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Miércoles, 17 de julio de 2019

Hugo de SanVíctor

De Enciclopedia Católica

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Filosofo medieval, teólogo y escritor sobre mística, nacido en la mansión de Hartinghamein Sajonia y muerto el 11 de marzo de 1141. Las obras de Derling y Hugonin no dejan duda de que Mabillón se equivocó al declara que había nacido en Ypres (Flandes). Era el hijo mayor de Conrado, conde de Blankenburg. Su tío Reinhard, que había estudiado en París con Guillermo de Champeaux, a su vuelta a Sajonia había sido consagrado obispo de Halberstadt. Fue en el monasterio de S. Pancracio en Hamersleben, cerca de Halberstad, donde se educó Hugo. Tomó el hábito de los canónigos regulares de S. Agustín en Hamersleben, a pesar de la oposición de sus padres. Antes de terminar el noviciado, su tío le aconsejó que se trasladara al monasterio de S. Víctor de Paris, debido a la situación inestable del país. Llegó a parís hacia 1115. Guillermo de Champeaux, el fundador, al ser elegido para la sede de Châlons, en 1112, había sido sustituido por Gilduin, bajo el cual no perdió nada de su reputación por su piedad y estudios. Bajo su guía permaneció Hugo el resto de su vida, estudiando, enseñando y escribiendo. Al morir Tomas (20 agosto 1133) Hugo fue elegido para sucederle en la escuela de S, Víctor y bajo su dirección alcanzó un brillante éxito. A veces se la llama alter Augustinus, por su familiaridad con las obras del gran Padre de la iglesia.

Sus obras cubren todos los temas de las artes y ciencias sagradas que se enseñaban en su tiempo. Hasta finales del siglo XIX muchos historiadores le colocaban como un místico de mente estrecha y sin contacto con el mundo del pensamiento y del estudio, que eran un obstáculo más que una ayuda al progreso científico y cuyos simplismos fantásticos confundían y desviaban a las generaciones siguientes. Pero un estudio cuidadoso de su obras ha llevado a apreciar verdaderamente a quien Harnack (Historia del Dogma, 1899, VI, 44) llama” el teólogo más influyente del siglo doce”. Gran escritor de temas místicos, pero también filósofo y teólogo escolástico de primer orden. En primer lugar era un gran profesor y sus obras se van extendiendo a medida que lo hacen sus alumnos, que incorporan sus tratados en tratados posteriores o se le atribuyen muchas obras que no son suyas. Sus enseñanzas fueron uno de los fundamentos de la teología escolástica y su influencia ha afectado a todo el desarrollo de la Escolástica, porque fue el primero que, después de sintetizar los tesoros dogmáticos de la patrística sistematizándolos y dándoles la forma de un cuerpo completo y coherente de doctrina.

Esa fue la obra de un genio. Pero su gran mérito como cabeza de la escuela de S. Víctor fue que cuando la heterodoxia y la temeridad doctrinal de Abelardo pusieron en peligro el nuevo método que se estaba aplicando al estudio de la teología, Hugo y sus seguidores, por su prudente moderación y su impecable ortodoxia dieron seguridad a los alarmados creyentes y climatizaron el nuevo método científico en los escuelas católicas.

El trabajo de clasificación teológica progresó mucho en tiempos de Abelardo y en las “Summae” se condensaron sumarios enciclopédicos de toda la teología. El “Sic et Non “de Abelardo trazó las líneas sobre las que las “Sumas” se construyeron; pero reprodujeron los defectos de la que les inspiró en que las dificultades presentadas en los pros y contras con frecuencia quedaban sin resolver.

La introducción de procesos más estrictamente lógicos culminó en una fisión de la erudición patrística y la especulación racional en el nuevo método constructivo dialéctico. Una vez establecido el dogma por la interpretación de las Escrituras y los Padres, la asistencia de la filosofía se necesitaba para mostrar el carácter racional del dogma. La aplicación de la dialéctica a la teología llevó a Abelardo a la herejía y los teólogos del siglo doce estaban muy profundamente divididos respecto a su legitimidad. Era defendida por las escuelas de Abelardo y de S. Víctor y de ellos desciende o que es apropiadamente llamado la teología escolástica. La escuela de teología de Abelardo continúo existiendo aún después de la condena de su fundador en 1141, pero influenciada por la escuela de S. Víctor, que a su vez sintió la influencia de Abelardo pero se mantuvo dentro de los límites de la ortodoxia. Así, ambos contribuyeron al triunfo de la Escolática.

Cualquier intento de síntesis de las enseñanzas de Hugo debiera ir precedido e un examen crítico de la autenticidad de sus tratados que se han incluido en las colecciones de sus obras y algunos de los más autorizados historiadores de la filosofía y teología se han equivocado por no tener en cuenta esta precaución elemental. Otros se han concentrado en sus escritos sobre teología mística donde lo sobrenatural el lo más importante, para tratar de entender las enseñanzas filosóficas del autor, analizando los datos que el autor da en sus intentos por explicar lo que pasa en el alma poseída por la caridad perfecta. Esto les ha llevado a la confusión. Hugo nos ha dejado suficiente material filosófico y teológico en los que las explicaciones racionales están al lado de la doctrina revelada y no permiten formarnos una mas que suficiente opinión de su posición como filósofo, teólogo y místico.

Como filósofo.

Tiene una idea clara, enfatizada con frecuencia, del objeto de la ciencia puramente racional, diferente de la teología; y los dos órdenes del conocimiento están suficientemente diferenciados en sus escritos como en los de Santo Tomás. Por filosofía el entendía todo el conocimiento alcanzado por la razón natural. El asignar a un lugar definido a la filosofía en el plan de estudios, era el resultado de un proceso largo y gradual., pero su lugar sobre las artes liberales y bajo la teología está claramente definido por Hugo en el "Eruditionis Didascaliæ". Abandonando el antiguo sistema excesivamente desarrollado, Hugo hace una nueva división del conocimiento: "Philosophia dividitur in theoreticam, practicam, mechanicam et logicam. Haec quatuor omnem continent scientiam." La filosofía se divide en teórica y práctica, mecánica y lógica. Estas cuatro (divisiones) comprenden todo el conocimiento (Erud. Didasc., II, 2).

Esta nueva división del conocimiento en ciencia especulativa, preocupada con la naturaleza y las leyes de las cosas, ética, el producto de la actividad del hombre, pensamientos y palabras, está bien y lógicamente elaborada. El conjunto de su exposición de lo que quiere decir conocimiento, su objeto, divisiones, y el orden en hay debe tratarse, es un estudio único en la Edad Media antes de la segunda mitad del siglo doce y aunque Hugo no hubiera escrito nada más que los primeros libros de la "Didascaliæ", hubiera merecido un lugar entre los filósofos de la Escolástica, Es interesante notar que aunque la cuestión de los universales llenaba las escuelas en su tiempo y en S. Víctor había muchos seguidores de Guillermo de Champeaux, Hugo evita sistemáticamente todo el asunto, aunque en algunos lugares rechaza algunos de los principales argumentos presentados por los Realistas. La tendencia sicológica de todo su sistema filosófico ha sido objeto de un estudio de Ostler.

Las enseñanzas de Hugo respecto a Dios han sido analizadas por Kilgenstein, que nos da las claves de toda sus enseñanzas: usando la razón el hombre puede y debe llegar al conocimiento de Dios: aseitas, pura espiritualidad y absoluta simplicidad, eternidad, inmensidad inmutabilidad de ser y de actuar: eso es lo que él halla en su Hacedor y que le da una idea sintética y bien razonada de la esencia divina. Al mismo tiempo defiende la necesidad moral de la Revelación, de manera que las enseñanzas de Santo Tomás, tal como se expresan en los primeros capítulos del "Contra Gentiles", nada añaden a lo de Hugo. Es interesante notar que, siguiendo el "Monologium", de S. Anselmo hace del alma humana el primer elemento de observación respecto a la contingencia de la naturaleza, y de ella se eleva a Dios (Ver P.L., CLXXVI, 824.)

Como teólogo.

Su valiosa obra como pensador serio ya ha sido mencionada; tenía una tendencia a apreciar los méritos de la obra lógica de Abelardo y siempre le cita con respeto, al mismo tiempo que combate sus errores. Así, cuando Abelardo, al tratar de la creación, había sustituido la libertad y omnipotencia de Dios por un excesivamente exagerado optimismo, Hugo atracó su error en "De Sacr.", Bk. I, P. II, c. xxii. Sus enseñanzas cristológicas están marcadas por un error de semi-Apolinarismo al atribuir a la humanidad de Cristo no solo el conocimiento increado de Verbo, sino omnipotencia y otros atributos divinos. Pero combate vigorosamente las concepciones erróneas de Abelardo sobre la unión hipostática que llevaron a un renacimiento del Adopcionismo que preocupó a las escuelas hasta su condenación el 18 de febrero de 1177 por Alejandro III (1164-77).

Las enseñanzas sacramentales de Hugo son de gran importancia porque con él comienza el estadio final de la formulación de la definición de los sacramentos; sintetizando las enseñanzas repartidas aquí y allá en las obras de S. Agustín, dejó aparte la definición Isidoriana y le dio una más verdadera y comprehensiva que, cuando fue perfeccionadas por el autor de la "Summa Sententiarum", fue adoptada por las escuelas. Su obra contiene una extensa materia moral basada sobre sólidas bases patrísticas, en cuya agrupación se ve la mano de Abelardo. Per en su exacto análisis de la naturaleza del pecado, combate el error de Abelardo respecto a la indiferente carácter de todos los actos en si mismos, aparte de la voluntad del que obra. Al mismo tiempo mantuvo una postura errónea sobre la reviviscencia, después de la caída, de los pecados morales previamente perdonados. (De Sacr., Bk. II, P. XIV, c. viii).

Como místico.

Los historiadores de la filosofía parecen por fin haber llegado a la conclusión de que hay una falta de imaginación psicológica al ser incapaces de entender que coexistan la dialéctica aristotélica y la mística del tipo de S. Víctor o de S. Bernardo y hasta que estén compenetradas: el pensamiento especulativo no estaba, no podía estar aislado de la vida religiosa vivida con tal intensidad como en la Edad Media, cundo ese pensamiento especulativo estaba activo en todas partes, en todas las profesiones en todos los niveles de la escala social. Después de todo ¿no nos dio esa misma mente las dos “Summae y el Oficio del Santísimo Sacramento? Hugo de S. Víctor fue el líder del gran movimiento místico cuyo centro estaba en la escuela de S. Víctor y él formuló, por así decirlo, un código de leyes que gobernaban el progreso del alma hacia su unión con Dios. Lo sustancial de sus enseñanzas es que el mero conocimiento no es un fin en si mismo; no debiera ser otra cosa que un jalón hacia la vida mística a través del conocimiento, meditación, contemplación; el pensamiento busca a Dios en el mundo material, la meditación lo descubre dentro de nosotros mismos y la contemplación lo conoce sobrenatural e intuitivamente. Esos son los “tres ojos” del alma racional. La enseñanza mística de Hugo fue ampliada por Ricardo de S. Víctor, cuyo orgulloso desdeño hacia la filosofía se ha atribuido erróneamente a Hugo.

Las principales obras de Hugo son:

(1)"De Sacramentis Christianæ Fidei" (ca. 1134), su obra maestro y obra más extensa, una síntesis dogmática similar, pero más perfecta a la "Introductio ad Theologiam" de Abelardo (ca. 1118), que solo se ocupaba del conocimiento de Dios y de la Trinidad. Es de un carácter más literario: en primer lugar pertenece al argumento de autoridad, pero la utilización del método dialéctico une a él la difusión. Es un sumario y versión corregida de sus obras más tempranas. La obra está dividida en dos libros que comprenden doce y dieciocho partes cada una de las cuela tiene numerosos capítulos.

El siguiente análisis de su contendido dará una mejor idea: Libro I: 1. La Creación; 2. la Finalidad de la creación del hombre; 3.El conocimiento del Dios Uno y Trino; 4. La voluntad de Dios y sus manifestaciones; 5. Los ángeles; 6. El hombre antes de la caída; 7. la caída y sus consecuencias; 8. la restauración del hombre y el uso de los sacramentos; 9. Los sacramentos en general; 10. La fe; 11. Los sacramentos en particular y en primer lugar los de la ley natural; 12. Sacramentos de la ley escrita: Libro II: 1. La Encarnación del Verbo; 2. Gracia e Iglesia; 3. Las órdenes de la jerarquía eclesiástica; 4. Explicación mística de las vestiduras sagradas; 5. Dedicación de las Iglesias (en las que se confieren los sacramentos); 7. Confirmación; 8. Eucaristía; 9 otros sacramentos; 10. Simonía; 11. Matrimonio; 12. Votos; 13. Virtudes y vicios; 14. Confesión y absolución; 15. Extremaunción;16. Estado del alma tras la muerte;17. Segunda venida de Cristo y la resurrección de los muertos;

Es la primera obra teológica completa de las escuelas.

(2)"Eruditionis Didascaliæ, libri septem" comprende lo que debiéramos llamar una enciclopedia, metodología, introducción la Sagrada escritura y una indicación de cómo podemos elevarnos de las cosas visibles al conocimiento de la Trinidad.

(3)Comentarios a la Escritura (importantes tanto por sus doctrinas teológicas y místicas): "Adnotationes Elucidatoriæ in Pentateuchon"; "In librum Judicum"; "In libros Regum" (notas sobre el significado literal del texto); "In Salomonis Ecclesiasten Homiliæ xix" (practico más que exegético); "Adnotationes Elucidatoriæ in Threnos Jeremiæ in Joelem prophetam" (sobre los significados literal, alegórico y moral); "Explanatio in Canticum Beatæ Mariæ" (alegórico y tropológico). Las "Quæstiones et Decisiones in Epistolas S. Pauli", impresas entre sus obras en Migne, son ciertamente posteriores a Hugo.

(4) "Commentariorum in Hierarchiam Cælestem S. Dionysii Areopagitæ secundum interpretationem Joannis Scoti libri x."

(5) Sus principales obras místicas son :"De Arca Noah Morali et Mystica" "De Vanitate Mundi"; "De Arrha Animæ"; "De Contemplatione et eius speciebus" (publicado por primera vez por Hauréau como un apéndice a su libro en 1859).

(6) Respecto a la "Summa Sententiarum", que se le atribuye, ha habido largos debates. Hauréau, Mignon, Gietl, Kilgenstein, Baltus, Ostler se la atribuyen a Hugo; Denifle, arguyendo que los manuscritos son anónimos, deja la cuestión abierta. Pero por la Portalié, basándose en las importantes diferencias doctrinales, parece haber demostrado que no es obra suya, aunque pertenece a su escuela.

La línea general de su argumento es que la "Summa Sententiarum" es ciertamente posterior a “De Sacramentis”, que usa con frecuencia: doctrinas, métodos y fórmulas muestran un evidente progreso en la “Summa”. Parecería que es totalmente imposible que Hugo haya escrito la Summa después de “De Sacramentis”, porque la “Summa” toma prestadas de la escuela de Abelardo errores que Hugo no hubiera enseñado y hasta errores y formulas que él atacó expresamente. De Wulf está de acuerdo con esto y Pourrat aporta pruebas adicionales, basándose en el examen del las enseñanzas sacramentales de las dos obras, en apoyo de la misma tesis. Ninguno de los escritores citados, de los que están a favor del la autoria de Hugo, han tratado las pruebas de Portalié.

La Mejor edición de las obras de Hugo de San Víctor es la de los canónigos de S. Víctor, impresa en Rouen en 1648. Sin embargo no es una edición crítica y se encuentran todas juntas obras dudosas y falsas. Se volvió a publicar, con ligeras modificaciones por el Abbé Migne en P.L., CLXXV-CLXXVII, pero no está completa ni es críticamente satisfactoria y debe usarse con la de J.-B. Hauréau ":Hugues de St-Victor et l'edition de ses æuvres" (Paris, 1859) y otra del mismo "Les Œuvres de Hugues de Saint-Victor: Essai Critique" (Paris, 1886), con la que suplementa y corrige muchas de las conclusiones de la primera obra. Pero la tendencia racionalista de Hauréau presenta su exposición de la doctrina de Hugo de forma poco confiable, sin análisis cuidadosos.


Fuentes

DERLING, Dissertatio de Hugone a S. Victore (Helmstadt, 1745); LIEBNER, Hugo von S. Victor und die theolog. Richtungen s. Zeit (Leipzig, 1832); WEIS, Hugonis de S. Victore Methodus Mysticus (Strasbgurg, 1839); HUGONIN, Essai sur la fondation de l'Ecole de Saint-Victor en P.L., CLXXV; HAURÉAU, Hugues de Saint-Victor: Nouvel Examen de l'edition de ses æuvres (Paris, 1886); HETWER, De Fides et Scientiæ discrimine ac consortio juxta mentem Hugonis a S. Victore, Commentarius (Breslau, 1875); DENIFLE, Archiv für Literatur und Kirchengeschichte des Mittelalters, I (1885), 402, 584; III (1887), 634-40; GIFTL, Die Sentenzen Rolands (Freiburg im Br., 1891); MIGNON, Les origines de la Scholastique et Hugues de Saint-Victor (Paris, 1895); SCHMIDT, Hugo von St. Victor als Pädagog (Meissen, 1893); KILGENSTEIN, Die Gotteslehre des Hugo von St. Victor (Würzburg, 1897); resumido por BALTUS, Dieu d'après Hugues de St-Victor en Rev. Bénédictine, XV (1898), 109-123; 200-214; SANTINI, Ugo da S. Vittore: Studio Filosofico (Alatri, 1898); PORTALIÉ in Dict. de théol. cath., s.v. Abélard, I (Paris, 1903), 36 ss. (i. Fasc publicado en 1899); DE WULF, Histoire de la philosophie médiévale (Louvain, 1905), 212-15; 228-30; OSTLER, Die Psychologie des Hugo von St. Viktor (1906); POURRAT,La théologie sacramentaire (Paris, 1907); BOUAERT, Rev. d'Hist. Eccl., X (1909), 278 ss.


Myers, Edward. (1910).


Transcrito por WGKofron. En memoria de Fr. John Hilkert, Akron, Ohio -- Fidelis servus et prudens, quem constituit Dominus super familiam suam.


Traducido por Pedro Royo