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Jueves, 21 de noviembre de 2019

Joseph Hilarius Eckhel

De Enciclopedia Católica

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Numismatista alemán,nacido el 13 de enero de 1737 en Enzesfeld, cerca de Pottenstein en la Baja Austria, donde su padre, Johann Anton Eckhel, era asistente del Príncipe de Montecuculi. Murió el 16 de mayo de 1798. En 1745 fue enviado a Viena a estudiar. En 1751 fue admitido en la Compañía de Jesús; trece años después fue ordenado sacerdote. Había estudiado humanidades en Leoben y filosofía en Graz, además de matemáticas, griego y hebreo. El primer fruto de su trabajo literario, producido cuando tenía 21 años, fue un "Exercitium grammaticum in prophetiam Obadiæ". Esta obra fue publicada en forma de apéndice de las "Institutiones linguæ sacræ" de P.J. Engstler. Luego de su ordenación, y probablemente desde antes, ejerció el magisterio en los gymnasia jesuitas de Leoben y Steyer; y posiblemente también en Judenburg, y finalmente en la universidad de Viena, en la que enseñó poesía y retórica, además de obtener una maestría en latín, el cual manejaba con facilidad y elegancia. Aún poseemos dos muy comprensivas odas salidas de su pluma, "Plausus Urbis" y "Plausus Ruris". Dejó, además, dos poemas escritos en alemán para ocasiones especiales, en el estilo de la época y un discurso de la misma naturaleza, pronunciado con ocasión del viaje del Emperador José II a Italia.

El propio Eckhel, en el prefacio de su obra "Numi veteres anecdoti", nos narra cómo fue que se convirtió en numismatista. Mientras se encontraba enseñando en el Gymnasium Académico se empezó a interesar en el archivo de monedas de esa institución, que estaba bajo la supervisión de su colega jesuita, el Padre Khell. La colección, que contenía principalmente monedas griegas, había alcanzado un tamaño considerable gracias a los esfuerzos del erudito Erasmus Fröhlich, quien había editado un catálogo de las piezas más antiguas. Eckhel se puso a trabajar en la selección de las monedas desconocidas, y no catalogadas hasta entonces, de la colección del Conde Michael Viczay y de Paul Festetics. Obligado por su mala salud a abandonar la enseñanza, se dedicó enteramente a la numismática y la arqueología. Con objeto de ampliar su educación, con permiso de su superior viajó a Italia en 1772. En Bolonia y Roma estudió todas las colecciones de monedas que fue posible, pero fue en Florencia que encontró el mayor tesoro. Raimundo Cocchi, prefecto del Museo Archiducal, lo acogió muy cordialmente y logró que se le comisionara para ordenar las monedas coleccionadas por el Cardenal Leopoldo de Medici y que luego se habían incrementado considerablemente. Cocchi, quien murió poco después, recomendó a Eckhel al Archiduque Pedro Leopoldo, quien, a su vez, lo presentó a su madre, la Emperatriz María Teresa. Mientras tanto, (1773) fue abolida la Compañía de Jesús y Eckhel, al igual que sus hermanos, fue secularizado. Habiendo vuelto a Viena a través del sur de Francia en enero de 1774, se sintió muy contento al ser nombrado por la emperatriz para la tarea de transferir la colección que pertenecía a la universidad jesuita al archivo de la corte, donde, sin embargo, fue ubicada en un lugar aparte. En marzo del mismo año, habiendo adquirido una gran reputación como numismatista, fue nombrado director del archivo de monedas antiguas, teniendo a Duval como su superior. A la muerte de éste (1775) él se hizo cargo del puesto. Eckhel fue comisionado para dar conferencias quincenales sobre numismática en el archivo de monedas. En el otoño de 1775 fue promovido a la presidencia del departamento de antigüedades y de ciencias auxiliares de la historia en la universidad. Su primera publicación numismática apareció ese mismo año..

J. von Bergmann escribe del trabajo oficial de Eckhel: "Como es evidente, Eckhel, fue un administrador experto del tesoro que se le había confiado. Sin hacer mucho ruido, sin ostentación, únicamente escribió lo que era necesario, y puso atención solamente a lo esencial. Fuera de sus sencillas relaciones y reportes escritos durante los 24 años de su cargo, sólo quedan unos pocos documentos referentes a la colección de monedas antiguas. Enriqueció el archivo sin difundir el hecho". Los fondos necesarios para hacerlo los obtuvo de la venta de duplicados de monedas de oro y plata. El duplicado de ejemplos es el resultado de la fusión de la colección de Francisco I con la de la familia imperial. Además, la serie de monedas de los reyes persas y partos fue transferida del departamento oriental al de antigüedades. Les añadió la colección del Duque Carlos de Lorraine, la del Conde de Ariosti, y una selección de monedas de las órdenes religiosas suprimidas. Gracias a las embajadas y a golpes de suerte, el archivo de monedas adquirió agregados importantes (por ejemplo, las de Osztropataka y Szilagy-Somlyo). En la universidad, Eckhel enseñó sobre numismática antigua. Sus clases han sido descritas como simples, claras, instructivas, motivantes y, frecuentemente, llenas de buen humor. Era muy estimado por sus discípulos.. El hecho de que también era tenido en gran estima por sus colegas lo testifica su nombramiento como decano de la facultad de Filosofía en 1789. Empero, poco después renunció a ese cargo.

La primera obra numismática publicada por Eckhel fue "Numi veteres anecdoti ex museis Cæsareo Vindobonensi, Florentino Magni Ducis Etruriæ, Granelliano nunc Cæsareo, Vitzaiano, Festeticsiano, Savorgnano Veneto aliisque" (Viena, 1775, en dos secciones de cuarto, con 17 grabados en cobre). "Catalogus Musei Cæsariensis" (Viena, en dos grandes partes de folio con numerosas ilustraciones) le siguió cuatro años después. Eckhel ordenó de un modo totalmente distinto la colección que se le había encomendado, descartando el tradicional sistema de orden alfabético, y sustituyéndolo por un sistema novedoso. Dividió la numismática antigua en dos departamentos. El primero contenía las monedas acuñadas por ciudades distintas de Roma, ordenadas según la situación geográfica de los países hasta donde eso fuera posible, y el segundo abarcaba todas las monedas del Imperio Romano. En primer sitio van las monedas importantes, pero poco elaboradas, y enseguida las piezas no clasificadas con la inscripción "Roma". Después, las de las diferentes familias, emperadores y emperatrices, ordenadas en lo posible en orden cronológico. Aquellas cuyas fechas no pudieron ser determinadas con exactitud se colocan después de cada emperador, como no clasificadas, en sucesión alfabética. "Por este método", dice Eckhel, "el autor puede rectificar numerosos errores que Mezzabarba nos había impuesto en su Catálogo General" (Imperatorum Romanorum numismata, Milán, 1683). Fue para hacer tales correcciones que él preparó ese catálogo para la imprenta. En esa obra nos hace una relación, no basada en autoridades externas, sino en su observación personal y en una prolongada y penosa investigación, de todo lo que puede ser instructivo en una colección tan numerosa. El trabajo está escrito en latín pero "contrariamente al estilo ornamental actual, en el más sencillo de los lenguajes". Este catálogo fue seguido por "Sylloge II, numorum veterum anecdotorum Thesauri Cæsarei" y "Descriptio numorum Antiochiæ" (1786), y posteriormente por la obra clásica "Doctrina numorum veterum", en ocho volúmenes (1792-1798). Friedrich Kenner dice de ésta: "Una afición superficial produjo los más perjudiciales resultados en el campo de la numismática. La falta de sistema, la carencia de juicio crítico, y el desorden de la literatura habían engendrado confusión y falta de confianza, lo cual hacía que la numismática tomara el lugar que le correspondía entre las ciencias. Con su mirada crítica, Eckhel dominó la literatura sobre el tema, eliminó los errores y falsedades con ayuda de su erudición, y luego combinó los resultados en un todo orgánico en su "Doctrina numorum veterum'. . . . Eckhel se convirtió en el fundador de la numismática científica de la antigüedad clásica, y ha adquirido un sitio entre sus contemporáneos, Heyne y Winckelmann. La numismática, que hasta entonces había sido menospreciada, fue convertida por él en una especie de enciclopedia de las antigüedades clásicas, que incluye fuentes vastas y muy usadas por otras ramas de la arqueología". Los addenda a esta obra, que Eckhel incluyó en la copia de su manuscrito, fueron editados por su sucesor, Steinbüchel.

Eckhel escribió también, por orden del Emperador José II, un excelente manual, "Kurzgefasste Anfangsgründe zur alten Numismatik" (Viena, 1787; 2a ed., 1807). Esta obra apareció, en su versión latina, en 1799 y en una revisión francesa, en 1825. Además editó "Choix des pierres gravées du Cabinet Imperial" (Selección de piedras grabadas del Archivo Imperial). Existen, en forma manuscrita, cierto número de tratados más pequeños. Sus "Inscriptiones veteres" fueron utilizadas por Theodore Mommsen. Dejó, además, una numerosa correspondencia con los más prominentes representantes de su rama del saber (Abbé Barthélemy, R. Cocchi, Cousinéry, L. Lanzi, G. Marini, F. Séguier, y otros).

Eckhel murió poco después de haber completado su "Doctrina". Era, según cuenta Bergmann, "un hombre de carácter firme y decidido, serio, pero alegre al mismo tiempo, que gustaba del sarcasmo, y a veces, capaz de fieros ataques a la arrogancia e hipocresía. Utilizaba su amplia erudición para corregir los miles de errores de otros escritores, era modesto y no gustaba de pleitear durante sus discusiones. Siempre decía lo que pensaba y actuaba de acuerdo a lo que decía". Académicos posteriores califican con igual peso la importancia científica de Eckhel. Con ocasión del primer centenario de su nacimiento se acuñó una medalla (elaborada por Manfredini), con la inscripción SYSTEMATIS. REI. NVMARIÆ. ANTIQVÆ. CONDITORI. El dístico que Michael Denis dedicó a su amigo difunto reivindicará su propia verdad:


Eckhelium brevis hora tulit, sed diva Moneta Scripta viri secum vivere secla jubet.

VON BERGMANN, Dem Andenken des Abbé J.H. Eckhel in Sitzungsberichte der phil. Classe der kaiserl. Akademie der Wissenschaften, XXIV (1857), 296-364; KENNER, Eckhel, ein Vortrag (Viena, 1871); igual en Allgemeine Deutsche Biographie, V (1877), 633 ss.

KARL DOMANIG

Transcrito por Kenneth M. Caldwell

Traducido por Javier Algara Cossío