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Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Movimiento de Vida Cristiana

De Enciclopedia Católica

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El Movimiento de Vida Cristiana (MVC) es un movimiento eclesial con una espiritualidad y un estilo propios dentro de la comunión de la Iglesia. Es una Asociación Internacional de Fieles de Derecho Pontificio.

El MVC constituye un espacio comunitario de encuentro con el Señor Jesús, en el que se busca experimentar una auténtica y comprometida vida cristiana. Tratando de acoger la amorosa gracia que el Espíritu derrama en los corazones[1], sus integrantes descubren un llamado a encontrarse con el Señor Jesús, a anunciarlo y a proclamar el Evangelio de la Reconciliación en el mundo[2]. El Movimiento, como porción de la comunidad eclesial, se inserta activamente en la misión de la Iglesia. Por ello aspira a proyectarse apostólicamente a través de la vida testimonial, el anuncio de la fe y la promoción humana integral, a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Su identidad está sellada por su eclesialidad y por su vocación al apostolado, que marcan su vida y su compromiso.

El MVC está conformado por hombres y mujeres, de diversos estados de vida, que se vinculan en una misión apostólica común. Esta vinculación puede ser a título personal o en forma colectiva, y lleva a constituir comunidades, grupos, instituciones, asociaciones y servicios de diverso tipo y con distintas finalidades apostólicas concretas. Su horizonte es vivir según la fe de la Iglesia y aportar al desarrollo de la vida cristiana en el mundo. Desde una perspectiva tanto personal como comunitaria, los emevecistas procuran coordinar la contribución de unos y otros, desplegándose según el carisma, estilo y espiritualidad del MVC al servicio de la misión de la Iglesia según el Plan de Dios.

Santidad, apostolado y servicio

En lo central de su experiencia de fe se sitúa el anhelo por vivir la santidad, el ardoroso compromiso por el apostolado y la entrega generosa y fraterna en el servicio. Estas tres dimensiones expresan la identidad y la proyección del MVC. En esa perspectiva, la vida es entendida siempre en relación a la iniciativa divina de amor. Así, es asumida, acogiendo la gracia de Dios, en una respuesta libre y activa para que cada quien coopere con el Amor. De tal forma, cada cual se deja conformar con el Señor Jesús, y de esa manera se encamina a la plena participación en la Comunión Divina. Es este proceso de conformación el que nos conduce a la santidad. Quien vive en comunión con el Señor y en fidelidad al divino Plan se siente movido a testimoniar y anunciar la fe en el Señor Jesús. De esta forma, toda la vida se va configurando en un servicio que brota del corazón convertido y se plasma en acciones concretas de amor a Dios y de fraterna solicitud por los hermanos, especialmente por quienes están en necesidad. En este compromiso los miembros del MVC acuden a la intercesión de la Inmaculada Virgen María, en quien descubren a la Madre amorosa.

El servicio apostólico que el MVC se siente llamado a cumplir se inscribe dentro del marco de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, al que considera un «acontecimiento providencial»[3] y un verdadero don del Espíritu para estos tiempos y el tercer milenio adveniente. En las orientaciones conciliares y en las impostaciones locales --como por ejemplo las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano-- nutre su vocación eclesial. Mira siempre con atención al Magisterio, y aspira a colaborar en su vivencia y aplicación.

Evangelización, reconciliación, comunión

La gran tarea que descubre el MVC en esta hora de la Iglesia es la de promover una renovada evangelización y reconciliación, para que así sus miembros, aspirando ser permanentemente evangelizados y reconciliados, puedan ser evangelizadores y reconciliadores según los impulsos del Espíritu Santo. Ése es el horizonte concreto hacia el cual el MVC quiere dirigirse. Asume vivamente el desafío de la Nueva Evangelización que el Magisterio ha propuesto con insistencia como programa para estos tiempos de profundas transformaciones culturales. Y este programa implica «acoger el llamado, acoger coherentemente la luz y la fuerza del Evangelio, dejándonos conformar en el Señor Jesús, y así ir al encuentro de las personas y de la cultura, anunciando la liberación cristiana con espíritu pascual y recorriendo el camino de la cuádruple reconciliación»[4].

El MVC desea vivir de manera intensa la comunión en la fe. En primer lugar reconoce que forma parte del Pueblo de Dios y quiere, como tal, contribuir en el fortalecimiento y extensión de dicha comunión. Entendiendo a la Iglesia como un sacramento de comunión y reconciliación del ser humano con Dios, y de los hombres entre sí[5], vive en el dinamismo de una eclesiología que expresa estas características. Es en dicha comunión en donde se produce el encuentro con el Señor Jesús. Y dicho encuentro es el camino hacia la participación en la Comunión Divina de Amor que es la Santísima Trinidad.

Esta comunión se trata de hacer concreta en la vida cotidiana de los emevecistas a través de la vivencia de la caridad, poniendo un especial énfasis en la formación básica en la fe de la Iglesia y en la adherencia e internalización de tan grande don en el horizonte de la esperanza.

El MVC está organizado en base a comunidades de fe, en las cuales se anhela de manera consciente y activa vivir la comunión y la fraternidad, para proyectar luego esa experiencia en todos los servicios que se prestan. Expresión de esta realidad es el clima de acogida y de festiva celebración que se vive al interior de las comunidades que conforman el MVC. Y en todo esto el corazón de la vida y acción del Movimiento está en la sagrada Eucaristía, «Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida»[6], fuente de la comunión y de la reconciliación.


©2001, Movimiento de Vida Cristiana




Notas

[1]Ver Rom 5,5.

[2]Ver 2Cor 5,19.

[3]S.S. Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, 18.

[4]Luis Fernando Figari, Horizontes de Nueva Evangelización, Lima 1994, 79.

[5]Ver Lumen gentium, 1; S.S. Juan Pablo II, Reconciliatio et paenitentia, 8; Sínodo extraordinario de los Obispos de 1985, Relación final, II,A,2, y II,C,1.

[6]Presbyterorum ordinis, 5.