresamente (como consta en la Escritura) no deshacer lo que ellos empezaron, y si (de hecho) su obra así organizada y así bendecida existe entre nosotros hasta el día de hoy (como es el caso) y nosotros participamos de ella, cometeríamos un acto de traición al abandonarla…Debemos transmitir lo que hemos recibido. No fabricamos la Iglesia, no nos es lícito deshacerla. Así como creemos que se trata de una 30 Apología… p. 50 31 Dessain, Ch. S., ob.cit., p. 39 y ss. 32 Dessain, Ch. S., ob.cit., p. 57. 33 Dessain, Ch. S., ob.cit., p. 54-55. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 15 institución divina, debemos también protestar siempre contra la separación de ella, como que es un pecado.” En ese cambio fundamental, destacan dos personas, Wiseman y Ward. En la "Apología" se hace justicia a Wiseman; pero no se menciona a Ward. La ruptura final entre los Tractarianos y la Inglaterra protestante se produjo a raíz del "Tract 90"34 A raíz del escrito, renunció a Sant Mary.35 Esta es la causa del a renuncia, el tratado estaba orientado a prevenir críticas contra Roma al distinguir las corrupciones, contra las cuales se dirigían los treinta y nueve artículos, de las doctrinas de Trento que éstas no atacaban. Esto produjo una reacción furibunda en Febrero de 1841, Newman fue denunciado como traidor,36 y desde todas partes surgieron críticas y comentarios. La Universidad intervino con poca delicadeza, impropia de una entidad académica y llamó al tratado "una evasión".37 El Obispo de Oxford,38 lo censuró levemente, pero le aconsejó y ordenó que dejara de escribir tratados. Durante tres años aparecieron condenas de los obispos por todas partes. Para una persona como Newman, con una mente tan estructurada, y tan respetuoso con la autoridad de los obispos,39 fue muy duro, porque se le estaba juzgando al margen del contenido doctrinal, era un ataque frontal a su persona. Dejó de escribir los tratados, renunció a editar sus escritos, abandonó la capilla de la universidad y se retiró a Littlemore.40 Algunos analistas creen que Newman había perdido la fe en sí mismo, en realidad, ya no creía en lo que el anglicanismo le presentaba; dejó de ser “moderado” y conciliador, y vio claro que la Iglesia era el único camino de salvación, una Iglesia viviente, no el anglicanismo, la iglesia decadente y anquilosada que le rodeaba.41 Era la Iglesia viviente, la de los primeros tiempos, la única infalible. Ahora irrumpía sobre él como única e infalible. Era la Iglesia de los primeros concilios, la Iglesia que iba definiendo la doctrina ante los ataques de los adversarios internos y externos, la 34 Apología… p. 209 y ss. 35 Apología… p. 213. 36 Apología… p. 166. 37 Apología… p. 183-184, p. 186 y ss. 38 Apología… p. 189 y ss. 39 Apología… p. 183. 40 Apología… p. 211-213. 41 Apología… p. 165, Newman lo denomina el lecho de muerte del anglicanismo. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 16 Iglesia de Nicea, Éfeso y Calcedonia,42 aquella que le había impresionado de su estancia en Roma y por el Mediterráneo. Newman sabía que “las decisiones importantes llevan su tiempo”. Y consideraba absurdos los ataques a su conversión y los razonamientos lógicos para desmentir lo que él pensaba. Estaba harto de la lógica laicista y de la abstracción y la pérdida de tiempo en temas importantes.43 Ese fue el gran cambio en su vida, ya no podía seguir perteneciendo a una iglesia anglicana ahogada en sus propias polémicas, por eso, en 1841, Newman y algunos amigos vivieron juntos en Littlemore, casi en silencio, en condiciones duras, de verdadera vida monástica, poniendo en peligro su salud.44 Aquí nos narra su lucha interior, sus dudas, sus objetivos, la coherencia consigo mismo y con su conciencia, y la fidelidad a los amigos y a una causa fundamental: “Lo primero en cuanto a mi punto de vista sobre mis deberes, debo decir: 1. En mi carta al Obispo de Oxford la primavera de 1841, yo había abandonado formalmente el Movimiento; pero 2. yo no podía abandonar los compromisos morales que tenía con las persona que, más de cerca o de lejos, llevé al Movimiento; 3. yo contaba, más o menos conscientemente, con abandonar mi estado clerical y seguir como laico en la Iglesia; 4. jamás contemplé la posibilidad de abandonar la Iglesia de Inglaterra; 5. no podía desempeñar oficio alguno en ella si no se me permitía interpretar en sentido católico los Artículos; 6. tampoco podía ir a Roma mientras los católicos romanos dieran a la Santísima Virgen y a los Santos un culto que en mi conciencia tenía yo por incompatible con la Suprema e Incompartible Gloria del Único Dios Eterno e Infinito; 7. yo esperaba a una unión condicionada con Roma, de Iglesia a Iglesia; 8. llamé a Littlemore mi Torres Vedras, y pensé que algún día podríamos hacer progresos dentro de la Iglesia de Inglaterra, lo mismo que nos obligaban ahora a retroceder; 9. retuve con todas mis fuerzas a cuantos estaban dispuestos a pasarse a Roma.” Newman demuestra su lucha interior, su sentido de la fidelidad y de la amistad, y una grandeza de ánimo extraordinarias: “las decisiones importantes 42 Sus cartas y escritos son textos con argumentos basados en la “antigüedad” y en los santos Padres, p. 180, que el mismo Newman refuerza con una cita de San Ambrosio, p. 181: “Non in dialectica complacuit Deo salvum facere populum suum”. 43 Apología… p. 181 44 Apología… p. 166 y ss. Aquí nos narra su lucha interior, sus dudas, sus objetivos, la coherencia consigo mismo y con su conciencia, y la fidelidad a los amigos y a una causa fundamental. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 17 llevan tiempo”, ese era el lema que llevaba en su interior. En febrero de 1843, se retractó de sus ataques a la Iglesia de Roma,45 con la disculpa oficial a los ataques a Roma y la defensa de su actuación ante los ataques que recibía por su aproximación a la Iglesia romana, “Cuanto más verdad es una cosa, más grave es la calumnia”. En Septiembre volvió a escribir, y con gran esfuerzo redactó el "Ensayo sobre el Desarrollo de la Doctrina Cristiana" ("Essay on the Development of Christian Doctrine",46 en el que las aparentes variaciones al dogma, y las críticas anteriores en contra de la Iglesia Católica, estaban explicadas en una teoría de la evolución, anticipándose en algunos aspectos a las teorías de Darwin. Decía de su cambio hacia el Catolicismo que el ataque a Roma era una constante en la Iglesia anglicana, pero que había que ser fiel a la verdad, y ni el Anglicanismo ni el Liberalismo, llevaban a ninguna parte: “Nadie puede hablar de otra persona sin causa justificada, aunque sea verdad lo que dice y la gente ya lo sepa. Es decir: aunque yo creyera firmemente lo que decía en contra de la Iglesia de Roma, sin embargo, en conciencia no podía decirlo públicamente, a no ser que hubiera motivos no sólo para pensar mal sino también para hablar mal. Yo sí creía lo que decía, y fundadamente; pero ¿tenía yo algún motivo para decirlo en público? Creía tener uno: mi propia defensa en la polémica. Era imposible no “tocar” a Roma; la posición de los anglicanos no podía tenerse en pie si no se atacaba a los católicos. En este caso, como en la mayor parte de los conflictos, los dos no pueden tener razón; o uno u otro. Y la mejor defensa era el ataque…” “…en todo el proceso de mi cambio de postura, el pensamiento más agobiante era la posibilidad clarísima que yo veía—y que de hecho se dio—de que todo acabara fomentando el indiferentismo religioso. Yo había puesto todo mi esfuerzo en derribar el principio liberal anti-dogmático, y resulta que ahora estaba haciendo más que nadie para darle alas…Ya he dicho antes que no hay más que dos alternativas: llegar a Roma o al ateísmo. El Anglicanismo es una especie de posada a medio camino de la una y el Liberalismo la posada de la otra.” 45 Apología… p. 194, p. 205, con la disculpa oficial a los ataques a Roma y la defensa de su actuación ante los ataques que recibía por su aproximación a la Iglesia romana. 46 Apología… p. 202 y ss. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 18 Los hechos se precipitaban, así, el 8 de octubre de 1845, durante un período de gran actividad en Oxford, Newman fue recibido en la Iglesia por un padre pasionista, y lo describe con la carta escrita a “bastantes amigos”:47 “Littlemore, 8 de octubre, 1845. Espero para esta noche al Padre Dominic, Pasionista, que desde su juventud fue llevado a tener pensamientos muy definidos, al principio, sobre los países del norte y después más concretamente sobre Inglaterra. Después de treinta años, sin que él hiciera nada para provocarlo, fue enviado aquí. Ha tenido poco que ver con conversiones. Lo vi un minuto aquí el año pasado, el día de san Juan. Es un hombre sencillo y santo, con talentos muy especiales. No sabe nada de mis intenciones, pero me propongo pedirle que me reciba en el Único Rebaño de Cristo… P.S. No te llegará esta carta hasta que todo haya pasado. Naturalmente no espero contestación.” Este hecho provocó la ira de muchos, que no se lo perdonaron hasta que al cabo de los años, valoraron el gesto de Newman y la importancia de sus escritos. Esto explica el por qué de “Apología pro vita sua” un proyecto que no acababa de cristalizar y que debido a los ataques padecidos, Newman emprendió con gran fuerza y en un tiempo relativamente corto, porque había guardado toda su correspondencia, había hecho copias de las cartas enviadas, y había seleccionado por temas y años sus miles de cartas y escritos diversos. Por eso, pudo ordenar y escribir sus memorias y la evolución de sus ideas. Su conversión divide una vida casi centenaria en dos partes iguales; la primera más dramática y en dura lucha consigo mismo, y la segunda, de plenitud doctrinal y personal; para algunos parece otro Newman, más alegre, más comunicativo, con un sentido positivo y pleno, luchador, pero sin las angustias de su etapa anterior.48 En su “Apología”, en el capítulo V sobre “mi postura desde 1845”, escribe: “Desde que me hice católico, por supuesto, se acabó la historia de mis “opiniones religiosas”; ya no hay nada que narrar. No quiero decir con esto que mi mente haya estado inactiva o que haya dejado de pensar en asuntos teológicos, pero no ha habido cambios de los que dar cuenta ni, en absoluto, 47 Apología… p. 229 48 Apología… p. 237. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 19 ansiedad alguna en mi corazón. Mi paz y mi alegría han sido perfectas, y no he vuelto a tener una sola duda.” “Al convertirme no noté que se produjera en mí ningún cambio, intelectual o moral. No es que empezara a sentir una fe más firme en las verdades fundamentales de la Revelación o un mayor dominio sobre sí mismo. Tampoco tenía más fervor. Pero sentía como si hubiera llegado a puerto después de una galerna; y mi felicidad por haber encontrado la paz ha permanecido sin la menor alteración hasta el momento presente.”49 Este texto se complementa con la novela, verdadera autobiografía de su conversión, “Perder y ganar”. Ahí describe el proceso de su conversión, su otro yo después de la conversión: “poseído de una paz inmensa y una serenidad de mente que no había creído posibles en este mundo. Era como esa quietud que se hace casi sólida en los oídos cuando desaparece la última vibración de una campana que ha estado repicando mucho rato. Se sentía como si hubiera rescatado su infancia, como si estuviera empezando de nuevo su vida. Pero sentía en el corazón mucho más que la alegría ilimitada de la infancia. Creía sentir una roca bajo sus pies; era la soliditas Cathedrae Petri…Charles se encaminó hacia la celda lentamente tan feliz en su Presente que no tenía un solo pensamiento ni para su Pasado ni para su Futuro”.50 En el capítulo V de su Apología pro vita sua, Newman narra su conversión, una declaración doctrinal extensa y clara, sobre su conversión, su encuentro con Roma, y repasa los principios doctrinales católicos, que aunque diferentes a los anglicanos en algunos aspectos, “no le costaron esfuerzo por asimilar”.51Demuestra su amor a la Iglesia, y a su fundador Jesucristo, su esfuerzo por compaginar razón y fe, ciencia y fe, en la búsqueda de la verdad ya encontrada, y el tema de la infalibilidad del Sumo Pontífice, que él quería matizada, tal como se recogió más tarde en el Concilio Vaticano I, sobre la verdad. La fe y la razón:52 “No tengo la menor intención de negar que, por supuesto, la verdad es el objeto de la razón y que si la razón no alcanza la verdad, es por algún defecto en el proceso o en el punto de partida. Pero no estoy refiriéndome aquí a la recta razón en abstracto sino a la razón tal y como se da y actúa en hombres 49 Apología… p. 237. 50 Newman, J.H., Perder y ganar. Encuentro Ediciones, Madrid, 1994, p. 353-354. 51 Apología… p. 237. 52 Apología, capítulo V: Mi postura desde 1845, pp. 237 y ss. concretamente, p. 241. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 20 caídos. Bien sé que la razón sola, sin la ayuda de la gracia, si se ejercita honradamente, descubre a Dios, descubre la inmortalidad del alma y el premio eterno. Pero ahora estoy contemplando la facultad racional en concreto e históricamente y, desde este punto de vista, creo no equivocarme al afirmar que la razón en materia religiosa tiende a la increencia. A la larga, no hay verdad por muy sagrada que sea, que pueda resistirla; así se explica que, cuando vino nuestro Señor, en el mundo pagano estuvieran desapareciendo las últimas huellas del conocimiento religioso de tiempos pasados, justamente en aquellos lugares donde la razón más se había empleado y desarrollado.” “De la misma manera, en nuestro tiempo la tendencia fuera de la Iglesia católica es hacia el ateísmo, en una u otra de sus formas, y dadas las características de nuestra época, a velocidad mucho mayor que en la antigüedad”. En octubre de 1846, viajó a Roma, y fue ordenado sacerdote por el Cardenal Fransoni. El papa aprobó su esquema para establecer en Inglaterra el Oratorio de San Felipe Neri; en 1847 regresó, y, además de establecer la casa en Londres, empezó una tarea misionera en Brimingham. De ahí se mudó a la población de Edgbaston, donde aún permanece la comunidad del Oratorio. En 1859 se añadió una gran escuela. La espaciosa iglesia renacentista, consagrada en 1909, es una conmemoración de los cuarenta años que Newman vivió allí. Su vida como católico se inició con entusiasmo. Sus “Discursos” y escritos fueron oídos y leídos por una gran audiencia; escribía con elegancia, con ironía, y llenaba su contenido de comentarios personales. Son obras bellas literariamente, profundas a nivel doctrinal, y escritas con el corazón. Demostraba una gran humildad, y no quería ser protagonista en ningún sentido; así se lo expresaba al cardenal Acton, en respuesta a su carta de felicitación:53 “A 25 de noviembre, 1845. Supongo que, antes que yo se lo diga, V.E. habrá adivinado la gran satisfacción que he recibido de la carta de V.E. Esta satisfacción, sin embargo, ha estado mezclada con el temor de que personas que me quieren bien, amables y celosas pero lejanas, den a mi paso más importancia de la que realmente tiene. Para mí es, desde luego, de valor inestimable, como se comprenderá. Pero, desde lejos, parecen grandes personas y cosas que no lo son vistas de cerca. Si V.E. me conociera, vería que soy una persona de quien, para bien o para mal, se ha hablado mucho más de lo que merece y sobre cuya conducta ha surgido una expectación que los hechos no justifican.” 53 Apología… p. 229-230. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 21 “Puedo decir que mientras fui anglicano nunca aspiré a otra cosa que a obedecer a mi propio sentido del deber. No obstante, me convirtieron en jefe de un partido, sin quererlo yo, ni actuar como tal. De igual manera ahora, por mucho que desee lo contrario y por muy seriamente que trabaje (como es mi deber) por servir humildemente a la Iglesia Católica, temo decepcionar las esperanzas de mis amigos y de los que piden paz para Jerusalén.” “Si puedo pedir un favor a V.E. es que modere amablemente tales expectativas ¡Ojalá estuviera en mi poder lo que no me siento capaz de llevar a cabo! Hoy por hoy, soy incapaz de mirar hacia el futuro y, aunque sería gran cosa persuadir a otros a que hagan lo que yo he hecho, me parece que tengo bastante con pensar en mí mismo.” Su conversión al catolicismo, precedida por la de Ward y seguida por muchos otros, creó un clima de alarma en Inglaterra. En 1850 ocurrió la "agresión Papal", el catolicismo cobraba oficialidad, el país se dividió en sedes católicas, y un cardenal romano fue elegido para gobernar la abadía de Westminster. Inglaterra sufría un terremoto doctrinal y religioso. Newman entregó sus discursos sobre la Posición de los Católicos, y, aunque nadie se lo esperaba, apareció un Newman lleno de humor, de agudo ingenio, divertido y crítico. Un sacerdote italiano apóstata, estaba soliviantando los ánimos en contra de la Iglesia y comenzó una serie de calumnias contra las acusaciones de Newman. Newman realizó un gran esfuerzo, también económico para contestar y argumentar sus teorías. Pero un jurado con prejuicios anti-romanos lo condenó a pagar una multa de 100 libras; Newman apeló y el veredicto fue anulado; las consecuencias fueron enormes, "The Times" admitió que había habido un error judicial cuando Newman fue declarado culpable. Los católicos de todo el mundo lo apoyaron y Newman lo agradeció en la dedicatoria de sus "Lectures" de Dublin. Como los problemas no vienen solos, aún le esperaban muchas más dificultades. Durante 20 años, de 1851 a 1870 todos los proyectos que Newman planteó y presentó, fracasaron, y su servicio a la religión y a la cultura se vio afectado. En Irlanda los obispos habían sido obligados, después de rechazar las universidades laicistas en 1847, a plantearse una universidad propia. Faltaban ideas y personas preparadas para este ambicioso proyecto, además, a nivel académico, el Estado no aceptaría los títulos privados; y Newman fue nombrado rector en noviembre de 1851, Pasaron tres años como en un sueño; en 1854 prestó juramento. Pero tenía en mente en 1852 dirigir a Irlanda la idea de la universidad, con la grandeza y la liberalidad de Oxford. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 22 Las reflexiones y escritos académicos para las diferentes universidades, son escritos de alto nivel, con profundidad de pensamiento, un estilo pulcro y exquisito, y demuestran un alto grado de inteligencia. Estas reflexiones son la mejor defensa de la educación católica; defienden el estudio y la lectura de los clásicos, una base filosófica, las Humanidades y las Ciencias Prácticas. Estos escritos no gustaron a muchos obispos y la labor de Newman fue frenada. Como respuesta, dimitió de su cargo de rector y sus trabajos y proyectos en Irlanda, se frenaron. Había un proyecto de gran envergadura, la revisión de la Biblia Católica en Inglés, pero Newman vio como después de seleccionar el personal y de preparar todo el material, los publicistas, mal aconsejados por la jerarquía, desistieron del proyecto. Newman demuestra ser un gran escritor, conocedor del estilo de Oxford, claro, concreto y ordenado; conocedor de las obras de Cicerón, de las tragedias griegas y de su enfoque de las pasiones humanas:54 “Por eso Cicerón, al enumerar los diversos aspectos de la excelencia intelectual, menciona la búsqueda del saber por sí mismo como el primero de todos. “Esto es propio máximamente de la naturaleza humana-dice-, pues todos nos vemos llevados a conseguir el Saber, de modo que sobresalir en él lo consideramos óptimo, mientras equivocarnos, errar, ser ignorantes y engañados se nos presenta como un mal y una desgracia”[Cicerón, Oficios.] Cicerón considera el Saber como el primer objeto al que somos atraídos, después de satisfacer nuestras necesidades materiales. Después de las exigencias y deberes de nuestra existencia animal, por así decirlo, respecto a nosotros mismos, nuestra familia y vecinos, sigue-nos dice- la búsqueda de la verdad. Consiguientemente, tan pronto como escapamos a la presión de las necesidades imprescindibles, deseamos inmediatamente ver, oír y aprender, y estimamos el conocimiento de lo oculto o de lo sorprendente como una condición de nuestra felicidad.” “He elegido este pasaje, que es uno de entre muchos similares en una multitud de autores, por el hecho de resultarnos harto familiar; y deseo que observen lo claramente que el autor separa la búsqueda del Saber, de aquellos fines ulteriores a los que ciertamente puede conducir, y que son los únicos 54 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. EUNSA, Pamplona, Discurso quinto, El saber como fin en sí mismo, pp. 127-128. Trata del saber y su importancia, del saber como excelencia intelectual. A partir de ahora, Discursos sobre el fin y la naturaleza… Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 23 contemplados, pienso, por quienes me preguntan para qué sirve la educación liberal o universitaria.” Newman era un gran conocedor de la doctrina de los Padres de la Iglesia, un defensor de la formación personal, y muy crítico con los adelantos científicos sólo por ser científicos. En sus primeros años, tenía un planteamiento puritano, derivado de su ambiente familiar, pero se fue aproximando a la Iglesia y vio el cristianismo como una luz de optimismo a la salida de un túnel, y de esta manera se produjo su conversión. Su preocupación por relacionar la razón y la fe se basaba en dos principios: la conciencia era la revelación interna de Dios, y el catolicismo es la revelación externa y objetiva. Esta convicción se oponía al agnosticismo y al racionalismo. Newman estaba convencido que faltaba preparación intelectual en muchos de sus contemporáneos para poder entender de una forma positiva la relación entre la razón y la fe, entre la fe y la ciencia. Esa fue su exposición en el Discurso octavo sobre la idea de la Universidad:55 “La razón, es decir, la razón rectamente ejercitada, conduce la mente hacia la religión católica, la establece allí, y la enseña a actuar bajo su guía en todas sus especulaciones religiosas. Pero la razón, considerada como un agente real en el mundo y con un principio operativo en la naturaleza humana, con un curso histórico y unos resultados concretos, se halla lejos de adoptar una línea tan derecha y satisfactoria. Se considera a sí misma como independiente de principio a fin. No necesita de autoridad externa alguna, y se hace una religión para sí.” “La ventaja del Saber supone apartar la mente de objetivos que la dañan, y dirigirla hacia otros que son dignos de un ser racional; y aunque la mente no es por eso elevada sobre la naturaleza ni adquiere una tendencia que nos haga gratos a nuestro Creador, es ya sin embargo bastante sustituir algo ilimitadamente peligroso por lo que es en sí mismo inofensivo, o permutar ideas ciertamente pecaminosas por otras que no lo son.”56 “Pero eso no es todo. El Saber, la disciplina por la que se adquiere, y la sensibilidad que origina poseen una tendencia natural a refinar la mente y a 55 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Discurso octavo, p. 189. Ver Encíclica de Juan Pablo II, Fides et Ratio, 14 de septiembre de 1998, capítulo III, Intellego ut credam, caminando en busca de la verdad, y capítulo IV, Relación entre la fe y la razón. Esa es la novedad perenne del pensamiento de Santo Tomás. 56 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Discurso octavo, p. 192. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 24 darle una animosidad, simplemente natural pero verdadera, es más, a darle un disgusto y un horror hacia los excesos del mal, que a la larga son alcanzados con frecuencia por quienes, desde el principio, no se muestran prudentes en resistir lo que habita en ellos de vicioso y criminal.”57 Termina Newman de comentar la importancia de la razón bien formada, de la educación de la mente hacia cosas elevadas:58 “Recordad lo que acabo de decir sobre el respeto y el odio que una mente formada tiene sobre determinados vicios, y el disgusto y la humillación que experimenta si cae en ellos. Estos sentimientos pueden tener sus raíces en la fe y el amor, pero pueden no tenerlos allí. Considerados en sí mismos, nada hay en ellos de religioso. Es verdad que la conciencia está implantada en nuestro pecho por naturaleza, pero nos inflige miedo a la par que vergüenza. Cuando el alma se halla simplemente irritada consigo misma, y nada más, el auténtico peso de la voz de la naturaleza y la hondura de sus intimaciones han sido olvidadas, y una falsa filosofía ha malinterpretado las emociones que debían llevar a Dios. El miedo implica la trasgresión de una ley, y una ley implica la existencia de un legislador y juez, pero la tendencia de la cultura intelectual es disolver el temor en autoreproche, y éste se dirige y limita a nuestro mero sentido de lo que es adecuado y propio. El temor nos lleva más allá de nosotros mismos mientras que la vergüenza puede actuar sobre nosotros sólo dentro del espacio de nuestros propios pensamientos. Éste es el peligro de una edad civilizada y del pecado que la amenaza (por supuesto, no inevitable, pues supondría abandonar el uso de los dones divinos). Pero es el pecado normal del intelecto. La conciencia tiende a convertirse en lo que se llama sentido moral; el mandato del deber se hace una especie de gusto interior; y el pecado deja de ser una ofensa de Dios, y deviene una falta contra la naturaleza humana.”

Comentarios sobre algunos aspectos biográficos de Newman

Parece que no existe mejor biografía que la escrita por uno mismo o la que se desprende de los propios escritos. En Newman, esta afirmación queda corroborada por su “Apología pro vita sua”, escrita en 1864 a raíz de una controversia y unos ataques contra Newman y sus escritos y sermones.59 Se 57 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Discurso octavo, p. 193. 58 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Discurso octavo, p. 196. 59 Apología pro vita sua, Prefacio, pp. 21-25. Explica el proceso completo de su defensa ante los ataques contra su persona y sus escritos. Destaca su afán por escribir una biografía, pero lo hizo obligado por las circunstancias que le forzaron a ello. Como Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 25 calumniaba a Newman poniendo en su boca unas palabras que él jamás había pronunciado; se atacaba a Newman porque había tenido la desfachatez de abandonar el anglicanismo y convertirse al catolicismo en 1845. Ese era su pecado oficial. Lo que parecía una simple anécdota, los ataques a Newman, se convirtió en el último empuje a un proyecto que Newman llevaba dentro y que todavía no había cristalizado, porque necesitaba de ese pinchazo, ese estímulo externo para realizarlo. Newman, nacido en 1801 y fallecido en 1890, abarca todo el siglo XIX, siglo azaroso, lleno de cambios sociales y políticos, económicos y culturales. Siglo del liberalismo, del enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado, siglo de una secularización creciente y de una beligerancia contra la religión, como tantas otras épocas de la historia, pero ahora, con unas características sociales y culturales nuevas. En este contexto difícil, destaca la figura de John Henry Newman como una personalidad religiosa llena de autoridad y como un gran literato, con un estilo pulcro y elaborado, ausente de retóricas inútiles, cargado de filosofía y de reflexiones personales, de crítica irónica ante los hechos que se sucedían vertiginosamente. Newman nació en el seno de una familia con raíces calvinistas; impregnado de sentido religioso, se dedicó a la docencia en Oxford y al servicio de los feligreses en una parroquia humilde. Había recibido el ministerio sagrado anglicano y se dedicaba por entero a su tarea. El estudio de los santos Padres le movió junto a un grupo de amigos, a reformar la iglesia anglicana, devolviéndole el sentido del cristianismo primitivo. Es el Movimiento de Oxford.60 Newman combinaba su sólida formación con las tareas pastorales. Se retiró un tiempo a estudiar y orar, y salió convencido de que en el catolicismo hallaría la verdad del cristianismo, y se convirtió en 1845. Recibió por ello, críticas de sus antiguos amigos y colaboradores y también por parte de los católicos que no veían la razón ni la conveniencia de su conversión; algo que se demostraría con creces pocos años más tarde. Newman supo recoger las inquietudes de la sociedad y de la Iglesia, en un siglo marcado por la industrialización, por el tenía la correspondencia ordenada, pidió algunas cartas enviadas a los amigos, para completar esta crónica detallada de su vida y de las razones de su conversión. 60 El Movimiento de Oxford buscaba la renovación de la Iglesia anglicana y la vuelta a los orígenes evangélicos siguiendo la doctrina de los Santos Padres de la Iglesia. Para comunicar sus ideas y profundizar en sus estudios, se escribieron los “Tracts”, 90 opúsculos en los que se intentaba recuperar lo católico de la verdadera Iglesia, como la sucesión de los apóstoles, los sacramentos, la piedad personal, la independencia frente al Estado, la misión espiritual. Son escritos sin firma pero Newman escribió gran parte de ellos. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 26 secularismo y por la diversidad social y cultural. Fue nombrado cardenal por el Papa León XIII en 1879 y el Papa Juan Pablo II le proclamó “venerable” por sus cualidades y sus “virtudes heroicas” en 1991, y escribió una Carta al obispo de Birmingham al cumplirse el doscientos aniversario de su nacimiento en el año 2001 (Carta del Papa Juan Pablo II en el II Centenario del nacimiento del Cardenal Newman, año 2001). Las fechas más relevantes de su dilatada vida son: su nacimiento en Londres, en 1801, su diaconado anglicano en 1824, el presbiterado un año más tarde, el nombramiento como párroco de la iglesia de la Universidad de Oxford en 1828; el nacimiento del Movimiento de Oxford para renovar la iglesia anglicana en 1833, su retiro en Littlemore en 1843,61 su conversión en 1845, el sacerdocio católico en 1847, la fundación del Oratorio de san Felipe Neri en varias ciudades, desde 1849; el encargo de la creación de la Universidad Católica de Irlanda y los escritos pedagógicos y culturales unidos al proyecto, en 1851; su dimisión como Rector en 1858, la polémica con Charles Kingsley que le permitió escribir la “Apología pro vita sua”.62 No quiso participar directamente en el Concilio Vaticano I, pero sí que influyó y colaboró en aspectos importantes, matizando algunas declaraciones dogmáticas como la infalibilidad del Papa, al final sólo cuando se refiere a temas de fe y costumbres; la Carta al Duque de Norfolk, en 1875; fue nombrado Cardenal en 1879, y murió en 1890 en Birmingham. Una vida plena y de gran dinamismo que analizaremos con detalle en algunos aspectos de especial interés para nuestra exposición.

= La búsqueda de la Verdad. La Fe, una respuesta a las inquietudes espirituales de Newman = La espiritualidad de Newman nos permite analizar con más precisión su pensamiento y sus inquietudes intelectuales:63 “que existe la verdad y que podemos alcanzarla, pero que sus rayos se derraman sobre nosotros no sólo a través de nuestro ser intelectual, sino 61 Littlemore es una aldea a tres kilómetros de Oxford; Newman tenía la función religiosa por ser párroco de Santa María. Hizo construir una iglesia en 1836; compró y acondicionó unas caballerizas, se retiró allí junto con un grupo de amigos, en abril de 1842, y allí tuvo lugar su conversión en octubre de 1845. 62 Apología pro vita sua, Prefacio, pp. 21-25. 63 Ker Ian, La espiritualidad personal a la luz de J.H. Newman. Encuentro Ediciones, Madrid, 2006, p. 23: Newman empleó buena parte del tiempo de su vida intentando mostrar que nuestras convicciones de la vida de cada día que mantenemos tenazmente no son algo irracional sino altamente razonable, aún cuando no caigan dentro del ámbito del a demostración lógica o experimental. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 27 también a través de nuestro ser moral; y que, por tanto, la percepción natural de sus primeros principios queda obstruidas, debilitada y pervertida pro la fascinación de los sentidos y la dominación del propio yo, mientras que por otra parte puede ser vivificada por la aspiración a algo que sobrepasa nuestra naturaleza.”64 La fe es la respuesta del hombre a Dios y como además de una gracia es un acto humano, presenta unas características esenciales. La fe es obediencia a una llamada, pero es el libre sometimiento a la voluntad de Dios, porque se espera con certeza aquellos que se nos ha prometido, la vida futura. “Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia”.65No se cree sólo por las verdades reveladas sino por la autoridad de Dios mismo que las revela, “y que no puede engañarse ni engañarnos”.66 La fe es certeza, es comprensión, es inteligencia, y aunque está por encima de la razón, jamás puede haber desacuerdo entre ellas. Certeza en la Verdad revelada y en la promesa que hemos recibido de Dios,67 certeza mantenida con la Esperanza. Comprensión de la Verdad revelada y además, inteligencia para estudiar, analizar y entender aquello que Dios nos ha revelado. Vamos a describir unas pinceladas de algunos momentos determinantes en la vida personal de John Henry Newman y en la vida de la Iglesia, momentos determinantes porque la conversión no es un hecho aislado, es un fenómeno frecuente, numeroso, en Newman personal y comunitario por la trascendencia que le siguió, pero un fenómeno excepcional por las consecuencias que se derivan. En primer lugar porque es una llamada que se repite sin cesar,68 ese fue el convencimiento profundo; y en segundo lugar por las peculiares circunstancias que se producen y por la urgente necesidad del converso de presentar su conversión, argumentar los pasos realizados, manifestar lo que se cree, y predicar su fe, siendo profeta de su tiempo. 64 Ker Ian, La espiritualidad personal…p.32-33. 65 Santo Tomás de Aquino, S.Th.2-2, 2, 9; Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Concilio Vaticano I, sesión III, 24 de abril de 1870, capítulo 3 De la fe, 1789 y 1790. 66 Concilio Vaticano I, sesión III, 24 de abril de 1870, capítulo 3 De la fe, 1789 y 1790. 67 Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Concilio Vaticano I, cap. III De la fe y cap. IV De la fe y la razón, pp. 415-418. 68 Apología pro vita sua, p. 237, ver p. 11, es la crónica de su conversión y de su paz interior. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 28 La grandeza de la palabra escrita, en prosa o en verso, radica en la exigencia profunda de la desnudez del alma, del profundizar en la propia existencia y de expresar con belleza y estilo el golpe de gracia, gracia divina, ese encuentro con la existencia plena, Dios mismo. La persona inteligente es crítica, y además es sistemática, porque ha sabido diferenciar los valores y definir un orden jerárquico. Esa era la idea del Cardenal Newman sobre la universidad y la escuela, crear una mentalidad crítica, sistematizar los conocimientos, ser consecuentes con las propias ideas, saber lo que se piensa, y en definitiva, pensar. Esa fue su metodología y esa fue su aplicación a la búsqueda de la verdad, una búsqueda que le llevó a la conversión:69 “Cuando estaba seguro de la Via Media y creía que nada podría conmoverla, establecí algunos grandes principios que iban más allá de lo que se pensaba a primera vista. Creía que para hacer de la Via Media algo concreto y con cuerpo, era preciso sacarla de la mera condición de esquema. Si la Iglesia anglicana había de competir con la de Roma, necesitaba un ceremonial, unos ritos, una plenitud de doctrina y devociones de que carecía. Esas novedades no alteraban para nada sus fundamentos, simplemente la embellecían y fortalecían. Hablo de cofradías, prácticas de devoción, reverencia especial hacia la Virgen, oraciones por los difuntos, iglesias bellas, ofrendas generosas a los templos y en los templos, monasterios, y otras muchas prácticas e instituciones que, a mi juicio, eran tan nuestras como de Roma, aunque Roma se las había apropiado y presumido de ellas aprovechando que nosotros las habíamos dejado escapar. La idea que está al fondo de todo esto la traje a colación en una carta que se publicó con motivo del Tracto XC.” Esta Carta es un fragmento soberbio sobre la liturgia y las prácticas de piedad, un análisis de las diferencias entre el Anglicanismo, vacío de contenido y de adorno externo, y la Iglesia de Roma, llena de actos externos que enriquecen la doctrina. Newman veía claro que si no se producía un cambio profundo, el paso al catolicismo por parte de muchos era un hecho, y había que aceptarlo por fidelidad y justicia a una causa, porque el Anglicanismo no ofrecía ningún atractivo ni doctrinal ni litúrgico. Se estaba muriendo. “Nuestra época va en pos de algo; la gran desgracia es que la única comunidad religiosa que posee ese “algo” es la Iglesia de Roma. Sólo ella, en medio de sus errores teóricos y prácticos, ha dado libre curso a los sentimientos de temor, misterio, ternura, reverencia, abnegación y otros que pueden llamarse especialmente católicos. La cuestión es si vamos a dejar esos sentimientos a la Iglesia de Roma o los reclamamos también paran nosotros. Si se lo dejamos, 69 Apología pro vita sua, pp. Capítulo IV, p. 165 y ss. p. 179 Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 29 tendremos que dejar también que se lleve a las personas que aspiran a esos sentimientos. O le dejamos las personas o aceptamos sus principios.” No hay que tener opiniones, que suelen variar con el tiempo, hay que tener el convencimiento claro, la convicción, como tuvo Newman después de años de estudio, de pensar, de repensar y analizar; fue labor de toda una vida. No fue un cambio de opinión, fue un convencimiento profundo, una aceptación libre y voluntaria a una llamada, la respuesta a una búsqueda constante de la verdad, y el seguimiento radical a esa verdad, cuando le fue revelada. Como Dios llama cuando quiere, sus caminos son misteriosos, pero necesita de la libertad y voluntad de la persona llamada, porque la aceptación personal es fundamental. La comunicación supone búsqueda; y la búsqueda, cuando consigue su objetivo, exige comunicar esa experiencia viva, ese camino que lleva hasta la verdad, a cada uno con sus características, de una forma peculiar, porque Dios llama aprovechándose de la situación personal, porque el hombre es un medio para glorificar y dar a conocer al Creador.70 Para Newman, la literatura es un instrumento de libertad, porque lo aparta de las falsas realidades del mundo y les ayuda a pensar y a plantearse la existencia con una mirada diferente. La literatura es sinónimo de cultura, un método de trabajo que obliga a leer, a pensar, a ver, y a escribir; requiere un esfuerzo, una exigencia de tiempo, de concentración y reflexión. La cultura es una práctica de la tolerancia porque hace libre a la persona, porque ha pensado las ideas, y porque exige la necesidad de comunicarlas de forma oral o escrita.71 Newman es una personalidad del Concilio Vaticano I y aunque no participó en el Concilio, su influencia fue evidente.72 Todo hombre está obligado por ley natural a buscar la religión verdadera, seguirla cuando la encuentra y adecuar su vida a esos nuevos valores conocidos. El Concilio Vaticano I había definido 70 Apología pro vita sua, p. 240 71 Pearce Joseph, Escritores conversos. La inspiración espiritual en una época de incredulidad. Ediciones Palabra, Madrid, 2006. Analiza el proceso de conversión de escritores y pensadores preclaros en los albores del siglo XX y durante su desarrollo. Se refiere a un renacimiento espiritual e intelectual, “que desde el mundo anglosajón, ejercieron y siguen ejerciendo notable influencia en el mundo de la cultura”. Igual que Newman, citado constantemente por muchos de estos literatos, desde el pensamiento y desde la lectura y el estudio de la Biblia, se convirtieron al Catolicismo. Es una obra de referencia para valorar la influencia de Newman y de sus obras, en casi todos ellos, porque el mundo anglosajón, anglicano, católico o simplemente cultural, le debe mucho a Newman, por eso se lo valora cada vez más. 72 Apología pro vita sua, p. 242-243, y sobre todo, p. 246 e-aquinas 4 (2006) 12 p. 30 que el hombre con la luz natural de la razón puede llegar al conocimiento de la existencia del único Dios verdadero, nuestro creador y Señor. El mismo Concilio enseña que la fe es una gracia de Dios necesaria para la salvación, es un acto del entendimiento dirigido por la voluntad, un acto sobrenatural. La fe es un acto de conocimiento y de aceptación como algo verdadero lo que Dios ha revelado, porque Dios no puede engañarse ni engañarnos. Es un acto de conocimiento que requiere la influencia de la voluntad que mueve al entendimiento a asentir.73 No es un acto ciego, sino cierto. Por eso la fe es necesaria para salvarse cuando se cumple con la obligación de abrazar la verdadera fe, perseverando en ella. En un proceso normal de conversión, se investiga la trayectoria de la Iglesia, un estudio de la doctrina y de los santos Padres durante varios años, una labor dura y difícil que exige inteligencia, afán de saber y una voluntad clara de aceptar la doctrina y de ser recibido en el seno de la Iglesia. Ese fue el proceso seguido por Newman a lo largo de su vida, media vida buscando, y media vida gozando de la plenitud del encuentro con la Iglesia. Esos fueron sus pasos: el estudio, con una mente abierta a la verdad, es el primer paso para la conversión, para la aceptación que la Iglesia es la verdadera. Por lo tanto es una convicción intelectual, pero todavía no es una opción de fe. Se necesita un segundo paso, la voluntad de creer, y el tercer paso, definitivo que es el acto de fe, creer que la Iglesia enseña porque Dios lo ha revelado. Esta es la esencia, el acto sobrenatural, al que seguirá el Bautismo, como entrada en la Iglesia, o la conversión, como hizo John Henry Newman. Nadie puede impedir este acto aunque el converso Newman tuvo muchas dificultades por parte de su antigua creencia o de su círculo profesional para poder dar ese paso con libertad;74 también la Iglesia ha visto con cierta prudencia y cierto recelo la conversión, porque es un proceso complicado y largo, supone el convencimiento absoluto, la firme voluntad y un acto profundo de fe del converso, que acepta, por la gracia de Dios, esta nueva situación. Por el mandato evangélico, la Iglesia está obligada a recibirlo y ninguna autoridad terrenal puede impedir esta obligación. En el Catecismo de la Iglesia Católica,75 citando la Constitución Gaudium et spes, 16, se recuerda que en el fondo de su conciencia el hombre descubre una 73 Denzinger, E., El Magisterio de la Iglesia, Concilio Vaticano I, pp. 413-418. 74 Apología pro vita sua, p. 190 y ss. 200 y ss. en donde se explica su trayectoria, los ataques y problemas que tuvo que padecer, su convicción final, p. 237. 75 Entre paréntesis el número de canon del Catecismo de la Iglesia Católica, Asociación de Editores del Catecismo, Madrid, 1992. canon 1776. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 31 ley que no se da a si mismo, pero a la que debe obedecer, es una ley escrita por Dios en el corazón del hombre. Más adelante,76 la dignidad de la persona humana implica y exige la “rectitud de la conciencia moral”, por eso entendemos los principios de la moralidad “sindéresis” y su aplicación. Y sigue avanzando y adoctrinando,77 la conciencia permite asumir la responsabilidad de los actos que realizamos.78 El hombre tiene el derecho de obrar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. “el hombre no puede ser obligado a actuar contra su conciencia. Pero tampoco puede ser impedido de obrar según su conciencia, sobre todo en materia religiosa” (Dignitatis Humanae, 3). Sigue el Catecismo, con una claridad que no deja lugar a dudas,79 “el creyente, como discípulo de Cristo, debe profesar la fe, dar testimonio, difundirla. El creyente ha de ser “servidor de la verdad” como nos recuerda el Papa Pablo VI”80 aunque sea en medio de las persecuciones (Lumen Gentium, 42, Dignitatis Humanae, 14), siguiendo el mandato evangélico: “id, predicad, bautizad”, y siguiendo la promesa del Señor: “todo aquel que me reconozca, también yo le reconoceré delante de mi Padre del cielo.”81 La justificación establece la colaboración entre la gracia de Dios y la libertad del hombre;82 una libertad muy preciada por Newman a lo largo de toda su vida. Realmente, su búsqueda incansable de la verdad le hizo más libre para aceptar la llamada a la conversión. “Cuando Dios toca el corazón del hombre con la luz del Espíritu Santo, el hombre no permanece inactivo al recibir esta inspiración, que por su parte, podría rechazar. Pero sin la gracia divina y con su sola libre voluntad, no puede moverse hacia la justicia delante de Dios”.83 El movimiento de retorno a Dios,-conversión-, implica un dolor y una aversión hacia los pecados cometidos, y un propósito firme de no volver a pecar más. La conversión, por lo tanto, afecta al pasado y al futuro; y se alimenta de la esperanza en la misericordia divina, ese es el sentido de la parábola del hijo 76 Catecismo de la Iglesia Católica, canon 1780. 77 Catecismo de la Iglesia Católica, canon 1781. 78 Catecismo de la Iglesia Católica, canon 1782. 79 Catecismo de la Iglesia Católica, canon 1816. 80 Pablo VI, Exhortación Apostólica, Evangelio Nuntiandi, 8 de diciembre de 1975, n.76, testimonio de vida; n.77, búsqueda de la verdad; 78, servidores de la verdad. 81 Mt. 10, 32-33. 82 Catecismo de la Iglesia Católica, canon 1993. 83 Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Concilio de Trento, sesión VI, bajo Paulo III, 13 de enero de 1547, p. 227 y ss. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 32 pródigo.84Esa conversión tiene una dimensión comunitaria, como en el Cardenal Newman, porque le afectó a él y a un nutrido grupo de seguidores; es la llamada del Señor a toda la Iglesia: “conviértete.”85 Y como dice San Ambrosio en sus Epístolas, hay dos conversiones en la Iglesia, “el agua y las lágrimas”, el agua del Bautismo y las lágrimas de la Penitencia.86 La conversión es una vocación que Newman llevaba escondida en su corazón. Y para que fuera realmente humana, “la respuesta de la fe que el hombre da a Dios ha de ser voluntaria. Por lo tanto, nadie puede ser obligado a abrazar la fe contra su voluntad. Por su misma naturaleza el acto de la fe tiene un carácter voluntario” (Dignitatis Humanae, 10); esa fue la actitud voluntaria y libre, el paso del anglicanismo al catolicismo.87 El deseo de saber, una constante en su vida, ya estaba planteado en la Metafísica de Aristóteles, es un deseo inherente a la persona humana porque aproximaba al hombre -Newman-, a la verdad de su existencia, lo interpelaba y golpeaba en su interior, hasta llegar al objetivo: “nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón no descansa hasta que descanse en ti” como exclama san Agustín; o como San Ignacio de Loyola “no el mucho saber satisface el alma sino el saber profundamente”. Newman fue un buscador incansable de la verdad, y como san Agustín, “la verdad es del Señor dondequiera que se encuentre”. Un converso como Newman, a través de sus escritos tenía la necesidad de comunicar ese cambio esencial en su vida. Esta es una de las características de la radicalidad de su respuesta, extender la palabra de Dios, contar su experiencia y alabar la misericordia de Dios. La conversión ha significado en Newman una mayor intensidad en la experiencia de vida, una convicción, una paz y alegría profundas, un cambio de sentido que ha modificado etapas de la historia. Newman tenía ansia de Dios, su búsqueda le llevó a un encuentro, siempre misterioso y contundente, y su actitud cambió, porque esa llamada misteriosa de Dios, se convirtió en una fuerza arrebatadora. 84 Lc 15, 11-32. Juan Pablo II, Encíclica Dives in misericordia, 30 de noviembre de 1980, capítulo IV, n. 5, Analogía de la parábola del hijo pródigo. 85 Apocalipsis 2, 5-16. 86 San Ambrosio, Epístola 41,12. 87 Apología pro vita sua, p. 237 y ss. en donde narra con detalle su conversión gozosa y su paz interior al llegar a dar ese paso definitivo, libremente, con tiempo para analizar las circunstancias. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 33 Newman, en un acto de valentía y de propaganda, necesitaba pensar y analizar; leía y escribía, debía comunicar su experiencia vital, esa vivencia sublime que había cambiado su vida, esa experiencia la había transformado en un ejemplo, un punto de referencia para los que le rodeaban y para las generaciones futuras. No fue un hecho aislado, tuvo una repercusión comunitaria, Newman volvía a la Iglesia, a los orígenes; había encontrado el sentido de su vida en la Iglesia de Roma, y estaba obligado, tenía la responsabilidad de conocer y amar a la Iglesia, de seguir a Cristo y de dar explicación puntual de ese seguimiento. Su conversión fue un peregrinaje y una búsqueda interior, fue una verdadera purificación, y Newman lo asumió con gozo, “permitió” la acción del Señor que aprovechó las cualidades humanas para que se produjera ese cambio radical.88 Cuando la persona está preparada, Dios actúa, por eso, ante los caminos misteriosos de Dios, Santa Teresa de Ávila exclama: “ahora entiendo, Señor, porque tienes tan pocos amigos”, porque el Señor es exigente, lo quiere todo; una entrega absoluta por el Reino de los cielos; una entrega incondicional, una labor de apostolado, la necesidad de la oración y de la preparación en silencio para dar más gloria a Dios.89 Fue un acto de fidelidad a sí mismo, una aceptación gozosa de las dificultades, un deseo de servir a la causa de la Iglesia, y un gran amor a esa Iglesia que le salvaba; escribía a algunos católicos entre 1841 y 1843, cuando admiraba a la Iglesia romana pero seguía su obediencia y fidelidad a la Iglesia anglicana, sólo por el sentido de obediencia, no por convicción:90 “(8 de abril, 1841) La unidad de la Iglesia Católica es cosa que llevo muy dentro en el corazón, sólo que en nuestro tiempo no la veo por ningún lado, y no creo que pueda darse sin grandes sacrificios de uno y otro lado”…” (26 de abril, 1841) Mi única inquietud es que la rama de la Iglesia a la que usted pertenece no esté dispuesta a llevar a cabo las reformas que sin duda son necesarias para unirse con nosotros. No es posible que una parte tan grande de la cristiandad se haya separado de la comunión con Roma y haya mantenido durante trescientos años su protesta sin razón alguna”…” (5 de mayo, 1841) Sostengo sinceramente que hay en la Iglesia romana un sistema tradicional, no necesariamente ligado a sus formulaciones dogmáticas esenciales”…”Digo esto 88 Apología pro vita sua, p. 237. citado anteriormente: “Desde que me hice católico, por supuesto, se acabó la historia de mis “opiniones religiosas”; ya no hay nada que narrar…Mi paz y mi alegría han sido perfectas, y no he vuelto a tener una sola duda.” 89 Por eso se retiró a Littlemore con unos amigos, y abandonó los ministerios de la Iglesia anglicana, y dejó de escribir; para pensar y en el silencio encontrar la verdad y conseguir la fuerza que necesitaba para dar el paso definitivo. 90 Apología pro vita sua, p. 194-196. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 34 por el temor de que, en la mente de sus amigos, se albergue la secreta sospecha de que personas como yo, dado el desarrollo de sus actuales ideas, han de sentir el imperativo de pasarse a la comunión de ustedes…nosotros tenemos (creo yo) demasiado arraigados el principio y el espíritu de obediencia como para permitirnos separarnos de nuestros superiores eclesiásticos por el hecho de que, en algunos casos, simpaticemos con ustedes. Tenemos demasiado horror al principio del juicio privado para fiarnos de él en materia tan grave como pasar de una comunión a otra. Tendrán que expulsarnos de nuestra comunión o decretar nuestra Iglesia que la herejía es la verdad. Son las únicas causas que yo concibo para abandonar la Iglesia en que fui bautizado.” El 14 de julio de 1844, supone un paso más en la conversión, porque Newman había reflexionado mucho sobre su postura en la Iglesia anglicana y ya no podía permanecer entre dos aguas, sin definirse, en una opción que era fundamental:91 “Las consideraciones que me pesan son del tipo siguiente: 1. Estoy mucho más seguro (según los Padres) de que estamos en estado de separación culpable que de que no se den desarrollos en la doctrina del Evangelio y, en concreto, de que los desarrollos reconocidos por la Iglesia Romana no sean los verdaderos. 2. Estoy mucho más seguro de que nuestras doctrinas (modernas) son falsas que de que sean falsas las doctrinas (modernas) de Roma. 3. Concedo que las doctrinas (especiales) romanas no se encuentran ni siquiera bosquejadas en la Iglesia primitiva; pienso, sin embargo, que hay rastros suficientes de ellas para garantizarlas y aprobarlas, en la hipótesis de que la Iglesia esté guiada por Dios, aunque estos trazos no sean suficientes por sí solos, para probar esos desarrollos. Es decir, la cuestión gira en torno a la promesa del Espíritu hecha a la Iglesia, y nada más. 4. La prueba de la doctrina romana (moderna) es tan fuerte (o más fuerte) en la antigüedad que la de ciertas doctrinas que mantenemos tanto nosotros como los romanos; por ejemplo, hay más pruebas en la antigüedad sobre la necesidad de la unidad que sobre la sucesión apostólica, sobre la supremacía de la sede romana que sobre la presencia real en la Eucaristía, sobre la invocación a los santos que sobre algunos libros del canon actual de la Escritura, etc. 5. La analogía del Antiguo Testamento y también la del Nuevo nos lleva a reconocer el desenvolvimiento o desarrollo doctrinal.” 91 Apología pro vita sua, p. 202. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 35

Perfil humano y espiritual de John Henry Newman

Newman fue un converso ilustre de la iglesia de Inglaterra. Se atrevió, tuvo la osadía de enfrentarse al orden establecido y de tomar una decisión escandalosa, abandonar la iglesia anglicana y entrar en la Iglesia católica, llegando hasta el cardenalato.92 Fue un hombre de letras, filósofo y escritor prolífico, había nacido en Londres en 1801 y murió en Birmingham en 1890, después de una vida dilatada, plena y azarosa, al servicio de la verdad. Era hijo de una familia de siete hermanos, de madre hugonote que le educó en el calvinismo a su manera. A través del Movimiento de Oxford fue el artífice del resurgimiento religioso aunque provocó un verdadero terremoto y la conversión de muchos al catolicismo. Es un autor grande, original, refinado en su estilo, y de gran vitalidad, también expresada en sus escritos. Fue una persona profundamente religiosa e inquieta, con una piedad demostrada en sus escritos y en su predicación, porque también era un gran comunicador. Ya antes de su conversión, era muy crítico con el catolicismo y rebatió el anglicanismo y el agnosticismo, definiendo las raíces del verdadero cristianismo que buscaba con tanto ahínco. Podemos resumir su vida y su obra como una demostración de su profundo amor a la Iglesia, un amor reverencial, profundo e incondicional. Como hombre de gran cultura, cultivó también la poesía. Era imaginativo y algo supersticioso siendo niño, pero poco a poco desde la adolescencia fue robusteciendo su personalidad, punto central de sus escritos, una de sus grandes preocupaciones. Era un lector voraz que pronto demostró sus dotes intelectuales en la Universidad de Oxford. En un momento de su vida renunció a la abogacía para dedicarse a la vida religiosa. Sus convicciones calvinistas le dejaban vacío, sin aquella plenitud que él buscaba. Elitista en sus convicciones políticas, hijo de su tiempo, desconfiaba de las masas. Viajó por gran parte de Europa y quedó impresionado por la ciudad de Roma. Fue un escritor incansable preocupado por la reforma de la iglesia inglesa, pedía una vuelta a la iglesia primitiva porque la crisis anglicana era evidente. Newman se presentaba como un verdadero conciliador entre los elementos católicos, y anglicanos aunque era muy crítico con la Iglesia de Roma. Entró de lleno en las polémicas nominalistas de Oxford, poco a poco se 92 León XIII le nombró cardenal en 1879. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 36 fue separando de la iglesia anglicana, y en 1841, se dedicó a vivir con extrema austeridad, llevando una vida ascética y poniendo en peligro su salud. También en Newman, en los conversos siempre vemos la mortificación y la penitencia, antes o después de la conversión, siempre el silencio y la oración, porque a Dios se le encuentra y se le “siente” en el silencio, Dios habla en el silencio para que el alma se abra a Dios. Después de varios años de retractarse de sus escritos contra la Iglesia de Roma, el 9 de octubre de 1845, fue recibido por un padre pasionista, el padre Dominic, en la Iglesia, un hecho que ya se había producido anteriormente con algunos de sus colaboradores. Fue un escándalo enorme, no aceptado por los anglicanos. Le consideraron siempre, un traidor, aunque en el fondo le admiraban por su claridad, su doctrina y su valentía. La conversión partió su vida en dos etapas parecidas en su duración, pero no en su contenido. Esa conversión tuvo una resonancia enorme, y muchos, también ilustres escritores y profesores, le siguieron, aunque al principio, Newman tuvo que sufrir las críticas anglicanas y el recelo de la Iglesia, porque Newman se había distinguido como un crítico contra el catolicismo. Fue calumniado y criticado, fue llevado a los tribunales y condenado, pero el veredicto se anuló y se reconoció el error judicial, por eso los periódicos de más prestigio alabaron el estilo prudente y conciliador de Newman y su dignidad en todo aquel proceso, aumentado entre los ciudadanos su admiración por él. Durante 20 años, de 1850 a 1870, muchos de sus proyectos fracasaron, y su inquietud por reformar la universidad fue en aumento. Sus proyectos biblistas y editoriales fueron saboteados por intereses rastreros de ciertos editores y colaboradores. Se le considera un gran escritor en lengua inglesa, conocedor de los clásicos, también una característica constante en los literatos e intelectuales; fue un pensador de gran lucidez pero creía que no existía aún la preparación suficiente entre los científicos y filósofos para reconciliar la razón y la fe, la ciencia y la religión. Newman es un don y un testimonio perenne. Supo atender la llamada de Dios, servirle con una personal dedicación. Como Tomás Moro, “pertenece a todas las épocas, a todos los lugares, a todos los pueblos”.93 Newman nació en tiempos difíciles, de grandes cambios, tiempos de cuestionar y debatirlo todo, tiempos de racionalismo beligerante. Consiguió una síntesis de fe y razón.”La contemplación apasionada de la verdad lo llevó a una aceptación liberadora de 93 Carta de Juan Pablo II en el II Centenario del nacimiento del cardenal Newman, 22 de enero de 2001. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 37 la autoridad, que tiene sus raíces en Cristo”94. Cristo era su luz, Cristo era la verdad que había buscado y encontrado. Fue una búsqueda dolorosa porque perdió amigos, le enfrentaron con todos y a casi todo, fue calumniado y perseguido, pero confiaba en Dios: “Él sabe lo que hace”. Cada prueba fortalecía más su fe, convencido de la acción misteriosa de Dios “que no hace nada en vano”. Estuvo siempre maravillado del misterio de la cruz, siguiendo la tradición de San Pablo, enamorado de la cruz, ayuda en la conversión y camino de la vida eterna. Ese es el misterio de la llamada y esa es la grandeza de la respuesta, comunicar esa experiencia vivificante, dedicarse en cuerpo y alma a propagar y expandir la verdad revelada en el momento preciso, como una brisa, como un golpe, como un cataclismo interior, como una caída del caballo que rebaja el orgullo hasta la humildad más profunda y que prepara el alma para la aceptación de esa Verdad, y prepara al converso para la predicación apostólica siguiendo el ejemplo de San Pablo. Ese es el testimonio de Newman, gran converso que aceptó poco a poco la verdad, y esas son las obras que detallan el proceso de su vida, escritas con la fuerza del Espíritu.

Newman a través de sus obras

Newman fue un escritor prolífico y sus obras son el resultado de una mente inquieta, culta y formada, una mente que analizaba y sometía a crítica las teorías científicas y la filosofía de su tiempo, una época conflictiva y cambiante que le obligó a replantearse teorías y a concretar problemas y soluciones. Fue una lucha intelectual, una lucha interior, una búsqueda constante; en el anglicanismo, con dudas y angustia interior, y desde su conversión al catolicismo, con alegría, optimismo y una gran paz interior. Había encontrado su verdadera identidad. El secreto fue imitado por muchos de los conversos de su tiempo; se trataba de plantear la persona humana como unidad, unidad entre fe y cultura, unidad en el pensar y el obrar, unidad entre el pensar y escribir. Fue un convencimiento profundo de que su búsqueda de la verdad iba por el camino adecuado, y el resultado había de ser la conversión. Esa actitud, esa decisión no exenta de conflicto interior, no fue entendida ni por los anglicanos ni por los católicos, que criticaban una posible traición o que no se fiaban de la adhesión entusiasta de Newman, sabedores de sus escritos y críticas contra Roma y la Iglesia católica. 94 Carta de Juan Pablo II en el II Centenario del nacimiento del cardenal Newman, 22 de enero de 2001. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 38 Newman escribió decenas de volúmenes con miles de Cartas y reflexiones a modo de un Diario, volúmenes de Sermones, múltiples ensayos novelas, algún poema y su Autobiografía. Newman nunca se planteó escribir como metodología, ni sus escritos siguen una sistemática, al contrario, escribía a impulso de problemas y conflictos que se le iban planteando; guardaba los miles de Cartas escritas, ordenadas por temas y épocas, y realizaba copias de las Cartas enviadas, por eso, podemos seguir con minuciosidad su vida y su pensamiento casi cotidiano. Es un material de un valor extraordinario. Por eso su Apología-autobiografía, se completó en pocos meses porque pudo echar mano de toda la documentación escrita que tenía seleccionada. Hubiera sido imposible que una polémica, unas acusaciones, pudieran desatar con tanta precisión, una respuesta ordenada en el tiempo y de gran profundidad. Es un sumario gigantesco, claro y ordenado, con argumentos puntuales que van rebatiendo acusaciones y van definiendo posturas. Ese es su gran valor. Esta ingente obra puede parecer dispersa pero sigue un hilo conductor, es una obra escrita de gran intensidad intelectual, abierta a los problemas de su tiempo y a la propia reflexión personal, porque Newman gustaba del silencio para poder orar, pensar y escribir. Esta enorme producción escrita responde a una gran capacidad intelectual y a la apertura hacia todos los temas, por eso el alcance de su obra es amplísimo, dando más importancia a los temas religiosos y éticos, pero dedicando un gran número de escritos a las ciencias, a la literatura y a la política. Una de sus conferencias sobre La idea de una universidad lleva por título: “Cristianismo y Medicina”, en los tres volúmenes de Escritos políticos analiza el tema de la guerra de Crimea entre Francia e Inglaterra, en 1854, y también, escritos condenando la esclavitud. Todos los temas son tratados con perspectiva religiosa, y a pesar de la variedad de contenido, no son textos ni superficiales ni excesivamente académicos. Significa que tanto Newman como otros autores del Movimiento de Oxford, concedían un gran valor a la visión global de la realidad, a la globalidad de la persona en todos sus ámbitos, tal como explica el propio Newman en una genial descripción.95 No se puede entender la figura de Newman sin una estrecha relación entre la cultura de su tiempo y la propia persona. Newman tenía una enorme inquietud intelectual, un enorme afán de saber, una sensibilidad para captar los problemas de su tiempo; era un luchador contra las injusticias que le rodeaban, 95 Ker, Ian, La espiritualidad personal a la luz de J.H.Newman. Sanar la herida de la humanidad, Encuentro Ediciones, Madrid, 2006. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 39 era muy crítico con las instituciones y las ideas, pero muy respetuosos con las personas, y buscaba constantemente afianzar su identidad. Su conocimiento del mundo inglés, de la iglesia anglicana y católica, de la historia, y de la universidad, demuestran una profundidad y una agudeza poco común. El resultado fue su conversión al catolicismo con el convencimiento de que sólo en la Iglesia está la verdad. Sus escritos son el testimonio de su actividad, un diario vivo de toda una vida, larga e intensa, cartas, diarios, sermones y tratados son como las pruebas que nos dejó de aquella actividad humana que llevó a cabo. John Henry Newman, su idea de la universidad. Antes de entrar en el tema central de este trabajo, es conveniente situar la importancia del saber y sus propiedades, que Newman aplica a la Universidad. Muchos seguidores de Newman se convirtieron al Catolicismo con él, y otros lo hicieron posteriormente, porque siguieron su método de analizar el mundo en que vivían y de relacionar su experiencia con su propia vida, integrando religión y cultura, ante las amenazas laicistas que les rodeaban. Aunque lo analizamos más adelante, este concepto integrador, globalizador y universal, fue una de las claves de su teoría sobre la universidad, defendiendo los conocimientos globales, criticando la especialización como un objetivo en sí mismo, y dando a las escuelas y estudios técnicos, un ámbito específico fuera de la universidad clásica. De ahí la enorme actualidad de estas teorías. La visión unitaria de Newman, es una propuesta que engloba todas las especialidades, y busca convertir la universidad en el centro del saber universal, en la base de una cultura común, no en compartimentos estancos ni en parcelas de poder. El gran libro de Newman The Idea of a University no fue una obra escrita siguiendo un guión establecido. Está formado por varias partes, en dos grandes bloques, escritas durante cuatro años. La primera parte, parece más elaborada y uniforme, con una serie de conferencias, impartidas por Newman en 1852 tras ser nombrado Rector de la futura Universidad Católica de Dublin. Se añadieron otras cinco, que nunca fueron pronunciadas. Se reconvirtieron como ensayos, además, el texto fue ampliado con diferentes materiales y fueron publicados el mismo año de 1852 con el título Discourses on the Scope and Nature of University Education y con el añadido Addresed to the Catholics of Dublin. Este primer libro contiene un extenso prefacio, una introducción y la división en nueve discursos independientes contiene una introducción no muy extensa y se presenta dividido en nueve discursos, que corresponden a las diez conferencias e-aquinas 4 (2006) 12 p. 40 en las que se plantean las cuestiones principales de lo que debe ser y de cómo debe organizarse una universidad.96 La publicación de estas conferencias pasó por varios caminos. Primero se publicaron como un solo libro, más tarde se hizo una revisión, y dos décadas más tarde, en 1873, las dos partes, los dos libros de Newman cobraron unidad física en una sola obra con el título conocido de “La idea de una Universidad”, en la que se distinguen las dos partes sobre los nueve primeros discursos y los escritos y conferencias posteriores sobre el tema. Fue un éxito editorial, con nueve ediciones que el propio Newman pudo revisar, la última, en 1889, un año antes de su muerte. Hubo reimpresiones y ediciones, hasta las ediciones del último tercio del siglo XX, algunas de ellas, con certeros análisis y con los comentarios, que a un siglo de distancia pueden realizarse con imparcialidad. Newman decidió publicar los nueve discursos y los ensayos que completan su obra, porque tenía un conocimiento muy profundo y una amplia experiencia de la vida universitaria, había sido alumno y había desempeñado la función como docente y profesor, con importantes cargos en la institución universitaria. En el Oriel College, el más prestigioso de la Universidad de Oxford, Newman ejerció la función docente durante más de dos décadas y desempeñó cargos en la dirección. Tenía veintisiete años cuando fue nombrado Vicario de St. Mary, cargo que le ponía al frente de la iglesia oficial de la Universidad de Oxford, con todo lo que esto representaba, al ser la tribuna universitaria en la que se abordaban las más cuestiones más esenciales y polémicas del anglicanismo. En el prólogo de los Discursos se definen con claridad los objetivos de la obra y la visión que Newman tenía de la Universidad y de cómo había de ser el saber impartido en ella. El tema central de este estudio es su idea de la Universidad, justificada en el primer discurso, cuando reflexiona sobre el cambio de la Universidad desde hacía décadas y la necesidad de que los católicos también tuvieran una Universidad propia para formar intelectual e integralmente a los suyos,97 “Hace unos cincuenta años, la Universidad inglesa de la que fui parte por mucho tiempo, despertó finalmente después de un siglo de inactividad, en el que apenas impartía educación a la juventud confiada a sus cuidados. Despertó 96 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza de la Universidad, EUNSA, Pamplona, 1996 97 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Discurso Primero, introducción, p. 37 Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 41 a un sentido de la responsabilidad que su tarea y prestigio suponían, y nos ha ofrecido el singular ejemplo de un heterogéneo e independiente grupo de hombres dedicados a una labor de auto-reforma, no por presión alguna de la opinión pública, sino porque era apropiado y justo emprenderla.” Los nueve Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria fueron escritos en 1852. Su objetivo era preparar el terreno de la fundación de la Universidad Católica de Irlanda.98La obra de Newman fue un soplo de vitalidad, un regalo que iluminaba el siglo XIX inglés, en un momento en que el positivismo, el materialismo y el laicismo estaban socavando las bases y la tradición de la sociedad. Apareció en el lugar y en el momento oportuno, porque el liberalismo se presentaba como una nueva moralidad, y realmente era el destructor de esa moralidad que pretendía defender. Fue una bocanada de aire fresco, una luz brillante, potente, en la persona de un hombre cargado en años, pero de una educación y una profundidad de pensamiento ejemplar. Su estilo exquisito contribuyó a extender sus elaborados escritos. Newman demostró ser un intelectual, un literato, un hombre de bien, de recias convicciones, polivalente y con autoridad en el hacer, en el pensar y en saberlo comunicar a los demás. Esas convicciones y carácter recio, reciben una aproximación en dos retratos que se conservan, de John Henry Newman, ya anciano. En su mirada refleja una inteligencia y profundidad enormes, se le representa con los símbolos de la autoridad cardenalicia, a la que accedió por expreso deseo del papa León XIII. Newman fue un torbellino en la sociedad de su tiempo, tanto para los anglicanos como para los católicos; sus escritos y actos tenían una gran relevancia, y sus efectos se extendieron y se han dejado sentir hasta nuestros días, especialmente su preocupación por la universidad, por la docencia, por el contenido de las disciplinas que se debían impartir, por su metodología, por la forma de gestionar una institución tan valiosa para la sociedad. Newman tenía claro que una universidad antes de ser católica debe ser verdadera universidad, enseñar saber universal:99 “La visión de la Universidad adoptada en estos discursos radica en la idea de que la Universidad es un lugar que enseña saber universal. Este hecho implica que su objetivo es, de un lado, intelectual, no moral; y, de otro, que ese objetivo consiste en difundir y extender el saber, más bien, que hacerlo progresar. Si el fin de una Universidad fuera la investigación científicas y filosófica, no veo 98 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 9. 99 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 27. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 42 porqué habría de tener estudiantes; y si el fin consistiera en impartir formación religiosa, no veo cómo puede ser sede de literatura y ciencia.” La sugerencia del Papa a la jerarquía católica irlandesa sobre la creación de una Universidad tiene como objetivo “el crecimiento y ejercitación de ciertos hábitos morales e intelectuales”,100 y añade: “cuando la Iglesia funda una Universidad no está fomentando el talento, el genio y el saber por sí mismos, sino por el bien de sus hijos, atenta a su bien espiritual y a su influencia religiosa, y con la idea de entrenarles para cumplir mejor sus tareas en la vida, y hacer de ellos miembros más inteligentes, capaces y activos de la sociedad.”101 Siguen los objetivos de la Universidad, primero con una cita del cardenal francés Gerdil, y en un segundo párrafo, con el comentario personal: “Las Universidades se establecen para enseñar las ciencias a los alumnos que allí se forman. Las Academias se proponen realizar nuevas investigaciones para el progreso de las ciencias. Las Universidades de Italia han proporcionado gente que ha honrado las Academias, y éstas han dado a las Universidades profesores que han ocupado las cátedras con la mayor distinción.”102 “La naturaleza de las cosas y la historia de la filosofía se unen para recomendarnos esta división del trabajo intelectual entre Academias y Universidades. Descubrir y enseñar son funciones diferentes. Obedecen también a dones distintos, y generalmente no aparecen unidos en una misma persona. Quien dedica su día a transmitir el saber que posee, difícilmente tiene tiempo para adquirir saber nuevo. El sentido común de la humanidad ha asociado la búsqueda de la verdad con el aislamiento y la quietud. Los más grandes pensadores se han concentrado tanto en sus temas que apenas podían sufrir interrupción en su estudio.”103 Newman tenía en mente el modelo de Oxford; por eso dedicó a la universidad, las series de escritos más importantes, a modo de conferencias y de lecciones sobre el tema. También se refería a los anglicanos cuando en sus 100 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 29. 101 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 29. 102 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 29. 103 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 31. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 43 escritos habla de los “protestantes”, y plantea que si ellos han tenido Universidades propias, por qué los católicos no pueden hacer lo mismo:104 ”La consecuencia es que los católicos que aspiran a colocarse al nivel de los protestantes en disciplina y desarrollo mental, acuden a Universidades protestantes para obtener lo que no pueden obtener en su propia casa.” Y como la enseñanza protestante no conviene a los jóvenes católicos, hay que conseguir las ventajas de las comunidades protestantes, “la educación del intelecto.” Y sigue: “Cuando el intelecto ha sido debidamente entrenado y formado para lograr una visión coherente de las cosas, desplegará sus energías con mayor o menor eficacia, según su capacidad en el individuo. En el caso de la mayoría de los hombres se suele manifestar en el buen sentido, la sobriedad de pensamiento, el tono razonable, la sencillez, el autodominio y la firmeza de concepciones que lo caracterizan. En otros habrá desarrollado hábitos de diligencia, capacidad de influir y sagacidad. En otros producirá un talento para la especulación filosófica, y llevará la mente a sobresalir en algún determinado terreno intelectual. En todos será un don para entrar con relativa facilidad en cualquier tema de pensamiento, y abordar con éxito ciencia y profesión.”105 Newman dejó muy claro lo que la universidad es y lo que debe ser, en esencia se basa en cinco puntos que irá desarrollando en cada conjunto de conferencias y escritos sobre la universidad. Se trataba de definir las características de la universidad, delimitando claramente sus objetivos; la división de las diferentes ramas del saber, siempre relacionadas y formando una unidad, porque la formación integral está por encima de los meros conocimientos;106 “Una Universidad puede ser considerada en relación a sus estudiantes o en relación a sus estudios. El principio, expuesto hasta ahora en relación a los estudios, de que todo saber es una unidad y que las diversas ciencias son partes de un conjunto, resulta igualmente importante cuando dirigimos nuestra atención a los estudiantes…He dicho que todas las ramas del saber se hallan conectadas unas con otras, porque la entera materia del conocimiento forma en sí misma una profunda unidad, por ser la acción y la obra de un Creador. De ahí deriva que las ciencias, en las que cristaliza nuestro conocimiento, posean múltiples relaciones unas con otras, mantenga una interna simpatía, y admitan, 104 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 33. 105 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 35. 106 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Quinto Discurso, p.123. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 44 e incluso exijan, comparación y ajuste recíprocos. Los distintos saberes se completan, corrigen, y equilibran mutuamente. Si esta consideración es cierta, debe tenerse en cuenta no sólo en lo que se refiere a la consecución de la verdad, que es objetivo de toda ciencia, sino también respecto al influjo que las ciencias ejercen sobre aquéllos cuya educación consiste en estudiarlas.” La función docente es fundamental y no puede renunciarse a ella en aras de la investigación y las ciencias prácticas, que ya tienen centros especializados, pero que adolecen de la visión global y pecan de un exceso de especialización; separación radical de la dirección, la administración y la gestión de la institución universitaria de aquellas otras tareas que constituyen su distintivo esencial y su verdadera razón de ser, en primer lugar la transmisión y renovación de conocimientos de nivel superior y en un eslabón secundario la innovación y el progreso en la investigación científica. La finalidad directa de estas teorías es analizar la posibilidad y las condiciones de la creación de una universidad católica en Dublín. Newman puso condiciones cuando recibió el encargo de crear una universidad católica, porque el proyecto podía nacer marcado de antemano. No se trataba de imitar el modelo anglicano, narcisista y obsoleto, ni de caer en un falso orgullo de la jerarquía católica, como si hubiera que fundar a cualquier precio, desconociendo los mecanismos internos y la organización universitaria. Newman conocía la universidad, como alumno y como miembro destacado de ella, y tenía un modelo de alto nivel en Oxford y Cambridge, por eso había que analizar la situación y fundar una universidad con mucho cuidado, sin dejar detalles ni de organización ni académicos. El nivel de la nueva universidad había de ser altísimo, para poder competir con las universidades existentes, y debía ofrecer una formación Humanística específica. El éxito del proyecto de Newman, estaba respaldado por una calidad literaria y por una claridad en la exposición, que permitieron la rápida expansión de las “nuevas ideas” presentadas por Newman. Su influencia directa fue enorme, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos y Australia; y aunque parezca que es un modelo sólo aplicable a la universidad en los países de influencia inglesa su influencia fue tremenda en todo el continente europeo y su actualidad, salvando algunos detalles evidentes por la distancia en el tiempo, es indiscutible, porque el diagnóstico que realiza Newman o que se desprende de la lectura y análisis de sus obras, nos permite concluir que la universidad Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 45 actual, está enferma en sus estructuras burocratizadas y en su esencia la función docente y los contenidos de las diferentes disciplinas.107 ¿Cómo define Newman la esencia y las características de la Universidad? Newman entra directamente en el tema, y dedica el primer párrafo del prefacio a definir y delimitar con exactitud lo que una Universidad es o debe ser; dice: “Mi visión de la Universidad en estos discursos es la siguiente: que ésta es un lugar para enseñar conocimiento universal. Esto implica que su objeto es, de una parte, intelectual, no moral; y, de otra parte, que es la difusión y extensión del conocimiento antes que su avance. Si su objeto fuera la investigación científica o filosófica, no puedo ver por qué la Universidad debe tener estudiantes; si es la formación religiosa, no veo cómo pueda ser la sede de la literatura y de las ciencias”. Si no quedara claro, sigue contundente: "tal, es una Universidad en su esencia". Y argumenta "independientemente de su relación con la Iglesia".108 Newman reconoce desde un principio la diversidad de campos de la enseñanza universitaria, por eso en casi todos los discursos y escritos insiste en la unidad excelencia de la Universidad como institución. Aduce dos razones, la primera porque la verdad es única y no debe admitirse un relativismo académico; y la segunda porque aunque existen campos de conocimiento diversificados, debe haber una referencia común, una base sólida común, porque es necesario reconocer un nivel superior de conocimientos, por eso Newman llamaba a la universidad “inteligencia imperial”. El modelo de Universidad que Newman tenía en mente era el de su propia Universidad de Oxford. Por eso una Universidad, para ser tal, debe crearse al menos con estas cinco Facultades: Teología, Filosofía y Letras, Derecho y Economía, Medicina y Ciencias. Incluye la Teología como primera Facultad, por el rango que tenía entonces en Oxford y Cambridge y también en las principales Universidades europeas. Insiste en la necesidad de mantener la unidad dentro de esta diversidad, considerando estas Facultades como partes integrantes esenciales de lo que una Universidad debe ser, y sobre su utilidad como estudio 107 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 37, Tercer Discurso, Influencia de la Teología en las diferentes ramas del saber, pp. 75-97; Cuarto Discurso, Influencia de las otras ramas del Saber en la Teología, pp. 99-121. 108 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, prólogo, p. 27. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 46 superior para la formación integral de la persona humana, en contra del laicismo y de la mentalidad surgida con la Revolución Francesa. Newman insiste constantemente en dos ideas, dos advertencias; la primera que toda Universidad digna de tal nombre, debería tener todas o al menos la mayoría de las cinco Facultades. Si contara sólo con alguna no debe ser considerada una Universidad independiente, sino dependiente de otra como centro asociado. Es una exigencia de la propia naturaleza de la Universidad, como una institución de unidad y dedicada a impartir conocimiento universal y no conocimientos particulares. En la segunda, expone con energía que sólo pueden considerarse estudios universitarios los estudios superiores pertenecientes a las Letras y a las Ciencias, en la nomenclatura actual, Humanidades y Ciencias positivas. Esta idea sería un punto de conflicto actualmente, porque los estudios técnicos, según el planteamiento de Newman, por muy importantes que sean, no pueden ser considerados Universidad, sino Escuelas Superiores de Estudios Técnicos, las Politécnicas actuales. Tampoco se consideran estudios superiores, los estudios de grado medio, dirigidos al mundo laboral, y eminentemente prácticos. Para Newman, la universidad se define por la primacía de la función docente sobre la investigación. Más exactamente, la preeminencia de la docencia sobre la labor investigadora, la auténtica razón de ser de la Universidad como institución: “Las Universidades se establecen para enseñar las ciencias a los alumnos que allí se forman.109 “La naturaleza de las cosas y la historia de la filosofía se unen para recomendarnos esta división del trabajo intelectual entre Academias y Universidades. Descubrir y enseñar son funciones diferentes.”110 Más adelante, matiza esta primacía señalando que no es que la investigación deba ser excluida de los objetivos propios de la Universidad, sino que es una tarea secundaria frente a la insustituible función docente. Eso no significa sacrificar el progreso científico o renunciar a él. Significa que la Universidad perdería su esencia anteponiendo la investigación a la labor docente. Newman daba argumentos de las universidades inglesas y francesas, para demostrar que su idea central no era nueva sino común a las mejores universidades. Por lo tanto, la esencia de una Universidad es la función docente, sin la cual, la universidad no merece tal denominación. Newman no escatima páginas para 109 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, p. 29. 110 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, p. 31. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 47 explicar este objetivo. El resumen de los Discursos nos da una visión clara del tema. En el Discurso Primero, a modo de introducción, contrapone la formación universitaria de inspiración católica a la formación liberal, laica y agnóstica:111 “Sí, a pesar de todo, me decido a pedir permiso para continuar este debate, que ha sido tan prolongado, es porque el tema de la educación liberal y de los principios que deben guiarla, ha ocupado siempre mi mente, y porque he vivido la mayor parte de mi vida en un lugar (Oxford) que ser ha encontrado siempre inmerso en una serie de controversias, entre gente propia y con extraños, y de medidas, definitivas o experimentales, relativas a la educación.” Se refiere a las controversias sobre la inutilidad de la Universidad y al exclusivismo religioso que existía desde 1571 hasta 1865.112 Siguiendo este guión, en el Discurso Segundo trata de demostrar que la Teología es una rama del conocimiento científico, no sólo por su objeto sino también por su tradición histórica, por lo que, en una Universidad de inspiración católica, debe impregnar a todas las demás ramas de conocimiento científico:113 “Es habitual ahora, como bien se sabe, erigir, con el nombre de Universidad, centros no provistos de cátedras teológicas. Instituciones de este género existen tanto aquí en Irlanda como en Inglaterra. Tal modo de proceder, defendido por escritores de la pasada generación con argumentos plausibles y no escaso ingenio, me parece un absurdo intelectual, y mi razón para afirmarlo podría formularse, de manera un tanto abrupta, con el siguiente silogismo: Una Universidad hace profesión, por su mismo nombre, de enseñar un saber universal. La Teología es ciertamente una rama de ese saber. ¿Cómo es posible entonces abarcar todas las ramas del saber, y excluir, sin embargo, de las materias enseñadas una que es, por lo menos, tan importante y extensa como cualquiera de las demás? Creo que ninguna de las premisas de este razonamiento admite excepción.” Y define que la Teología es una ciencia, la “ciencia de Dios”. Los tres discursos centrales, fueron muy elaborados, no son conferencias sino estudios sobre el tema, preparados para ser publicados, de ahí su estilo pulcro y su lenguaje medido y preciso. El primero trata de demostrar que el 111 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, p. 39. 112 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, p. 40. 113 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, p.55, y también, p. 73-74. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 48 conocimiento, en abstracto, es el objetivo fundamental y la razón de ser de la Universidad. El discurso no se refiere a todo tipo de conocimiento sino solamente al conocimiento científico y filosófico. Se trata de una precisa descripción del conocimiento científico. El segundo discurso de los tres, se refiere al conocimiento científico, su relación con la docencia y con la formación científica y humana de los alumnos. En el tercer discurso, como si de una trama argumental se tratara, se comparan y analizan el conocimiento científico, inherente a la educación universitaria, y el conocimiento técnico, perteneciente a la formación profesional. Los dos últimos discursos, retoman el tema inicial y tratan de la relación del conocimiento científico con la religión, de las obligaciones de la Iglesia con la ciencia y el progreso. Los tres discursos centrales, considerados los más importantes por su rabiosa actualidad, se centran en el análisis del conocimiento como objeto propio de la enseñanza universitaria, y en la relación entre el conocimiento científico y la formación técnica.114 Por eso, el saber, según las ideas de Newman, debería cimentarse en tres características, que hoy parecen olvidadas. La primera, porque el saber, “es el producto de muchas mentes que exploran las implicaciones de ideas vivas, bajo el impacto de otras ideas y sistemas ajenos y hostiles”; el saber es analítico pero lleva a una síntesis, a unos objetivos comunes, y a unas conclusiones válidas para todos, independientemente de las diferencias ideológicas. La segunda, porque el saber es pluralista, reconoce ámbitos diferentes y métodos diferentes para llegar a una conclusión. Tercera, el saber es personal, es la búsqueda de la verdad, y una verdad concreta, personal; “no importa lo universal u objetiva que sea, en cualquier caso es asimilada o percibida por mentes individuales”. Ese saber y ese método de Newman exigen una visión de conjunto, un integrar el saber, no una suma de particularidades. Ese era para Newman el hombre educado, el que tiene un saber universal, global, el hombre que entiende la didáctica, el hombre que domina la metodología de cada una de las disciplinas:115 114 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, pp. 75-142; son los discursos centrales analizados en el texto. 115 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Discurso Quinto, el saber en sí mismo, p. 126 Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 49 “Se me pregunta cuál es el fin de la educación universitaria y del saber liberal o filosófico que pienso debe impartir. Respondo que todo lo que he afirmado hasta el momento basta para mostrar que esa educación posee un objetivo tangible, real, y suficiente, aunque el objetivo no puede separarse del saber mismo. El saber es capaz de ser su propio fin. La mente humana está hecha de tal modo que cualquier clase de saber, si es auténtico, constituye su propio premio.” “Cuando afirmo que el saber no es solamente un medio para lograr algo que está más allá, o el momento preliminar de ciertos actos en los que naturalmente desembocara, sino un fin suficiente donde permanecer y que buscar por sí mismo, no estoy formulando ninguna paradoja, pues digo algo que es inteligible en sí, y que ha sido siempre opinión común de los filósofos y sentir ordinario de la humanidad.” Más adelante, escribe:116 “La filosofía, es decir, la ciencia, tiene que ver con el saber del siguiente modo: el saber se denomina ciencia o filosofía cuando es influido, conformado o, dicho con más contundencia, impregnado por la razón. La razón es el principio raíz de la intrínseca fecundidad del saber, que constituye su propia recompensa paral os que lo poseen, y que prescinde de la necesidad de buscar, más allá, cualquier fin que le sea extrínseco. El saber, cuando se eleva a una forma científica, es también poder. No sólo es excelente en sí mismo, sino que, sea cual sea esta excelencia, es algo más, y engendra unos efectos que lo desbordan. Así es, pero se trata de una consideración de la que no voy a ocuparme ahora. Digo sólo que antes de ser un poder, el saber es un bien, es decir, no es sólo un instrumento sino un fin en sí mismo.” Sigue insistiendo en su concepto del saber y lo distingue de otras sensaciones:117 “Pero afirmo que el saber, en la medida en la medida en que tiende a hacerse más y más particular, deja de ser saber…” “…cuando hablo de saber, me refiero a algo intelectual, algo que aprehende lo percibido mediante los sentidos, algo que adopta una visión del mundo, que ve más cosas de las que perciben los sentidos, que razona sobre lo que ve mientras lo está viendo, que lo vertebra con una idea…” “el verdadero saber es más bien una iluminación adquirida, un 116 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Quinto Discurso, el saber en sí mismo, p. 132. 117 Ibidem, p. 134. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 50 hábito, una posesión personal, y un don interior. Ésta es precisamente la razón por la que resulta más correcto, como también más frecuente, hablar de una Universidad como un lugar de educación más que de instrucción, aunque cuando se trata de saber, la instrucción hubiera parecido a primera vista el término más apropiado.” Acaba esta parte de su razonamiento con un párrafo definitivo:118 “Pero educación es una palabra más elevada. Implica una acción que afecta a nuestra naturaleza intelectual y a la formación del carácter. Es algo individual y permanente, y se suele hablar de ella en conexión con la religión y la virtud. Cuando hablamos, por tanto, de la comunicación del saber como educación, estamos afirmando que el saber es un estado o condición de la mente. Y dado que el cultivo del intelecto es sindica algo que merece la pena por sí mismo, llegamos de nuevo a la conclusión, que las palabras liberal y filosofía ya nos han sugerido, de que hay un saber que es deseable aunque nada se derive de él, por ser él mismo un tesoro y un premio suficiente de años de esfuerzo.” Este método de pensar y saber está detallado en una de sus conferencias sobre la Idea de una Universidad, donde el propio ser humano es objeto del saber, y el saber está considerado en relación a la cultura: “Podemos verle en relación a los elementos materiales de su cuerpo, o a su constitución mental, o a su familia, o a la comunidad en que vive, o al Ser que le creó; y, en consecuencia, le trataremos respectivamente como fisiólogos, filósofos morales, ecónomos, políticos, o teólogos. Cuando le vemos en todas estas relaciones juntas, o como el sujeto de todas las ciencias que he enumerado, podemos decir que hemos llegado a la idea del ser humano como objeto o hecho externo, del mismo modo que el ojo capta su silueta externa. Por otra parte, si somos sólo fisiólogos, o sólo políticos, o sólo moralistas, nuestra idea del ser humano es más o menos irreal; no tenemos en cuenta todo lo que es”.119 Vuelve Newman a la definición definitiva de la Universidad como educación del intelecto, y a la perfección del intelecto, la filosofía: “A falta de un término generalmente reconocido, he llamado a la perfección o virtud del intelecto con el nombre de filosofía, saber filosófico, ensanchamiento de la mente, o iluminación. Son términos no raramente usados 118 Ibidem, p, 135 119 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Quinto Discurso Quinto, p. 134. Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 51 con ese fin por escritores actuales, pero, sea cual sea el nombre empleado, pienso que el asunto de una Universidad, tal como nos lo enseña la historia, es hacer de la cultura intelectual su objeto más directo, o aplicarse a la educación del intelecto…Afirmo entonces que una Universidad, considerada en su idea desnuda, y antes de que la veamos como un instrumento de la Iglesia, posee este objetivo y esta misión: no persigue en sí mismos la mejora moral ni la producción de bienes útiles, ni trata de ejercitar la mente en las actividades de la vida o en el deber, sino que su misión es la cultura intelectual, y aquí puede dejar ya a sus estudiosos, porque ha realizado su obra, si realmente ha logrado inculcar esa cultura. La Universidad educa el intelecto para que razone bien en todos los temas, para que tienda hacia la verdad, y la asimile.”120 Estos escritos y discursos sobre la Idea de la Universidad son un estudio pormenorizado de las diversas ramas del conocimiento científico. La segunda parte de los escritos, las conferencias, fueron impartidos cuando Newman ejercía el cargo de primer Rector de la recién creada Universidad Católica de Dublín. Se analizan temas diversos sobre la Universidad, y en ellos se analizan los contenidos de las diferentes ramas del saber, remarcando su carácter unitario y la relación entre todas ellas. Fueron impartidas en solemnes inauguraciones y analizan la literatura católica en lengua inglesa, sobre la creación de la Facultad de Medicina, y la evolución de los estudios desde antiguo, sobre las Artes y sobre los estudios de Ciencias. En estos escritos Newman demostró su inteligencia y capacidad, sus conocimientos concretos sobre los temas que trata, un domino técnico y terminológico, una gran oratoria, y resalta la importancia que se da al estudio y a los conocimientos científicos, a su metodología y a sus objetivos. Actualidad de La idea de la Universidad de Newman Nos remitimos al estudio del Dr. Miguel Ángel Belmonte sobre el tema, pero damos algunas puntualizaciones sobre la actualidad de las teorías de Newman sobre la Universidad. Comparar siempre es difícil, sobre todo en este tema, porque el tiempo no pasa en vano y las circunstancias varían considerablemente. Newman partía del ideal humanista de la concepción tradicional de la Universidad, un ideal hoy ignorado totalmente. La Universidad parece un servicio más a la sociedad y se ha convertido en un mercado, porque depende de la oferta y demanda de titulaciones, y olvida el afán de saber y la formación integral de la persona. La idea esencial de que la universidad había de ser la sede unitaria del saber, que tenía la misión de 120 Newman, J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza…, Sexto Discurso, el saber considerado en relación a la cultura, p. 144. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 52 impartir un conocimiento universal ha desaparecido y la variedad de centros ha pervertido la propia definición de Universidad. La formación integral de la persona humana, ya no es el signo distintivo ni significa prosperidad y desarrollo intelectual. La gran diferencia con la universidad preconizada por Newman estriba en la diversidad de los conocimientos impartidos y en la ausencia en algunas universidades, de los cinco grandes estudios que Newman consideraba innegociables porque transmitían el saber universal y se relacionaban entre sí. La otra característica esencial del modelo de Universidad de Newman era la primacía de la función docente sobre la función investigadora. Por mucho que se quiera discutir, esta exigencia debe ser mantenida en pie, y la sutil advertencia de Newman de que una Universidad sin estudiantes no sería propiamente una Universidad, debe seguir vigente con todas sus consecuencias. Esa idea esencial en el modelo de Newman, sigue siendo actual y desvirtúa la universidad si se carece de ella: La libertad de pensamiento constituye uno de los elementos más importantes del modelo universitario propuesto por Newman. Ligados a él se hallan su idea de persona, el principio de autoridad y su concepción sobre el lugar que deberían ocupar la religión y la Iglesia en una educación liberal. Sin embargo, por su proximidad semántica e histórica al “liberalismo” representa, al mismo tiempo, una complejidad que es preciso superar. El punto de partida para comprender qué entendía Newman por libertad, se sitúa hacia el año 1820. A comienzos del siglo XIX, algunos años antes de que Newman ingresara en la Universidad de Oxford, existía un afán de reforma de la educación universitaria, y la propia institución. Surgió una minoría de intelectuales que pensaban en la universidad como institución para buscar el saber, desarrollar la inteligencia y difundir los conocimientos. Se defendía al razón y la ciencia, y Newman advertía de las nuevas tendencias liberales que “favorecieron e introdujeron con éxito en Oxford una libertad de opinión que fue más allá de ellos.” Newman dudaba del proyecto, no lo veía claro porque el liberalismo subyacente no era la tendencia adecuada, y el trato que se daba al hecho religioso no le convencía, como más tarde se demostró. El liberalismo, con su defensa de la libertad, atacaba a la persona y restringía su actuación a una minoría: “una liberación no se lleva a cabo por muchos, sino por pocos; no por corporaciones, sino por personas.” Criticaba que sus actos y sus ideas se malinterpretaban y condicionaban, por eso se defendía de las acusaciones de crear una especie de partido ideológico Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 53 para exponer sus ideas, sobre los “traces”, opúsculos, pensaba que cada uno tenía sus propios gustos, y que no eran símbolos ex catedra sino expresión de la mentalidad individual; estaba convencido que podía haber algún error formal, pero los contenidos podían ser de gran ayuda a muchos. Newman entiende por liberalismo, la definición que escribió en la Apología, en un apéndice específico sobre la cuestión: “Cuandoquiera son los hombres capaces de obrar hay posibilidad de que la acción se extreme o desmesure, y, por el mismo caso, cuando se ejercita la inteligencia, hay posibilidad de que su ejercicio sea caprichoso o erróneo. La libertad de pensamiento es en sí misma un bien; pero deja una puerta abierta a la falsa libertad. Ahora bien, entiendo por liberalismo la falsa libertad de pensamiento, o el ejercicio del pensamiento sobre materias en que, dada la constitución del espíritu humano, el pensamiento no puede conducir a ninguna conclusión valedera y está, por ende, fuera de lugar. En esas materias están los primeros principios de todo orden, y entre éstos hay que contar como los más sagrados e importantes las verdades de la revelación. Así, pues, el liberalismo es el error de someter al juicio humano aquellas doctrinas reveladas que están, por su naturaleza, más allá de su alcance y son independientes de él, y de pretender determinar por razones intrínsecas el valor y la verdad de proposiciones que se fundan para ser aceptadas, simplemente, en la autoridad exterior de la palabra divina.” “Así se explica que, en el mundo pagano, a la venida de nuestro Señor, las últimas trazas de verdades religiosas de tiempos anteriores estaban a punto de desaparecer de aquellas partes del mundo en que más había trabajado el entendimiento y había seguido su curso. Y en estos últimos días, fuera de la Iglesia Católica, las cosas tienden, de una forma u otra, al ateísmo, con mucha más rapidez que en tiempos idos debido a las circunstancias de nuestra edad.”121 Newman se interrogaba sobre el contenido de las cosas, sobre la verdad, sobre la existencia de Dios, sobre la relación entre la razón y la fe; por eso concreta contundente que Dios es la confirmación misma de su existencia. Si no fuera por esa voz de Dios, “sería ateo, o panteísta, o politeísta.” De la razón afirmará que debe ser una “razón correctamente ejercitada”, es decir, “una razón atravesada en su existencia por una razón Superior:” 121 Apología pro vita sua, Nota A, Liberalismo, p. 277 y ss. e-aquinas 4 (2006) 12 p. 54 “la razón, correctamente ejercitada, conduce a la fe en Dios, en la inmortalidad del alma y en una retribución futura”. Para demostrar su defensa de la justa razón, en su séptima conferencia dice: “La razón justa, es decir, la razón debidamente ejercida, lleva a la mente a la fe católica, enseñándola a actuar en todas sus especulaciones religiosas bajo su guía. Pero la razón considerada como un agente real en el mundo y como un principio operante en la naturaleza humana, con un desarrollo histórico y con resultados concretos, está muy lejos de tomar una dirección tan recta y satisfactoria. Se considera desde el principio hasta el fin independiente y suprema, no reconoce ninguna autoridad externa y hace una religión para sí misma.” Newman relaciona fe y razón, conocimientos y religión, porque una no se explica sin la otra, aunque cada una tiene su autonomía: “el que nos ha creado ha creído que, en matemáticas, lleguemos a la certeza por medio de rigurosa demostración; pero en la indagación religiosa hemos de llegar a la certeza por medio de probabilidades acumuladas.” Esta es, brevemente, la evolución del pensamiento de Newman sobre la idea de la libertad, una evolución llena de detalles, porque Oxford era un centro del libre pensamiento, de sus abusos y de un cambio antiliberal. Las ideas religiosas, convicciones profundas, fueron determinantes en su idea de la Universidad. Como epílogo cabe comentar y justificar la extensión de esta exposición, extensa por la longevidad física e intelectual de Newman y también por la profundidad y diversidad de temas que trabajó en sus escritos. No se entiende una figura de su categoría sin intentar profundizar, desmenuzar algunos de sus escritos más significativos; su actualidad va más allá de su época y excede el contenido de sus obras. Sólo insistir, para terminar, cómo Newman puso al servicio de la verdad, a la búsqueda incansable de la verdad, todas sus energías, todas sus capacidades intelectuales y toda su profunda fe y su conocimiento de la doctrina. Sirvan estas páginas para analizar y meditar su obra y su personalidad, para resaltar, más si cabe, su figura y su obra, ahora que se estudian sus virtudes y sus escritos para ser incorporado a la lista de aquellos a los que la Iglesia, como ejemplo de vida y virtudes propone para bien de todos.

Bibliografía Básica

Newman,J.H., Apología pro Vita Sua. Historia de mis ideas religiosas. Encuentro Ediciones, Madrid, 1996. Su autobiografía, el trayecto hacia su conversión, un Joaquín Pallás, J.H. Newman, desde las sombras hacia la verdad p. 55 diario que narra con precisión el proceso hacia la verdadera Iglesia y la paz interior que le produjo esta importante decisión. Newman,J.H., Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. EUNSA, Pamplona, 1996. Conjunto de conferencias y discursos, algunos pronunciados y otros preparados con pulcritud para ser editados, en donde Newman desmenuza la universidad y organiza el modelo de la futura universidad católica de Irlanda. Newman,J.H., Perder y ganar. Encuentro Ediciones, Madrid, 1994. Una novela autobiográfica extraordinaria en la que a a través de un personaje de ficción, desmenuza los problemas e inquietudes de una época, demostrando su constante actualidad. Newman,J.H., Discursos sobre la fe. Nebli, clásicos de espiritualidad, Rialp, Madrid, 2000.Obra de teología y pastoral escrita después de la conversión al catolicismo. En ella se invita a reflexionar sobre las verdades fundamentales como la Salvación, la Pureza, la Gracia, la Santidad, la Fe, la Pasión de Cristo y los privilegios y virtudes de María. El objetivo era formar espiritualmente a los lectores y llamar a la verdadera conversión. Newman,J.H., Carta al Duque de Norfolk. Rialp, Madrid, 2005. Fue una carta escrita para defender el catolicismo ante los ataques de Gladstone, político inglés, y crítico visceral de la Iglesia. Es una obra corta, de gran claridad y citada en los documentos de los papas, el último de ellos, la encíclica de Juan Pablo II, Veritatis Splendor. Newman,J.H., Esperando a Cristo. Rialp, Madrid, 2003. Se trata de seis homilías que Newman escribió siendo diácono anglicano y con el encargo de la iglesia de la universidad. Son sermones teológicos y de gran profundidad religiosa. Newman,J.H., Cartas y Diarios, Rialp, Madrid, 1996. Son escritos que nos acercan al verdadero pensamiento del autor, sin intermediarios ni interpretaciones sesgadas. Son un documento excelente para adentrarse en la riqueza de estilo y de carácter de Newman. Dessain,Charles Stephen, Vida y pensamiento del cardenal Newman. Ediciones Paulinas, Madrid, 1990. Una biografía interesante que nos aproxima al pensamiento de Newman y a su enorme influencia hasta el Concilio Vaticano II. Presenta un Newman luchador que renuncia a los cargos y honores del anglicanismo para entrar en el catolicismo. Demuestra el gran testimonio, la e-aquinas 4 (2006) 12 propaganda realizada por Newman de la Iglesia Católica, y su preocupación por hacer compatibles la razón y la fe, en un mundo racionalista y laicista. Ker, Ian, La espiritualidad personal a la luz de J.H.Newman. Sanar la herida de la humanidad. Encuentro Ediciones, Madrid, 2006. Analiza el pensador anglicano y católico, de gran influjo en el pensamiento cristiano contemporáneo, expone la espiritualidad de Newman, su preparación teológica y su testimonio vivo de la búsqueda de la verdad, demostrando unos conocimientos doctrinales de alto nivel y una capacidad para comunicarlos fuera de lo común. Newman,J.H., Suyo con afecto. Autobiografía epistolar. Encuentro Ediciones, Madrid, 2002. Es una selección amplia de Escritos y Cartas de Newman a lo largo de su dilatada vida. Escribió varios miles de cartas y como tenía el sentido del orden muy arraigado, las ordenaba por épocas, realizando copias de las que él escribía y respondía. Es un documento directo, completísimo de la biografía del autor, realizada por él mismo en más de 70 años. Trata todos los temas con agudeza y pulcritud, demostrando grandes conocimientos sobre todo tipo de temas, sobre los acontecimientos de su tiempo, y demostrando una calidad humana, una delicadeza en el trato, que revalorizan todavía más sus virtudes, por eso el Papa Juan Pablo II, al cumplirse el II centenario de su nacimiento en el año 2001, dedicó una carta dirigida al obispo de Birmingham exaltando la calidad humana, intelectual y espiritual de Newman en una solemne proclamación de “venerable” por sus “virtudes heroicas”. Pearce, Joseph, Escritores conversos. La inspiración espiritual en una época de incredulidad. Palabra, Madrid, 2006. No es una obra sobre Newman analiza y expone la conversión de grandes literatos del siglo XIX y del XX, que tuvieron la necesidad imperiosa de exponer su decisión y explicar todo el proceso. Se cita constantemente a Newman porque muchos de los escritores son contemporáneos y le conocían o estuvieron influenciados por él. Collantes, Justo, S.J., La Iglesia de la Palabra, dos vols. Biblioteca de autores Cristianos, BAC, Madrid, 1972. Obra importante sobre temas de Teología dogmática. Collantes, Justo, S.J., La fe de la Iglesia católica. Las ideas y los hombres en los documentos doctrinales del Magisterio. Biblioteca de Autores Cristianos, BAC, Madrid, 1984. Denzinger, Enrique, El Magisterio de la Iglesia, Biblioteca Herder, 22, Editorial Herder, Barcelona, 1963. Estudio de los documentos, doctrinas, dogmas y concilios de la Iglesia, con referencias puntuales a las declaraciones y textos originales, siguiendo un orden cronológico y temático. p. 56

John Henry Newman, desde las sombras hacia la verdad Joaquín Pallás Instituto Santo Tomás de Balmesiana