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Miércoles, 2 de diciembre de 2020

Diferencia entre revisiones de «Francisco Interdonato»

De Enciclopedia Católica

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Quiero que sepan que lo que más he querido siempre ha sido poder enseñar, y que me duele mucho que en la plenitud de mi lucidez y pensamiento deba renunciar a este anhelo. El Señor así lo ha querido: ese es el sacrificio que ahora ofrezco.
 
Quiero que sepan que lo que más he querido siempre ha sido poder enseñar, y que me duele mucho que en la plenitud de mi lucidez y pensamiento deba renunciar a este anhelo. El Señor así lo ha querido: ese es el sacrificio que ahora ofrezco.
 
El recuerdo mío para ustedes es éste: Aunque nadie sabe los estragos de la enfermedad, la decisión existencial que uno toma frente a Dios abarca el pasado, el presente y el futuro; tiene carácter definitivo e irrevocable. Uno no puede prever el curso de la enfermedad pero nada debe alterar la actitud delante de Dios y de la Iglesia. Lo que soy ahora, como creyente, como sacerdote e hijo de la Iglesia es lo definitivo y único que puede caracterizarme, suceda lo que suceda por el curso de la enfermedad y de su poder destructor. El punto al que ha llegado es irreversible. Agradezco a todos los alumnos la receptividad y la apertura. Para mí ha sido una fuente de gozo dictar clases. Si hubo mérito, gran parte ha sido por el anhelo y acogida que uno veía en los ojos de los alumnos. Ver tanta avidez era enorme prodigio de satisfacción siempre he querido poner de manifiesto todo lo que en la tradición teológica y eclesial era necesario que conocieran. Creo que la materialidad de la explicación o de mi enseñanza como profesor no subsistirá; pero el anhelo y el impulso hacia ese saber que creo que he dejado en muchos, por el camino que Dios Sabe, cada uno lo alcanzará.
 
El recuerdo mío para ustedes es éste: Aunque nadie sabe los estragos de la enfermedad, la decisión existencial que uno toma frente a Dios abarca el pasado, el presente y el futuro; tiene carácter definitivo e irrevocable. Uno no puede prever el curso de la enfermedad pero nada debe alterar la actitud delante de Dios y de la Iglesia. Lo que soy ahora, como creyente, como sacerdote e hijo de la Iglesia es lo definitivo y único que puede caracterizarme, suceda lo que suceda por el curso de la enfermedad y de su poder destructor. El punto al que ha llegado es irreversible. Agradezco a todos los alumnos la receptividad y la apertura. Para mí ha sido una fuente de gozo dictar clases. Si hubo mérito, gran parte ha sido por el anhelo y acogida que uno veía en los ojos de los alumnos. Ver tanta avidez era enorme prodigio de satisfacción siempre he querido poner de manifiesto todo lo que en la tradición teológica y eclesial era necesario que conocieran. Creo que la materialidad de la explicación o de mi enseñanza como profesor no subsistirá; pero el anhelo y el impulso hacia ese saber que creo que he dejado en muchos, por el camino que Dios Sabe, cada uno lo alcanzará.
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Transcrito por José Gálvez Krüger 30-3-2009.
  
 
Quiero por último, que ustedes sean capaces de continuar algún día lo que yo he dejado y se mantengan siempre fieles al Magisterio y a las enseñanzas de Cristo”.
 
Quiero por último, que ustedes sean capaces de continuar algún día lo que yo he dejado y se mantengan siempre fieles al Magisterio y a las enseñanzas de Cristo”.

Revisión de 17:07 30 mar 2009

Biografia en redacción a Cargo de Armando Nieto Vélez S.J.

Testamento del P. Interdonato

“Pido perdón a todos los que haya ofendido. Mi fe es firme, confío en el Señor y he aceptado su voluntad. Quiero que sepan que siempre he sido fiel a la Iglesia y a mi sacerdocio. Quiero que sepan que lo que más he querido siempre ha sido poder enseñar, y que me duele mucho que en la plenitud de mi lucidez y pensamiento deba renunciar a este anhelo. El Señor así lo ha querido: ese es el sacrificio que ahora ofrezco. El recuerdo mío para ustedes es éste: Aunque nadie sabe los estragos de la enfermedad, la decisión existencial que uno toma frente a Dios abarca el pasado, el presente y el futuro; tiene carácter definitivo e irrevocable. Uno no puede prever el curso de la enfermedad pero nada debe alterar la actitud delante de Dios y de la Iglesia. Lo que soy ahora, como creyente, como sacerdote e hijo de la Iglesia es lo definitivo y único que puede caracterizarme, suceda lo que suceda por el curso de la enfermedad y de su poder destructor. El punto al que ha llegado es irreversible. Agradezco a todos los alumnos la receptividad y la apertura. Para mí ha sido una fuente de gozo dictar clases. Si hubo mérito, gran parte ha sido por el anhelo y acogida que uno veía en los ojos de los alumnos. Ver tanta avidez era enorme prodigio de satisfacción siempre he querido poner de manifiesto todo lo que en la tradición teológica y eclesial era necesario que conocieran. Creo que la materialidad de la explicación o de mi enseñanza como profesor no subsistirá; pero el anhelo y el impulso hacia ese saber que creo que he dejado en muchos, por el camino que Dios Sabe, cada uno lo alcanzará.

Transcrito por José Gálvez Krüger 30-3-2009.

Quiero por último, que ustedes sean capaces de continuar algún día lo que yo he dejado y se mantengan siempre fieles al Magisterio y a las enseñanzas de Cristo”.