Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Lunes, 9 de diciembre de 2019

Massorah, voz hebrea "Os haré"

De Enciclopedia Católica

Revisión de 09:18 14 ene 2007 por 83.59.43.93 (Discusión)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

<spanstyle="color:#000066">


La tradición textual de la Biblia Hebrea, un registro oficial de sus palabras, consonantes, vocales y acentos. Se duda si la palabra deriva del verbo del Nuevo Hebreo "Transmitir" o del significado "atar". El primer significado se ve en Ezequiel xx, 37, el otro se debe al hecho de que en la Mishna el primer significado de l apalabra es "tradición". Nuestro principal testimonio de la Masora es el texto actual de la Biblia Hebrea. otros testimonios son las varias colecciones de Masora y las numerosa notas marginales esparcidas por los manuscritos hebreos. Los márgenes superior e inferior y el final del manuscrito contiene la Masora Mayor, tal como listas de palabras; los márgenes laterales contiene Masora menor, tal como variaciones. La mejor colección de Masora es la Ginsburg "The Massorah compiled from manuscripts alphabetically and lexically arranged" (3 vols. London, 1880-85).


Este Artículo tratará (I) la historia y (2) el valor crítico de la Masora.

Para el número y valor de los manuscritos masoréticos ver MANUSCRITOS DE LA BIBIIA.


I. Historia de la Masora.


Los libros sagrados son para los judíos un Código inspirado y una historia, un medio querido por Dios para conservar la unidad política y religiosa de la nación, Era imperativo para ellos conservar intactos esos libros. Hasta el primer siglo aC, se enseñaba a copistas y correctores y se les dedicaba a fijar el texto hebreo. Todo tenía un propósito. -- copiar siguiendo el valor facial de la Masora. Reproducir el ejemplar perfectamente, transmitir la masora -- solo esto y nada más era el propósito de los copistas oficiales de la Biblia Hebrea. Lo nuevo era desechado. Hay evidencias de que la Masora fijó falsas pronunciaciones siglos antes de que se inventaran los puntos tal como se ven en nuestros textos masoréticos actuales. A veces les tempranas traducciones de Aquila, Teodocion, los Setenta y Peshitto evidencian precisamente los mismos errores de pronunciación que se encuentran en el texto apuntado hebreo de hoy.


(1) El texto consonante.


El hebreo no tenía vocales en su alfabeto. Los sonidos vocálicos se transmitían por tradición. Ciertas consonantes se usaban para expresar algunas vocales largas y se las llamaba Matres lectionis porque ellas determinaban la pronunciación. Los esfuerzos de los copistas parecían haber llegado a ser cada vez más minuciosos y detallados en la perpetuación del texto consonante. Estos copistas (grammateis) fueron llamados al principio Sopherim (de la palabra hebrea que significa “contar”) porque, como dice el Talmud “contaban todas la letras de la Torah” (Kiddushin, 30a). Más tarde se les llamó Masoretas, nombre reservado a los conservadores de la Masora.

En el período talmúdico (ca. 300-500 dC), las reglas para perpetuar la Masora eran extremadamente detalladas. Sólo la piel de animales limpios se podía usar para los rollos de pergamino y sus ataduras. Cada columna debía ser de la misma longitud, no más de sesenta y no menos de cuarenta y ocho líneas. Cada línea debía contener treinta letras, escritas en tinta negra fabricada según normas concretas y con las letras cuadradas que eran las predecesoras de las letras del texto hebreo actual. El copista debía tener ante sí una copia auténtica del texto y no debía escribir de memoria ni una sola letra, ni un yod – cada letra debía ser copiada del ejemplar, letra a letra. El intervalo entre consonantes debería ser de la anchura de un cabello; entre palabras, de la anchura de una consonante estrecha; entre secciones la anchura de nueve consonantes y entre libros la anchura de tres líneas.

Tan numerosas y minuciosas reglas aunque escrupulosamente observadas, no eran suficientes para satisfacer el celo de perpetuar el texto consonante fijado y sin cambios. Se omitieron letras que se habían colado subrepticiamente; variantes y lecturas conjeturales se indicaban en los márgenes internos – palabras “leídas pero no escritas” (Qere) “escritas pero no leídas” (Kethibh), "leído en una dirección pero escrito en otra “. Estas notas críticas marginales fueron aumentando con el tiempo. Aún se hizo más para fijar el texto consonante. Se contaron las palabras y letras de cada libro y de cada sección de los 24 libros de la Biblia Hebrea. La palabra de la mitad y las letras de la mitad de los libros y secciones fueron anotados. En el Talmud vemos como un rabí estaba presto a echar pestes del otro con cuestiones textuales tan triviales como la yuxtaposición de ciertas letras en esta o aquella sección, la sección media en la que estaba esta o aquella letra etc. Los rabíes contaban el número de veces que ciertas palabras y frases ocurrían en varios libros y en toda la Biblia y buscaban los significados místicos de ese número de veces. En los márgenes de arriba y de abajo de los manuscritos agrupaban varias peculariedades del texto y elaboraban listas alfabéticas de palabras que se daban igual número de veces – por ejemplo, de aquellas que aparecían una vez y una vez sin waw. En Cod. Babylon. Petropolitanus (dC. 916), hay muchas notas marginales críticas de esas y de otras peculiaridades v.gr. una lista de catorce palabras escritas con la final He que han de leerse con Waw, y de ocho palabras escritas con el final Waw que han de leerse con He. Esos eran algunos de los detallados métodos empleados para preservar el texto consonante de la Masora.

(2) Los Puntos.


Los rollos que estaban destinados al uso en la sinagoga estaban siempre sin puntuar. Los rollos que eran para otros usos con el tiempo recibieron puntos vocálicos y acentos, éstos indicaban la interrelación de palabras y modulación de la voz al ser cantados en la sinagoga. Un escriba escribía el texto consonante, otro ponía la puntuación vocálica y los acentos de la Masora. La historia de la vocalización del texto nos es muy desconocida. Se ha sugerido que las interpretaciones dogmáticas llevaban claramente a ciertas puntuaciones pero es más lógico que la pronunciación era parte de la Masora mucho antes de la invención de la puntuación. Se duda del origen de esta invención. Bleek lo asigna al siglo octavo (cf. "Introd. to O.T." I, 109, London, 1894). Los puntos no se usaban en tiempos de S. Jerónimo, ya que no tenía ninguna noticia de ellos. La puntuación del texto tradicional estaba tan ciertamente completo en el siglo nueve, para R. Saadia Gaon (muerto en 942), de Fayum en Egypt, escribió tratados sobre ello. El trabajo de la puntuación debe haberse hecho durante años por un gran número de especialistas que trabajaron conjuntamente y con autoridad. Strack (ver "Text of O.T.", en Hastings, "Dict. of Bib.") dice que es prácticamente cierto que los puntos llegaron a la Masora por influencia siríaca. Los sirios intentaban con tales signos perpetuar la vocalización correcta y la entonación de texto Sagrado. Sus esfuerzos dieron un impulso al celo judío por la vocalización tradicional de la Biblia Hebrea. Bleek ("Introd. to 0.T.", I, 110, London, 1894) y otros están también seguros que los sabios hebreos recibieron ese impulso de poner puntuación del método musulmán de conservar la vocalización arábiga del Corán.

Ya no se duda de que los expertos hebreos fueron influidos ya por siríacos o por la puntuación árabe. Tanto la forma como los nombres de la puntuación masorética indican origen siríaco o árabe. Lo que nos sorprende es la ausencia de cualquier vestigio de oposición a esta introducción en la Masora de puntos que eran decididamente no judíos. Los judíos kairitas nos sorprenden aún más puesto que, durante un breve período, hicieron una transliteración del texto hebreo a caracteres árabes.

Al menos dos sistemas de puntuación son masoréticos: el orientales y el occidental. El occidental se llama Tiberiano por la muy famosa escuela de Masora en Tiberíades. Prevaleció sobre el oriental y se sigue en la mayoría de los manuscritos así como en las ediciones impresas del texto masorético. Por combinaciones complicadas e ingeniosas de puntos y guiones, colocados sobre o bajo las consonantes, los Masoretas conservaron diez sonidos vocálicos (largo y corto a, e, i, o, u) junto con cuatro semi-vocales o Shewas. Estas últimas corresponden a los muy oscurecidos sonidos ingleses de e, a y o. Los masoretas tiberianos también introdujeron muchos acentos para indicar la sílaba tónica de una palabra, la correlación lógica de palabras y modulación de voz en la lectura pública.

El sistema oriental o babilonio de puntuación muestra dependencia del occidental y se halla en pocos manuscritos – el principal de los cuales es el Cod. Babylon. Petropolitanus (dC. 916). Fue la puntuación del Yemen hasta el siglo dieciocho. Los signos vocálicos están todos sobre la consonantes y se forman de Matres lectionis.. Acentos disyuntivos de esta puntuación supralinear tienen signos como la primera letra de su nombre, zaqeph; tarha. Se ha encontrado un tercer sistema de puntuación en dos fragmentos de la Biblia que ha salido a la luz en Egipto y ahora está en la Biblioteca Bodleiana (cf. Kahle en "Zeitschrift fur die Alttestam. Wissensehaft", 1901; Friedlander, "A third system of symbols for the Hebrew vowels and accents" en "Jewish Quarterly Review", 1895). La invención de los puntos incrementó mucho el trabajo de los escribas que se pusieron a listar palabras en vistas a perpetuar no solo las consonantes sino también las vocales. El Cod Babyl. Petropolitanus (d.C 916), por ejemplo lista dieciocho palabras que comienzan por Lamed y ya Shewa o Hireq seguido por Shewa; dieciocho palabras que comienzan por Lamed y Pathah, junto con una lista alfabética de palabras que solo aparecen una vez.


II. VALOR CRÍTICO DE LA MASORA.


Durante el siglo diecisiete, muchos teólogos protestantes, tal como Buxtorfs, defendieron el texto masorético como infalible y consideraron que Esdras junto con los hombres de la Gran Sinagoga habían determinado, bajo la inspiración del Espíritu Santo, no sólo el canon hebreo sino que fijaron para siempre el texto de la Biblia Hebrea, sus puntos vocálicos y acentos, su división en versos, párrafos y libros. Críticos textuales modernos valoran la Masora, como la Itala y Peshitta, como testigo de un texto del siglo octavo. Los textos masoréticos puntuados son testigos de un texto que no es ciertamente anterior al siglo octavo. El texto consonante es un testigo mucho mejor, aunque desafortunadamente la tradición de este texto era casi absolutamente uniforme. Había diferentes escuelas de Masoretas, pero sus diferencias nos han dejado muy pocas variantes del texto consonante, (ver MANUSCRITOS de la BIBLIA).

Los masoretas eran esclavos de la Masora y el texto que transmitieron era uno y solo uno. Hasta las peculiaridades textuales debidas a errores o accidentes se fueron perpetuadas por rabíes que se estrujaban el cerebro para formar interpretaciones místicas de esas peculiaridades. Letra rotas e invertidas – todas esas extravagancias fueron transmitidas servilmente como si hubieran sido queridas por Dios y estuvieran llenas de significado divino.


WALTER DRUM.


Transcrto por Joseph P. Thomas, Dedicado al Sr y a la Sra. Mary King.


Traducido por Pedro Royo